* * *
Responsabilidad en los medios
El 7 de junio de 1999, el conductor de
televisión Francisco Stanley fue asesinado; Televisa y TV
Azteca hicieron
una cobertura morbosa del hecho; la prensa escrita se volcó
sobre los medios electrónicos criticando su irresponsable
manejo informativo. A partir de ese acontecimiento, Fátima
Fernández Christlieb revisa el caso para brindar un panorama
amplio de cuál es el compromiso de los medios con la sociedad
contemporánea, si es que lo hay, en su libro
La responsabillidad de los medios de
comunicación.
 |
|
La doctora en sociología dice que los
medios están en el centro de los nuevos fenómenos
políticos y sociales.
Son instrumentos para la construcción de los espacios
públicos del siglo XXI. "La responsabilidad en torno a
ellos no
corresponde a un solo sector de la sociedad, ni a dos, ni el asunto
se resuelve con listados de los implicados para
asignar responsabilidades diferenciadas. ¿Quién
podría, en estos tiempos, asignar responsabilidades con la
autoridad
suficiente para ser realmente obedecido?".
El primer capítulo del libro está
dedicado al análisis del discurso que transmitió la
televisión ese día; el papel
y desempeño de los conductores y el simbolismo en el
clímax de la construcción discursiva: cuando Ricardo
Salinas
Pliego sale a cuadro en Canal 13 dando un "mensaje" a la
sociedad a causa de la muerte del conductor. Recuérdese que
TV Azteca le atribuyó responsabilidad del asesinato al
gobierno perredista del Distrito Federal sin pruebas: juzgó y
sentenció.
La autora seleccionó algunos
periódicos y articulistas de esos diarios para recabar la
opinión por ellos externada,
no acerca del asesinato sino sobre la cobertura televisiva del 7 de
junio de 1999; trabajó con 56 textos y encontró
ciertas coincidencias (pese a la diferencia en la militancia
partidista y la postura política, entre otros factores): el
manejo irresponsable de las televisoras de ese suceso.
Fernández Christlieb se apoyó en dichos
artículos de opinión
porque argumenta: "Los articulistas son buenos hijos de su
tiempo, y como tales son herederos de una duda en materia
de responsabilidad". En el segundo apartado, y desprendido de lo
anterior, la académica de la UNAM define un método
para ubicar la representación social sobre responsabilidad y
precisa: "Los 56 articulistas... fungieron simultáneamente
como receptores del corpus discursivo construido por la
televisión y como nuevos emisores en un medio escrito. Lo que
publican es una personal reconstrucción de la cobertura
televisiva desde lo que cada uno 'encuentra con referencia a sus
propios sistemas de significación y/o con referencia a sus deseos,
pulsiones, arbitrios'".
En la introducción de su libro,
Fátima Fernández Christlieb se pregunta por qué
los académicos permiten que
la divulgación en los medios se menosprecie y se le dé
cero puntaje, "cuando es ahí donde se gesta la cultura
contemporánea... Somos irresponsables ante la
sociedad. Estamos contribuyendo a que la academia se encierre cada
vez más
en sí misma y a que el mercado decida qué
interpretaciones de la vida deben llevar cobertura nacional y buena
publicidad". En ese sentido, precisa que su investigación
intenta contribuir a que ese puente entre la academia y los medios no
sea momentáneo ni casual. "Está escrito desde el
convencimiento de que ambos trazan buena parte de las líneas
que
sigue la cultura contemporánea. Aquí se pretende
colocar reflectores sobre algunas fuentes de conocimiento que
esclarecen el problema de la responsabilidad".
La segunda mitad de La responsabilidad de los
medios es de un alto contenido filosófico, rastrea el origen
histórico de la palabra responsabilidad y concluye que no es
en el terreno de los conceptos donde se pueda poner de acuerdo
sobre el significado actual de la palabra
"responsabilidad", sino en el equilibrio de las relaciones
sociales donde se
encuentra la luz que ayude a aclarar este manoseado término
que sólo se usa para la retórica de los discursos de los
concesionarios de la industria mediática y que cabría
retomar para echar a andar la regulación de los medios, sin el
falso y demagógico discurso que puede coartar la libertad de expresión y de
información de los medios. La responsabilidad, deja entrever
la autora, es de los dueños de los medios de
comunicación, de los periodistas, del gobierno y la sociedad,
todos estos
actores tienen derechos y obligaciones, ahí está la
responsabilidad.
Fátima Fernández Christlieb, La responsabilidad de los medios de
comunicación, México, Paidós, 2002, 193 pp.
* * *
Excélsior: la otra historia
El 20 de octubre de 2000 fue el último
día como director de
Excélsior de Regino Díaz Redondo. A partir de esa
fecha, este diario no ha solventado su severa crisis. En ese contexto,
quien estuviera por más de 23 años al frente del
"periódico de la vida nacional" escribe la otra
historia, es decir, su particular punto de vista de los hechos que
comenzaron a
mermar a Excélsior desde el 8 de julio de 1976 en
La gran mentira ocurrió en
Excélsior.
En la cuarta de forros del libro, el editor
escribe que "éste es un documento muy importante para la
historia de
México pues contiene las conversaciones privadas que Regino
sostuvo en varias ocasiones con destacados personajes de
la política nacional y datos muy significativos...".
¿Importante en qué sentido o para quién?,
¿datos significativos?
La mayoría de la información es desde hace mucho de
conocimiento público.
La gran mentira es un libro que cae en lo
que su autor reprueba: descalificar a los personajes, adjetivando
excesivamente sin argumentaciones sólidas; es un rosario de
ataques personales donde el recuento histórico serio de los
acontecimientos que han afectado al que fue uno de los más
importantes diarios del mundo está ausente; un ejemplo:
"A los amorales e inmorales los pondré en su lugar. Si
los mediocres me odian, me alegro; si los que pasaron la
vida engañando y viviendo del prójimo quedan al
descubierto, me regocijo; si los escépticos o informados
unilateralmente
no me creyeron o dudaron de mí, tendrán tiempo para el
análisis imparcial... los falsos héroes se
hundirán en su propio
barro cenagoso. Y por fin se secará la ubre de la que
están colgados, viciosos de poder y dinero".
Su defensa-ataque se centra en Julio Scherer
García (a quien peyorativamente llama "sumo
pontífice" del
periodismo), director de Excélsior de 1968 a 1976. Dice
del fundador de
Proceso que es deshonesto: "¿Qué por qué es
falso, frustrado, mentiroso y le corroe la envidia, además de
que pasa por encima de quien sea para lograr su fin?
Procuraré explicarlo a través de las líneas de
estos apuntes...". Desmitificar a un santón de la cultura
es un acto sano que
ayuda a valorar su quehacer profesional (en este caso el periodismo)
sin la venda de la irracionalidad y la excesiva
admiración (recuérdese el incidente de Ortiz Pinchetti
con la dirección de
Proceso por un artículo que escribió ese periodista
sobre Vicente Fox y según Pinchetti fue cambiado de acuerdo
con los intereses de Scherer) pero sin caer en la ofensa.
La gran mentira es una visión
parcial de la historia reciente
de Excélsior que erige a su autor como mártir
incomprendido y que insiste en mantenerse como ajeno al poder
político, pues hace hincapié en demostrar que siempre
estuvo alejado del gobierno.
Regino Díaz Redondo, La gran mentira ocurrió en Excélsior, México, Edamex, 2002, 167 pp.