Falta presupuesto
Miguel Ángel García García
México comparte con prácticamente todos los países un problema muy grave y, además determinante para su futuro: no se comprende la relevancia de la ciencia.
Pero en nuestro caso es peor, no sólo la gente común no entiende su importancia, sino que tampoco
algunos funcionarios públicos y la mayoría de los empresarios; por eso los recursos que se le destinan son
limitados, además de que nuestras empresas, con algunas excepciones, son muy poco competitivas en el mundo.
Estos no son los únicos impactos del desconocimiento de la ciencia. Ha sucedido algo todavía más
grave, pocos jóvenes están estudiando carreras científicas. No es que no haya recursos destinados a estas
áreas, simplemente se trata de que no resultan atractivas y que las carreras que más llaman la atención son las
que se relacionan con más y mejores ingresos (como contaduría, derecho, administración y comunicación).
La gente considera que la ciencia y la tecnología son importantes, pero no entiende para qué. Nunca
ha quedado muy claro cuál es el impacto de estas disciplinas en su vida.
Justo ante esta brecha se sitúa el reto de la divulgación y la difusión científicas. En México, muchas
personas e instituciones se esfuerzan por conseguir que los demás profundicen en su comprensión de la ciencia
para conseguir que tengamos más científicos, tecnólogos e inversión, y que este tema, tan noble, tenga un
mayor impacto en la sociedad.
La divulgación científica-tecnológica es un reto importante y por ello cuenta con un apoyo
institucional proporcional al monto de recursos que recibe la investigación.
Algunas instituciones relacionadas con la ciencia y la tecnología tienen departamentos dedicados a la
divulgación o generan divulgación por algún medio; sin embargo, su alcance y cobertura se encuentran
muy acotados, no sólo por la falta de recursos sino, en ocasiones también, por la incapacidad de traducir a
un lenguaje coloquial conceptos especializados.
Tanto la UNAM y el Instituto Politécnico Nacional como universidades estatales y centros de
investigación regionales como el Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica tienen especialistas en esta
área trabajando por acercar dichos temas a los mexicanos. Además, las dos primeras publican revistas de
divulgación con mucha tradición,
Ciencias y
¿Cómo ves? en la UNAM y
Conversus en el IPN. Aunado a esto hay
proyectos con gran éxito en instituciones privadas como los museos interactivos Papalote (en el DF), Rehilete (en
Pachuca) y Explora (en León).
El Conacyt también cuenta con algunos órganos de comunicación. En primer lugar, está la revista
Ciencia y Desarrollo, con casi 30 años de vida, pese a encontrarse en la madurez, en breve presentará una estructura
y diseño más atractivos, cuyo propósito es llegar a más lectores. Desde hace varios meses, acompaña a esta
publicación el suplemento para niños
Hélix. Ciencia y Desarrollo tiene actualmente un tiraje de diez mil
ejemplares y se puede adquirir en todo el país.
Además desde hace años produce cápsulas para niños:
Cómo funcionan las cosas. Con este programa
de difusión se ha conseguido una amplia penetración en la radio nacional bajo el esquema de tiempos
oficiales. Y ahora, también en la radio, se ha iniciado el programa
Radio Conciencia, dirigido a un público no
especializado, de carácter popular, que se transmite en la XEB y en estaciones de otras 13 ciudades en todo el
país conforme a un acuerdo con el Imer. A un año del inicio de sus transmisiones ha conseguido situarse entre
los primeros lugares en audiencia en AM. Para este año se ha planeado acrecentar el número de ciudades del
país donde se escucha. En cuanto a medios electrónicos en la radio existen otros programas principalmente en
la radio cultural y universitaria, y en el caso de la televisión, el Canal Once; aunque la oferta es de buena
calidad en cuanto a contenido, no llega al gran público.
Sumado a todo lo anterior está la Semana Nacional de Ciencia y Tecnología, un evento de gran
relevancia que se llevó a cabo por primera vez en 1994, el mismo año de la Alianza Norteamericana para el Entendimiento
Público de la Ciencia y la Tecnología con Estados Unidos y Canadá. Desde entonces, en estrecha
colaboración con la SEP, se ha llevado a cabo en todo el país, pero eligiendo una sede principal distinta cada año. En
este evento participan en promedio nueve millones de niños y jóvenes que asisten a talleres, conferencias,
exposiciones, obras de teatro y muchas otras cosas. Entre sus objetivos se encuentra promover el conocimiento
de la ciencia y la tecnología, despertar la curiosidad de niños y jóvenes, involucrar a todos los divulgadores
e instituciones públicas y privadas y empresas que invierten en desarrollo de tecnologías e investigación científica. Uno de los logros más notables de este esquema es la edición de un cuaderno de experimentos, dirigido
a alumnos de preescolar, primaria, secundaria y, por primera vez, bachillerato, el cual es producto de un
concurso nacional en el que participan profesores, investigadores y divulgadores; este cuaderno tiene un tiraje de más 100 cuadernillos, así como en disco compacto, que se distribuye en todas la escuelas públicas para que
los maestros puedan acercar sus alumnos a la ciencia de una forma lúdica.
Ahora bien, hay un reto a considerar, no todos los divulgadores están afiliados a instituciones. Hay un
gran número de ellos que trabaja en forma independiente. Para ellos la falta de recursos es un problema grave,
al igual que para algunos centros de investigación que tienen divulgadores. Por ello en esquemas como
los fideicomisos que el Conacyt ha firmado con secretarías de Estado, instituciones públicas, gobiernos
estatales y municipales (llamados fondos sectoriales, en los dos primeros casos y mixtos, en los segundos) se
contempla un área de divulgación para que los mejores proyectos nacionales y locales compitan por apoyos.
Aún así, la falta de recursos no ha impedido el trabajo de los divulgadores, sobre todo en los estados, así
hay proyectos muy exitosos en todo el país, como una obra de teatro coahuilense basada en Mario Molina
(científico mexicano ganador del premio Nobel de Química en 1995) o algunos programas de observación
astronómica en Sonora y Sinaloa, entre otras acciones.
El reto ahora, es que la divulgación adquiera cada vez más espacios para que los mexicanos comprendamos que la ciencia y la tecnología tienen impactos muy considerables en nuestras vidas.