Un barco que no se hunde
Denis Jeambar y Roland Mihaïl / Françoise Giroud
El 19 de enero falleció la periodista, escritora y mujer de Estado Françoise Giroud, a los 86 años. Reconocida
en el medio intelectual francés como una feminista comprometida, llevó a lapráctica lo que otros sólo formularon
como teorías, ya en la resistencia francesa contra la ocupación alemana o ante los sucesos de 1968. En 1999, con
motivo del 46 aniversario de L'Express, fue entrevistada por Denis Jeambar y Roland Mihaïl. Esta es la traducción de
una charla que, con base en la historia de aquel medio, recorre los principales sucesos de la vida política, cultural y
social de Francia en el siglo XX.
El primer ejemplar de L'Express se publicó el 16 de mayo de 1953, hace 46 años. ¿Qué circunstancias rodearon este suceso?
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Indochina, 1954 Foto: Robert Capa |
L'Express nació de la cólera, de Jean Jacques
Servan-Schreiber
1 y mía, la cólera de ver cómo eran tomadas
algunas decisiones en el gobierno, sobre todo respecto de la guerra de Indochina. Este suceso pasaba desapercibido
para la sociedad francesa y sólo un político se atrevió a decir que era necesario detener la afrenta: Pierre Mendès
France,
2 desconocido también. Fue luego de su intervención en la Asamblea Nacional, a la que asistí con Jean Jacques
en 1951, cuando comprendí la realidad de aquel conflicto; habló durante dos horas ante un público que
respondió con un silencio glacial, el discurso no tuvo eco alguno. Jean Jacques y yo lamentamos esa pasividad, esa
indiferencia... Ese año conocí a Pierre en la Asamblea y a Jean Jacques en una cena con el editor René Julliard y Maurice
Schumann. Por entonces yo era redactora de la revista
Elle, donde aprendí junto a Hélène Gordon-Lazareff lo que
representa elaborar una publicación; Jean Jacques dirigía la sección de política extranjera en France Press y trabajábamos
en el mismo edificio, en la calle Réaumur. La relación entreél y yo fue, desde el primer día, de cariño y mutuo
aprecio, en unaépoca en la que existía un gran respeto por las capacidades de la mujer.
¿Cómo de una inconformidad, de una cólera, se llegó a la fundación de
L'Express?
¡Queríamos un medio para expresar lo que pensábamos! A partir de esa premisa, Jean Jacques
buscó financiamientos, sin resultados, hasta que acudió con su padre y su tío, propietarios del periódico
Echos, que aparecía cinco veces por semana y sólo podía adquirirse por suscripción: anunciaron a los 35 mil clientes que
en adelante, a cambio de un incremento en la cuota, recibirían la edición también los sábados, con
L'Express incluido como suplemento. Así empezamos cuatro o cinco repartidos en tres oficinas que ellos nos prestaron.
En el primer número, fieles a su convicción, publicaron una entrevista con Mendès France.
Es verdad, pero lo que realmente dio a conocer la publicación fue cuando retiraron del mercado un tiraje,
el número que incluía un reporte confidencial de los generales Ely y
Salan,3 destinado al gobierno... Resulta
lejano imaginar lo que suscitó ese hecho, durante la IV República: fue un escándalo en Francia y en todo el mundo,
L'Express en boca de todos.
Bastó poco tiempo para que grandes plumas se unieran a
L'Express, como la de Françoise Mauriac. ¿Por
qué abandonó un diario como Le
Figaro por otro que aún carecía de prestigio?
Había una gran agitación en torno a Marruecos, que poco después obtendría su independencia. El sultán se
exilió a Córcega, y Mauriac, que se oponía al colonialismo, ofendió a una parte del público de
Le Figaro con sus opiniones. Pierre Brisson, director del periódico, le negó publicar artículos que abordaran el tema y dos semanas después
dejó de aparecer su columna de los martes. Le dije a Jean Jacques: "Hay que ir a verlo, seducirlo...". Mauriac se unió
al grupo y permaneció hasta el final de la guerra contra Argelia. Eramos en ese tiempo, en primera instancia,
Pierre Viansson-Ponté, venido de la agencia AFP; luego llegó Jean Daniel y otros más, pero en ese momento yo era la
única que sabía el significado de "hacer un periódico".
Durante esa primera etapa, con los casos de Indochina y Argelia,
L'Express tuvo el papel de un medio de opinión...
Era un periódico contestatario, que protestó abiertamente contra ambas guerras. Como consecuencia
Jean Jacques fue llamado a combatir la causa argelina en 1957. Fue un episodio importante para él después
escribió Lieutenan en Algérie
(Teniente en Argelia) y para mí, que de pronto me encontré sola al frente de
L'Express... Incluso la política me resultaba extraña, a pesar de tener una inclinación bien definida; la comprendía pero no
sabía expresarme: Jean Jacques era el responsable y nunca imaginé tener que escribir al respecto. Fue necesario
tomar su lugar, además del que tenía entonces como administradora. Necesitábamos recursos y no sabía cómo
obtenerlos, por lo que decidí se hiciera un suplemento semanal de ocho páginas para duplicar el precio. Llamé a Jean
Jacques para preguntar su opinión pero respondió: "Hagan lo que quieran. No puedo tomar decisiones donde no
estoy". Hicimos lo planeado y todo funcionó de maravilla.
¿Cuáles eran, en esa época, sus relaciones con la clase política?
Dependía de la situación, del momento... En ocasiones ocurría que algún tiraje era retirado de circulación,
pero durante la guerra con Argelia sólo Témoignage
chrétien, L'Observateur y nosotros documentamos casos de
tortura. De nuestra parte estaban Mendis, Defferre y Miterrand, que se unió a pesar de haber declarado, durante el
primer movimiento de insurrección en 1954, su adhesión a la causa franca. Al terminar el conflicto argelino
nuestra principal lucha también terminó. Jean Jacques entendió oportunamente que ya no podíamos ejercer un papel contestatario: no había nada contra qué protestar. Fue cuando empezamos a mirar a otro lado, a buscar la
manera de innovar. Se introdujeron suplementos como
Madame Express, en la Navidad de 1957, que intentaba dar a
la mujer un lugar que el resto de la prensa ignoraba; incluía, por las fechas, información sobre compras, sin
relación alguna con nuestra publicidad. Fue responsabilidad de la hermana de Jean Jacques, Christian Collange.
Por esas fechas también apareció
Nouvelle Vague, fórmula que más tarde adoptaría todo el mundo. El
suplemento nació de una encuesta sobre los jóvenes y sus aspiraciones que alguien obtuvo de un periódico polaco;
realizamos nuestro propio sondeo con base en aspectos sociales y el término
nueva generación, nueva
onda surgió de una charla con Simon Nora, durante un viaje a Normandía. La aportación de Nora fue invaluable; gracias a él
L'Express fue el primer periódico no especializado en economía que abordó el tema cuando había ocasión. Simon no
tenía talento para escribir, así que me explicaba los asuntos económicos y yo los redactaba después; todo lo que
aprendí al respecto fue del mismo modo; Alfred Sauvy nos proporcionaba información bursátil y así, sin gráficas ni tablas
en un principio, la empresa terminó en otro suplemento,
En hausse, En baisse (A la alza, A la
baja), primero en su tipo.
La segunda gran revolución editorial ocurrió al cambiar de formato, en 1964. Fue un momento clave para la
prensa francesa, ya que muchos periódicos hicieron lo mismo:
Le Nouvel Observateur, Le Point,
L'Evénemen, Marianne, todos dirigidos por periodistas que pasaron por
L'Express.
¿Quién decidió ese cambio de periódico contestatario a uno de noticias?
Fue Jean Jacques quien, en 1963, decidió que era necesaria alguna innovación. Pensó en un semanario
inspirado en el Time de Estados Unidos y en
Der Spiegel de Alemania. El estilo del primero serio, ágil y muy eficaz me
parecía adecuado, pero antes de consolidar cualquier cambio Jean Louis Servan-Schreiber viajó a EU para averiguar
cómo funcionaba, sobre todo respecto de su política de suscripciones. Poco después lanzamos el nuevo formato,
que provocó una reacción anecdótica de Pierre Lazareff, redactor de
France Soir: salió de su oficina con el número
de L'Express en la mano y gritando "Esto es lo que no se debe hacer".
Muchos padecieron la nueva imagen, que nos perfilaba de nuevo como un medio de opinión. Había una
cierta nostalgia por el antiguo Express pero, incluso a pesar mío, el cambio era necesario. La redacción también objetó
y vinieron otros sucesos: por esos días nos mudamos de local a la calle Berri; Jean Daniel se fue y más tarde
fundó, con Claude Perdiel, Le Nouvel
Observateur. Así, de un pequeño grupo pasamos a ser una gran mansión.
Fue necesario que rescribiera diez o 15 números para que el equipo entendiera bien lo que queríamos concretar.
En 1966 llegó Claude Imbert, que trajo consigo a varios periodistas de AFP; era un excelente redactor en jefe,
nos entendimos muy bien y conservo un gran recuerdo de aquella época. El trabajo se organizaba sin problema
alguno y yo me ocupaba mucho del estilo de los textos. Pienso que la escritura periodística es muy específica, no
un subgénero de la literatura sino uno por sí solo. Tampoco consiste en un ensayo universitario que se desarrolla
entres puntos. Intenté enseñar esta forma de redactar: la necesidad de saber cómo enfrentar una hoja en blanco,
aprenderla a construir, entender que un artículo, como un escenario, debe contar con un movimiento interior y una
acción... El talento es otra cosa, viene de añadido. Jacques Derogy, periodista maravilloso, estaba casi siempre abrumado
por la información y no sabía dónde insertar cada dato; a Jean Françoise Kahn le hice repetir tres veces un artículo
sobre Víctor Hugo, pero ambos fueron los primeros en hacer periodismo de investigación con el
affaire Ben Barka.4
¿Guarda algún arrepentimiento de aquel primer periodo?
Elle me agradaba mucho en 1958, pero hacía falta cierto compromiso. Apoyé a Jean Jacques y a Mendès
contra De Gaulle porque creíamos que iba a ser títere de los militares. Nos equivocamos. Fue por eso que Mauriac,
también seguidor de Mendès, nos dejó; no compartía aquellas impresiones y el detonador de su partida fue un viaje
del presidente a Burdeos. Mauriac se negó a entrevistarlo porque, dijo, asistía en representación "de un medio hostil".
Durante los acontecimientos de 1968 también fuimos antigaullistas: vivimos los desmanes del lado de
los manifestantes. Eso molestó a Claude Imbert, poco rebelde por naturaleza y que consideró aquello un exceso,
"nos salíamos de los cuadros de información". La militancia de Jean Jacques acabó con la salida de Imbert y parte
del equipo en 1971; fue un periodo complicado y en verdad lo comprendo: él llegó en busca de un medio
informativo y al cabo de los años se encontraba en uno comprometido con algunos ideales. Yo tampoco estuve de acuerdo
en algunas ocasiones, pero es necesario recordar que
L'Express era algo de Jean Jacques, y él cometía toda clase
de disparates.
En 1974 abandonó
L'Express para colaborar en el gobierno de Jacques Chirac como secretaria del Instituto de
la mujer, ¿cómo ocurrió este salto?
Menès me recriminó, Deferre se enojó mucho y Jean Jacques otro tanto. Tomé la decisión luego de una
entrevista a Giscard. Le pregunté qué haría como Presidente por las mujeres y me habló de Simone Veil, su deseo de
despenalizar el aborto y otros proyectos. Yo pensé en que si todo aquello se llevaba a cabo sería para bien, y decidí
participar en esa aventura.
Después volvió al periodismo, a la escritura, que a pesar de todo jamás abandonó. ¿Cuál es el futuro de
estos elementos cuando existe una herramienta como la Internet?
No me considero pesimista ni optimista respecto del futuro de la prensa. Creo que hay y seguirá habiendo
gente que lea los periódicos. Lo importante en el fondo, y lo más difícil, es definir aquello que los periódicos deben
aportar al lector, y que la televisión e Internet no ofrecen. Además, queda el placer de la lectura: a la prensa actual le
falta talento: ya no se ocupa de hacer de los textos pequeñas joyas... Si los periódicos imitan a la televisión están perdidos: ésta se recibe pasivamente y sólo la prensa escrita permite detenerse en las ideas, en las imágenes, para volver
a ellas después. También debe, sin duda, jugar la carta de la información verdadera y confiable.
La Internet, no obstante, es mucho más riesgosa, porque cualquiera puede decir lo que quiera desde
cualquier parte del globo. No existe la menor ética, ningún control, y de la red suele utilizarse el lado más mediocre,
más ignorante y menos responsable. También está el problema de la gratuidad, que afecta el precio de los periódicos.
A través de su historia,
L'Express ha demostrado resistir diversas crisis y transformaciones. ¿Cómo podría explicarlo?
Es un barco que no se hunde. Es mucho más difícil arruinar un periódico que fundarlo.
L'Express, después de 1964, se fortaleció, entre otras cosas, por su política de suscripciones. El problema de los periódicos estriba en
arrancar a la gente de sus hábitos pero sin brusquedad, sin que parezca un mandato, incitar sin obligar.
En este número de aniversario preguntamos a varios colaboradores de
L'Express cuál ha sido, a sus ojos, el
cambio más importante desde 1953, año de fundación del periódico. ¿Cuál es su elección?
La caída del Muro de Berlín, sin duda. Fue el final de la guerra fría y el nacimiento de un mundo
completamente diferente.