Hay que exigir contenidos de calidad
Héctor González Jordán / Mariano Cebrián
De caja idiota nada. "La televisión rebasó a sus teóricos", comenta Mariano Cebrián Herreros. El catedrático de la Universidad Complutense de Madrid ha escrito un nuevo libro, Modelos de televisión: generalista, temática y convergente con Internet (Paidós), donde apuesta por tres nuevas vertientes de este medio. Amante de noticiarios, documentales y películas, el también coordinador del portal www.campusred.net/telos apela a la responsabilidad social de los medios.
Usted ha escrito que los monopolios televisivos tienden a desaparecer en virtud de una televisión cada vez más fragmentada. ¿En Latinoamérica, qué tanto se mantiene esa tendencia cuando tenemos casos como el de Televisa y TV Azteca en México y TV Globo en Brasil?
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Mariano Cebrián Foto: Cortesía de Paidós |
En estos momentos se está produciendo un fenómeno de multiplicación de canales por los diversos sistemas de televisión por cable y ondas terrestres; eso de una manera u otra va a dar entrada a otras empresas. A partir de la televisión digital, en algunos países ya se han creado sistemas que incluyen 14 o 15 canales. Luego están los canales vía satélite, que en caso concreto de Latinoamérica dominan Sky y DirecTV y que han multiplicado su oferta. Es decir, vamos a una tendencia de multiplicación y de mayor concurrencia dentro de la competitividad o de los servicios que se puedan dar por televisión. Ya dependerá de los gobiernos ver cómo se organiza todo esto.
Pero esta mayor oferta no necesariamente va acompañada de una mejor calidad.
La multiplicación está llevando a que se entre en ámbitos de mayor competitividad. Esto con el fin de acumular más audiencia. Por desgracia en esta inercia la calidad ha bajado. Se fomentan elementos como el morbo y la agresividad, que nos están llevando al concepto de telebasura, que no es ni más ni menos que la acumulación de ese enorme deterioro que producen los canales de televisión.
¿La telebasura es culpa de las televisoras o de los espectadores?
De ambas partes. Por parte de las emisoras en cuanto que casi no ofrecen alternativas con contenidos más serios. Sin embargo, tampoco se puede soslayar que se han puesto programas de mayor calidad y la gente no los ha visto. Aun así, en España hemos tenido algunas experiencias con programas culturales e históricos que han tenido buenas audiencias; por ejemplo, Memorias de España. Es un problema complejo. Uno puede pensar que la gente ve lo que ve porque no se le ofrecen otros contenidos, otros también afirman que la audiencia va detrás de determinados contenidos. Lo que es un hecho es que las cadenas pueden formar la audiencia, dándoles determinada sensibilidad para que reciban lo que se les ofrece.
Entonces las televisoras tienen mayor responsabilidad.
Quizá sí.
¿Ha rebasado la televisión a sus teóricos?
Hay planteamientos que no se han afianzado en la realidad de la televisión. Eso ha hecho que existan teorías trasnochadas. En mi caso creo que ya no se puede hablar de televisión, sino de televisiones. Por eso he planteado tres modelos. El primero es el Generalista, aquí se congregan todo tipo de contenidos. El segundo es de los Canales Temáticos, que son más específicos e incorporan algunos servicios paralelos a la propia televisión, como las ventas. Y el tercer modelo es el Convergente, donde ubico la televisión por Internet, que abre las aportaciones entre ambos medios; con esto se ha abierto un modelo que en un futuro nos llevará a otra dimensión de contenidos e información.
¿Qué depara la segmentación para las empresas que son dueñas de varios canales en los que maneja todo tipo de contenidos, pensemos por ejemplo en Televisa?
No conozco con gran precisión lo que hace Televisa. Sin embargo, creo que toda cadena buscará el desarrollo de estos tres modelos y si históricamente ha estado trabajando para ofertar contenidos generalistas hoy tendrá que ofrecer contenidos temáticos. Por otra parte, la utilización de Internet es irreversible, un ejemplo son los chats que se hacen con los conductores de programas. Más que disponer de un canal, lo importante es disponer de un contenido que suscite interés para atraer audiencias. Eso nos lleva hacia planteamientos de estrategias multimedia que exploten los contenidos.
La situación social en América Latina me hace pensar que estos procesos están aún lejanos.
De acuerdo. El desarrollo de la televisión no ha podido ocultar las diferencias existentes. El hecho de que se salte de una señal gratuita a una temática de pago, abre una amplia brecha social, no digamos en materia de interrelación con Internet, donde se acentúan aún más los desfases. Esto de alguna manera lo que confirma es que la televisión no es la panacea comunicativa. Ante esto, el Estado es quien tiene que aportar los
servicios para disminuir las brechas.
¿Quiere decir que las televisoras públicas deberán asumir el compromiso de integrar a los sectores más desprotegidos en estas tecnologías?
Sí. Pero también los gobiernos deben favorecer que existan canales dentro de estos grupos. Por ejemplo, hay sectores comunitarios o alternativos que carecen de un canal para disponer de sus procesos comunicativos. Con eso se les está negando una realidad necesaria e imprescindible de comunicación. Así como se apoya a inversionistas, también hay que apoyar a estos canales para el desarrollo de grupos sociales que a veces no encuentran espacios en las emisoras públicas y privadas.
¿Se ha convertido la televisión en el medio certificador de la realidad?
No, ni se ha convertido ni podrá convertirse nunca. La realidad no es un solo punto de vista, admite miles de perspectivas. La televisión lo que hace es dar una interpretación entre las muchas que se pueden ofrecer. Nunca ha sido un espejo de la realidad, insisto, es una interpretación que depende del trasfondo ideológico de la empresa. Una imagen televisada hay que tomarla como un punto de vista que debe ser contrastado con otro punto de vista. Si están emergiendo multitud de canales, lo más importante es que queden diversificados entre distintos grupos para que los destinatarios finales, es decir, la sociedad civil pueda disponer de
múltiples interpretaciones.
Pero una noticia no tiene la misma resonancia cuando no pasa por televisión.
Efectivamente la televisión multiplica la resonancia de una noticia. Y la única manera de arreglar eso es fomentar una actitud crítica e incluso activista, respecto a lo que está viendo. Al decir activismo me refiero a la formación de movimientos sociales para exigir contenidos de calidad.
Eso encierra una paradoja, porque ¿quién puede elegir qué ver?
A la sociedad hay que darle los elementos educativos para que tenga un criterio crítico, analítico y responsable, a fin de que pueda elegir lo que le propicie un mayor desarrollo personal. En este sentido, es importante dar apoyo a las asociaciones de telespectadores que incluso puedan promover un boicot a determinados productos. No apuesto a ninguna censura moral de cualquier tipo, pero sí por una exigencia de calidad. Creo que los canales de televisión deben servir a la sociedad y no sólo lucrar con ella. No podemos olvidar que la televisión es un medio de comunicación social que tiene una función de servicio y no una tienda de zapatos donde se va a buscar cualquier productor.
Pero eso exige una responsabilidad por parte delespectador que en muchos casos puede ser llevada a extremos radicales.
No tiene porque ser así. En todos los países europeos, salvo en España, hay un Consejo Superior de Televisión, que es el encargado con independencia de cualquier gobierno de fomentar los valores positivos en la sociedad, así como de vigilar que se cumplan las leyes existentes en todos sus aspectos.
¿Cuando habla de valores, a qué se refiere exactamente?
Al derecho a la intimidad y a la dignidad humana.
¿Cómo se forman esos consejos?
Son independientes y representativos de la sociedad civil. Suelen estar nombrados por un Parlamento plural. Se buscan personas neutrales y que no estén comprometidas con instituciones políticas.
¿Le gusta la televisión actual?
La que más conozco es la televisión de mi país. Pero en general no me gusta lo que se está haciendo ahora. Se han perdido las diferencias entre lo que es la televisión pública y la privada. Ambas se han sometido a una competitividad por conseguir audiencia. En el caso de las privadas para obtener una rentabilidad comercial y en el caso de las públicas para obtener una rentabilidad política. En España, a raíz de lo que pasó con Televisión Española, se está buscando una auténtica emisora pública que no obedezca al servicio de ningún partido.