Francisco Báez Rodríguez
20005 ha sido un año rico en momentos televisivos. Ahora que el país entero huele a tejocote, podemos darnos
un tiempo para recordar algunos de ellos, y su contexto.
"Joletita, ya estoy aquí"
Las semanas de mayor competencia entre las principales televisoras del país se dieron cuando Televisa presentaba
Big Brother Vip IV y Televisión Azteca,
La Academia IV Generación.
¿Qué fue lo que hizo que la televisora del Ajusco ganara esta batalla? ¿Por qué ni siquiera el
show semiporno de Sasha Sokol y Sabrina pudo atraer a las masas al Canal de las Estrellas?
A uno le gustaría pensar que es porque
La Academia era un programa más limpio, porque Yuriria canta muy
bonito, porque Erasmo es producto de la cultura del esfuerzo y no la del privilegio o porque los jueces eran muy cotorros. Pero no.
La clave del éxito de
La Academia IV fue Jolette, una tapatía tan guapa como indisciplinada, mamona y carente
de talento. Era divertido verla hacer el ridículo, graznando en un florido columpio junto a la
Güera Limantour (Daniel Bisogno), mientras los jueces hacían muecas de horror. También lo fue, para los más apasionados por la emisión, observar como
en un acto de "resistencia civil" hacia sus maestros, se hacía pipí en los calzones, enfrente de sus compañeros y de miles
de espectadores. Un ejemplo para la juventud mexicana.
Una personalidad como la de Jolette no puede surgir de la nada. Fue meticulosamente labrada por una señora,
que también alcanzó sus 15 minutos de fama y repartió autógrafos. La Mamá de Jolette es el nombre artístico de la
señora, autora de la singular canción que dice: "Joletita, ya estoy aquí/ en las manos de Dios estás/ la virgencita te cuidará...".
El cenit de la carrera de Jolette (y de La Mamá de Jolette) coincidió con su nadir. Cuando la chica se peleó por
enésima vez con los jueces, la grande se autodefinió como "señorona", la producción decidió expulsarlas del evento, entre
otras cosas porque Jolette amenazaba con ganarlo (y demostrar, así, que el público prefiere el circo por encima de las
otras artes). A partir de entonces, y después de haber pateado ferozmente a la suerte, Jolette ha pasado de la pantalla a
las páginas impresas de chismes.
"Marjelo es mi Carnal"
Si, más allá de las telenovelas,
La parodia fue la emisión más exitosa de fines de 2004,
El privilegio de mandar mandó en 2005. El hecho es que, según las encuestas, la población que "se entera" de las noticias políticas a través de este
programa cómico es tan grande como la que lo hace a través de los noticieros de televisión.
Vivimos tiempos preelectorales, y eso significa que muchos políticos se han peleado porque sus imitadores
aparezcan en El privilegio. Eso les ayuda en su ICO (Indice de Conocimiento y Opinión) y puede resultar fundamental en
sus carreras. Sobra decir que Televisa obtiene, así, un poder endemoniado.
Si Cuauhtémoc Cárdenas resistió un tiempo al embate arrollador de Andrés Manuel López Obrador, es porque su
personaje de "El Privi" insistía "¡Cuatro, cuatro, cuatro!". Si Núñez Soto desapareció de las encuestas, es porque no tenía
personaje en la emisión. Y si la gente sabe que Marcelo Ebrard es el delfín de AMLO para la jefatura del gobierno del DF, es
porque PG grabó un éxito en
El privilegio de mandar: "Marjelo es mi Carnal". No sólo eso, Ebrard utiliza la frase para
hacerse propaganda.
En lo personal, la victoria de Felipe Calderón sobre Santiago Creel en las primarias panistas me preocupó por
dos razones: una es que era muy malo el actor que hacía de Calderón (por fortuna lo cambiaron por un flaco de
sonrisa permanente); la otra, el futuro artístico de Pier Angelo.
Ganar la primicia y perder la continuidad
2005 inició noticiosamente con la tragedia del tsunami en el sureste asiático, en donde la cobertura informativa de
Televisa hizo trizas a la de Azteca. La televisora del Ajusco se decidió a ganar las primicias y a no dejar que le comieran
el mandado.
Logró la primicia en ocasión del fallecimiento del papa Juan Pablo II, e intentó -por medio de una serie interminable
de "especiales" acerca del Papa viajero- ganar también la batalla de la continuidad. No lo consiguió.
Llegaron las tragedias causadas por los huracanes en el sureste mexicano. Javier Alatorre se mojó más que ningún
otro enviado. En otras palabras, por ganas no pararon. Aún así, volvieron a caer en la batalla informativa. ¿Las causas?
Alcanzo vagamente a distinguir dos, entre la lluvia persistente. Una es la dosis excesiva de sentimentalismo: el público
parece preferir más corazón que cabeza, pero en proporciones menos exageradas que las de Azteca. Otra tiene que ver con
los camarógrafos o los editores: las tomas de Azteca o son seudoartísticas o son francamente planas. Lo noticioso suele
estar a medio camino. Por eso ganar la primicia -o "echarle un chorro de ganas"- no basta para ganar la continuidad en
la audiencia.
El Momento Máximo
El Momento Máximo de la TV durante 2005 no fue ninguno de los anteriores. Tampoco ver las nalgas de Paty Navidad
(o las de Latin Lover) en Bailando por un
sueño. No fue cuando, por graciosa concesión de Sky, pudimos ver que
Vela anotaba a Brasil y escuchar: "¡La pelota está en el fondo!". No fue en
Los Sánchez ni en Alborada. No fue en
Rebelde, con todo y el exitazo de mercadotecnia de esta telenovela. Mucho menos, en los nuevos videoescándalos (ya las
maletas llenas de dólares nos hacen lo que el viento a Juárez).
Para mí, fue en el Canal 22, y llegó a mis ojos en un brillante momento de zapeo. Aparece un tipo frente a un
retrete. Tiene cara de inglés y está pujando. Describe, con impecable acento británico, que le está costando mucho trabajo
sacarla (sí, eso dicen los subtítulos). Puja más, hace una mueca de dolor. Se escucha el pffffft. La cámara enfoca una bacinilla
y vemos algo que parece diarrea.
Lo es y no lo es. En la siguiente escena, vemos al inglés, ya provisto de guantes quirúrgicos, manipular lo que acaba
de salir de su ano. Va al jardín. Extiende el producto, que es como un larguísimo acordeón escolar. Apuesta a que la
Solitaria que acaba de excretar mide más que él. Se acuesta a un lado de la tenia. Efectivamente, el parásito le lleva como
30 centímetros. El inglés declara que está muy contento de haberlo soltado, porque su boda es dentro de tres días. Fin.
Ahhhh, las maravillas de la televisión cultural.