Sergio Marelli
Admirado por García Márquez, Cortázar, Galeano y Tomás Eloy Martínez, Rodolfo Walsh fue un escritor y
periodista argentino que en 1957 -ocho años antes de que apareciera
A sangre fría, de Truman Capote-, lleva a su apogeo
al relato testimonial (o no ficcional), mediante una investigación periodística sobre una matanza ocurrida en
1956, publicada bajo el título Operación
masacre, que puede leerse como una de las grandes novelas argentinas. Lo
que sigue es un retrato de la vida de este intelectual asesinado por la última dictadura militar, y cuya escritura
sigue siendo uno de los más intensos y transparentes cruce de caminos entre la literatura y el periodismo.
Primeros pasos
Tenía 17 años cuando comenzó a trabajar en la editorial Hachette -empresa de origen francés con mucho
peso entonces en el mercado argentino-. Primero lo hará como corrector de pruebas, luego como traductor -de
Ellery Queen, William Irish y Victor Canning, entre otros-, y, finalmente, como antólogo:
Diez cuentos policiales argentinos -publicado en 1953- constituye la primera antología del género publicada en su país.
Lentamente se aproximó al periodismo, escribiendo notas para el
diario La Nación, como especialista
literario, una de ellas alcanzó cierta celebridad bajo el título "Dos mil quinientos años de literatura policial". Plantea la
tesis de que Poe no es el padre del género policial, sino que se cristalizó en él una tradición que ya figuraba en
La Biblia, con el profeta Daniel quién además de poseer famosamente el don de interpretar sueños, desatar dudas e
iluminar sabidurías, ejerció, de hecho, el rol de primer detective de la historia. Walsh también colaboraba con la
revista Leoplan, donde recordó, en una nota, "la más larga y enconada batalla periodística de todos los tiempos",
desatada por un extraño personaje, "el genio del anónimo". Se trata de la historia de un "fantasma" llamado Junius quien,
a fines del siglo XVIII y durante tres años consecutivos, tuvo en jaque a la nobleza y al gobierno británicos. Este
ghost writer publicaba sus anónimas embestidas en el periódico
Public Advertiser, develando secretos escandalosos de
los hombres públicos de un país "amante de venerables tradiciones". Con sus 44 cartas encendió las llamaradas de
la polémica, cuyas cenizas se perdieron en la noche de los tiempos sin que nadie pudiera descifrar en ellas el
nombre del autor. El método usado era la única forma de hacer política en ese entonces, pues "estoy seguro que si
me descubrieran no me quedarían tres días de vida", le dijo a su editor el enigmático Junius. Años más tarde,
Walsh retomaría esa actitud desafiante -aunque afirmándola con su nombre, apellido y número de documento-, pero
no para denunciar "escandeletes de la vida privada de los miembros del palacio", sino para desnudar la más fría
máquina de horror que Argentina conoció en toda su historia.
El violento oficio de escribir
Su primer premio literario, obtenido a los 23 años de edad, fue conferido por un jurado integrado por Jorge
Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Leónidas Barletta, por el cuento
Las tres noches de Isaías Bloom. Poco
tiempo después, publicaría su primer libro,
Variaciones en rojo, compuesto por relatos escritos en la tradición del
policial clásico o de enigma, que obtendrá el Premio Municipal de la ciudad de Buenos Aires.
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Rodolfo Walsh |
Dijo Walsh: "Mi relación con la literatura se da en dos etapas: de sobrevaloración y mitificación hasta
1967, cuando ya tengo publicados dos libros de cuentos y empezada una novela; de desvalorización y paulatino rechazo
a partir de 1968, cuando la tarea política se vuelve una alternativa... La desvalorización de la literatura tenía
elementos sumamente positivos: no era posible seguir escribiendo obras altamente refinadas que únicamente podía consumir
la
intelligentzia burguesa, cuando el país empezaba a sacudirse por todas partes". Una vez acuñada esa visión de
la literatura, la elección de Walsh fue volcarse al periodismo como arma de conocimiento y combate. Un
periodismo que tendiera al máximo desarrollo de las posibilidades del lenguaje, que indagara en los mapas más profundas de
la palabra, allí donde se encuentran las mismas simientes que fertilizan la literatura. Así nacería
Operación masacre.
Operación masacre
En 1955 el gobierno del general Juan Domingo Perón es derrocado mediante un golpe de Estado encabezado por
los generales Eduardo Lonardi, Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Rojas. En el epílogo de
Operación masacre, Rodolfo Walsh explicó: "He sido partidario del estallido de septiembre de 1955. No sólo por apremiantes motivos de afecto familiar, sino porque abrigué la certeza de que acababa de derrocarse un sistema que burlaba las
libertades civiles, que negaba el derecho de expresión, que fomentaba la obsecuencia por un lado y el desborde por el
otro". Pero la cruenta represión desatada contra los peronistas, no sólo no le pasó inadvertida, sino que lo determinó a
la obligación moral de denunciar la saña persecutoria oficial que cristalizaba, a manera de símbolo, en los
fusilamientos ejecutados a los rebeldes en los basurales de José León Suárez.
Una tarde de 1956, mientras jugaba al ajedrez en un bar de la ciudad de La Plata, escuchó la frase: "Hay
un fusilado que vive". Esa revelación poderosamente se instaló en sus pensamientos, arrancándolo de sus
costumbres cotidianas y sumergiéndolo en una acuciante y exhaustiva investigación. De esa manera se encontró con un
crimen pergeñado desde el Estado y encubierto por los oscuros faldones de un gobierno autoproclamado "libertador".
La masacre perpetrada en José León Suarez, en medio de un mar de latas y espejismos, es revelada por el testimonio
de un sobreviviente, Julio Troxler. Fue escrita en caliente y de un tirón, para que no le ganaran de mano, pero se le
fue arrugando en el bolsillo porque no había quien se atreviera a publicarla, ni casi enterarse. Walsh escribió: "Uno
llega a creer en las novelas policiales que ha leído o escrito, y piensa que una historia así, con un muerto que habla, se
la van a pelear en las redacciones, piensa que está corriendo una carrera contra el tiempo, que en cualquier momento
un diario grande va a mandar una docena de reporteros y fotógrafos como en las películas. En cambio se encuentra
con un multitudinario esquive de bulto". El 23 de diciembre de 1956, el escritor Leónidas Barletta, tuvo el
solitario coraje de dar cabida en las páginas del periódico que dirigía,
Propósitos, a las primeras noticias de ese
crimen narrado por Walsh.
El relato meramente ficcional deja de interesarle, porque consideraba que no tiene filo verdadero, no hiere
a nadie, no acusa ni desenmascara. Es la expresión literaria de los que se cuidan de no ofender por temor a ser
aplastados. En cambio, en la investigación periodística relatada con todos los recursos que la literatura provee, alcanza
su máximo esplendor la narración de quien cuenta contra la injusticia -ya que revelar un crimen es una manera de
no dejarlo impune-, reafirmando el poder de la escritura para evitar el olvido, esto es, para triunfar sobre la muerte.
En 1973 el libro conoció una versión cinematográfica -en cuyo guión participo Walsh-, dirigida por Jorge
Cedrón, y con un elenco actoral de primera importancia, entre los que se destacaban Norma Aleandro, Carlos Carella,
Raúl Parini, y el propio Julio Troxler.
Operación masacre no sólo fue una bisagra en la vida de Rodolfo Walsh, "cambió mi vida -escribió-.
Haciéndola descubrí, además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior", sino que también fue
el inicio del ancho y prolífero camino periodístico-literario de la novela testimonial.
Prensa Latina
A mediados de 1959, Walsh viajó a Cuba para presenciar "el nacimiento de un orden nuevo, contradictorio, a
veces épico, a veces fastidioso". Allí, junto a Jorge Ricardo Masetti trabaja en la creación de la agencia de noticias
Prensa Latina. La finalidad era contrarrestar los efectos de la deformación de las noticias cubanas por parte de las
agencias internacionales que monopolizaban el mercado mundial de noticias. El mismo Walsh diría que buscaban "dar
una imagen de los países latinoamericanos que no esté deformada por intereses ajenos a nuestros pueblos. Pero no
se hace retórica ni propaganda. Se trabaja duro y con la verdad".
Prensa Latina tenía su casa central en La Habana y sedes en todos los países de América, y en algunos de
Europa y Asia. En su fundación participaron -además de Walsh y Masetti-, Gabriel García Márquez, Plinio Mendoza,
Rogelio García Luppo, Mario Gil, Díaz Rangel, Teddy Córdova, Juan Carlos Onetti y Francisco Urondo, entre otros
destacados escritores y periodistas. Allí, Rodolfo Walsh realiza su entrevista más corta, a Ernest Hemingway quien,
sencillamente le dice: "Nosotros, los cubanos, venceremos.
I'm not a yankee, you know".
Se desempeñó como jefe de Servicios Especiales, haciendo investigaciones y producciones que se distribuían
a los medios especializados. También dio muestras de sus inusuales condiciones de criptógrafo, descifrando, por ejemplo, mensajes enviados por la CIA desde Guatemala a Estados Unidos.
García Márquez lo recuerda así: "En realidad, fue Rodolfo Walsh quien descubrió, desde muchos meses
antes, que los Estados Unidos estaban entrenando cubanos en Guatemala para invadir Cuba por Playa Girón... Jorge
Masetti había instalado en la agencia una sala especial de teletipos para captar y luego analizar en junta de redacción
el material informativo de las agencias rivales. Una noche, por un accidente mecánico, Masetti se encontró en
su oficina con un rollo de teletipo que no tenía noticias sino un mensaje muy largo en clave intrincada. Era en
realidad un despacho de tráfico comercial de la Tropical Cable de Guatemala. Rodolfo Walsh, que por cierto repudiaba
en secreto sus antiguos cuentos policiales, se empeñó en descifrar el mensaje con ayuda de unos manuales de
criptografía recreativa que compró en una librería de lance de La Habana. Lo consiguió al cabo de muchas horas insomnes,
sin haberlo hecho nunca y sin ningún entrenamiento en la materia, y lo que encontró dentro no sólo fue una
noticia sensacional para un periodista militante, sino una información providencial para el gobierno revolucionario de
Cuba. El cable estaba dirigido a Washington por el jefe de la CIA en Guatemala, adscrito al personal de la embajada
de Estados Unidos en ese país, y era un informe minucioso de los preparativos de un desembarco en Cuba por
cuenta del gobierno estadounidense. Se revelaba, inclusive, el lugar donde empezaban a prepararse los reclutas: la
hacienda Retalhuleu, un antiguo cafetal al norte de Guatemala".
Años de plomo
El 24 de marzo de 1976, mediante un golpe de Estado, asume el gobierno en Argentina la más sangrienta
dictadura que el país haya conocido en toda su historia. La censura y la autocensura de los medios fue absoluta. De
acuerdo con la Doctrina de la Seguridad Nacional, se establecieron consejos de guerra militares para castigar a todo
aquel posible de considerarse "enemigo de la patria". Se eliminaron los partidos políticos, los sindicatos, se
barrieron todos los derechos civiles, sociales y políticos, y hasta la educación fue reorganizada para ponerla al servicio
de "objetivos nacionales". Los militares argentinos basaron todo su accionar en la hipótesis de guerra interna contra
"la subversión" y el "caos marxista clandestino". Cabe destacar que los uniformados argentinos fueron fieles
epígonos de las experiencias del ejército francés en Argelia e Indochina, siendo su material teórico de cabecera los
manuales de contrainsurgencia del coronel Roger Trinquier y sus adeptos. El mismo 24 de marzo de 1976, la junta militar
dicta el bando 19, anunciando que "será reprimido con la pena de reclusión por tiempo indeterminado, el que por
cualquier medio divulgare, difundiere o propagase comunicados o imágenes provenientes o atribuidas a asociaciones
ilícitas", agregando que "será reprimido con reclusión de hasta diez años, el que por cualquier medio divulgase, difundiere
o propagase noticias... con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de las Fuerzas
Armadas, de seguridad o policiales". El llamado Proceso de Reorganización Nacional contó entre sus víctimas a
99 periodistas. Según el análisis de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) -presidida
por el escritor Ernesto Sábato-, la cifra es muy alta en relación con los profesionales que integraban el sector, lo
que desnuda el intento de silenciar a la prensa para evitar todo tipo de cuestionamiento al régimen.
En ese marco opresivo, teniendo en cuenta que la dictadura provocaba un terror basado en la
incomunicación, Rodolfo Walsh crea la Agencia de Noticias Clandestina (Ancla). La elección del nombre fue una estrategia para
que el Ejército pensara que otra fuerza estaba difundiendo partes comprometedores, y para que en la Marina los
sectores enfrentados sospecharan entre sí. Gracias a su trabajo, con el alias de "Basualdo", pudo proveer a los medios
nacionales y extranjeros de informaciones fidedignas. La regularidad de los despachos sirvió para medir, más tarde, el nivel
de miedo, colaboración o supuesta ignorancia de la gran prensa de aquella época. Eran cables informativos
distribuidos semanalmente por correo, que llegaban con puntualidad a cada redacción de diarios, revistas y
corresponsalías extranjeras, para que ningún periodista pudiera alegar desconocimiento de la realidad atroz que se estaba
viviendo. La información de Ancla circulaba profusamente sin alcanzar su consumación natural en el contacto con el
público. El trasfondo siniestro del régimen era puesto en evidencia: los desaparecidos, los fusilados en
supuestos enfrentamientos, el exilio de miles de argentinos, los centros clandestinos de detención, las torturas, los
negociados de los ejecutores del plan económico. Cada episodio aislado que se denunciaba revelaba la coherencia de un
plan global de exterminio.