Leonardo Iglesias
"Aprendí a expresarme con imágenes cuando fui privada de la palabra". El recuerdo de Helen Zout se amarra a
1976, durante los primeros coletazos del terrorismo de Estado en Argentina, y por momentos es un arbusto que rueda en
su cuerpo lleno de voces.
"En esos tiempos, estudiaba Antropología en la ciudad de La Plata (capital de la provincia de Buenos Aires) y
estaba embarazada de mi primer hijo. Pero un día nos fueron a buscar fuerzas paramilitares a nuestro domicilio y tuvimos
que escondernos en Buenos Aires -cuenta- y los 19 años de entonces asoman nómadas y oscuros. El encierro nos
estaba enloqueciendo, así que decidimos, junto a mi ex marido, hacer unos cursos de noche, pues de díatrabajábamos
haciendo muñecos de pañolenci para poder sobrevivir. De ese modo, y con identidad falsa, empecé a estudiar fotografía". Su
primer maestro fue Juan Travnik. Él la puso detrás de un lente Pentax y le enseñó los trucos iniciáticos. Después vino el
premio mayor de un concurso, con el retrato de una anciana en el barrio de La Boca. Un viaje amputado de radicarse en
Brasil. Luego el trabajo como reportera gráfica, el reconocimiento en el extranjero y los proyectos coyunturales:
Niños con Sida y Huellas de desapariciones durante la última dictadura militar en Argentina
1976-1983. Dos álbumes de fotos, en
blanco y negro, que vibran en cada descuido de la memoria.
Detrás de los muros
En 1989 una médica del Hospital de Niños de La Plata, sor María Ludovica, se topó con una muestra de Helen Zout
sobre un neuropsiquiátrico y no dudó en llamarla. La idea: trabajar en un afiche sobre el Día Internacional del Sida. "Mi
primera sensación y quizá la que me movilizó, fue que a 20 cuadras del centro de la ciudad y detrás de esos muros, estaba
sucediendo algo terrible, de lo cual la gente nunca se enteraría", dice. El disparador se clavó en el músculo y así nació
Niños con Sida. Un material que pretendió desempolvar la realidad latente debajo de la alfombra. "Quizá lo más fuerte para mí fue
ver sufrir a niños de ese modo y saber que con un mínimo de información se podía evitar tanto dolor", ensaya. En la
primera de sus tomas retrató a un chico al que le diagnosticaron cuatro meses de vida. La instantánea fue incluida en
Fotografía Argentina desde 1840 hasta nuestros
días, un libro que armó Sara Facio en 1995.
El trabajo de Helen despertó envuelto en un sendero sin escape, al punto de querer documentar todo. Fueron cientos
de rollos en 11 años y una compulsión por
clikear el dolor y la dignidad frente a la adversidad. Fotos. Tan sólo fotos de
niños ocultos detrás de máscaras, jugando sin el tic tac de la finitud. Enfermeras exhibiendo sus trajes de protección por
temor al contagio. Madres tatuadas en los pasillos huecos de un hospital. Acaso, retazos de muerte para que luego haya vida.
Eso fue Niños con Sida, un conducto agónico y estéticamente sólido, que cuadra en los cánones gubernamentales del
Tercer Mundo, y que intenta ofrecer pistas para la reflexión.
"No recuerdo haberme topado con ninguna dificultad, salvo con la estupidez humana que hace que el Sida siga
siendo una amenaza para seres indefensos sin información, que no casualmente habitan los lugares más pobres del
planeta", concluye Helen. Parte de la colección fue presentada en 1999, en el Museum of Fine Arts de Houston, junto a las de
otros diez fotógrafos argentinos.
El agua como tumba
Las imágenes de Huellas de
desapariciones, el último trabajo maratónico de Helen Zout, sofocan. Son inquietantes.
Habitan y despiertan en el lóbulo de la memoria. Un río oscuro que se mueve, simulando personas muertas; el macabro interior
de un avión desde donde empujaron cuerpos al vacío; un cráneo perforado por un bala. El material, que la tiene alerta
desde 2000, camina tras un objetivo: los vuelos de la muerte, digitados por la última dictadura militar. O sea, sin
eufemismos: personas anestesiadas y luego arrojadas a las tumbas-profundidades más remotas del mar. Las fotos tomadas en el Río
de La Plata son el producto de trabajar con textos y relatos de sobrevivientes y de lectura de testimonios, reportajes y
libros como El vuelo del periodista, de Horacio Verbitsky. "Además de utilizar fotos y legajos originales de los archivos policiales que me sirvieron para poder ubicar los lugares exactos", explica Helen y agrega: "También fui a los sitios donde
fueron encontrados los cuerpos, devueltos por el agua, en aquella época".
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Helen Zout |
Aquella época cabe en el paréntesis más siniestro de este país (1976-1983). Y sin bien los militares se encargaron
de
plumerear todo rastro posible, Helen encontró, en la resignificación, un puente noble para denunciar la atrocidades
cometidas. Como lo había hecho en
Niños con
Sida. A propósito, un pinzamiento que une dos músculos de la memoria: los puntos
de contacto entre
Niños con Sida y
Huellas de desapariciones... son los siguientes: los hijos morían antes que los padres
y que la gente tuvo la necesidad de esconder su identidad. "En el caso del Sida para no ser discriminados y en el caso de
los desaparecidos para no ser perseguidos y asesinados", argumenta.
Por este proyecto Helen Zout recibió la beca Guggenheim en 2002.
Huellas de desapariciones fue expuesta en
Argentina, Bélgica, París y Estados Unidos. Y junto a
Niños con Sida, conforman dos selectos ítems en los talleres de
formación que Helen dicta en las escuelas de la provincia. Ambos, laten en la mudez de las imágenes que cobijan sus 48 años. Y
en el grito de todos los que no están para verlas.