Así triunfaron los periodistas de la tv pública checa
Draga Bozinovic
Las presiones y manipulaciones políticas en la CTT de la televisión checa, que provocaron una huelga de
seis semanas de los periodistas y las manifestaciones de enero en Praga, tan masivas como las manifestaciones de
"la revolución de terciopelo", son un síndrome en los medios de comunicación de todos los países
postcomunistas. Por lo tanto, el debate sobre el futuro de la radio y la televisión como servicios públicos y lo que acontezca en la
CTT atañen a la región entera.
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Foto: El País |
Las semanas de disturbios en la estación de televisión de mayor importancia en la República Checa (CTT,
una radiodifusora pública) comenzaron cuando el Consejo Checo de Televisión fue designado conforme a lealtades
y nexos políticos. La huelga estalló poco después de que Jirzi Hodac fuera nombrado director de la CTT el 20
de diciembre, debido a su reputación como camaleón político y a las sospechas de que fue elegido para manipular
las noticias.
La gota que derramó el vaso fue el nombramiento de Jana Bobosikova como jefa del programa noticioso,
poco antes de la Navidad. La antigua periodista y asesora de Vaclav Klaus se convirtió en el símbolo del periodismo
servil que abrió paso a las presiones políticas que se ejercieron sobre la CTT.
Los periodistas empezaron a difundir noticias "rebeldes" durante la programación de horario estelar,
noticias que, sin embargo, sólo podían ver los suscriptores al servicio de televisión por cable, es decir, únicamente 10%
de la población. El resto del público sólo podía ver las noticias que Bobosikova editaba y censuraba con mano
dura. No obstante, cuando a principios de enero el último estudio donde Bobosikova podía preparar y dar sus
noticias dio por terminada la cooperación con su equipo (mientras tanto, los molestos periodistas ocuparon la oficina
central de radiodifusión de la CTT y todas las instalaciones técnicas), Bobosikova dejó de transmitir "sus" noticias.
Esta fue la primera gran victoria de los periodistas. Un día después, en la plaza central de Praga, miles
de manifestantes, adoptando el eslogan "No permitamos que los políticos nos traten como reses", celebraron
la renuncia del director Jirzi Hodac por motivos de "mala salud". Dos días más tarde, se adoptó una nueva Ley
de Televisión Pública Checa; la Cámara de Representantes del Parlamento checo ya había despedido a los
miembros del Consejo de la CTT y había tomado las riendas del asunto.
Finalmente, el 10 de febrero se levantó la huelga de seis semanas de duración en la CTT, lo cual significaba
que se habían aceptado las demandas de los empleados. En voto secreto, el Parlamento eligió como director
interino de la televisión a Jiri Baldvin, un veterano de los medios de comunicación y, de manera simultánea, despidió a
los gerentes, como lo habían exigido los periodistas en huelga.
El comité de huelga y el nuevo director firmaron un pacto donde se garantizaba que ningún empleado
perdería su trabajo. El Parlamento también le solicitó a Baldvin que llevara a cabo una auditoría y presentara un
nuevo presupuesto.
Los periodistas aclamaron la decisión que tomó el director de sacar a Jana Bobosikova y a Vera Valterova,
la gerente de la estación, a quienes Hodac había designado anteriormente. El Parlamento debe nombrar al
nuevo Consejo para la Televisión Checa (el anterior fue disuelto en enero), el cual tendrá la tarea de elegir al nuevo director.
La nueva ley establece que el Parlamento checo seguirá eligiendo a los miembros del consejo, pero no entre
los candidatos nombrados por algún partido, sino entre los diversos candidatos independientes que sean propuestos por un gran número de instituciones civiles. Varios miembros del consejo de la CTT serán reelectos cada dos
años. Esto representa, sin duda, un gran avance, aunque los periodistas temen que dicho procedimiento no elimine
del todo la manipulación política, dado que la Cámara baja del Parlamento es la que tiene poder de decisión sobre
el código de los periodistas de la CTT.
El ejemplo de la CTT también puso de manifiesto que los medios de comunicación sólo pueden transformarse
si se independizan del Estado, por medio de la privatización o bien de actos legales que conviertan los antiguos
medios controlados por el Estado en un servicio público. Se demostró que sólo es posible lograr el profesionalismo
separando los medios de comunicación de la política y de los partidos políticos. Los medios impresos y
electrónicos privatizados funcionan bien siempre y cuando el papel del Estado se limite a otorgar frecuencias y a actuar
como un órgano de reglamentación.
Esto no significa, claro está, que una estación de televisión deba ser apolítica. Por el contrario, todos los
medios de comunicación deben estar politizados, pero también tomar en cuenta todas las opciones en vez de
apoyar abiertamente a las fuerzas políticas predominantes. El caso de la televisión checa no sólo sacó a relucir el
problema de la influencia de los políticos sobre los medios impresos y electrónicos, sino el de la conducta de los
mismos periodistas, cuyas tendencias derechistas crearon en ocasiones una cobertura noticiosa parcial.
Peter Ul, un antiguo disidente comisionado de Derechos Humanos de la República Checa, fue también el
primer director no comunista de la agencia noticiosa CTK; en relación con los acontecimientos ocurridos en la CTT,
hizo el siguiente comentario: "La mayor parte de los periodistas que trabajan en los medios de comunicación de
la República Checa son jóvenes que están orientados de manera exclusiva hacia los partidos de derecha, debido a
que crecieron en la era postcomunista. Esto se refleja en sus reportajes, aunque las inclinaciones políticas de un
periodista no deben ser del dominio público".
De cualquier modo, la huelga de la CTT ha purgado la arena de los medios de comunicación que, durante
más de diez años, ha tratado de deshacerse de los vestigios del antiguo régimen comunista. El caso de Peter Ul
ilustra claramente las dificultades de la transición; Ul afirma que, en 1989, en la agencia nacional de noticias sólo una
cuarta parte de los periodistas se alegraron con los cambios, mientras que 10% trató de sabotearlos. Por otro lado, las
cosas tampoco fueron fáciles para los periodistas de ideas más democráticas dado que ellos también estaban
acostumbrados a los reportajes "censurados". Así, los periodistas que se refugiaron en el extranjero fueron llamados para trabajar como dirigentes en la nueva Checoslovaquia.
Ahora, la situación en este país es más favorable; la libertad de expresión y la libertad de palabra no se
ven amenazadas y la libertad de información está legalmente reglamentada. Sin embargo, la crisis de la CTT
señala que las autoridades y todos los partidos políticos siempre tratarán de controlar los medios de comunicación.
De éstos depende combatir dichos intentos. Y, para ello, no bastarán las leyes y las disposiciones legales que se hagan en defensa de la independencia de los medios de comunicación.