China: un Nobel con silenciador
Edgardo Bermejo Mora
Los medios de comunicación
asiáticos transcurren en dos pistas y en dos siglos. Su velocidad,
la sofisticación tecnológica y el
poderío económico que los describe apunta
vigorosa hacia el nuevo siglo; mientras que el
autoritarismo censor al que cotidianamente se someten, la mezcla agridulce de frivolidad, moralina y carencia de
sustancia en la que reinciden, los remite a un cuadro mediático del siglo XX.
1. Singapur y las Olimpiadas
A Singapur se le puede considerar como un enano engreído, una
minúscula porción de tierra insular con
cuatro millones de habitantes que en sus 35 años de vida independiente ha cosechado imbatible
los frutos del desarrollo económico y mira con desprecio a sus atribulados vecinos del sudeste asiático, no obstante que su arribo
anticipado a las grandes ligas del Primer Mundo no incluyan por ahora los postres azucarados del
liderazgo mundial, como lo son las medallas en las
Olimpiadas. Se trata además de una prensa monopolizada por un solo emporio de
propiedad semiestatal que cotiza en la bolsa local y vende
cada día por lo menos 500 mil ejemplares de sus nueve diarios
en cuatro idiomas distintos (inglés, chino, malayo y
tamil), todos bajo el dominio del poderoso Singapore Press
Holdings (SPH).
No importa que el mundo entero esté a punto de estallar, el
Straits Times diario insignia del SPH
registrará a diario a ocho columnas los
logros económicos de la ciudad-Estado. Sin embargo, el licor deportivo
de Sydney terminó por embriagar a la prensa de este país que nunca ha
obtenido una medalla olímpica en su
historia.
Cierto día de finales de
septiembre los titulares del Straits Times
amanecieron con una noticia inquietante: en la parte inferior de la primera plana se leía que una compatriota, competidora en la disciplina de tenis de mesa,
había pasado a octavos de final en los Juegos Olímpicos de Sydney y era la única que se mantenía con vida de
entre la escasa delegación singapurense. Al día siguiente, el diario registró
el avance de su competidora en las ocho columnas
de su edición: "Singapur a un paso de obtener su primer
medalla olímpica". Pero ocurre que la atleta quedó
eliminada antes de poder aspirar a una medalla. Al día siguiente, el reporte sobre la derrota de la deportista pasó a las
páginas interiores, y una nueva cabeza de ocho
columnas ondeaba orgullosa en la primera plana del diario:
"Singapur: medalla de oro en exportaciones".
2. Los diarios en Pekín ocultaronel Nobel a Gao Xingjian
El premio Nobel de Literatura para el escritor disidente Gao
Xingjian fue ocultado o parcialmente informado en China y en los países
asiáticos con presencia importante de comunidades chinas, en las horas y los
días posteriores a su anuncio en Estocolmo. En China, ningún medio
informó de la noticia, y los principales diarios en
Pekín ofrecieron el viernes que siguió al anuncio información en sus primeras
planas sobre los resolutivos de la V sesión plenaria
del Comité Central del Partido Comunista Chino (PCCh).
El vacío informativo sobre la primera ocasión en la historia que se
otorga el Nobel de Literatura a un escritor en lengua china fue roto 36
horas después por un cable de la agencia oficial, Xinhua, donde
se informa de manera escueta del rechazo a la decisión de
la Academia sueca por parte de la Asociación de Escritores de China.
En los países con influencia idiomática china las cosas no
fueron mejor. La reacción de rechazo en la capital
china y los países de presencia étnica china era
previsible, toda vez que Gao Xingjian es un autor proscrito
en China desde que abandonó el país en 1988, ante la censura
impuesta a su obra por considerarse un escritor contrario a los
valores artísticos del régimen maoísta. Incluso los
principales medios de comunicación en Malasia, Indonesia y
Filipinas, donde existe una comunidad china minoritaria con
gran poder económico y fuerte presencia en la propiedad de
los medios, informaron del acontecimiento en forma
parcial. En Taiwan, donde se ha desarrollado un
sentimiento contrario a Pekín por sus
aspiraciones de autonomía, la noticia fue tomada con
grandes reservas por los medios locales.
El vacío informativo provocó incluso que muchos de los intelectuales y escritores de China no supieran
del acontecimiento a más de un día
de haber sido otorgado el premio. Un funcionario de la Oficina de Turismo de
China avecindado en la ciudad de Xian se enteró del premio Nobel para Gao una vez que este columnista se
comunicó telefónicamente con él para pedirle una opinión al respecto.
"Se le consideraba un escritor de
vanguardia que rompió con la ancestral y acartonada tradición de la
dramaturgia china. Después supimos que salió de China y no tuvimos noticias de él, hasta ahora que gana el Nobel", comentó.