La desaparición de Chandra Levy
Naief Yehya
Un país que no sabe explotar cabalmente sus escándalos no los merece. Y ningún país como Estados Unidos ha sabido extraer horas de entretenimiento de sus tragedias y vergüenzas públicas. Desde los orígenes de la prensa, la nota roja siempre ha tenido un inmenso potencial para atraer la curiosidad del público. Los crímenes sangrientos son el fundamento esencial del infoentretenimiento, si a esto añadimos una dosis de sexo, de preferencia perverso, tenemos la fórmula para inyectar vida a cualquier medio por moribundo y decrépito que esté. Durante décadas episodios que explotan la morbosidad dominan las noticias, bajo el pretexto del derecho del pueblo de saber y el derecho de los medios de informar, la vida privada de quien cae en los engranes del espectáculo queda despedazada.
La dinámica frenética de la vorágine del escándalo cambió para siempre cuando el caso de O. J. Simpson se
tornó en el eje cultural de EU. El caso fue un manantial incesante de dilemas, dudas y personajes que se prestaban
para el análisis social, moral y filosófico. El "juicio del siglo" fue un notable mirador de la decadencia hollywoodense
de la década de los 90, del culto a la celebridad, de la tensión racial en la era Clinton, de las deficiencias
legales estadounidenses y de la patológica obsesión del mundo con los trapos sucios de esa sociedad.
Pero lo más notable es que sirvió como catalizador para disparar a los medios hacia nuevos niveles de
explotación sensacionalista. O. J. dio lugar a una verdadera industria de los programas informativos sin noticias, las 24
horas de los siete días. Este tipo de eventos vino a salvar a los moribundos noticieros, condenados en una
sociedad orwelliana como ésta a eliminar toda noticia capaz de alborotar conciencias, a limitar la cobertura de los
acontecimientos internacionales y a seguir un riguroso formato dominado por crímenes, historias de contenido
"humano" y el clima, además de suscribirse al dogma de que el público tan sólo quiere "noticias que pueda usar".
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Los padres de Chandra Levy |
El escándalo como
Reality
TV se convirtió en la panacea de los
ratings. A partir de entonces ha habido una
serie de escándalos de mediano o alto impacto (lo cual se mide en términos de anunciantes). El más reciente de
estos sucesos es la desaparición de Chandra Levy, la asistente y amante del congresista Gary Condit, de
Modesto, California. Cuando se escribe esto, Levy lleva 108 días desaparecida y aquí el escándalo consiste en que el
congresista negó haber tenido una relación sexual con Levy hasta que le fue imposible ocultarlo más y tuvo que
confesarlo a la policía. Condit asegura que no sabe dónde está la joven y que el día de su desaparición no la vio. No
obstante una serie de elementos parecen apuntar hacia el congresista. Además los medios en su frenesí por "informar",
aún a falta de cualquier novedad o evidencia, han embellecido los pocos elementos con que cuentan. Si bien Condit
se ha convertido en el villano perfecto ante los ojos de la sociedad puritana estadounidense, no es sospechoso
ante los ojos de la ley, porque hasta ahora no hay evidencias de que la desaparición de la joven sea un crimen,
aunque no parece posible que sea otra cosa. Condit se ha negado a declarar al público y se ha limitado a enviar
comunicados evasivos a los medios.
Hay una serie de hipótesis acerca de lo que sucedió. La más obvia es que Levy, quien ha estado involucrada
con otros hombres casados, estaba embarazada y amenazó con hacer pública su relación si el congresista no se
divorciaba y se casaba con ella. El congresista procedió a eliminarla. La segunda teoría, la cual sólo se insinúa en
la televisión, pero ha sido materia de entretenimiento en todos los tabloides y foros en Internet, cuenta que
Condit tiene fama entre la comunidad homosexual de Modesto por su preferencia de los motociclistas negros.
De acuerdo con esta versión, en sus juegos eróticos él es penetrado por uno o varios motociclistas y más
tarde mantiene relaciones con una mujer. Aparentemente Chandra participó en estos rituales y para evitar problemas
el congresista pidió a uno de los motociclistas que la desapareciera. La última y más delirante teoría es la que
plantea una conexión entre Monica Lewinsky y Chandra, ambas de origen judío con predilección por los hombres
poderosos casados, ambas agentes del Mossad con la misión de influenciar el cauce de la política estadounidense.
Chandra, al ser descubierta tuvo que desaparecer.
En espera de que se resuelva el misterio, si es que se resuelve, la cadena Fox de noticias, CNBC, MSNBC y CNN dedican horas de apacible vacuidad a la joven Levy, en una delirante carrera por los ratings que sólo terminará cuando aparezca otro escándalo más atroz y terrible. Mientras tanto, decenas de opinadores y comentaristas se atropellan por salir al aire y hacerse de esa manera una carrera viable y eventualmente ganarse su propio programa para discutir los escándalos del mañana.