Cumbre mundial sobre la sociedad de la información
Armand Mattelart
Servicio público y excepción cultural
Apartir de los años 70, la noción de sociedad de la información inspiró los programas de los grandes
países industrializados, que veían en ésta un modo de salir de una doble crisis: "la del modelo de crecimiento y la
de la gobernabilidad y la de las democracias
occidentales".1
La onda expansiva generada en 1984 por el desmantelamiento de America Telegraph and Telephone
(AT&T) en Estados Unidos dio el puntapié inicial al despliegue de las redes transfronterizas y marcó el comienzo de
la desregulación y privatización de los servicios públicos de telecomunicaciones.
En 1998, el acuerdo de la Organización Mundial de Comercio sobre la apertura de los mercados de
telecomunicaciones a la competencia favoreció las concentraciones que unen a operadores de cable e industrias
de contenido.
La fusión de America On Line (AOL) con el gigante Time-Warner, en enero de 2000, fue su símbolo
máximo: America On Line everywhere, for
everyone (America On Line en todas partes, para
todos).2
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Ilustración: Wired |
En 1995, reunidos en Bruselas, los siete países más industrializados (G-7) ratificaron la noción de
sociedad global de la información ante unos 40 invitados especiales del sector empresarial en ausencia de
representantes de la sociedad civil. El año anterior el gobierno de Washington había lanzado un proyecto de autopistas
globales de la información, extrapolación a escala planetaria de su programa local (National Information Infrastructure).
En julio de 2000, el G-8 (el G-7 más Rusia) reunido en Okinawa en presencia de responsables de los
grandes empresas de informática, hizo pública una carta de la sociedad global de la información. Dejando
constancia de la existencia de una fractura digital, creó un grupo de expertos en el acceso a las nuevas
tecnologías (GEANT). En la cumbre del G-7 en Bruselas en 1995, el tema de la fractura digital ni siquiera había
sido mencionado. Entre tanto, se había producido la irrupción del movimiento social mundial en ocasión de
la cumbre de la Organización Mundial de Comercio en Seattle a fines de 1999.
Sin embargo, ya en junio de 1982, en la cumbre del G-7 en Versalles, cuando aún no se hablaba de rutas
de la información, François Mitterrand señaló en un informe titulado "Tecnologías, empleo y seguimiento",
el riesgo de segregación que podía generar el avance de las nuevas tecnologías. Para enfrentar ese riesgo de
un mundo de islotes de prosperidad en un océano de miseria, el presidente francés propuso una carta
mundial de la comunicación. Quedó en letra muerta.
En la cumbre de Génova, en julio de 2001, el GEANT propuso apoyar a los e-governments de los países
pobres para fortalecer la democracia y el Estado de derecho, fomentar la conexión a Internet, promover iniciativas
en materia de educación, alentar a las empresas a invertir en proyectos de desarrollo sustentable y crear
contenidos locales explotando software libre.
Por el lado de las grandes firmas de la informática, Microsoft convocó a los funcionarios de mayor
jerarquía a una "Government Leaders Summit". Objetivo: convencer a las autoridades de los países en vías de
desarrollo de los beneficios de lo digital. En la cumbre Microsoft de mayo de 2003, el tema central era: "ayudemos a
los gobiernos a desarrollar su potencial". Los pregoneros del fin del Estado-nación descubrían así la fabulosa
fuente de riqueza de los mercados del e-government.
Los redactores del informe 2001 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) afirman,
por su parte, que las redes tecnológicas están en "vías de transformar el mapa del desarrollo" y de "crear
las condiciones que permitan realizar en un periodo de diez años progresos que en el pasado habrían llevado
varias generaciones".
Pero se advierte que existe una línea de teléfono por cada dos habitantes en los países ricos contra una
cada 15 en los países en vías de desarrollo y una cada 200 en los países menos desarrollados. La tercera parte de
la humanidad aún no cuenta con electricidad, y qué decir de los índices de analfabetismo...
La organización de la cumbre mundial de la sociedad de la información de Ginebra, en diciembre de
2003, aviva los enfrentamientos entre diferentes proyectos de sociedad. La Unesco ubicó la lucha por el
"acceso universal al ciberespacio" en el marco de una infoética y del respeto a la diversidad cultural lingüística,
para evitar que "la globalización económica sea culturalmente empobrecedora, desigual e injusta".
Esta filosofía impera en la organización de la cumbre de las reuniones que prepararon su orden del día:
las conferencias intergubernamentales regionales (Bamako, Bucarest, Tokio, Santo Domingo y Beirut), y las
tres conferencias preparatorias (prepcoms) en la sede de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (IUT)
en Ginebra.
En febrero-marzo de 2003, durante la segunda prepcom, se creó una oficina de la sociedad civil y de
las organizaciones no gubernamentales (ONG) para asegurar el vínculo con la oficina gubernamental.
Aunque esta invitación se prestaba a la cooptación, se encontraban allí representados al sector
universitario y educativo; la comunidad científica y tecnológica; creadores de la cultura; las ciudades y poderes locales;
los sindicatos; los legisladores; las ONGs; los jóvenes y los grupos definidos por género; los pueblos
autóctonos; las personas discapacitadas; los movimientos sociales; las investigaciones filantrópicas; los
think tanks; las asociaciones de multiactores; los grupos regionales de África, Asia, América Latina, el Caribe, Europa y los
países árabes.
Al leer este listado me viene a la mente el cuento de Jorge Luis Borges, llamado "El congreso" donde
don Alejandro Glencoe se propone reunir una "asamblea que representa a todos los hombres" del mundo, lo
que implica querer determinar el número exacto de los arquetipos platónicos, enigma que, desde hace siglos,
deja perplejo a los pensadores del mundo
entero.3
Esta dispersión demuestra la dificultad de incorporar los intereses sectoriales y delimitar las nociones
de sociedad civil y de ONG vigentes en las instituciones internacionales. La cuestión ha sido planteada a partir
de la primera prepcom celebrada en junio de 2002: el universo del tercer sector entre paréntesis respecto de
los otros dos, el Estado y el mercado colinda con las organizaciones corporativas empresariales (Cámara de
Comercio Internacional o International Advertising Association).
El sector privado está también presente a través de las empresas que envían a sus observadores. La
Organización de Naciones Unidas las apoya al hacerlo, reservándoles un papel destacado.
La objeción planteada por determinados gobiernos en contra de la presencia de las organizaciones
no gubernamentales (ONG) en nombre de la defensa del monopolio de representación de los Estados,
apunta especialmente a aquellos que pertenecen al movimiento social.
Los voceros del sector privado ponen el acento en la flexibilidad y el espíritu competitivo de la
empresa. Insisten en la necesidad de limitar la misión de los poderes públicos a crear el entorno más favorable para
las inversiones. Este economicismo se lleva bien con la visión pragmática de la comunicación inherente a la
IUT, organismo del sistema de las Naciones Unidas.
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Ilustración: Wired |
A esta visión tecnicista se opone la agenda social elaborada por el tercer sector en nombre del
desarrollo sustentable: la necesidad de unir o integrar las experiencias digitales con la memoria de la apropiación
social de las tecnologías anteriores (la radio en particular); el gobierno democrático, es decir, la transparencia y
la participación; la alfabetización, la educación y la investigación; los derechos humanos; el conocimiento
como patrimonio de la humanidad; la diversidad cultural lingüística; la reducción de los costos de conexión;
el software libre; la participación en el gobierno de Internet y en todas las instancias donde esté en juego
la regulación internacional del ciberespacio (OMC, Organización Mundial de la Propiedad Intelectual,
Internet Corporation for Assigned Names and Numbers), y a la seguridad del derecho de los ciudadanos a comunicarse.
La crítica a la seguridad en las redes remite al otro aspecto de la "sociedad de la información": la
vigilancia y los ataques a la vida privada. No sólo en los regímenes autoritarios, sino también en el conjunto de
países democráticos, desde que se reforzaron las medidas antiterroristas después de los atentados del 11 de
septiembre de 2001. Como telón de fondo: los proyectos de entrecruzamiento de los bancos de datos para
controlar a los ciudadanos (seguridad social, tarjetas de crédito, cuentas bancarias, antecedentes judiciales,
constancias de vuelo, etcétera.)
Durante las reuniones preparatorias de la cumbre de Ginebra de diciembre de 2003, algunos
gobiernos intentaron perpetuar una enésima versión de las estrategias de "modernización". En cambio, otros
gobiernos han aprovechado la oportunidad para intentar hacer otra cosa.
La incorporación en la agenda política del tema de las tecnologías de la información se convierte
entonces, para los sectores reformistas, en ocasión para generar un debate de fondo sobre las tecnologías, la
sociedad y las libertades individuales. Lo que lleva a reflexionar sobre la incompatibilidad del modelo neoliberal con
los proyectos de construcción de una sociedad del conocimiento para todos.
En cuanto a las conferencias regionales, se observó la conformación de alianzas geopolíticas
elocuentes como fue el caso de Japón, alineado con la posición de Estados Unidos, frente al bloque mayoritario que
agrupa a países como China, Indonesia, Malasia, India, Pakistán e Irán. Durante la conferencia de los países de
América Latina resurgieron las reivindicaciones del "derecho a la comunicación" defendido en los años 70 por
el movimiento de no alineados en favor del nuevo orden mundial de la información y de la comunicación.
Este cariz geopolítico que toman las controversias, en mayor medida la relación entre culturas y nuevo
orden mundial, corre el riesgo de acentuarse con el retorno de Estados Unidos al seno de la Unesco, institución
que había abandonado en 1985, luego de haber acusado a los países del sur de politizar dichos temas.
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Foto: Médias |
Más que nunca, Washington aboga porque el espacio del debate se reduzca a los contornos
construidos según el modelo de las organizaciones con vocación técnica y comercial. Posición explícita durante las
controversias con la Unión Europea, en 1993, en ocasión de las negociaciones sobre la excepción cultural en el
marco del GATT, precursor de la Organización Mundial de Comercio.
Basándose en la logística de las nuevas redes militantes y los foros sociales, el movimiento
altermundialista incorporó las controversias sobre la evolución de las tecnologías de información al debate sobre las
disparidades socioeconómicas.
La problemática de la comunicación, tratada de manera dispersa durante las dos primeras ediciones
(2001-2002) del foro social mundial de Porto Alegre, adquirió su pleno derecho a ser abordada en febrero de 2003.
A propuesta de Le Monde
Diplomatique se lanzó también el observatorio internacional de medios de
comunicación (Media Watch
Global).4 Su objetivo: impulsar "todo tipo de acciones tendientes a promover y
garantizar el derecho a la información de los ciudadanos en todos los países". Este organismo está destinando
a expandirse a través de observatorios nacionales integrados, en partes iguales, por periodistas,
investigadores, universitarios y usuarios.
Durante mucho tiempo, el enfoque instrumental de los medios de comunicación, de las redes y de la
cultura impidió la definición de una doctrina sobre su papel en el cambio
social.5 Y lo que es más, en su
dimensión internacional, que muchos sólo descubrieron con la irrupción de Internet.
Sin embargo, es preciso señalar que el carácter central de la problemática de los modelos e
implantación social de las tecnologías de la comunicación está lejos de ser reconocido por todos los componentes
del movimiento social mundial, aunque todos manejen con destreza las nuevas herramientas digitales.
Este avance se debe en gran medida al trabajo pionero realizado desde hace años en el sector por la
World Association for Christian Communication (WARC) de Londres, la Agencia Latinoamericana de
Información (ALAI) de Quito, la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) de Montreal e Inter Press Service,
una red que, desde los años 70, agrupa los países del sur en su afán por descolonizar la información.
Estos agentes sociales aceptaron la invitación de la Unesco y de la IUT a participar en las prepcoms de
la cumbre mundial organizando al mismo tiempo sus propios seminarios y lanzando, durante el foro
social mundial 2002, una "campaña por el derecho a la comunicación en la sociedad de la información" (CRIS,
por sus siglas en inglés).
Esta lucha por el derecho a la información es una de las expresiones de la nueva filosofía de la acción
colectiva sobre la gestión de los bienes comunes de la humanidad (la cultura, la educación, la salud, el medio
ambiente, el agua).
El servicio público y la sección cultural deben prevalecer sobre los mecanismos del mercado. Principios de
los que la Organización Mundial de Comercio, favorable a la liberalización de los servicios, intenta oponerse. Y
que deben defenderse en Ginebra, en diciembre próximo.