Pedro Salazar Ugarte
Darío Fo, en una entrevista reciente, contaba una anécdota de interés no sólo histórico. Decía que la mejor reconstrucción de la historia de Grecia fue la que se hizo a partir de la sátira política y lejos de la obra de los historiadores oficiales. Después de todo, los primeros retrataban la realidad satirizándola, mientras los segundos la maquillaban, politizándola. La reflexión del premio Nobel no es gratuita: surge en torno a un hecho concreto que ha puesto a temblar a la política italiana en las últimas semanas.
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Como en toda campaña electoral, los medios italianos y en particular la televisión, son protagonistas indiscutibles, pero, en el caso de Italia, rige una particularidad bien conocida: el candidato de la derecha, Berlusconi, es el propietario, entre otras muchas cosas, de la única cadena de televisión privada. La alternativa televisiva son tres canales públicos administrados por el gobierno en turno (actualmente de izquierda) y encabezados por un consejo directivo de representación plural. Como es de esperarse, a pesar de que hace un año entró en vigor una ley que limita la propaganda política, cada grupo político intenta llevar agua para su molino. El ganador absoluto es Berlusconi: maneja sus canales con las reglas de la "discrecionalidad privada", pero exige de los canales públicos "imparcialidad política". La estrategia funciona: los últimos monitoreos reportan paridad en el tiempo de cobertura en los canales públicos y una clara ventaja para la coalición de derecha en la tv privada.
Un paraíso mediático para el magnate de los medios que no anuncia nada bueno para la democracia italiana.
El riesgo para el sistema democrático proviene, en primer lugar, del arreglo institucional que permitirá a
Berlusconi, en caso de ganar las elecciones, controlar la tv pública, monopolizando así el espacio mediático italiano
pero, también, de ciertas actitudes del líder de la derecha que vale la pena tomar en cuenta. Recientemente, la
transmisión de un polémico programa de sátira política,
Satiricón, sacó de su escondite a las serpientes. Daniele Luttazzi,
el cómico que dirige dicho programa de la tv pública, entrevistó a Marco Travaglio, periodista y autor de un
libro (L'odore dei soldi. Origini e misteri delle fortune di Silvio
Berlusconi, Editori Riuniti, 2001) que cuestiona el
origen de la fortuna del candidato de la derecha, retoma viejas acusaciones que lo vinculan con la mafia y recuerda
algunos clamorosos casos de corrupción que tuvieron lugar durante su efímero paso por el gobierno en 1994. Lejos de
las acusaciones del libro, que no son nuevas y nunca han sido suficientemente desmentidas, el programa sacó a la
luz otros motivos para desconfiar de Berlusconi. Sólo que, en este caso, fueron el propio candidato y sus socios
políticos los que aportaron los elementos.
Al día siguiente de la transmisión, Berlusconi denunció una campaña de los "comunistas de izquierda" en
contra de las libertades fundamentales. En conferencia de prensa, acompañado de los miembros de su coalición,
exigió: a) la renuncia de todos los miembros del consejo directivo de la tv pública; b) la renuncia de los directores de
los canales correspondientes; c) la suspensión de todos los programas de sátira política de los canales públicos; d) la renuncia del cómico Luttazzi y, de paso, d) la renuncia de algunos otros comunicadores, periodistas y comediantes de "clara filiación comunista". En el mismo acto, el dirigente de Alleanza Nazionale, Gianfranco Fini, advirtió
que, una vez que obtengan el poder, los miembros de su coalición "limpiarían la plaza" de la tv pública. De hecho, algunos días después dio a conocer una lista con los nombres de todos los comunicadores y dirigentes que serían (o serán) despedidos. Para rematar, los miembros de la derecha, de "La casa de las Libertades" como llaman a su coalición, anunciaron que no volverían a participar en los programas de la tv pública hasta el día de las elecciones.
Obviamente el conflicto ha sido acompañado de una espiral mediática: en la tele pública los programas políticos han dedicado mesas redondas, entrevistas y mucha sátira al asunto;por su parte, los canales de Berlusconi han lanzado una ofensiva sin precedentes (según dicen los propios italianos) en contra del gobierno, de la coalición de izquierda y de sus candidatos. Pero hay que subrayar la diferencia: mientras la televisión pública pone el asunto
a discusión en páneles plurales, la televisión berlusconiana se ha dedicado a descalificar a críticos y a adversarios. No satisfechos con la amenaza de despido, los miembros de la derecha han lanzado una ofensiva en contra de todo comediante, periodista o comunicador que se expresa en contra de su líder.
Parece cómico el discurso: en nombre de la libertad, sin rubor ni titubeos, Berlusconi y sus secuaces
desenvainan la espada en contra de sus críticos. Es cierto que la entrevista a Marco Travaglio puede interpretarse como parte
de una estrategia política, como un golpe bajo, y que no se trató propiamente de una "sátira política". Pero es aún
más cierto que nada justifica la reacción de la derecha. Berlusconi optó por la censura y no por la defensa jurídica,
por el manotazo y no por la aclaración, por el embate mediático y la amenaza política y no por la
institucionalidad democrática. Lo curioso es que las acusaciones de fondo se perdieron en la tormenta mediática y la batalla
declarativa. De hecho, el propio Berlusconi se negó a declarar sobre las imputaciones y se limitó a acusar a sus adversarios
de "comunistas", "antiliberales" y "antidemocráticos".
Hace algunos días, Indro Montanelli, legendario periodista de derecha que incluso fue víctima de un
atentado de las Brigadas Rojas, declaró que votará por la izquierda. Esta fue la respuesta del editorialista de 92 años
cuando le preguntaron las razones: "Este centro izquierda está lleno de defectos, lo he escrito y no pierdo ocasión
para hacerlo. Es una armada brancaleone que se desarma en cada curva. Es balbuciente como yo. Pero es inofensiva. En cambio, esta derecha, me da miedo () Berlusconi tiene una concepción absolutamente personal de la
verdad, según la cual la verdad es lo que él dice"