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Foto: Oswaldo Ramírez/Cuartoscuro, 11/II/2002
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Recuerdo que en mis años de estudiante nos aprendimos una cita de Mattelart que nos decía que la manipulación era la utilización de un lenguaje que encarcela a los protagonistas de un conflicto social entre dos polos irreconciliables: los buenos y los malos; y que utiliza la justificación del orden, la armonía y la tranquilidad para llamar a la represión.
Lo único que me queda claro luego de ver una y otra vez las imágenes de Atenco es que veintitantos años después, la frase de Mattelart no puede ser más que una pálida referencia entre muchas. ¿Quiénes son los buenos y quiénes los malos? ¿Justificación al orden? ¿Represión?
Atenco ha vuelto a subrayar, por si hiciera falta, que el momento que atravesamos es particularmente incierto y complejo. No caben, por lo mismo, las simplificaciones. Atenco obliga a discernir entre poder y abuso de poder, movimiento social y delincuencia, libertad y barbarie, aceptación y complicidad.
En aquellos años citábamos también a Pascal cuando se preguntaba qué es el hombre en la naturaleza. Y se respondía: nada en comparación con el infinito, todo en comparación con la nada, un centro en mitad de todo y de la nada: completamente incapaz de comprender los extremos.
Frente a fotos impresionantes como ésta, prefiero, por lo pronto, seguir haciéndome preguntas que ampararme en la vieja escuela de los buenos y los malos.