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Foto: Roberto Escobar/EFE, 29/I/2006
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Me enfrenta a un momento de la historia latinoamericana y a una época de mi propia vida. Me viene a la memoria, con mucha
fuerza, el ejemplo de entrega, valentía y amor de miles de hombres y mujeres que en el continente y, de manera particular en El
Salvador, lucharon, dispuestos a la entrega de sus propias vidas, por cambiar a este mundo, por hacerlo más justo y humano, para hacerlo más habitable y bueno para todos. Viene también la imagen de amigas y amigos entrañables que perdieron la vida en los años de la guerra. Ellos siempre están presentes y son parte de mi vida.
Me enfrenta al presente de El Salvador, una sociedad democrática que ha hecho grandes avances, y también con los
propósitos centrales de la revolución armada que siguen siendo válidos. Lo que no se sostiene es el camino de las armas como medio para hacer realidad el proyecto revolucionario. Ahora, la realización de un proyecto que garantice a todos una vida digna pasa necesariamente por la vía de la democracia, una democracia que debe ser cada vez más profunda y radical. En América Latina hay claridad de que ése es el camino. Lo hay también en nuestro país. En eso avanzamos todos. ésa es ahora la tarea.