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Afectos, sexo e Internet


La cibercultura ha trastocado las relaciones interpersonales y modificado hábitos sexuales y afectivos, que han pasado al plano digital para convertirse en opciones en tiempos de la Web. En La era de los afectos en Internet, Antulio Sánchez examina este fenómeno, abocándose al aspecto emocional y sexual.

El autor precisa en la introducción que "esta obra busca mostrar cómo la red ha dado lugar a una globalización de los afectos; a una anulación del espacio y el tiempo que habla de un trastocamiento antropológico y del nacimiento de nuevas maneras de vivir la sensibilidad y las manifestaciones culturales".

Antulio Sánchez señala que enviar un mensaje mediado por bits es hacer radical abstracción y desdoblamiento del cuerpo o las ideas; es dar continuidad al proceso de descentralización de las emociones, los humores, los gustos, las fantasías. "Dicho proceso ya había sido puesto en marcha por la letra impresa. En los tiempos que corren es tangible que las tecnologías modifican las maneras de relacionarse con el espacio social. Aunque para muchos no sea de su agrado, lo cierto es que la forma de vivir la experiencia de la presencia se ha vuelto cada vez más virtual".

El chat, dice el investigador, tiene un papel relevante en la modificación de las emociones dentro de la cibercultura; en ese sentido, en los chats lo descabellado tiene certificado de naturalización; en éstos los humanos encuentran un camino adecuado para dar vida a sus más extravagantes fantasías. En el momento que el sexo virtual se desea hacer, sólo se necesita recurrir a la imaginación, que los asiduos a tales regiones digitales tienen en abundancia. El terreno sexual digital evidencia que la vida no tiene por qué ser más pequeña que los sueños.

El escritor resalta que esta nueva modalidad no es similar al video ni al cine porno. Este es un nuevo género de prácticas que continúa por los caminos ya experimentados con las hot lines, pero se enfila a constituirse en un fuerte mecanismo globalizador de las interacciones humanas, en una fuente de alta interacción erótica en tiempo real.

El anonimato invita al internauta a descubrir nuevas dimensiones de su personalidad ­consigna Antulio Sánchez­, a explotar los límites del ego, de todas esas facetas que las convenciones sociales suelen mantener ocultas. "En la era de la Internet, en el momento en que con un tecleo se fractura radicalmente el espacio y el tiempo, las relaciones se vuelven intensas en segundos: lo que en el pasado necesitaba horas o días para concretarse, aquí se da en minutos... los chats con sus juegos intersexuales y andróginos rompen con la idea de que la masculinidad y la feminidad son dos entidades separadas e incompatibles".

Al abordar el aspecto de la censura, el autor señala que Estados Unidos es el país más empeñado en que el desarrollo de la red sea de uso extendido, porque beneficia a sus empresas. No obstante, sus funcionarios están obsesionados en normar su funcionamiento. "La pretensión de instaurar medidas que permitan controlar los contenidos de la red surge como una reacción contra la pornografía. Sin embargo, esto entra en conflicto con la necesidad de que la información se torne en un aspecto al alcance del ámbito familiar. Por eso la mejor manera de combatir el peligro sobre los contenidos pornográficos y pedófilos, no está en las reglamentaciones férreas sino en proporcionar a los infantes una información de mejor calidad sobre sexualidad".

Antulio Sánchez dice que la cibercultura se manifiesta en la creación de nuevos hábitos, pues ésta también alude a que una parte de las sociedades manifiestan sus experiencias sociales, que se dan a conocer aunque de manera singular, pero no anula que en ciertos momentos se den de manera organizada y colectiva, pero en general habla de que la sociedad actual "también se construye de manera virtual, con bits". La era de los afectos en Internet expone el desarrollo de la red no desde una perspectiva tecnológica sino que aborda el tema emocional, amoroso y sexual, tríada de la cual gira la vida del hombre y repercute en sus demás actividades. Así, el libro es de consulta obligada para entender que no obstante su frialidad la máquina es un vehículo para externar los sentimientos y pese al desarrollo de la Web, el espíritu y la esencia que lo hace humano tiene para rato.

La era de los afectos en Internet es una minuciosa investigación de los cambios que genera el ciberespacio, pero en lugar de concentrarse en lo macro dirige su análisis a la mínima expresión: lo individual, el contexto inmediato y afectivo de los usuarios. La metamorfosis estudiada se centra en el amor, el sexo, el género, la relación entre lo público y lo privado y la subjetividad. Es una mirada crítica hacia la cibercultura, caracterizada por una nueva dinámica de prácticas e interacciones humanas.


Antulio Sánchez, La era de los afectos en Internet, México, Océano, 2001, 212 pp.

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Red y comunicación


¿Cuántas aristas puede tener la investigación y el estudio de Internet?, demasiadas, y La Red es nuestra, de José Manuel de Pablos, es una de ellas, pues este libro es un examen sobre cómo la Web está cambiando el ámbito de la comunicación social.

Manuel de Pablos centra su tesis principal en diferenciar que Internet no es un nuevo medio de comunicación sino que es cauce o vía. El autor precisa: "La red de redes no es un medio de información en el sentido de mass media sino un medio de comunicación, en el concepto de vía de comunucación, una red, valga la metáfora, pero sólo como metáfora, de carreteras, calles y autopistas digitales, que llevan a los usuarios desde sus monitores de trabajo hasta los bancos de datos abiertos y a la espera de la visita de los cibernautas".

El investigador sostiene que el considerable avance producido en los últimos dos decenios del siglo XX en las aplicaciones tecnológicas al proceso informativo fue capaz de alterar radicalmente el cosmos comunicativo hasta el punto de que ya no tiene ninguna relación, por ejemplo, la elaboración de un periódico en los años 90 con el mismo trabajo de los 70, son dos procesos radicalmente diferentes, aunque en ambos momentos se vaya a presentar a los lectores el mismo producto, como es el periódico impreso.

En ese sentido, precisa José Manuel de Pablos, los periodistas se han tenido que acomodar a la nueva situación, porque quien no lo haga quedará fuera del ejercicio periodístico, incapacitado para seguir funcionando en este ámbito. Dicho proceso modificó la formación del futuro periodista, pues será más compleja que antes. No basta conocer exclusivamente cómo ha de seleccionar, elaborar y tratar la noticia, sino que se ha de apoyar en fundamentos tecnológicos antes impensables.

El escritor dice que la resistencia a lo novedoso en el terreno de la tecnología se erige en paradigma del miedo y temor ancestral a lo desconocido. A este "síndrome medieval" lo califica con el neologismo de "smide". Una de las ventajas de Internet es que desaparecen oscuridades informativas: "Una de las primeras manifestaciones más aurorales en la epifanía de la revolucionaria era de la información no es otra que la paulatina desaparición de oscuridades informativas. A mayor número de datos revelados, mayor iluminación informativa, menor oscuridad. En la sociedad de la información, la transparencia es una de las claves, una apertura o glasnost comunicativa".

El periódico impreso actual ­sentencia el autor­ en un soporte de papel es un viejo producto industrial de una época económica sin relación alguna con la tan aplaudida y a la vez denostada era de las autopistas de la información y la sociedad de la información. Manuel de Pablos señala que la prerrogativa de ser la única forma de leer noticias o comentarios, el periódico clásico ya la ha perdido, pero hay un hecho nítido en favor del impreso: el fuerte impacto que el texto escrito tiene frente al texto hablado: uno permanece y el otro se desvanece.

Una de las conclusiones que ofrece La red es nuestra es que "en la elaboración industrial de prensa, el proceso indicado está informatizado por completo desde hace algunos años. Todo es electrónico, de ahí la simpleza de referirse a 'prensa electrónica' o a 'diarios electrónicos' cuando se quiere hablar de medios en Internet, es decir, medios de información a los que se accede por quienes utilizan Internet como vía de comunicación, que no es lo mismo que asegurar sin fundamento que Internet en sí es un nuevo medio, cuando es vía de comunicación. Los periódicos tradicionales que utilizan el soporte de papel también son electrónicos. La cuestión estriba en que no son telemáticos, voz tan olvidada u obviada por tantos autores que hablan de Internet en masculino o confundiendo lo que verdaderamente es Internet".


José Manuel de Pablos, La Red es nuestra, España, Paidós, 2001, 272 pp.

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Un año de noticias


La Jornada publicó su segunda edición del Anuario, que abarca todo el año 2001. El compendio informativo abre con dos textos ­uno de Adolfo Sánchez Rebolledo, y otro de Soledad Loaeza­ que dan un panorama analítico de los acontecimientos del periodo reseñado.

La segunda parte la compone una cronología mensual, que registra día por día los acontecimientos más sobresalientes en el país y el resto del mundo, complementada con fotografías, cartones y artículos publicados en ese diario a lo largo del año. El contenido temático abarca política, economía, el mundo, cultura, espectáculos, ciencia, deportes y obituarios. Al final de este apartado, el Anuario ofrece 36 portadas, que de acuerdo con los editores de la publicación son "algunas de las primeras planas más comentadas por su calidad periodística, por el contenido y el impacto político, por que han vendido más ejemplares del diario... por lo que usted quiera, son las portadas de La Jornada en 2001".

La tercera parte, integrada por información relativa a los estados de la República, está dividida por zonas. Encabeza el centro del país: Distrito Federal (donde el texto se centra en resaltar los logros del gobierno perredista y sus acciones de gobierno, en una visión un tanto parcial; sólo a esta entidad le asignan tres páginas); Estado de México, Tlaxcala, Puebla, Aguascalientes, San Luis Potosí, Querétaro, Hidalgo, Guanajuato y Morelos. La zona norte comprende Sonora, Chihuahua, Coahuila, Durango, Sinaloa, Tamaulipas, Nuevo León, Zacatecas, Baja California, Baja California Sur; la zona Occidente: Colima, Jalisco, Michoacán, Nayarit; la zona sur: Oaxaca, Guerrero, Chiapas; la zona sureste: Campeche, Quintana Roo, Yucatán; y la zona del Golfo: Veracruz y Tabasco. Este capítulo también incluye fotos, cuadros, datos demográficos y políticos de los estados.

En la cuarta parte, "Los grandes temas", los contenidos van de gobierno y sociedad (un balance del primer año de gobierno de Vicente Fox); política (un análisis de los institutos políticos: PRI, PAN y PRD); economía (comercio mundial, IPAB, empleo y salario, agricultura, conflictos agrarios y política energética); y mundo (la crisis argentina, los atentados del 11 de septiembre en EU); deportes (la selección mexicana y el Mundial, Ana Guevara, Nancy Contreras y Belem Guerrero). Todos estos apartados están acompañados de fotos y cartones.

Y la quinta y última parte está dedicada a estadísticas acerca del año 2001 y un índice de acrónimos. Todo este trabajo estuvo bajo la supervisión de Abraham García Ibarra, coordinador editorial de los anuarios de La Jornada. La información contenida en este compendio rescata las notas informativas y los artículos que, por lo vertiginoso del tiempo, pierden vigencia a diario y que sólo al rescatarlos recobran su importancia y contribuyen al análisis de los sucesos nacionales e internacionales del año que pasó. Esta es la valía de un trabajo como éste.


Anuarios. La Jornada, 2001, México, 2002, 223 pp.

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El escándalo como mercancía


A finales del siglo XX, los medios de comunicación estadounidenses ­y por rebote todos los del mundo Occidental­ dieron amplia cobertura a un hecho sucedido en la Casa Blanca: el caso Monica Lewinsky-Bill Clinton. Este y otros sucesos publicitados por los mass media son analizados por John B. Thompson en su libro El escándalo político.

El trabajo de Thompson expone que el aumento de los escándalos políticos tiene correspondencia con las transformaciones provocadas por los medios de comunicación, los cuales han modificado la naturaleza de la visibilidad y alterado las relaciones entre la esfera privada y la pública.

El investigador disecciona este fenómeno mediático desde la definición de qué es escándalo; el incremento del escándalo en los medios, como acontecimiento mediático; la naturaleza del escándalo político y sexual en la esfera del poder; examina el efecto de la vida privada en el ámbito público; el asunto Whitewater, el caso Watergate y el Irán-Contras y las consecuencias del escándalo, entre otros temas.

B. Thompson ubica los orígenes del escándalo en los medios impresos en los siglos XVIII y XIX. Sin embargo, le da amplia cobertura al siglo XX, así precisa que "con el desarrollo de las sociedades modernas, la naturaleza, el alcance y las consecuencias de los escándalos han variado en algunos aspectos. Y uno de los aspectos en que han cambiado está relacionado con el hecho de que se hayan visto cada vez más vinculados a formas de comunicación mediata". A partir de este fenómeno, el autor señala que en la actualidad ha surgido una forma nueva a la que denomina "escándalo mediático", y comenta que son escándalos cuyas propiedades difieren de las que aparecen en los escándalos locales y cuyas consecuencias tienen un alcance completamente diferente. "Los escándalos mediáticos no son simples escándalos reflejados en los medios y cuya existencia es independiente de esos medios: son provocados, de modos diversos... por las formas de la comunicación mediática", precisa Thompson.

El también profesor adjunto de sociología en la Universidad de Cambridge sostiene que una de las razones por las cuales los escándalos sexuales tienen la capacidad potencial de producir perjuicios a las figuras políticas, a sus partidos y a los gobiernos de los que forman parte es la relacionada con el factor de la hipocresía y pueden ser perjudiciales para estos mismos políticos, partidos y gobernantes, pues quizá ocasionen conflictos de interés.

El estudio no se circunscribe a EU, toma en cuenta el caso de John Profumo, político tory proveniente de la clase alta británica, quien en 1963 dimitió por un escándalo de adulterio. Y acerca del caso Clinton-Lewinsky, Thompson refiere que fue un escándalo que adquirió tales proporciones por la combinación de intereses partidistas con una publicidad desmedida por parte de los medios de comunicación.

A una de las conclusiones a las que arriba John B. Thompson es que "el escándalo está profundamente arraigado en nuestras tradiciones históricas e íntimamente entrelazado con el desarrollo de las formas de la comunicación mediática, un desarrollo que ha cambiado la naturaleza de ámbito público y que ha transformado los límites existentes entre las esferas pública y privada".

El escándalo político no es una mirada frívola sobre la vida privada de personajes públicos en las sociedades modernas, sino que es un análisis pormenorizado de escándalos, desde una perspectiva sociológica, que han magnificado los medios con un sentido mercantil. El libro ayuda a comprender también los escándalos en los medios en México, donde ya hace falta un examen de su comportamiento en este renglón.


John B. Thompson, El escándalo político, España, Paidós, 2001, 392 pp.


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