Periodismo contra la impunidad
Sergio Marelli
El miércoles 26 de junio de este año, los desocupados argentinos agrupados en el Movimiento Nacional
Piquetero, salieron una vez más a la calle a gritar su desamparo, su hambre, su desesperación. Fueron ferozmente
reprimidos por la policía de la Provincia de Buenos Aires, con el saldo de dos muertos, 90 heridos y más de 150 detenidos.
La versión oficial de los hechos apuntaba a una reyerta entre los propios manifestantes. Pero las secuencias
fotográficas de los periodistas presentes en el lugar permitieron discernir lo verdaderamente ocurrido: al menos uno de
los asesinatos fue obra del comisario a cargo del operativo de seguridad. Una vez más, gracias al aporte
periodístico la impunidad no fue posible.
Los hechos
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El gobierno de Eduardo Duhalde exhibía con orgullo su escaso capital político: el respeto a las
manifestaciones de las protestas populares, el empleo de políticas preventivas y no represivas. Desde el 26 de junio, su gestión
carga con dos personas asesinadas. Darío Santillán 21 años y Maximiliano Costeki 25 años, ambos pertenecían a
la Coordinadora de Trabajadores Desocupados "Anibal Verón", la agrupación más combativa de los
llamados "piqueteros", radicada básicamente en el sur de la provincia de Buenos Aires. Esta agrupación, el miércoles 26
de junio, había tomado el puente Pueyrredón acceso clave de la capital federal, con el fin de llamar la atención
del gobierno y conseguir algún tipo de paliativo para las gravísimas necesidades que padecen. Fueron
dispersados violentamente por la policía de la provincia de Buenos Aires popularmente conocida como "La Bonaerense",
en una "cacería" que se extendió hasta la localidad de Avellaneda, repitiendo procedimientos propios de una
dictadura militar, invadiendo ilegalmente la propiedad privada, al ingresar, sin orden de allanamiento, a un local
partidario comunista, de existencia legal.
Hay multitud de elementos debidamente acreditados en la causa judicial iniciada al respecto, que
permiten calificar de salvaje a la represión desatada. Los gases lacrimógenos, que suelen emplearse para disuadir a
personas que están a más de 50 metros, fueron utilizados estando cuerpo a cuerpo con los manifestantes.
Santillán y Costeki cayeron en el intento de huir de la represión uno de ellos fue alcanzado cuando se
encontraba auxiliando a un compañero herido; sus familiares pudieron reconocer sus cuerpos en el hospital, varias
horas después.
La versión oficial
Mientras promediaba la tarde de ese miércoles negro, el ministro del Interior, Jorge Matzkin, teatralizó un
relato mendaz y con resonancias marciales. Fue breve, no más de cinco minutos. No se permitieron preguntas. El
ministro, apoyándose en un informe de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), dijo que existía un plan nacional
para desestabilizar al gobierno. El informe de Carlos Soria quien en ese momento se desempeñaba como titular de
la SIDE se basaba en las grabaciones de las ponencias presentadas en la Segunda Asamblea de Piqueteros del 22
y 23 de junio y en dos hojas de síntesis tituladas "Principales conceptos". Allí se propone la toma del poder
mediante la movilización popular bajo el lema "o los echamos o nos destruyen", que propugna generar un nuevo 19 y
20 de diciembre con movilizaciones como las que provocaron la salida
ante tempus del ex presidente De la Rúa.
Como recordó el periodista Horacio Verbistky, hace más de un siglo el gran pensador argentino Juan Bautista Alberdi,
en Facundo y su biógrafo trabajo que integra sus
Escritos póstumos, afirmó: "No es terrorista todo el que quiere
serlo. Sólo aterra en realidad el que tiene el poder efectivo de infligir el mal impunemente".
Matzkin y Soria no estuvieron solos en su cruzada de culpar a las víctimas. El entonces ministro de Justicia
Jorge Vanossi presentó una nota al procurador general de la nación, Nicolás Becerra, en la cual asegura que las
organizaciones de piqueteros "amenazan con el derrocamiento de los poderes constitucionales". Así, una vez más, ganaban
los "halcones", adalides de la mano dura y la tolerancia cero que, dentro y fuera del gobierno, exigen endurecer
la represión.
A poco de suceder los hechos, el periodismo independiente, apoyándose en irrefutables pruebas fotográficas
y en la movilización decidida de la sociedad civil, permitió desmontar el falso relato de los sucesos dado por el
poder: lo ocurrido no era consecuencia de una insurrección armada contra la democracia, sino dos homicidios
perpetrados justamente por funcionarios públicos cuya razón de ser es la protección de la seguridad y la vida de los
ciudadanos. La misma policía bonaerense que, cuando el presidente Duhalde era gobernador de la provincia de Buenos
Aires, bautizó como "la mejor policía del mundo".
Cuando las fotografías hablan
El miércoles terminaba, cuando comenzaron a arreciar rumores de que existían fotos que acreditaban, de
manera incontrastable, que los hechos habían ocurrido de una forma exactamente contraria a la sostenida por el gobierno.
Miguel Bonasso, uno de los más experimentados periodistas argentinos, afirmó que un juez de la nación, 72
horas antes de ese día trágico, le había anticipado que se preparaba "una violenta represión contra los piqueteros en
el Puente Pueyrredón". "Cuidado", habría dicho el magistrado, "van a meter bala". El juez decía saberlo por
personal de seguridad con el que estaba en contacto debido a sus funciones. A pocas horas de ocurridos los
crímenes, aparecían fotos que demostraba la veracidad de esos dichos.
Tres diarios
Clarín,
Página/12 y La Nación contaban con sendas secuencias fotográficas, tomadas en la estación de Avellaneda. De las tres, la del diario Clarín es la que muestra más nítidamente cómo el comisario Alfredo Franchiotti a cargo del operativo en Avellaneda es el autor material del homicidio de Darío Santillán. Sin embargo, en la edición del jueves,
Clarín no publica las fotografías. Página/12, ese mismo día, se dedica a desmentir el
sinuoso discurso del gobierno, con numerosos testimonios y algunas fotografías que permitían reconstruir un relato verosímil de la tragedia. El viernes ya desmoronada con la facilidad de un castillo de naipes la versión oficial de los hechos, Clarín publicó completa la secuencia de fotos que denuncian, con más elocuencia que un fiscal, que por lo menos uno de los muchachos muertos había sido fusilado a sangre fría por el jefe de la represión oficial.
Colofón
Esclarecidos los hechos gracias a las numerosas evidencias periodísticas acumuladas, como primera medida
se pasó a disponibilidad al comisario de Avellaneda, Alfredo Franchiotti; se suspendieron a todos los efectivos
que participaron del operativo, y se intervinieron dos dependencias policiales.
Esto demuestra por si hacía falta, que la libertad de prensa es una pieza indispensable en la construcción
de una sociedad democrática. Que allí donde se ejerce el periodismo como un compromiso cívico con la verdad,
la impunidad queda confinada a límites cada vez más estrechos. Esto no significa que el periodismo sea una forma
de "justicia", sino que el mayor fracaso de la injusticia es la plena vigencia de la libertad y el derecho; en ese
terreno, el periodismo tiene mucho que aportar en su búsqueda inclaudicable de la verdad.