septiembre 2001
Para ver mejor
En El espectador televisivo, Charo Lacalle analiza de manera detallada y amena los programas de concursos (de preguntas y respuestas, comerciales y espectaculares) y los talk shows que la televisión en España ha producido en los últimos años.
Los concursos y los talk shows, define la autora, "son dos modelos representativos de las diferentes relaciones que
el medio televisivo establece con su espectador". Las producciones examinadas representan lo que se ha dado en
llamar programas contenedores y constituyen formatos híbridos cuyo contenido, generalmente homogéneo, se va
ensamblando mediante la figura de un conductor obligado a simular una continuidad (temática y formal) que los diferentes
espacios televisivos raramente poseen.
La pretensión del libro es que éste se convierta en una herramienta práctica para quienes deseen aprender a
analizar los programas de entretenimiento de la televisión. Asimismo, el texto constituye un breve recorrido por la evaluación de los géneros televisivos de entretenimiento en Estados Unidos, Europa y, especialmente, en España.
El objetivo de El espectador televisivo se logra a la perfección y cualquier lector puede caracterizar y estudiar estos programas sin dificultad en el lugar que les corresponde dentro del panorama televisivo mundial y nacional, además de poder remitirse a las obras y a los autores que se citan constantemente en el libro; reseñados en la amplia bibliografía incluida en el volumen.
El último capítulo, el más extenso del libro, es una reflexión acerca del programa
Gran hermano, que recoge un compendio de géneros variados, y prefigura el advenimiento de una nueva era de la televisión marcada por su
relación con las nuevas tecnologías de la información y la computación.
La creciente participación del espectador en la televisión está produciendo importantes transformaciones en
los programas de entretenimiento y ha configurado un nuevo diseño de las relaciones entre el medio y su entorno. Al
mismo tiempo, como puntualiza Marc Augé, "la televisión se ha convertido en el instrumento más importante de la
organización temporal del espectador". Y
Gran hermano, "el último gran híbrido de la pequeña pantalla es, más que un
verdadero concurso, un descendiente directo de los
reality shows y de los talk shows, en donde se magnifica ese lazo entre el
medio y el ciudadano ordinario que da sentido a todos los programas de entretenimiento de la televisión actual".
(Más de treinta millones de personas han visto
Gran hermano alrededor del mundo en los últimos tres años y
su impacto y crítica ha sido desorbitada. En México se dice que la empresa Televisa ha comprado los derechos para
explotar la idea. Actualmente, a través de Internet podemos ver y participar en
El inquilino, un nuevo proyecto de Argos que
pronto aparecerá en un nuevo canal de televisión; tiene muchas coincidencias con
Gran hermano.)
Se trata de un libro para considerar el análisis de la participación del televidente en las producciones de tv hechas
para éste y por éste, donde la teoría y la descripción puntual de los programas se unen para dar al lector las
herramientas necesarias para enfrentarse a la influencia televisiva.
En El espectador
televisivo, de la programación de América Latina sólo se incluyen los programas
Mediodía con Mauro (Argentina) y Laura de
América (Perú), extrañamos un análisis, también a profundidad, de las telenovelas
Charo Lacalle, El espectador televisivo. Los programas de entretenimiento, Barcelona, Gedisa, 2001, 222 pp.
Anna Pi i Murugó
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El medio es la política
En los últimos años, las campañas políticas han sido mediáticas. El papel de los medios de comunicación es
relevante en su desarrollo. Este fenómeno lo examina Raúl Trejo Delarbre en
Mediocracia sin mediaciones, una investigación
que aborda el tema del poder de los medios y la influencia que ejercen éstos en contiendas electorales.
El autor precisa que esta investigación tiene como objetivo revisar la literatura internacional y nacional
disponible sobre medios de comunicación y procesos políticos, y proponer acercamientos a un diseño metodológico que
tomando en cuenta la especificidad mexicana permita el estudio de los medios en procesos de cambio político y examinar
el comportamiento específico de la prensa de la ciudad de México y la televisión de alcances nacionales, en la
cobertura de varias campañas electorales realizadas entre 1988 y 2000.
El libro analiza el tema de la videopolítica y el
marketing político y puntualiza cómo las imágenes han sustituido a
las ideas en estos tiempos mediáticos.
Desde una perspectiva sociológica, Raúl Trejo establece que los espacios privilegiados de los partidos y los
dirigentes políticos para el proselitismo y el afianzamiento de sus posiciones en las sociedades modernas son, sin lugar a dudas,
los medios de comunicación.
Al tratar el tema del poder de la imagen, el autor dice que el
marketing ayudó, pero no lo definió todo; fue
un instrumento, no la causa única del resultado electoral, pero reconoce que fue una herramienta que contribuyó a
moldear el estilo, el discurso y la forma de hacer política del actual Presidente:
"Con Vicente Fox la fórmula más célebre de Marshall McLuhan se actualiza y politiza. Si el medio es el mensaje
como quería ese estudioso canadiense, en la política mexicana de estos tiempos pareciera que el medio modula y modela
al gobernante. En parte sólo en parte, pero esa es una novedad enorme el medio es la política."
La investigación se refuerza con gráficas del comportamiento de la prensa escrita y la televisión; cómo abordaron
las campañas electorales por periódico, por partido, por noticieros de televisión, y la complementa una extensa
hemerografía y bibliografía, y dos anexos, uno que da cuenta de los hechos y los dichos en los días seleccionados para la medición
de espacios en la prensa escrita, y otro que aborda los resultados diarios de la medición en los periódicos seleccionados.
Entre las varias conclusiones que ofrece
Mediocracia... es que los medios son instrumentos a los que es preciso
tomar como tales. "Esa es la diferencia entre la subordinación al imperio de los medios y la utilización de los enormes
recursos propagadores que tienen la radio y la televisión si se les toman como instrumentos de comunicación. La videopolítica
no sustituye a la política"
Raúl Trejo Delarbre, Mediocracia sin mediaciones. Prensa, televisión y elecciones, México, Cal y arena, 2001, 563 pp.
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Universo de la imagen
Roland Barthes ha escrito mucho acerca de la imagen, desde la década de los 40 hasta la fecha, sus libros
La cámara lúcida. Notas sobre la fotografía
y Lo obvio y lo obtuso. Imágenes, gestos, voces
dan cuenta de ello. Ahora, en La Torre
Eiffel recopilación de textos inéditos en castellano elaborada a partir de las obras completas del autor incluye
desde un breve ensayo, precisamente el que da nombre al libro, hasta artículos periodísticos, desde reseñas aparecidas
en revistas de cine hasta análisis elaborados para publicaciones especializadas en arte o literatura.
Los temas comprenden la relación entre pintura, fotografía y escritura, la diferencia entre lenguaje y
expresión cinematográfica; una crítica a un libro de retratos de Richard Avedon o cómo los gestos publicitarios se deslizan en
nuestra cotidianidad.
Del ensayo "La Torre Eiffel", Roland Barthes señala que "la torre no es rastro, recuerdo ni... cultura, sino más
bien consumo inmediato de una humanidad que se vuelve natural a través de la mirada que la transforma en espacio".
Al referirse a la civilización de la imagen, Barthes señala que "el primer mito que suscita la imagen, y con mucho
el más insistente, es el del conflicto entre la técnica y el hombre, entre el progreso material y los valores espirituales.
¿Es espiritualmente buena o mala la imagen moderna? Los autores se hacen esta pregunta y vemos claramente su apuro;
por una parte, la difusión de las imágenes pertenece al mundo moderno, es un producto de la sociedad técnica, de
modo que condenar la imagen se parecería a condenar la modernidad"
Roland Barthes, La Torre Eiffel, España, Paidós, 2001, 185 pp.
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Periodismo: teoría y práctica
Miguel Angel Bastenier (subdirector de
El País, encargado de las relaciones internacionales del diario) dice que
el periodismo "difícilmente se enseña, pero sí se aprende. Y no necesariamente en una escuela o facultad. Es útil, pero
en absoluto imprescindible que así sea".
Este periodista español publicó
El blanco móvil. Curso de Periodismo, un manual nada ortodoxo sobre este
oficio; más que recetar fórmulas sobre los géneros y la estructura de los textos periodísticos va a casos específicos de
escritura, redacción y edición, con ejemplos concretos para no repetir los errores de los diarios profesionales, pero sobre todo
es un libro que reflexiona sobre el quehacer del periodismo y su razón de ser.
Bastenier dice que la sociedad se protege contra los que deseen ejercer como abogados, ingenieros o
médicos, exigiendo que los interesados cursen estudios para obtener un título, en el cual se da constancia de que esa persona
ha adquirido, teóricamente al menos, los conocimientos necesarios para poder ejercer su profesión. "La sociedad
carece, en cambio, de las debidas garantías contra el abuso o mal uso de la profesión de periodista, más allá de lo que la
protejan las disposiciones del ordenamiento jurídico vigente. ¿Por qué? Porque el periodismo carece de
corpus, del conjunto de doctrinas o normas recibidas, que puedan estructurarse a manera de compendio-guía, más allá de generalizaciones
que parecen ya un poco desgastadas por el uso".
El también profesor de la Escuela de Periodismo Universidad Autónoma de Madrid/El País escribe que el
periodista puede entenderse como una suma de todo lo que no es: no es un novelista, no es un sociólogo, no es un
historiador, no es un político; "la adición de todas esas imposibilidades o insuficiencias conforma lo que sí es. Lo que no
acabamos de ser, de una manera múltiple, es lo que somos".
Miguel Angel Bastenier afirma en su manual que la objetividad, término que aborrece, es que todos los medios sean iguales, sin señas de identidad, pero aunque la objetividad sea sólo un vocablo retórico no significa que no se deba trabajar con honradez, libertad y sin fe ciega en una causa.
Miguel Angel Bastenier, El blanco móvil. Curso de Periodismo, España, Ediciones El País, 2001, 260 pp.
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