Una caricatura que haría infartar a Homero Simpson
Emilio Fernández Cicco
Si alguna vez ha tenido oportunidad de ver alguno de los 200 capítulos animados, malhablados y chiflados del Mono Mario a través de la señal Much Music; o si un amigo le sintetizó el tema que atraviesa la serie un hombre que parece un mono, o un mono que parece un hombre y sólo busca sexo, sexo y sexo, entonces no va a creer la historia que sigue. Así que el asunto queda ahora en sus manos. O lee lo que viene. O abandona todo y se va con la duda.
Entonces, ¿elige seguir? Bueno, no perdamos más tiempo. Empecemos: el
Mono Mario, el cartoon más guarro de la televisión latinoamericana que haría infartar a Homero Simpson y a toda la pandilla de
South Park juntos en agosto cumplió tres años en el aire, es fruto de una decisión meditada, cultivada a fuego
lento, prácticamente el resultado de un estudio de mercadotecnia de tres diseñadores argentinos de páginas
Web allá en agosto de 2000.
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Ilustración realizada especialmente para etcétera por los creadores del Mono Mario
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El trío tenía una buena cantidad de clientes pero la cosa se había puesto bastante rutinaria: empresas
que querían copiar diseños del primer mundo pero con mucho menos dinero, claro, compañías que
querían páginas pacatas y sin mucho ingenio, en fin, nada que los hiciera saltar de la dicha. "Hasta que un cliente
que vendía productos importados nos propuso hacer su sitio con algo de animación: un regalo malo se
devoraba de un mordisco a un regalo bueno. Yo le pasé el proyecto al chico que se ocupaba del programa de
animación, y cuando vi el resultado me dije: '¡Es maravilloso! Esto lo podemos hacer nosotros'". El que habla, Gastón
López Carossio, formaba parte de ese trío de diseñadores aburridos junto a Diego Domínguez y Ary Gerson.
Carossio es el más chico del equipo 31 años y tiene los ojos vivarachos, juveniles, y si uno le colocara unos pelos
de barba, otros pelos en los brazos y en el pecho, y unos anteojos oscuros, cualquiera podría pensar que
Carossio es el
Mono Mario de carne y hueso en realidad, se inspiraron en un amigo en común. "Había tantos
sitios en Internet con texto, que se nos ocurrió hacer algo de animación. Era un nicho de mercado. Sabíamos
que 80% de los usuarios eran hombres de menos de 35 años. Primero, pensamos hacer un minuto diario
de animación con hechos de actualidad política. Después se nos ocurrió crear a este personaje, un tipo que
saliera con muchas minas (chavas), un fiestero permanente. Le dije al dibujante: ponele unos anteojos, una cadena
de oro. Después, mandaba el boceto a mis amigos para que propusieran cambios. Me decían: 'Cambiale
las piernas: tiene patas de mujer'. Y así, de a poco, dimos a luz al Mono".
Carossio mide sus palabras. Es cauteloso. Paciente. En los 90 minutos que dura esta entrevista, jamás
maldice por nada. Sin embargo, reconoce que hay facetas de Mario que son propias. Y las que no son propias, son
un combo de aventuras, jerga y actitudes de amigos de copas. "Yo me crié con mi tía abuela. De ahí surgió la
idea de que él viviera con su abuela". Carossio ríe. "¿Necesito aclarar que yo no la trataba tan mal como él?
No, ¿no es cierto? Es mejor así. ¿Querés saber de dónde viene el latiguillo (la frase) 'a lo tuyo'? Viene de un
amigo que se había llevado a una mina a apretar a un bosque, y la mina le hablaba y hablaba, entonces él le
decía: '¡A lo tuyo!'. Y la empujaba hacia su bragueta. La frase se nos grabó a fuego".
Al mes de debutar en Internet, el sitio del Mono recibía 800 visitas diarias. Al segundo mes, dos mil. A
los ocho meses, había 50 mil seguidores hoy 15 personas invierten un mes para plasmar 45 minutos de
programa. Y la cosa avanzaba con apenas dos pequeñas y solitarias publicidades en la sección deportes del diario
Clarín, el más popular de Argentina.
Para ese entonces, no lo podían creer. Era un éxito absoluto, pero si alguien se atrevía a preguntarle
los motivos, el trío no hubiese encontrado un solo argumento para descifrar por qué tenían tantos adeptos.
Hoy sí. Y hay varios. "Primero", enumera Carossio, "no había ningún dibujo animado de habla
hispana. Segundo, mucha gente se siente identificada con el programa. Los casados dicen: '¡Eso lo hacía cuando
era soltero!'. Y los pibes dicen: '¡Eso lo voy a hacer cuando sea grande!'. El Mono no es un superhéroe, ni
quiere ser ejemplo de nada. En un capítulo, una mina no le da bola. En otro, no se le para. Tiene problema de
plata porque es un jugador. No existen emisiones que reflejen las jodas entre amigos. Nadie ve al Mono
para calentarse, de eso no hay dudas. Acá el sexo es siempre en chiste. Además, toca temas que son tabú y que
no se lo andás contando a los amigos. Entonces, cuando ves el programa, sentís esa complicidad: el Mono
habla tu mismo idioma".
Hoy en día, el trío no precisa más de la fuente inagotable de parrandas de sus amigos. Ahora, muchas de
sus ideas provienen de sus propios admiradores. Un capítulo íntegro, por ejemplo, se los susurró un
médico ecuatoriano, fanático de la saga, vía mail y con lujo de detalles. El médico les contó cómo el Mono podía
sufrir un caso de prostatitis infecciosa tras sesiones maratónicas de sexo anal. Para que el tratamiento diera buenos resultados, les explicaba, el Mono debía someterse a la acción de los consoladores. "Nos matamos de risa
con ese correo. Te imaginás: el tipo nos contó cómo era toda la enfermedad punto por punto".
En el programa han parodiado a medio mundo: al presidente Menem, al presidente De la Rúa, a
empresarios, a Mc Donalds "éstos les lavan la cabeza a la gente", les chilla el Mono, a ministros, a curas en un
capítulo, apareció uno borracho y de parranda con un travesti.
Por lo general, la sacaron barata. Nadie los demandó. Tampoco los amenazaron con partirles los dientes
ni patearles colectivamente los riñones. Una vez, es cierto, el novio de una modelo les pidió que retiraran
el episodio donde incluían a su pareja porque le parecía de mal gusto. En otra ocasión, la ex esposa de
Diego Maradona les reclamó hacer lo mismo con un capítulo sobre su marido, donde aparecía en un cabaret
cubano sin ninguna pelota ni casaca de fútbol ni ropa. Aún así se lo veía muy contento. "Últimamente, no
queremos meternos más con famosos ni políticos. Una vez, incorporamos a Fidel (Castro) en una partusa (un capítulo)
y levantó mucha polémica. ¿Viste que hay personajes que provocan reacciones extremas de amor y odio?
Bueno, nosotros vivimos las consecuencias en carne propia. Ahora, queremos que la serie sea más global y
atemporal. Ya tuvimos suficiente de lo otro. Pueden decir que el Mono es zarpado, pero no pueden decir que no
sea exitoso".
México es el segundo país que más consumidores tiene de la tira el primero es Argentina, con 45%
del público. Carossio cree que la jerga porteña, en muchos casos, no levanta barreras y pasa a un segundo
plano. Y lo compara con un recuerdo de su niñez: "Yo con
El Chavo me moría de risa. Y gracias a ese
programa, aprendí que 'chavo' es 'chico' y que 'portero' es 'arquero'. El Mono no es el porteño prepotente que se
burla de los turistas".
Si bien el personaje es cauto con los extranjeros, con las mujeres es el diablo, Norman Bates y Hannibal
Lecter juntos. "¡No, pará, no es para tanto! El Mono no es un abusador. Las mujeres quieren estar con él. Ellas lo
eligen y nadie las obliga. Lo que ocurre es que él es muy directo. No les dice: 'Te quiero'. Les dice: 'Vení que te
rompo el c...'. A algunos les puede molestar. A mí me parece que, al menos, el Mono es auténtico. Una vez me
llegó esta definición. Para mí la mejor que escuché: el programa es una terapia antiestrés. Te hace olvidar de
todo. Y te morís de risa. ¿No es suficiente con eso?".
En este momento, el sitio Web del Mono es de pago y recibe 400 mil visitas al mes. El trío quiere
presentar el programa en Estados Unidos. Ya grabaron 20 capítulos doblados "¡A lo tuyo!" será, por ejemplo,
"¡get busy!", una locura. Y en China, luego de ver atentamente un capítulo, los directivos de las compañías de
anime trataron de no quitarles la esperanza: "Bueno, a este Mono acá van a censurarlo seguro", les explicaron.
"¿Por qué no prueban con un programa para chicos, y vuelven cuando lo tengan terminado?". Esa consigna
es justamente la que en estos días le quita el sueño al trío para cualquier autor de
cartoons ingresar al mercado chino es como tocar con los Rolling Stones. Eso junto a una reciente propuesta para llevar al
Mono Mario al cine. Si todo funciona, el simio humanoide o el humano simiesco, llegaría a la pantalla grande en 2005.
Carossio dice que tendrá que ser una buena historia. Algo pesado. Sin tanta palabrota, nalga al aire y chiste fácil.
Quizá, para 2005, de marchar todo sobre sus carriles, el Mono Mario de un salto evolutivo y sea definitivamente,
un Mono Sapiens. Un ser cortés, elegante, culto. Y, quién sabe: hasta puritano.