En etcétera me piden algo digno de la serie Misión imposible: comentar un código de ética con el que, a primera lectura, no cumplo. Me explico: en la columna que publico en Milenio Diario no es extraño que no cite fuentes y además... ¡una de las secciones a mi cargo en la segunda emisión de Informativo MVS se llama nada menos que Se dice que...!
No le huyo a la argumentación. Y dada la brevedad del espacio me concentro en los puntos cinco y ocho. El primero se relaciona con el respeto a la vida privada; el segundo, con la exhortación a no acudir "a formas oblicuas que suelen disimular la falta de fuentes acreditadas o las opiniones del informador".
Uno por uno.
El punto cinco
Estoy de acuerdo con que los personajes públicos tienen derecho a tener y mantener una vida privada respetada por los medios. Pero viene la eterna pregunta: ¿hasta dónde es privada la vida de un hombre público que toma decisiones que afectan a la sociedad? Por eso me parece importante la precisión que etcétera especifica en este punto: "No son actividades privadas aquellas que tengan repercusiones en el desempeño público de los individuos".
Y he aquí que entramos a terreno escabroso. Una pregunta: ¿qué no afecta el desempeño público de los individuos? ¿Acaso las personas públicas no tienen sentimientos, aversiones, filias y fobias, que afectan sus decisiones? Siempre he creído, para acabar pronto, que las muchas decisiones "históricas" no necesariamente se han tomado pensando qué es lo mejor para un país, un reino, un imperio.
Dos ejemplos de distintas esferas: uno. ¿Qué sería, por ejemplo, de la historia de la sucesión presidencial priista mexicana sin tomar en cuenta estos factores?
Dos. Creo, también, que no se le puede pedir a los medios que, algo que en principio algún personaje público hizo del conocimiento de la sociedad por motu proprio, después deje de serlo.
El ejemplo que presento es típico del periodismo de espectáculos (donde si se aplicara un código de ética como éste implicaría la desaparición de muchas publicaciones, programas de televisión y radio). Usted lo puede relacionar fácilmente con otras esferas: imagine a una recién nacida estrella de televisión que quiere figurar en el medio artístico. Para ello presenta hasta a su perro (y no es exageración). Llama a los medios cada vez que tiene nuevo novio (a) y da todos los detalles, pidiendo, por supuesto, que se publique. Al paso del tiempo el o la incipiente artista se vuelve famoso (a). Entonces, clama a los cuatro vientos que cómo es posible que los ¡&/$%@! de los medios no respeten su vida privada.
El punto ocho
El código de ética dice que "deben evitarse" las formas oblicuas de no dar fuentes, pero por otro lado (y entiendo que pueden ser casos distintos), afirma del derecho del secreto profesional para los periodistas.
El problema, como lo percibo, es que el caso de las notas sin fuente, bien podría ser casi parte de la cultura periodística nacional e internacional (tanto de parte de las fuentes mismas como del periodista comodino): la de off the record.
¿Cuántas veces un periodista, en la búsqueda de una nota (de mayor o menor importancia), no se ha topado con una noticia, confirmada pero que nadie quiere decir (diría Joaquín Sabina) "esta boca es mía"?
Por ejemplo: ¿quién cree realmente que no hay conflicto alguno entre Samuel del Villar y Alejandro Gertz en el Distrito Federal? Pero eso sí, cuando uno les pregunta, on the record, dicen que no hay problema o bien disimulan sus diferencias con fórmulas (ellos también) oblicuas...
En fin, me parece que el código de ética que publica etcétera (así como el de otros medios de comunicación) son iniciativas dignas de ejemplo que debemos seguir practicando, más en estos tiempos en los que los medios, como el país completo, tiene intenciones de cambio.
Pero me parece que para cumplir estos compromisos y que no queden sólo en una buena intención es necesario contar, también, con la disposición del otro lado del mostrador, por así decirlo. ¿No sería muy bueno, por ejemplo, que una oficina de prensa también publique un código de ética? Podría empezar con algo así como: el compromiso de una oficina de prensa es informar y no tratar de cooptar ni condicionar ni aun invocando a la amistad a un periodista... Un jefe de prensa no debe usar, para sus intereses particulares, la información.
Y sería un laaaargo etcétera, como el nombre de esta publicación.