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Foto: Reuters/Handout-Prensa Canal 13, 31/VIII/2005
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Muchas son las lecciones que el futbol de alto rendimiento nos da. Tarde o temprano el orgullo debe quedar a un lado para dar cabida, no al "cebollazo" ni a la falsa adulación sino a la diplomacia.
Porque transitar sin diplomacia, es en definitiva una autoexclusión dentro de una actividad tan incierta y cambiante como el
futbol profesional, en la que hoy o mañana todos requerimos de todos.
El arte de la diplomacia se aprende desde los primeros contactos con el poder y, sin excepción, debe mantenerse incluso al tocar
el cielo como celebridad. Maradona y Pelé se han necesitado mutuamente, por lo que no hay duda: cuando se encuentran son un
buen ejemplo de diplomacia.