1. ¿Qué ha cambiado en México sobre la corrupción?
La corrupción en México no es una novedad. El abuso de poder es una práctica que se produce en
todas partes, no es una exclusividad mexicana. Durante décadas la corrupción estuvo asociada a un tipo de
ejercicio del poder, el que venía de un partido de Estado que no rendía cuentas a la sociedad, y como los
ciudadanos estaban en formación, eran muy débiles para exigirle a los políticos que se comportaran de forma
transparente. Los partidos de oposición tampoco tenían fuerza para obligar al gobierno a comportarse de una manera
legal, porque en el fondo del problema no estaba en juego la permanencia del partido de Estado, la posibilidad
de la alternancia estaba prácticamente cancelada. En los últimos años el país ha cambiado, ya tenemos
alternancia, competencia real entre los partidos por el poder, ciudadanos que votan de forma libre y un amplio espacio
de libertades. El poder está en juego y los errores se pagan en las urnas, así como también los aciertos se
premian. Sin embargo, el dato es que la corrupción permanece como una práctica. Hasta hoy la democracia no ha
podido acabar con la corrupción, aunque hay algunas disminuciones; pero lo que sí se ha logrado es que ahora
los ciudadanos tengamos acceso a información que antes era reservada para las
élites.1 La corrupción la
podemos ver en todo su esplendor en la televisión y eso provoca grandes escándalos.
2. ¿La democracia puede terminar con la corrupción?
La tesis de que la democracia, o por lo menos la alternancia, tendría como una consecuencia la
terminación de la corrupción no ha resultado, por lo menos en el corto plazo. En democracias consolidadas hay
corrupción y escándalos políticos, desde el famoso caso Watergate que le costó la presidencia a Richard Nixon, hasta
el proceso de "Manos limpias" en Italia, que transformó la estructura de los partidos políticos; o los casos
de corrupción en partidos políticos, tanto en Japón como en Alemania. Y cómo no mencionar el
escándalo internacional que se ha generado por las famosas armas de destrucción masiva que supuestamente tenía
Sadam Husein en Irak y que resultaron una mentira, un pretexto para hacer una guerra. En todos estos casos ha
habido consecuencias importantes. Quizá esa sea la diferencia en los sistemas democráticos, es decir, la forma
como las instituciones procesan los escándalos y establecen las sanciones correspondientes. La dinámica
institucional hace la diferencia, porque al final del día existe un espacio con capacidad para investigar e impartir justicia,
para que las reglas del juego se cumplan. En México parece que las instituciones encargadas de hacer cumplir
el Estado de derecho están rebasadas y entonces los escándalos se dirimen en los medios de comunicación.
Por lo que sabemos hasta la fecha existen tantos huecos legales que la impartición de justicia queda en
veremos, por lo que el castigo de legitimidad y reprobación ciudadana suele ser más importante, y para ello se
necesita que los medios publiquen la información.
3. ¿Quién provoca el escándalo, los medios o los políticos?
Los medios son sólo un espacio para dar a conocer los acontecimientos. Por supuesto, que los
medios construyen la noticia, lo cual no quiere decir que la inventen, aunque puede suceder, como el reciente caso
del reportero del New York Times que literalmente inventaba sus reportajes. Construir la noticia quiere decir
que le da un procesamiento, se modulan mediante cierta intensidad, se modelan a través un formato, pero si
no hay suceso, lo demás no se puede dar. La cultura política en México nos indica, en cualquier estudio, que
existe una gran desconfianza de los ciudadanos sobre la política, los actores políticos, los partidos y, en general,
las instituciones de ese campo de actividades. En cambio, los medios cuentan con una mayor confianza y en
general los ciudadanos están vinculados a los medios, sobre todo a la televisión, que es el mecanismo por el cual
la mayoría de la población se
informa.2 Los videoescándalos sobre el PRD y el gobierno del Distrito
Federal constituyen una innovación en la mecánica de presentar actos de corrupción, porque produjeron un efecto
de sentido inmediato; fueron una evidencia contundente a la que no era necesario agregar prácticamente
nada. Habrá en este caso un antes y un después. Sin dejar de lado que los medios tienen también su propio
interés y su agenda política, lo cual no evita reconocer que en este caso los medios fueron el mensajero del
escándalo de los políticos.
4. ¿Qué tipo de efectos se generan con los videoescándalos?
De forma inmediata un escándalo político de grandes proporciones es como un terremoto y mientras se
disipa el polvo y se alcanza a ver el daño del movimiento y cuántas casas fueron destruidas, hay una especie de aturdimiento y sorpresa. Después viene un recuento de daños y una revisión de las medidas de protección y
se puede analizar qué falló. De igual forma sucede con los escándalos políticos. Los primeros efectos apuntan
a una crisis en la que se juega la credibilidad y el prestigio de los implicados y de las instituciones a las
que pertenecen. Frente a un video en la televisión donde aparece un político recibiendo dinero casi no
quedan espacios para defenderse, es como pescar a un delincuente con las manos en la masa. El efecto es
inmediato y demoledor, ésa es la fuerza de las imágenes. Muy diferente hubiera sido si se hace una denuncia por
escrito, quizá también hubiera sido escandaloso, pero no al nivel que alcanzó el video. Inmediatez y contundencia
son los primeros efectos, se trata de un shock en la opinión pública. Después se inicia un litigio, que por lo
general es largo, aburrido, muchas veces repetitivo y lleno de pequeñas explicaciones donde se mezclan las
estrategias de los políticos y sus instituciones partidarias con la intervención legal de las autoridades. El efecto
inmediato es la desconfianza ciudadana.3
5. ¿Qué falla frente a la corrupción, las instituciones o la cultura política?
La discusión entre el paradigma institucional y el paradigma culturalista ha sido históricamente larga y
sigue abierta. ¿Se trata de tener reglas del juego o hábitos de comportamiento? Una de las tesis que abre una
larga discusión es sobre lo que necesita una democracia para funcionar de forma eficiente. Por años los estudios
del culturalismo han tratado de encontrar la solución en los valores, las actitudes, las percepciones, sin saber
con exactitud si estos elementos son causa o efectos, qué va primero y qué después, en qué proporción o perfil
se necesitan ciertos valores y actitudes. Otros estudiosos han buscado en los diseños de las reglas del juego,
en la construcción de instituciones, la manera de contener los intereses particulares y grupales para que éstos
no vayan en contra del interés general, o para que el poder no abuse en contra de los ciudadanos; para
proteger derechos legítimos y para hacer valer esos derechos. En el caso mexicano resulta más útil ir por la
parte institucional, porque los parámetros de la cultura tienen otros tiempos más largos. Mientras las reglas del
juego no cambien, es decir, que el sistema de investigación y de impartición de justicia se transforme mediante
una reforma que logre la autonomía de los ministerios públicos, así como un cambio en el modelo de
financiamiento y fiscalización de los partidos políticos, y la elaboración de una ley de partidos que modifique la
dinámica de incentivos perversos que los lleva a violentar la legalidad. Se necesita de topes de campaña más
bajos, calendarios electorales sincronizados y campañas y precampañas más cortas y reglamentadas, así como
otro esquema de acceso a los medios durante las campañas. Será muy complicado evitar la corrupción y los
escándalos políticos si primero no se modifican las reglas del juego. Después se verá qué hacer con la cultura política.
6. ¿Qué afecta negativamente más a la política, los medios o los partidos?
Dos tesis están en pugna, la de Sartori que afirma que los medios, pero sobre todo la televisión,
producen una metamorfosis que genera un nuevo tipo de ser humano, un
homo videns que es aplanado, se vuelve
pasivo, se desinforma y entra a formar parte de una "multitud solitaria" o de una "soledad
electrónica".4 La otra
tesis es que no es la televisión, sino los partidos políticos los que han afectado la vida política democrática
porque han perdido la capacidad de representar a una sociedad cada vez más compleja, y porque han sido
"incapaces de retejer los lazos con los nuevos modos de agruparse de la gente, con la nueva
socialidad".5 Dejamos abierto el dilema planteado, sólo con la certeza de la tesis de Manuel Castells de que vivimos en una sociedad red
y de que por lo tanto, "los medios electrónicos se han convertido en el espacio privilegiado de la política".
Los medios difunden los escándalos, los modulan, pero si los políticos no los propiciaran, los medios no
podrían inventarlos. En una democracia los medios juegan un papel clave, sobre todo cuando hay autonomía y libertad de expresión. Ahora falta que las instituciones hagan su trabajo e impidan que la impunidad gane. El problema es que los instrumentos legales todavía son muy limitados en nuestro país.
Notas
1 En la última Encuesta Nacional de Corrupción y Buen Gobierno,
2003, se detectó una disminución de las prácticas de corrupción respecto a 2001, así el índice general bajó de 10.5 a 8.5, que significa que por cada 100 trámites 8.5 se hizo mediante una "mordida" y dos años antes 10.5 se hicieron de esta forma. Este País, enero de 2004.
2 En una encuesta del IFE, La naturaleza del compromiso cívico,
2003, aparece que los medios tienen 78.7% de confianza, en cambio los partidos sólo cuentan con 49%.
3 Como una consecuencia de los escándalos, el jefe de gobierno del Distrito Federal, AMLO, bajó cerca de 14 puntos en su popularidad en los primeros días, según la encuesta de Geo-Isa dada a conocer en CNI Canal 40.
4 Giovanni Sartori, Homo videns. La sociedad
teledirigida, Madrid, Taurus, 1998.
5 Jesús Martín Barbero, Reforma, 18 de diciembre, 1998.
Alberto Aziz Nassif es investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas).