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Draga Bozinovic  Represión y búsquedas


 

 Draga Bozinovic



El 5 de octubre, por la noche, se suspendieron temporalmente las noticias que el Estado transmitía por televisión; esto fue una señal confiable de que los diez años del régimen de Slobodan Milosevic estaban llegando a su fin gracias a las manifestaciones masivas que habían tenido lugar en Belgrado.

De pronto, los medios de comunicación que controlaba el Estado y al que ellos, a su vez, defendían como leales partidarios, cambiaron de bando y eufóricamente abrazaron una nueva opción política. En 24 horas, los medios yugoslavos (sobre todo los de Serbia, una de las unidades federales) se uniformaron por completo.

El imperio de medios de comunicación, creado por el régimen como una de sus palancas más fieles de poder, se derrumbó sin oponer ninguna resistencia y, por si fuera poco, rápidamente demostró su lealtad a las nuevas autoridades. La línea que separaba a los medios independientes de los que apoyaban al gobierno se borró casi del todo y se estableció un frente común que empezó a desenmascarar, diligente y celosamente, a las antiguas autoridades, a la par que adoptaba una postura muy cautelosa en relación con las primeras medidas que tomó el nuevo gobierno.

Los medios independientes, que solían ser objeto de persecución, clausuras y cuantiosas multas (los periodistas eran arrestados y algunos incluso fueron asesinados, como Slavko Curuvija, quien fue acribillado en el centro de Belgrado) debido a sus críticas a las anteriores autoridades, se unieron primero al coro de halagos y odas al nuevo régimen; pero después adoptaron una línea más reservada y crítica. Los medios estatales han pasado por una transformación superficial, pero aún tienden a sopesar los artículos que critican las políticas actuales antes de publicarlos.

Foto: Time
Las nuevas autoridades intentaron controlar de inmediato a dichos medios "cautelosos". Los miembros de los consejos directivos fueron elegidos entre los seguidores del partido y las autoridades todavía pueden tener injerencia directa sobre su política editorial. En muchos medios impresos y electrónicos existen remanentes de la década pasada o periodistas notorios por actuar como "testaferros" verbales y como los principales propagadores de los discursos de odio durante las guerras en la antigua República Serbia de la Federación Yugoslava. Estos periodistas también solían criticar a todos los individuos y todas las actividades que ostentaran el sello distintivo de "la oposición".

Durante la guerra, un gran número de periodistas talentosos y profesionales fueron despedidos, segregados o salieron de sus periódicos por voluntad propia. Fueron reemplazados por secuaces serviles que solían trabajar como secretarias o técnicos y que provenían de otras profesiones que no tenían relación alguna con el periodismo.

Así, el profesionalismo fue desterrado de casi todos los medios. Los sucesos que tuvieron lugar en Yugoslavia durante los últimos diez años ayudaron a fomentar un periodismo de "resumen" (declaración informativa) en los medios independientes. Con algunas excepciones, la investigación y el análisis se hicieron a un lado.

La nueva ley de información serbia, adoptada en noviembre de 1998, cuando Milosevic estaba en el clímax de su venganza, se consideró como el último golpe que asestó contra los medios noticiosos independientes. Cuanto más lo aislaba la comunidad internacional y cuanto más detestado era en su país, más agresivo y represivo se volvió. La Ley de Información fue el preludio del enfrentamiento decisivo no sólo con los medios independientes, sino con la universidad, el poder judicial, los oponentes políticos del régimen y el conjunto de la oposición.

La Ley de Información se diseñó de tal modo que los medios no tuvieran que pagar multas draconianas, impuestas por jueces serviles, sólo si dejaban de publicar. Las cláusulas estipulaban severas sanciones para todas las declaraciones y boletines de prensa que se consideraran nocivos para la reputación de cualquier sujeto o grupo protegido. En ese entonces, surgieron varias "alianzas patrióticas" que se encargaron de entablar las demandas y, así, salvaron a los políticos en el poder de tener que presentarse como verdaderos cómplices del régimen.

Los grotescos juicios se organizaban prácticamente de la noche a la mañana y su resultado siempre era el mismo... se declaraba que los acusados eran culpables y la única incertidumbre era el grado de severidad de la sentencia. En un país donde los miembros del poder judicial eran proverbialmente lentos, donde los ministros de gobernación y de defensa eran asesinados en restaurantes y nunca se descubría la identidad de los matones, todo el procedimiento judicial contra los medios de comunicación (desde la presentación de cargos hasta la sentencia) concluía en espacio de 24 horas. Los editores en jefe y los dueños ni siquiera tenían tiempo de preparar su defensa y ningún abogado podía salvarlos de una campaña que el gobierno y el poder judicial libraban en su contra.

Las multas que se fijaban en las sentencias (la alternativa era la cárcel) eran absolutamente excesivas dadas las condiciones económicas generales, el nivel de vida y, sobre todo, la situación financiera de los acosados medios de comunicación. Durante los dos años que la Ley de Información estuvo en vigor, los medios independientes tuvieron que pagar un total de 2.5 millones de marcos alemanes en sanciones. Debido a esto, varios periódicos dejaron de circular, algunos sobrevivieron gracias a los donativos que recibieron para pagar sus multas, pero casi todos las saldaron a costa de no pagar sueldos ni adquirir equipo nuevo.

La Ley de Información sirvió para acabar con el pequeño emporio de medios creado por el periodista Slavko Curuvija, asesinado durante los bombardeos de la OTAN por criminales desconocidos en el centro de Belgrado. La primera víctima de dicha ley fue Evropljanin, el semanario de Curuvija (que se llevó a juicio por información publicada antes de que la ley entrara en vigencia), seguido del diario Dnevni Telegraf. Ambas publicaciones fueron condenadas a pagar multas exorbitantes para el dueño y los editores. Acto seguido, se procedió a confiscar el equipo de la empresa y así se evitó la impresión y distribución de dichas publicaciones. Este fue el mismo destino del periódico Nasa Borba, prácticamente el primer diario independiente que apareció en el mercado yugoslavo. Todos y cada uno de los periódicos independientes fueron multados por violar la represiva y monstruosa ley de información.

Mientras la ley estuvo en vigor, los medios noticiosos independientes, a través de su asociación de periodistas, lanzaron una campaña para que les fuera devuelto lo que les habían arrebatado. Casi todos ellos publicaban a diario un texto idéntico donde a los creadores de la ley, al Estado y a varios otros demandantes se les advertía que algún día tendrían que enfrentarse a la responsabilidad de haber humillado y destruido las instalaciones de muchos medios. En febrero de 2001, el nuevo gobierno cumplió su promesa electoral y revocó la Ley de Información, aunque la campaña para rembolsar a los saqueados medios todavía está lejos de haber terminado. Como el Estado se encuentra al borde de la bancarrota, no hay esperanza de que los medios reciban el dinero de las multas pagadas; se ha propuesto resolver esta cuestión con una exención fiscal temporal o con una reducción en otros impuestos y obligaciones.

Hoy en día, la ley ya es cosa del pasado, pero su revocación no marcó el regreso del profesionalismo a los medios noticiosos. Esto puede percibirse sobre todo cuando se habla de temas "delicados", como la cooperación con el Tribunal de La Haya, los artículos o los reportajes sobre los crímenes de guerra cometidos en la antigua Yugoslavia o la manera de abordar las relaciones entre Serbia y Montenegro, las dos repúblicas que constituyen la actual federación yugoslava. Salvo raras excepciones, todos los medios siguen las políticas oficiales; además, han permitido que los políticos interpreten todos los asuntos (desde la política exterior del país hasta las condiciones climáticas) y el periodismo de investigación permanece en un abandono casi absoluto.

Con escasez de personal y de recursos, las agencias noticiosas yugoslavas no pueden seguir el ritmo de los acontecimientos cotidianos que han tenido lugar a un ritmo acelerado desde hace ya varios meses. Deben manejar temas que hasta hace poco eran tabú o enfrentarse a la opinión pública que fue moldeada por la anterior propaganda estatal. Por eso es que casi todos los periodistas se limitan a publicar informes, noticias y declaraciones. La presentación de los artículos (los encabezados, las fotografías o el lugar que ocupa el artículo dentro del diario) es lo único que revela la orientación de una agencia determinada.

Aunado a varios asuntos pendientes, relacionados con la situación de algunas organizaciones de medios de comunicación, con el caótico e incomprensible conflicto (o cancelación) en los permisos de difusión para ciertas estaciones de radio y televisión, así como con la grave ausencia de reglamentación, la situación es tal que a muchos les resulta difícil imaginar una acelerada transformación de los medios yugoslavos. Las agencias noticiosas independientes y privadas temen que el gobierno favorezca a sus "propias" rotativas y estaciones de radio y televisión y que, después de diez años de luchar contra el antiguo régimen y de lidiar con problemas financieros, su situación empeore aún más en el nuevo contexto político. Sin embargo, algo que puede darles motivos de esperanza es recordar lo que sucedió en la capital de la República Checa en enero de 2001: una multitud de 100 mil personas se reunió para defender la cadena estatal de televisión y salvarla del monopolio de un partido político único.



Draga Bozinovic es subeditora en jefe de la Agencia Noticiosa Beta. Trabajó 20 años en Tanjug, la agencia noticiosa estatal, antes de salir de allí en 1994, cuando se fundó Beta.

Traducción: Katia Rheault.

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