Esta rivalidad tiene matices interesantes. Dos
escenas:7
1) En 1996, semanas antes de aparecer
La Crónica de Hoy, Hermenegildo Castro (uno de aquellos
periodistas que años antes habían pasado de
La Jornada al aparato de comunicación social salinista) despachaba como
responsable de reportajes especiales (entonces las instalaciones estaban en la colonia Cuauhtémoc). Después de leer los
primeros párrafos de un reportaje sobre las propuestas de los partidos cuyos candidatos aspiraban a gobernar el
Distrito Federal, arrojó sobre su escritorio las impresiones: "¿Neoliberalismo? ¡No mamen, eso ni existe! A ver, ¿qué es
el neoliberalismo? Esa mamada la inventaron en La
Jornada para desacreditar a Salinas".
2) Un sábado de febrero de ese año, acompañado de un colaborador, el presidente del Consejo de
Administración de La Jornada, Rodolfo F. Peña, viajó a Villahermosa para visitar a Andrés Manuel López Obrador, quien en
ese momento encabezaba el bloqueo de accesos a pozos petroleros en Tabasco, protestando contra los daños
causados por Petróleos Mexicanos. Años atrás, él y Carmen Lira Saade, la actual directora de dicho diario, habían
apadrinado en una modesta ceremonia religiosa a los dos hijos mayores del tabasqueño. Peña quería estar con su compadre
en aquella hora aciaga.
Se hospedó en el hotel Calinda Viva y pasado el mediodía, cuando se disponía a salir hacia la casa de
López Obrador, en el vestíbulo intercambió saludos con una mujer acompañada de dos niños: Lourdes Galaz y dichos
hijos del político tabasqueño. Ella dijo que los llevaría de compras y luego al cine.
La tensión por el problema en los pozos era grande; cientos de activistas del Partido de la Revolución
Democrática atiborraban las cárceles; López Obrador había sido herido en un enfrentamiento con la policía y los medios
repetían que la Procuraduría General de la República estaba por capturarlo. Lourdes Galaz, que también trabajaba en
La Jornada, estaba en Villahermosa expresamente para cuidar a los pequeños.
Se despidieron y Peña marchó al fraccionamiento Galaxias, donde está la casa de López Obrador (en
Villahermosa). Junto a la sala, en un rincón, una joven morena comía apresuradamente, muy encorvada y silenciosa: Rosa
Icela Rodríguez, entonces reportera de La
Jornada (hoy funcionaria del gobierno del Distrito Federal). Al ver entrar
a Peña se puso en pie de un brinco, saludó y explicó: "Pues aquí estamos, al pie del cañón; no queremos que se
lleven a Andrés Manuel; a ver cómo, pero no podemos permitirlo".
Ese día y el domingo siguiente, Peña y su acompañante recorrieron los plantones en los accesos a los
pozos; algunos municipios muy agitados, como Cárdenas, y las cárceles. José Gil Olmos, entonces reportero de
La Jornada (hoy de Proceso), seguía los acontecimientos afuera del Centro de Readaptación Social del Estado de Tabasco, en
la periferia de Villahermosa, rumbo a Frontera.
En suma, de las cinco personas que estaban ahí con recursos de un diario,
La Jornada (Peña y su
acompañante, Galaz, Rodríguez y Olmos), sólo uno hacía periodismo (Olmos). En el recibidor del hotel, la mañana del
domingo, mientras esperaba el transporte que lo llevaría de nuevo a los pozos, Rodolfo F. Peña respondió así a la cuestión
de si eso era o no ético: "Mira, ya entenderás que
La Jornada es un periódico que ha estado siempre con las
mejores causas". Y su ceño fruncido quiso significar:
tema concluido -esa visión ha quedado en entredicho ya varias
veces; una de ellas fue durante la declaración de
guerra del subcomandante Marcos contra Andrés Manuel López
Obrador, en junio anterior, que orilló a ese diario a definirse no sin cierta ambigüedad por este último, juzgándolo
probablemente una mejor causa que la zapatista, sin hacerle saber al lector sus consideraciones para optar por el segundo.
Estas viñetas describen el tufo de inquina y pretendida mística que envuelve la fragorosa relación entre
ambas casas editoriales. Pero hay otra viñeta, esa sí comprometedora: la relacionada con la publicidad oficial. En
noviembre de 2004, el mensuario
etcétera8 publicó una investigación en la que documenta -basado en información
aportada por el propio gobierno del Distrito Federal- que éste "cada vez gasta más en promover la imagen de su titular" y
que en 2003 sus erogaciones en tal rubro se concentraron en "Televisa y
La Jornada, las dos empresas que junto con
El Universal y Milenio, según nuestro monitoreo, mejor trato informativo le han dado a Andrés Manuel López
Obrador (y que son también los más favorecidos en las órdenes de inserción publicitarias)".
En lo tocante a publicidad en medios impresos, "según datos oficiales", el gobierno capitalino dispuso de
"diez millones 547 mil 931 pesos, de los cuales a
La Jornada correspondió casi 50%: recibió cuatro millones 799
mil 999.80 pesos (una cantidad superior en más de un millón y medio a la que recibió Canal 40 ese año)".
Y lo más útil para los efectos de esta historia: "Ninguna dependencia del gobierno ha gastado tanto en
inserciones publicitarias para un solo diario como lo hizo el GDF en
La Jornada [] los cuatro millones 799 mil 999.80
pesos que La Jornada recibió en 2003 del GDF, es una cantidad mayor que la suma total de lo que ese periódico
recibió durante el mismo año de parte de 11 secretarías de Estado más la PGR, el DIF y Lotería Nacional (SHCP, SSP,
SEP, Semarnat, Sectur, SRA, Economía, SFP, SS, Energía y STPS); la cifra asciende a cuatro millones 166 mil
139.47 pesos".
Enseguida, pasa
etcétera a las partidas de la misma institución durante el primer semestre de 2004, cuando
"ha gastado siete millones 217 mil 933 pesos. En
La Jornada, tres millones 387 mil pesos (casi tres veces más que
lo que este año ha recibido CNI Canal 40), en
El Universal, un millón 684 mil 701.72 pesos y en
Milenio 639 mil 306.73 pesos. Hasta ahora, esos periódicos concentran 79.12% de los gastos del GDF en medios impresos". En
el cuadro "Gasto publicitario en medios impresos" que ilustra la investigación citada,
La Jornada, El Universal,
Milenio y Reforma aparecen a la cabeza.
La Crónica de Hoy no está ni en 2003 ni en 2004 -ni siquiera debajo del
lánguido El Sol de México.
En esta disputa mediática, Andrés Manuel López Obrador se ha convertido en una imagen pervertida del
objeto del deseo. La Jornada ha hecho de su veneración un pilar de su política editorial y, como se ha visto según
la información de etcétera aportada por el mismo gobierno capitalino, de su estrategia publicitaria.
La Crónica de Hoy, ninguneada como opción publicitaria por ese gobierno, lo manda todos los días a la picota, hasta por
los excesos de su chofer, Nicolás
Mollinedo.9
Para comprender las hondas implicaciones éticas y profesionales del periodismo de facción, y todo lo que
su ejercicio dice acerca del medio de comunicación y los periodistas que lo ejercen, pero también de los lectores que
lo consumen con asiduidad, enseguida se hace una comparación sistematizada de muestras significativas de
contenidos que se publicaron en La Jornada
(LJ) y La Crónica de Hoy
(LCH) entre marzo de 2004 y agosto de 2005, a
propósito de cinco coyunturas relacionadas con la figura de López Obrador, las cuales serán
etiquetadas tal como la sociedad y los medios se refirieron a ellas (asumiendo, de este modo, que el lector las tiene presentes y posee de ellas
aunque sea una mínima referencia contextual):
1) Los videoescándalos;
2) el desafuero (con sus momentos climáticos, divididos aquí en tres
rounds);
3) la marcha contra la inseguridad (del 27 de junio de 2004);
4) los linchamientos de San Juan Ixtayopan (Tláhuac);