Pueden ser opción de modernidad y conocimiento
J. Iñaki Alzugaray Arregui
Con el avance tecnológico, nos enfrentamos a un cambio constante en la adquisición de nuevas
fórmulas para comunicarnos; no estamos exentos de recibir a diario una gran cantidad de mensajes. Los medios son
parte de nuestra vida cotidiana.
A partir de los años 50 la televisión comienza a funcionar de manera cotidiana y a obtener una
presencia importante en la vida cultural, política y económica de México. Desde entonces a la fecha, nuestro país
ha mostrado su crecimiento a través de este importante medio de comunicación. Es uno de los instrumentos
más accesibles con los que cuenta la población para expresarse, proyectar sus expectativas y aspiraciones; es
el medio más utilizado en nuestro país un alto porcentaje de familias mexicanas tienen uno o más aparatos
en su hogar. Existen múltiples opciones de televisión abierta, a esto hay que agregar otras modalidades como
los sistemas de paga, que sirven a un público de clase media y alta, pues para tener esas alternativas se
requiere de un favorable poder adquisitivo.
Los medios públicos buscamos llegar a toda la población, sobre todo a la de mayor necesidad, para
brindar un beneficio social, cultural y un sano entretenimiento. El resto de la población que buscamos, como
audiencia, está en el área rural del estado de Nuevo León, donde las ofertas culturales son escasas. La radio y la
televisión cultural empiezan a tomar su papel entre el auditorio con una programación que refuerza los
conocimientos, fortalece los valores propios y sirve como instrumento de comunicación y desarrollo.
El objetivo de las televisoras y radiodifusoras públicas es llevar la programación a la totalidad del estado
como una oferta, no de competencia para la televisión y la radio comerciales, sino como una alternativa de
contenido, de beneficio y de interés para la comunidad, que coadyuve a su bienestar social.
El 31 de octubre de 1994 se fundó la Red Nacional de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y
Culturales A.C., una asociación que actualmente integra a 38 sistemas de radio y televisión, con más de 150
estaciones, que en su mayoría son permisionarias y cuyo propósito principal es la integración de las televisoras y
radiodifusoras públicas que difunden cultura y educación; propician el intercambio de experiencias, materiales,
conocimientos y servicios profesionales entre los asociados, así como con organismos nacionales e internacionales, y
promueven la investigación en el campo de la radio y la televisión colaborando con los gobiernos federal, estatal y municipal.
En menos de una década, la Red se ha consolidado a nivel nacional como la tercer cadena de televisión
más importante del país. La autonomía en el contenido de sus sistemas estatales ha privado como el principal
factor de cohesión de metas y proyectos: el servicio a la comunidad. Han funcionado y funcionan con diferentes
ritmos y dinámicas, pero con potenciales de desarrollo muy parecidos, aun cuando su presupuesto es
limitado.Buscamos para la radio y la televisión pública una fórmula que, sin descuidar nuestros objetivos, también nos
permita aspirar no a la totalidad de autosuficiencia financiera pero sí a algo que garantice la existencia de estos
medios cuyo compromiso es con la sociedad, a la que busca servir y no satisfacer intereses comerciales.
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Foto: Raúl Ramírez M. |
No se trata de establecer una competencia frente a la radio y la televisión comerciales, sino abrir
mecanismos que nos permitan contar con recursos para mantenernos tecnológicamente actualizados y tener la
posibilidad de adquirir materiales de programación y equipo de producción de más calidad y en mayor cantidad. Pero
los permisionarios no debemos depender exclusivamente de partidas presupuestales gubernamentales puesto
que son limitadas y, sabiendo que los gobiernos estatales tienen objetivos sociales prioritarios, tenemos que
considerar que los medios públicos tienen la posibilidad de alcanzar altos niveles de financiamiento, aligerando así la
carga presupuestal.
Algunos de los sistemas ya estamos inmersos en los sofisticados sistemas de transmisión satelital, lo cual
nos permite enviar la señal prácticamente a todo el territorio nacional. En tanto, otros enfrentan problemas
para asegurar la salida diaria de su frecuencia. Esto, paradójicamente, es un obstáculo para generar el
código uniforme de mensajes donde se enriquezcan los valores como nación, sociedad y grupos culturales unidos
bajo un mismo concepto.
Es de suma importancia destacar el gran esfuerzo que los sistemas estatales hacemos para incrementar
la señal hacia otras poblaciones, donde se combinan espacios destinados a la información, educación,
orientación y servicio social, con la diversión y el esparcimiento según las necesidades de cada estado.
Otra problemática de estos sistemas es que no existe un parámetro de medición de audiencia que
sea inmediato. Con esto no me refiero a si la programación mantuvo
rating durante su transmisión, sino saber
si nuestros receptores recibieron el mensaje y lograron modificar su conducta con base en un aprendizaje o
un nuevo conocimiento.
Para esto es necesario tener una referencia tangible que permita, a todos los afiliados, conocer cuáles
son los principales enfoques que como medios públicos funcionan dentro de este esquema totalmente
diferente a los formatos comerciales. Esto lo podemos observar por los cambios de conducta en sectores que sirvan
de muestra para los estudios de análisis de mercado. Es decir, no sólo se trata de transmitir una idea o un
concepto cultural y educativo, sino lograr que ese contenido sea realmente aprovechado por la sociedad.
Los sistemas hemos hecho convenios con diversos organismos culturales, tanto nacionales
como internacionales, que permiten fortalecer la oferta televisiva y radiofónica en un mediano plazo, sin
embargo, esto trae como consecuencia que la imagen de los medios públicos muchas veces carezca de identidad propia.
Otra limitante que enfrentamos es que estos medios establecen sus objetivos en una
administración gubernamental que cambia cada seis años, cuando la televisión comercial tiene más de 40 años
funcionando con los mismos lineamientos. Es lógico, entonces, que esta pérdida de continuidad rompa con una
trayectoria en cada administración, creyendo que la modificación de programas es la gran solución a la captura de
auditorio que en muchas ocasiones no ha logrado la radio y televisión del Estado. Aunado a esto, los llamados
medios de Estado no han contado con las garantías de orden legal y normativo, ni con las condiciones
financieras suficientes, para consolidarse como medios al servicio de la sociedad. Existe una gran diversidad de
experiencias nacionales, regionales, municipales y de organizaciones no gubernamentales que han tenido un
desarrollo desigual que en menor o mayor medida han tenido una repercusión social. Las condiciones de
financiamiento y su dependencia frente a las instancias de gobierno, que difieren de región a región, de un periodo
gubernamental a otro, están sujetas en algunas ocasiones a la voluntad política de los funcionarios en turno.
Los medios públicos deben brindar una programación atractiva y de verdadero beneficio social que
interese tanto a los habitantes de las ciudades como de las zonas rurales. El reto es que la programación sea actual
y tome en cuenta la diversidad cultural de las zonas a donde llega. Para eso se tienen que desarrollar
programas que incluyan usos y costumbres, tradiciones y prácticas sociales enraizadas, que se complementen con
las nuevas realidades culturales, como los comportamientos juveniles y los intereses de las diversas capas de
la población.
Relaciones medios públicos-gobiernos
Es necesario un equilibrio entre la producción de la radio y la televisión públicas y la promoción de
las actividades de los gobiernos federal, estatal y municipal. Para ello hay que comprender que los
contenidos requieren diversificarse según los diferentes intereses de la población. Con esto se encontrará una
legitimidad entre la población y se evitará que la población la identifique como una televisora o radio para el gobierno.
Autosuficiencia de
recursos: la mayoría de los medios estatales operan como permisionarios y se rigen
bajo la Ley Federal de Radio y Televisión, la cual las limita en su comercialización permitiéndoles,
únicamente, obtener costos de recuperación a través de sus servicios de producción.
Sin llegar a ser competitivos con la televisión y radio comerciales en este rubro, existen muchas instancias
a las cuales les interesa comprar espacios dentro de los sistemas públicos, tales como asociaciones civiles,
culturales, empresas, museos, etcétera, es decir, que los espacios que se pondrían a la venta, estarían ligados
directamente con su vocación educativa y cultural. Para contar con bases sólidas para la captación de recursos, se
requiere de la actualización de la Ley Federal de Radio y Televisión.
Conclusiones
La radio y la televisión públicas son un factor primordial para el cambio y consolidación de la
diversidad cultural que permite un sano ejercicio de la democracia. En la medida en que se fortalezca la
infraestructura de los medios públicos y se proyecte su función fuera de nuestras fronteras, se eliminarán los conceptos
equi vocados que aún se tienen de México y se acentuará un lazo de identidad nacional.
El objetivo de los medios públicos es difundir una programación de valores, educación, cultura, artes,
servicio social y, por qué no, el sano esparcimiento. Pero también es válido que los gobiernos la aprovechen para
difundir sus avances y proyectos que son de interés para la comunidad, sin usarla para la proyección de
personajes políticos o planes electorales.
Es importante que el público sienta que la radio y televisión estatales son benéficos para su familia;
necesitamos que los padres colaboren a instruir a sus hijos en la sana costumbre de ver televisión y escuchar la radio
cultural, que no se sienta que ésta es una extensión de las aulas escolares, sino que es importante obtener
conocimientos de otras áreas para la realización plena del individuo.
El reto es tener una radio y televisión altamente comprometidas con la sociedad y para ello deben
transformarse constantemente, no anclarse en un solo tipo de producción o en una idea general inmóvil. Se constata
el crecimiento constante de las ciudades, la llegada de nuevos pobladores a los centros urbanos. También
el campo se transforma. Hasta ahí ha llegado la radio y la televisión satelital. Por ello es necesario que estén
en constante movimiento, actualizando contenidos, reestructurando programación, integrando las novedades culturales, que muestre a la población lo que está sucediendo en sus entidades, en México y en el mundo. En otras palabras, se tiene el reto de demostrar que puede ser una gran opción de modernidad y conocimiento actual. La radio y la televisión públicas buscarán con nuevas fórmulas mayores porcentajes de atención de la población a nuestros medios, pues finalmente medio que no se escucha o que no llega con sus mensajes a quien debe llegar, simplemente no cumple la función para la cual fue creado, habrá confundido y trastocado su más alto fin, y se convertirá en un sistema extremadamente caro para nuestra sociedad, que es quien lo paga.