Mientras pienso en los Beatles
Iván de la Torre
Son cinco. Ahora, si no me equivoco, mayo de 2003, en Argentina, hay cinco reality shows dedicados a
formar una nueva banda, descubrir un solista o lanzar un supergrupo de bailarines/cantantes/performers. Hace
apenas un año, las pantallas se llenaban de personajes encerrados discutiendo en qué gastar el tiempo y yo
veía Operación triunfo España. No sé si el formato era original, pero me encantaban esas manitos moviéndose
entre gritos histéricos y pancartas, una beatlemania a la española. Twist y gritos: ¡ah!
(Un dato: según la BBC en español, 70% del público ibérico siguió
OT 1, casi 13 millones de personas: el programa no deportivo más visto en la televisión española, aclaran.)
I
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Miriam de La Academia |
Luego de insultar a Brian Epstein por preguntarle por enésima vez qué iba a decir, Ed Sullivan salió
e inmortalizó el momento: "América, juzga por ti mismo". Esa noche, en medio de una nevada
impresionante, los Beatles llevaron a la pantalla al mismísimo reverendo Billy Graham que no veía televisión.
En España armaron una película con
Operación triunfo. El título:
OT. La película. Los Beatles actuaron en
un filme: La noche de un día
difícil. Lennon criticó la cinta pero disfrutó las situaciones: persecuciones, música
y un clima surrealista de histeria masiva. Twist y gritos de nuevo. Sin la ironía,
Operación triunfo es otra mirada atrás del telón.
Aclaremos: Operación
triunfo, el programa, muestra cómo un grupo de jóvenes se prepara, lucha y
lleva maratónicas sesiones de canto, danza y gimnasia para someterse a una gala semanal donde uno se
irá. Operación triunfo, la
película, muestra la gira por toda España, los nervios, los llantos, los fans y, por
supuesto, los recitales. Operación
triunfo, la película, no es La noche de un día
díficil, nada que ver. Y los cantantes
de Operación triunfo no son los Beatles.
II
Intento entender por qué la gente grita tanto en
Operación triunfo. Con un amigo vimos los programas
varias veces: las chicas prometiendo amor eterno y moviendo pancartas, fotos y culos, mientras, atrás y a los
costados, madres, padres, novios y hermanitas también gritan.
"La beatlemania no se puede explicar, hombre", dijo alguna vez Lennon. "Se nos fue de las manos".
Los Beatles irrumpieron en Estados Unidos y todos los flequillos se agitaron: la imagen se copió hasta el
hartazgo, los chicos de la clase trabajadora tocaron ante la reina y aumentaron las exportaciones inglesas antes de
visitar América, el impacto explotó la cuidada imagen Epstein: los padres que vieron
El show de Ed Sullivan preferían esos trajes con cuellos de terciopelo al contoneo de Elvis y sus chaquetas chillonas: de dos males, el menor.
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Foto: El País Semanal |
Operación triunfo da esa imagen lavada y neutra, apta para el consumo familiar, donde el rebelde se
convierte en cantante "pop", la más rellenita triunfa (ojo con el apodo, "Rosa de España") y todos repiten
diálogos descafeinados sobre principios, ansias de inmortalidad mediática sssy competitividad sana, la maldad
parece imposible... se moriría de aburrimiento.
Alguien, no sé quién, creo que un funcionario, los alabó por ser una imagen positiva para la juventud,
donde la energía se transforma en esfuerzo y el más apto triunfa, donde... esperen, esperen un segundo: donde el
más apto triunfa. Ok, volvamos atrás, un año atrás.
III
La televisión excluye los libros porque, se sabe, una imagen vale más que mil palabras. Mucha gente
pensó que Gran hermano era el título del que, encerrado entre cuatro paredes, se convertía en el mejor referente
para el público. El gran hermano de todos, el mejor compañero, el amigo que soñamos una vez, de ahí el título:
Gran hermano.
Cuando Marcelo Corazza triunfó en
Gran hermano I, el perfil indicaba que la versión popular era
correcta: huérfano, había educado a sus hermanas y era el novio ideal para la nena: serio, responsable,
deportista, profesional. Los otros finalistas un bisexual y una bailarina stripper no le llegaban ni a los talones.
Gran hermano no era, por supuesto,
1984, ese libro donde el Estado y su líder observan en todo momento a
sus habitantes sin espacio para la intimidad. Gran
hermano, para la imaginación popular se convirtió en
sinónimo de buena persona, capaz de sostener una familia y desarrollar un proyecto personal a pesar de todos
los obstáculos.
Al final del reality, Marcelo Corazza ganó el apodo y la plata, aunque en realidad ganó el gran hermano
que se metía día a día en cada casa para mostrar su versión de la verdad: porque, se sabe,
Gran Hermano, te está mirando.
IV
"Las giras de los Beatles eran Satiricón, man. Si salías de gira con nosotros estabas salvado",
confesaba Lennon en 1971. El sueño había acabado y él arrasaba con los últimos escombros en la
Rolling Stone. La imagen inocente se desvanecía y Lennon le ponía el RIP: "Los Beatles eran unos hijos de puta. Los hijos de puta
más grande del planeta". Las confesiones de Lennon parecen salpicar los flequillos y las sonrisas impecables del Life donde aparecieron en 1964, pero llegan más lejos: sigo viendo
Operación triunfo, la
película, y, también, Operación
triunfo, la serie. Veo las sonrisas y las pieles blancas, los cuerpos atléticos y las voces, también
las fotos y la histeria: "Los Beatles eran unos hijos de puta", dice Lennon y yo veo, una vez más, porque
si, Operación triunfo, la
película, para entender la locura de estar ahí, triunfando y sentirse muy muy mal, a
pesar de las sonrisas y el éxito. Veo Operación
triunfo para entender a Lennon que canta, allá lejos y hace
tiempo, "Help". Y comparo ese canto desesperado con los rostros felices para ver quién me miente: si la voz
correosa del parlante o esos chicos que, desde la publicidad, "cumplieron su sueño" y cantan, cantan siempre felices
sin ver el final del arco iris donde un quejumbroso Lennon declara "I'm a Loser".
V
La gente compra Operación
triunfo, lo compra muchísimo. David Bisbal, uno de los finalistas, vendió
un millón 200 mil ejemplares de su primer disco y ahora está en toda América Latina gracias a su hit chicle,
el pegadizo "Ave María". Bisbal sonríe y está contento de cantar y viajar y ser joven y famoso, tal vez
sonríe demasiado pero no importa: para sus seguidores es un dios, otro póster de esa pared donde ya estuvieron
The Monkees, New Kids on the Block y Backstreet Boys, los padres pagan las entradas, los pósters y las
revistas porque es sano tener un modelo así, alguien que lucha por sus sueños evitando la droga, las malas
compañías y otros vicios.
Operación triunfo y sus clones ofrecen seguridad. ¿Sabe qué está haciendo su hijo a esta hora?,
preguntaba una vieja propaganda, y los padres contestaran: viendo televisión con nosotros. El conductor sonríe,
los directivos sonríen, los participantes entre lágrimas y moqueos varios, incluso los que se van, también, y
yo, yo tengo ganas de vomitar, pero, qué importa, si todos sonríen y yo estoy en Argentina y ellos en
España. (Aclaración: OT está en Argentina este año pero no lo veo.)
Operación triunfo
1 fue un éxito demoledor y me encantaría leer una crónica de Rodrigo Fresán
contando todo. Pero Operación
triunfo fue más: la base para que los reality shows se mantuvieran: cuando los
actores se cansaron de gritar que querían trabajar y el público se aburrió de
Gran hermano y gente que no hacía
nada, excepto bañarse, comer y charlar frente a las cámaras, los reality trajeron la respuesta a todas las
preguntas: los participantes debían hacer algo cantar, así no perderían tiempo y serían un ejemplo para la
juventud. Incluso los niños podrían verlo. ¡Qué lindo! Y todo en familia, tarareando un tema feliz y acogedor como
una almohada.
VI
"Éramos unos hijos de puta. Toda esa presión, alguien tenía que soportarla". Luego de ese periodo
inicial, de esa breve imagen fabricada por Epstein, sin consultarlo, los Beatles, cada uno por su lado, se dejaron el
pelo largo, fumaron demasiado de todo y empezaron a decir lo que querían.
Los productores del programa se detienen en ese segundo, donde los Beatles todavía son la imagen
de Epstein y están bajo su control; apenas Lennon y McCartney comenzaron a dirigir sus grabaciones y
gritarse mientras componían himnos por la paz y el amor,
OT se retira, porque esa imagen los Beatles triunfando
en Estados Unidos gracias a la campaña publicitaria de Epstein es la que les interesa, el mecanismo que
permite construir una carrera usando la publicidad y los medios. El millón de afiches gritando "se vienen los
Beatles" y El show de Ed Sullivan; la imagen prolija de traje y botas y el hit "¿Puedo estrechar tu mano?". Ahí,
como en todos los malos programas, comienzan los golpes bajos y se van los invitados.
VII
En OT los participantes bailan, cantan y aprenden inglés, desarrollan sus talentos y se quiebran para
adaptarse al molde. Y ellos las disqueras, los productores, los que saben de qué va la cosa, cuando alguien no
acepta cantar un tema, le dicen y repiten: tienes que sentirla o pavadas parecidas, la nueva estrella pop debe ser
tan maleable como la plastilina, adaptarse al hit que le escriban. Nadie quiere otro Lennon gritando "Somos
más grandes que Cristo" y arruinando el negocio.
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David Bisbal (izq.) |
Creo que Rosa, o Rosa de España, cantó un tema que se llamaba corazón latino, sentimiento americano,
o algo parecido. Era horrible, una jeringoza rarísima con esas frases características del pop berreta: "tienes
que hacerlo mejor, te espera un nuevo día, siempre podrás ser mejor". De paso, aprovechando el vuelo, pasó
por España Diego Torres y cantó otra vez eso de "pintarse la cara de color esperanza" y todos cantaron y
fueron felices mientras
OT festejaba los cinco primeros puestos de los discos más vendidos en España.
VIII
No sé cuánto ganan los chicos, poco calculo: los temas son de otros, la música es de un productor amigo
y los contratos con la multinacional de turno están firmados antes de entrar. Pero ellos están ahí,
cumpliendo su sueño.
Me gustaría ver la gira de
Operación triunfo cuando se apagan las cámaras: seguramente sería otra
película: más agitada, con las chicas corriendo a los brazos de los integrantes y las puertas cerradas después de
medianoche. Para mayores de 18 años, pero muchísimo más divertida.
Ahora, frente a mí, los chicos cantan y bailan, los padres sonríen, los anunciantes ganan millones y yo
envidio profundamente ese absurdo negocio hecho de sueños, sudor y muchas lágrimas. Las chicas muchas,
jóvenes y bonitas gritan a la pantalla. Los productores apenas sonríen, se entiende: están contando billetes.