Lucero Solórzano Zinser
La persecución de la libertad de pensamiento y expresión es un cáncer que nació casi con el género
humano. Tanto por parte de intereses económicos privados como intrigas políticas y hasta la complicidad de ambos
sectores, la libertad de expresión se ha visto materialmente ultrajada y un ejemplo histórico es la vergonzosa
cacería de brujas impulsada por el senador republicano Joseph McCarthy en Estados Unidos durante la década de los
50. Teniendo su origen en el fin de la Segunda Guerra Mundial y la instauración de ese fenómeno conocido como
la guerra fría, el miedo irracional de ciertos sectores conservadores de la sociedad estadounidense puso su mira en
el acoso a todo aquel o aquella que fuera superficialmente sospechoso de nexos con el Partido Comunista o
actividades antipatriotas en territorio estadounidense, periodo oscuro que pasó a la historia como
macarthismo.
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Muchas figuras del arte, la literatura, la dramaturgia, el cine y el periodismo de ese tiempo vieron sus carreras
y sus vidas literalmente borradas del mapa por presuntas ligas con el
fantasma del comunismo. Culpables o no, la locura llegó al extremo de "premiar" con el perdón a aquellos que delataban a sus propios amigos y colegas.
Una larga
lista negra puso en jaque a actores, escritores y productores: John Garfield (cuya muerte prematura está
asociada con la lista), Dalton Trumbo, Lee J. Cobb, Stella Adler, Leonard Bernstein, Charles Chaplin, Nicholas Ray,
Howard Koch, Dashell Hammet, Arthur Miller, Lillian Hellman, Orson Welles y más de 300 hombres y mujeres que
fueron sujetos a una minuciosa pero ciertamente tramposa investigación.
Clooney, un actor incómodo
Cada vez es más frecuente encontrar que en las producciones hollywoodenses los actores se involucren
directamente en la dirección, el guión y la producción. Tal es el caso de George Clooney que ha participado como productor
en proyectos como Insomnia, Bienvenido a
Collinwood, Lejos del cielo, Dicen por
ahí, Syriana. Como director
debutó con Confesiones de una mente
peligrosa y como guionista, actor y de nuevo en la dirección lo vemos ahora
en Buenas noches y buena suerte (Good Night And Good
Luck).
Filmada en blanco y negro, la película cuenta la historia de Edward R. Murrow, muy bien interpretado por
David Strathairn, periodista de radio y televisión de la cadena CBS quien se convirtió en el instrumento de la
destrucción del odiado senador McCarthy cuando sacó a la luz su red de mentiras y denunció la agresión a que estaban
siendo sometidas las libertades más elementales plasmadas en la Constitución de Estados Unidos. Enfrentando a los
propios directivos de la cadena y las amenazas y presiones del Comité de Actividades Antinorteamericanas, Murrow
fue desenmascarando poco a poco pero sin miramientos las maniobras turbias del senador de Wisconsin y
sus colaboradores.
El guión coescrito por Clooney es muy simple, sin giros inesperados y narrado en forma lineal. La película
está ubicada prácticamente en su totalidad en el estudio de la CBS en la que se producía el noticiario de Murrow
quien era captado en un permanente close up mirando fijamente a la cámara y con su imprescindible cigarro despidiendo
la emisión con su frase característica que da título a la película: "Buenas noches y buena suerte".
Clooney interpreta además a Fred Friendly, amigo personal y muy cercano colaborador de Murrow que en
esa incipiente tecnología de los albores de la television, se sentaba abajo del escritorio desde el que el periodista
conducía y le marcaba el cue o señal para salidas y entradas a corte con un leve golpe en la pierna.
Sobria, sin apasionamientos
Me parece muy acertada la decisión de Clooney de filmar en blanco y negro. Como espectadores nos pone en
esa realidad visual de claroscuros que era la televisión en sus orígenes. No importa el color de la corbata, de la camisa
o de los ojos, la riqueza aquí está en los contenidos y Edward R. Murrow supo usarlos para enfrentarse desde
su trinchera al enorme monstruo de la ignorancia, el miedo y la intolerancia. Entre sus colaboradores estaban
también Shirley y Joe Wershba, Patricia Clarkson y Robert Downey Jr., que mantuvieron su matrimonio en secreto pues
las políticas de la CBS impedían que laboraran en la empresa empleados casados entre sí. La incertidumbre de sus vidas los impulsó a apoyar a Murrow en su cruzada para que triunfara la verdad.
Un factor común domina las interpretaciones: la sobriedad y el esfuerzo por impulsar una buena historia para
que prevalezca sobre el trabajo actoral, la dirección, la producción, la fotografía. McCarthy no es encarnado por
ningún actor, Clooney recurre a material original de documentales y noticiarios, así como grabaciones de las
larguísimas sesiones del tristemente célebre Comité. Incluso la secuencia en la que el senador se presenta en el noticiario de
CBS para decir su "verdad", está tomada del programa original, lo que da a la película un cierto toque documental.
Los continuos acercamientos de la cámara le dan también un ambiente claustrofóbico que acentúa la
sensación que deben haber sufrido muchas de las víctimas del
macarthismo. Es como traer una mordaza y las manos atadas.
Es interesante este nuevo trabajo de George Clooney que junto con
Syriana entra en un proceso de evolución
en su carrera al involucrarse en proyectos con contenido social y político que muestran que el cine es un detonador
de preguntas, de inconformidades y un recurso eficiente para que emerja la verdad.
Buenas noches y buena suerte (Good Night And Good Luck), dir. George Clooney, EU, 2005.