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La hora de los medios
Octubre 2008
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Miguel Ángel Granados Chapa, condecorado con la medalla Belisario Domínguez
30 de Septiembre 2008
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mediósfera
La (otra) guerra de las cabezas
Mario A. Campos, Septiembre 2008
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días de radio
Combos: ofertas y contraofertas
Fernando Mejía Barquera, Octubre 2008
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intimidades públicas
Dos de Televisa dos
Fedro Carlos Guillén, Octubre 2008
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lo que quiero decir
Todorov, en defensa de la democracia
Rubén Aguilar Valenzuela, Septiembre 2008
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litis
Transparencia: avances en el DF
Areli Cano Guadiana, Octubre 2008
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política y media
¿Cuánto queremos perder?
Efrén García García, Septiembre 2008
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textos
La sofisticada censura
Jorge Meléndez, Octubre 2008
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Obsoleta ley de radio y TV
Andrea Recúpero, Septiembre 2008
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Jack: el asesino hecho leyenda
Roberto Saas, Octubre 2008
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Honradez intelectual
Luis de la Barreda, Septiembre 2008
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La diplomacia virtual
María Cristina Rosas, Septiembre 2008
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Purificación Carpinteyro: Hace 20 años no recibo una carta de amor
Verónica Díaz, Agosto 2008
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Escaparate
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febrero de 2001
TV, ¿arma letal?
En 1993 la noticia del asesinato del británico James Bulguer, de dos años de edad, dio la vuelta al mundo. El
homicidio fue muy publicitado porque los asesinos fueron dos niños de diez años, quienes después de golpear e introducir una
pila en el ano del pequeño Bulguer lo amarraron a las vías del tren influidos, supuestamente, por la cinta
Chucky, el muñeco diabólico 3. Sucesos similares han servido como argumentos en contra de las películas, juegos de video y, sobre
todo, programas de televisión con contenido violento.
La mayoría de los espectadores desconocemos la cantidad real de agresión que hay en los programas, sus
verdaderos efectos y la forma como se manifiestan, por ello, resulta interesante el texto de María del Carmen García
Galera, Televisión, violencia e infancia. El impacto de los
medios. El libro se ocupa de los efectos de la violencia televisiva en
las creencias, actitudes y conductas de los niños. La autora hace una vasta recopilación de los estudios realizados al
respecto entre 1958 y 1999, principalmente en EU e Inglaterra.
Fueron los británicos Himmelweit, Oppenheim y Vince quienes analizaron por primera vez dicho fenómeno, pero
los estudios que sirvieron de punto de partida de posteriores investigaciones fueron los de Schramm, Lyle y Parker
(1961), pues sus resultados demostraron la relación directa entre ver televisión y la agresividad de los jóvenes, precisa la autora.
Los estudios de Gerbner, Gross, Signorielli y Morgan (1979-1982) midieron la cantidad de violencia. Sus
conclusiones señalan que 80% de los programas emitidos contenían actos violentos y se veían en promedio 7.5 escenas agresivas
en una hora. Hoy estas cifras han aumentado cualitativa y cuantitativamente; para mantener estimulado y atento
al espectador, los productores deben incluir en sus programas dosis de violencia cada vez más intensas y más reales,
así, en México la violencia ya no es un ingrediente exclusivo de programas de ficción, se ha convertido en un
elemento importante de los noticieros y de los talk
shows.
Los trabajos de Boyanowsky (1977) demuestran que los sujetos en situaciones de miedo o amenaza en su vida
real tienden a consumir en mayor cantidad programas violentos; los de Bandura (1977), Liebert (1988) y Tamborini
(1999) explican cómo influye la violencia en el área cognitiva, conductual y afectiva.
La autora detalla estudios realizados en España donde la Asociación de Telespectadores y Radioyentes, por
ejemplo, afirmó en 1994: "... los niños en edad escolar pueden llegar a contemplar en una semana 670 homicidios...". Y
según una comisión del Senado español los espacios con mayor agresividad son los dibujos animados y las películas.
Entre las aportaciones más significativas del texto están las sugerencias del capítulo cuatro acerca de cómo ayudar
a los niños a tratar con la violencia en televisión e interpretar sus contenidos, pues "aquellos que piensen en la
prohibición de verla están pensando en una utopía...". Es mejor inculcar en el infante un sentido crítico y selectivo donde los
padres y educadores juegan un papel fundamental, señala la investigadora.
Luego de analizar los resultados de las investigaciones, la socióloga concluye: la violencia televisiva no es el único
factor que contribuye a formar una personalidad agresiva ni afecta por igual a todos los niños. Los que más posibilidades
tienen de desarrollar una conducta violenta están determinados por características individuales (rasgos agresivos en su
forma de ser y actuar) o sociales (alcoholismo, violencia familiar y pobreza, como en el caso de los asesinos de Bulguer).
Ante la continua exposición a este tipo de programas, el niño puede llegar a considerar la violencia como algo divertido
o volverse insensible ante el sufrimiento humano, advierte García Galera.
Identifica dos grupos de niños: los que imitan a los personajes y los que quieren ser como éstos; para los primeros,
el efecto es a corto plazo y pasajero pero para los del segundo grupo, las consecuencias sí pueden ser perjudiciales,
pues implica un estilo de vida, una forma de pensar y actuar.
Televisión, violencia e infancia
es una buena fuente de información tanto para académicos e investigadores
sociales como para padres de familia y televidentes preocupados por el exceso de imágenes violentas en la pantalla chica,
pero que poco pueden hacer contra una mercadotecnia que sólo en EU mueve 500 mil millones de dólares al año.
María del Carmen García Galera,
Televisión, violencia e infancia. El impacto de los
medios, España, Gedisa, 2000, 222 pp.
Laura Bernardino
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Todos adaptamos
El cine y la literatura han aprendido a convivir. Con una historia mutua que se remonta, prácticamente, al siglo que concluyó, ambas disciplinas han mantenido una relación difícil y compleja, pero que termina por converger en la narración.
El cine abarca más público que un libro, pero también hay que reconocer que viejos maestros de la cámara han tenido un vasto bagaje literario que les ha permitido crear verdaderas obras de arte, por ejemplo, David Wark Griffith, auténtico revolucionario del discurso cinematográfico.
Ese es el tema de De la literatura al
cine, del académico español José Luis Sánchez Noriega. El libro inicia
enunciando la forma como se tejió este entramado de relaciones mutuas. Hollywood necesitaba el talento de los escritores para los guiones y las historias, pero a su vez los autores encontraron en la cinematografía una forma de obtener un buen sueldo de manera regular y que les permitiera vivir de la escritura.
Sánchez Noriega recuerda que llegó el momento en que la industria estadounidense albergó a más de 50% de los escritores de EU: Faulkner, Truman Capote o Scott Fitzgerald, entre otros. No obstante, el tema que el autor desarrolla con más precisión y detalle es la adaptación, que desde un principio ha abastecido un sinfín de historias para cintas. En este rubro es donde
De la literatura al cine encuentra su verdadera valía, al ofrecer al lector de
forma esquemática la manera como la adaptación ha evolucionado hasta llegar a convertirse casi en un nuevo género.
"La originalidad absoluta no existe; todo escritor o cineasta es producto de la historia de la cultura y de las múltiples creaciones que le han precedido, todo texto remite a otros textos, en toda escritura fílmica quedan reflejadas las lecturas y las visiones de otras obras", es decir, desde el punto de vista de Sánchez Noriega adaptar es una actividad que se
realiza todo el tiempo, si la entendemos como la interpretación de lo que leemos, vemos o escuchamos.
A través de célebres ejemplos como Buñuel cuando retoma a Pérez Galdós, la explicación es clara. Una buena adaptación no es aquella que retoma la historia tal cual, sino aquella que rescata el espíritu de la obra para transportarlo a su época. En lo que vendría a ser una tercera parte el autor presenta seis modelos prácticos para el análisis de adaptaciones literarias, entre las que se encuentra: La muerte y la doncella, El tercer
hombre y La carne trémula. El libro se complementa con una amplia filmografía que recoge textos literarios que han sido llevados con mayor o menor
suerte a la pantalla grande.
José Luis Sánchez Noriega,
De la literatura al cine, España, Paidós, 2000, 238 pp.
Héctor González Jordán
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Victoria de El gran hermano
La nueva edición del Anuario de la Televisión
2001, realizado por la consultora GECA (Gabinete de Estudios de
la Comunicación Audiovisual) sobre los principales hechos y cifras de la televisión en España en la temporada 1999-2000, trae consigo novedades interesantes, entre ellas el análisis de una década de la televisión privada en España y la aparición de nuevas ofertas de canales digitales.
Tras seis años consecutivos, este Anuario se ha convertido, en efecto, en una referencia obligada para conocer las realidades y los cambios del sector televisivo español, especialmente de la programación y de los resultados de audiencia de programas y formatos de nueva emisión que pueden tener especial interés para los mercados de otros países. De este estudio detallado resalta en la pasada temporada el programa Gran hermano, como "invento cerrado e ideado por el medio, capaz de convertirse en acontecimiento televisivo por sí mismo", cambiando a su imagen la programación entera de una cadena, de alcanzar la máxima cuota de pantalla (54.3% de media) y de permitir el liderazgo incontestado de
este canal durante tres meses.
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Foto: El País Semanal |
Si la escucha media de cada español ascendió en la pasada temporada a 221 minutos por día, el Anuario refleja la evolución de las audiencias de cada cadena, evidenciando una creciente tendencia a la igualdad entre los tres
canales de ámbito nacional (la Primera de RTVE, Antena 3 y TeleCinco), amenazando al liderazgo de la cadena pública RTVE.
Muestra, además, el excelente crecimiento de la inversión publicitaria en el medio, que bate su récord con 344 mil 687 millones de pesetas (crecimiento de 17.3%), que permite a las dos cadenas privadas un notable incremento de sus beneficios. Por su parte, las televisiones de pago consiguen captar a 25% de los hogares españoles (casi tres millones), con más de 1.6 millones a la televisión por satélite digital y pequeñas cantidades todavía al cable o a la televisión
hertziana digital.
El estudio tiene especial interés en el capítulo que da cuenta de la marcha de la producción independiente en España, que crece en la citada temporada hasta 12 mil 355 horas en primera emisión, repartiéndose entre 181 programas de 97 productoras. Sin embargo, la distribución de esa producción independiente no es homogénea, y favorece sobre todo a los programas de divulgación y a la ficción serial (mil 318 horas de series y seriales); por productoras, diez
empresas acumulan 35.5% de los programas producidos y 53% del tiempo de emisión, con un fuerte proceso de concentración y transnacionalización en vinculación a grandes grupos de comunicación. Es el caso, especialmente, del primer productor del ranking, el conglomerado Gestmusic/Endemol-Zeppelin, hoy integrado totalmente en el holding Telefónica Media
Anuario de Televisión
2001, Gabinete de Estudios de la Comunicación Audiovisual, España, 2001.
Enrique Bustamante
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