Mis chistes no son graciosos
Emilio Fernández Cicco / Maitena
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Maitena |
Al diablo con el humor. Es quizá, el de los humoristas, el único oficio que ocupa las 24 horas del día.
Que viene cuando se le ocurre. Que desaparece también cuando se le ocurre. Y que siempre exige estar en
movimiento para captar las semillas del humor que vendrá. Por ejemplo, Maitena se había dispuesto a pasar la
última noche en Buenos Aires brindando con tres amigos gays y luego descansar largo y tendido, pero no bien
llegó a casa, descubrió que buena parte de los asuntos que se habían vertido entre copa y copa, merecían un
lugar en su borrador de ideas. Y eso fue lo que estuvo haciendo: copió líneas enteras de diálogos, bromas y
disparadores hasta que el sol empezó a iluminar el
living (la sala) y se dijo entonces que era suficiente. Era suficiente, es
cierto, pero si uno no puede dormir tranquilo, al diablo con el humor. "Disculpame, estoy impresentable. Me
quedé trabajando. Igual, te digo, la presión no es la misma que antes. Yo dejé hace tres meses de escribir un
chiste por día. Necesitaba siete chistes buenos por semana. Pero hacés mucho más para generar eso. Lo que más
me molestaba era saber que siempre estás cerrando. Yo trabajo en esto desde los 17 años. Tengo el cierre en
la cabeza hace mucho. Y el diario me agotó. Si tenía que viajar por trabajo tenía que adelantar esa semana.
Ahora estoy más tranquila". Es tal el éxito de las tiras de Maitena, sutiles y despiadados retratos de las
mujeres modernas que reproducen medios de Europa y Latinoamérica, que perdió la cuenta si en Francia van por
la cuarta, quinta parte de su saga
Mujeres
alteradas, o si en España ya se publicó la tercera. Maitena se
encoge de hombros. Explica que no es pose de estrella, en verdad ella elige dedicarse exclusivamente a su trabajo
y prefiere disfrutar de los atardeceres sobre la playa vive en La Pedrera, un pueblo luminoso junto al mar,
en Uruguay o salir a correr por la costa, que tener registro del destino internacional de su obra.
Este mes de diciembre, viaja a la Feria del Libro de Guadalajara a presentar su nuevo libro ya saben,
entonces, a quién no hay que preguntar para saber de cuál de ellos se trata, y reconoce que, si bien no le gusta
viajar, hace tiempo tiene en mente conocer México. "La manera en que vienen las ideas es un misterio. Ayer,
te contaba, me surgieron un montón de chistes luego de haber estado ocho horas con esas tres locas muriéndome de risa. El trabajo creativo es muy difícil de explicar. Y yo no lo quiero saber. Una sola vez con
mi analista hablamos bastante de mi trabajo y se metió por unos lugares que después me hizo daño.
¿Hace cuánto vas a análisis?
Más o menos desde los cuatro meses. ¡Jua, jua! Bastante, ¿no?
Muhammad Alí, el campeón de los pesos pesados, decía que contar la verdad es la mejor broma de
todas. ¿Coincidís?
Lo que pasa es que Alí no hacía chistes.
Bueno, escribía algunos poemas en broma.
A mí me gusta trabajar con ideas con las cuales yo comulgue. Esa es mi verdad. No me gusta hacer
chistes de borrachos. Tipo: "Vino el loro y le dijo al borracho..."
O chistes de gallegos.
Tampoco. Hay un mecanismo que conozco. Podría hacer chistes de eso, pero no me interesa. Y de
alguna forma me gusta hablar de la verdad. O de lo que yo creo que hay de verdad en las relaciones humanas,
las preocupaciones, las obsesiones. Para eso escribo. Me gusta mucho una frase de Raymond Queneau: "El
humor es una tentativa de limpiar de estupideces los sentimientos".
¿Algunos creen que con tus tiras sobre las obsesiones femeninas, ocupaste el lugar del cine de
Pedro Almodóvar?
No es verdad, ya existían humoristas gráficos, excepcionales y mujeres. Aunque es verdad que el tema
del humor ligado a la mujer no se daba en abundancia.
¿Por qué no?
Tal vez el principal motivo sean los mandatos culturales: el humor es transgresor, irreverente, irónico,
jodido. Y a las mujeres no nos enseñan eso. Al contrario, el mandato es que seas sumisa, que te adaptes. Pero
existen humoristas mujeres. No sé si tanto en humor gráfico. Pero si buscás, las encontrás. A mí el humor me liberó.
¿Cómo era tu primer chiste?
No me acuerdo.
¿Eras la bromista de la familia?
Bastante, tal vez porque éramos muchos hermanos y tenía que hacerme notar. Pero toda mi familia
tenía mucho humor.
¿Es cierto que haces chistes sobre lo que te hace llorar?
Es verdad. Muchas de las cosas que me río no son graciosas. Separarse, divorciarse, no encontrar al amor
de tu vida, tener celulitis. No es gracioso. Lo que pasa es que el humor se apoya sobre eso. Los chistes tratan
sobre cosas que no andan bien. No son situaciones, digamos, felices. Uno se ríe del que se cae, del que choca.
Los humoristas suelen ser unos cabrones: Charles Chaplin, Groucho Marx. Tipos jodidos y malhumorados.
Yo no soy malhumorada. Soy jodida, sí. Pero me río mucho. No sé si los humoristas son malhumorados,
pero sí medio introvertidos.
A Chaplin hasta lo acusaban de pegarle a sus
hijos.
¡Tenía como nueve hijos, como no les iba a pegar un sopapo! Pero, bueno, es el estigma del payaso
triste. Detrás de un humorista, hay una persona sufrida y triste. Esa es la verdad. El humor hace las cosas
más soportables. Pero los humoristas no suelen ser personas que se rían todo el tiempo. Eso sí, yo me río
mucho. Soy graciosa en mi vida cotidiana. Estoy generalmente de buen humor. Una vez, nos invitaron con mi
marido a la fiesta de un humorista muy conocido.
¿De quién?
No puedo decírtelo.
Vamos.
Bueno, de Quino. Y estaban todos. ¡Todos! El
top ten del humor. Mi marido se relamía: "Qué divertido
va a ser esto". Y al final, fue un plomo. Un aburrimiento total. Pero yo no me siento así. Es cierto que soy
una persona muy dramática. Con mucha tristeza interior. Pero no me engancho con la depresión. Voy al
analista, lo resuelvo y listo.
¿Por qué crees que el hombre es la única especie que se ríe? ¿No será porque es la única que tiene
conciencia de que se va a morir? Es decir, si uno acepta eso puede reírse de
todo.
No sé si lo aceptás. No lo sé. Es muy complicado.
¿Quiénes te hacen reír?
¿De los profesionales o de los otros? Porque los que más me hacen reír es la gente de la calle.
¿No consumís humor?
Los que más me hacen reir son mis amigos, mi marido, mis hijos. Y de mis colegas: Roberto
Fontanarrosa, Langer y me gusta mucho Rep. Quino también pero ya no me hace reír más.
¿Hubo alguna película que te partió de la risa?
La fiesta inolvidable, de Peter Sellers. La ví 30 veces y me río en las mismas partes. Es mágica. Un
humor disparatado. Todos se copiaron de esa película. También me gusta mucho Groucho Marx. Pero más los
libros que sus películas porque con la traducción las matan. Woody Allen me hace reír, aunque no siempre.
Coincide con la visión de Allen sobre las mujeres.
No sé qué dice.
Mujeres acomplejadas. Con malas relaciones con sus padres. Que no encuentran al amor de su vida.
Es más de otra época, ¿no? Una mujer que tenía 25 años hace bastante, cuando Woody era joven. Pero
ahora no son así. Sí existe esa misma problemática respecto de la pareja, a su propia madre, ahí sí sigue
siendo moderno.
¿Evoluciona el humor o es una de las ramas del arte que no evoluciona? Por ejemplo, si me caigo ahora
o me caigo en el siglo XXX, ¿no voy a seguir haciendo reír?
No sé si evoluciona. Lo que sí evoluciona es el lenguaje. La posibilidad de hacer más cosas con humor.
El humor de ahora no es tan ingenuo.
Pero compáralo con el terror. Uno ya sabe los trucos. Y una película con viejos trucos no funciona más.
Pero ahora te ponen la mano cortada. Y a mí me sigue dando más miedo Hitchcock que no mostraba la mano.
Pero hay una evolución. En el humor no está tan definido.
Yo no creo que mis chistes sean graciosos. Creo que funcionan por identificación. Tal vez uno de vez
en cuando sea gracioso. Pero no es lo principal.
En el día de la madre, publicaste un chiste del cual mi mamá se sintió 100% identificada y lo mostró a
cada miembro de la familia.
Tal vez sea gracioso el hallazgo, pero no sé si era gracioso el chiste. Mi intención es trabajar con ideas,
no con chistes. Si me sale además un chiste, bárbaro. No voy a arruinar una idea por un chiste. Si como está
me gusta, la pongo igual, por más que no tenga gracia. Pero me gusta más esto que vos decías, que pase algo
donde haya una identificación.
Son identifiaciones grotescas.
Bueno, para crear humor tenés que forzar las situaciones.
¿Qué cosas pudiste decir a través del
humor?
Nada. No quiero decir nada. A mí naturalmente me sale hablar de lo que hablo y muchas veces son cosas
que no se hablan en voz alta. Nunca estoy tratando de perturbar. Yo no digo de esto no se habla. Me gusta ver
lo que está ahí, que todos los vemos pero nadie lo dice.
Convengamos que, si no tiene nada que decir, al menos tienes muchas cosas para rescatar de lo que
ocurre. Y eso es bastante.
Es verdad. Yo necesito divertirme cuando trabajo. Tiene que ser bueno para mí.
¿Crees que en algún momento de la historia puede haber un acuerdo entre el hombre y la mujer?
Es difícil generalizar. Cada vez hay más tribus distintas. Ya los hombres y las mujeres, ¿quiénes son? No
son todas las mujeres y todos los hombres. Si alguien se quiere poner de acuerdo con su pareja, puede ponerse
de acuerdo. Yo lo hice con mi marido. Hace diez años me llevo bien. Somos diferentes, pero estamos de
acuerdo. Yo firmé un armisticio con el sexo opuesto desde muy joven.
¿Tienes chistes preferidos?
Me divierten los chistes del cuerpo. Yo no soy gorda, pero me divierte. Me gustan los de las madres. Me
gusta hablar mal de mi madre. Me gusta hablar de lo jodido que es ser madre. Por más que seas la madre diez le
vas a cagar la vida a tu hijo.
Cada vez la gente llora menos o se ríe menos en público. Es algo que está mal visto. ¿Por qué la gente
reprime tanto sus sentimientos?
Creo que ahora estamos mejor. Yo nunca vi emocionados a mis padres. La única vez que le vi cara
de emocionado a mi padre fue cuando el hombre llegó a la Luna. Mucho menos hablar de eso. Pero hablo de
esas cosas.
¿Por qué pensás que se reprime?
Porque es cultural. De eso no se habla. Las cosas privadas se hablan en privado. Porque en cierta
zona tampoco está bien visto tener emociones. Hay que ser racionales, coherentes, equilibrados.
La escritora Susan Sontag tenía la teoría de que reprimir las emociones a la larga crea tumores. Ella
había tenido uno y se repuso.
Todas las enfermedades parten de eso. De acuerdo a lo que tenés, es lo que reprimiste. No es
casualidad. Yo soy bastante sana. Y tiene que ver con que me expreso mucho. Cuanto más loco estás, más te enfermás
de adentro.
¿El humor es terapéutico?
Lo es. A mí me hace muy bien. Yo no me enfermo jamás.
Nunca padecí de sarampión, varicela. Las nueve o 12 enfermedades que podés tener de chica, jamás la
tuve. Cada sentimiento sale por algún lado. Y si no lo sacás, el cuerpo se ocupa de hacerlo.
¿Y cómo lo llevás en tu vida?
Yo puedo hablar de temas espinosos con mucha naturalidad. Siempre soy la que le toca el número de
hablar de un asunto serio a niños o adultos. No me cuesta. Y para la otra persona es siempre un alivio. Creo que
a alguien que se le acaba de morir la pareja, quiere que le hablen de eso. A la gorda que está haciendo un
regimen, quiere que le digan: "che, gorda, ¿bajaste cinco kilos y te quedan 42?". No quieren que te hagas la
boluda. Yo cometo barbaridades: al tartamudo le digo tartamudo. Mi marido tiembla, entra en pánico, a mí me
da curiosidad. Soy así. Todos sabemos que el otro sabe, pero nadie lo dice. Yo, en cambio, lo hago. Caiga quien caiga.