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Laura Islas Reyes  Álex Grijelmo:
 Los periodistas descuidan la palabra


 Ahora los redactores se sienten
 incómodos en la vanguardia

 Jorge E. Navarijo



El periodista Álex Grijelmo es un estudioso del uso del lenguaje en la prensa española. Fue responsable de las primeras ediciones del Libro de estilo de El País y ha escrito, entre otras obras, El estilo del periodista (Taurus, 1997), manual que hoy es referencia en escuelas y redacciones de España y AL. etcétera conversó con él en Madrid, acerca del uso del español en los medios de comunicación.


¿Qué estamos haciendo con nuestra lengua? Parece que hemos sucumbido o que nos resignamos a su deterioro. Se habla y se escribe cada día peor y parece que la modernidad es la incorporación de anglicismos y tecnicismos de todo tipo

Creo que todo parte de un complejo de inferioridad que tenemos los hispanoamericanos: se cree que lo que se expresa en inglés, o de manera semejante a como se expresa en inglés, es más prestigioso que lo que se expresa en español.

No es casual que en las compañías aéreas, si uno viaja con todo lujo, viaja en business, y si viaja por lo barato, viaja en clase "turista". Viajar bien es viajar en inglés y viajar mal es viajar en español. Y así hay muchos ejemplos: un moderno ejecutivo debe presentar un planning o un briefing porque eso le parece más importante que presentar un plan o una exposición.

Álex Grijelmo
Foto: Editorial Taurus
De ese complejo de inferioridad participan todos los medios de comunicación, los políticos y las clases cultas en general que están en contacto con el inglés. Son estas clases, las de mayor poder adquisitivo y mayor acceso a la cultura, las que están deteriorando el idioma. Las clases humildes hablan muy bien el español. ¿Y qué sucede? Pues que la Academia española recoge ese lenguaje de los medios de comunicación, lo incorpora al diccionario, y al final del proceso el diccionario se empobrece.

¿Se corrompe?

Sí. Y lo malo no es que se incorporen anglicismos y que se adapte su ortografía al español, si ocupan un lugar en el que no hay antes ninguna palabra en nuestra lengua, como Internet, pero cuando tenemos otras palabras, cada una con su matiz, es una pena.

Lo peor es que importamos anglicismos que no sólo ocupan lugares de otras palabras, sino que a algunos les damos un uso superior al que tendrían en inglés. Pasa con e-mail, por ejemplo. Un e-mail es el sistema de correo electrónico, es la dirección y es el mensaje mismo que le enviamos a alguien. En castellano diríamos "dame tu dirección electrónica", "tu ciberdirección", "manda un mensaje", o "te envío esto por correo electrónico", que es el medio. E-mail es un ejemplo de esas palabras que yo llamo "depredadoras", que entran y empiezan a comerse palabras más ricas que hay en español.

¿Quién tiene más responsabilidad en esto, los medios, las empresas de nuevas tecnologías?

Insisto: es un complejo de inferioridad. Las nuevas tecnologías (los nombres que se dan a éstas) no son un origen sino un reflejo de lo que sucede. Es verdad que hay una superioridad técnica del mundo anglosajón, pero sólo es técnico, eso no quiere decir que sean una cultura superior. Ninguna cultura es superior a otra y nuestra cultura, desde luego, no es inferior a ninguna.

Sin embargo, hay quienes creen que algunas palabras y expresiones del inglés, no pueden traducirse correctamente al español...

No lo creo, tenemos un idioma muy rico, que puede nombrarlo todo. En español se puede decir igual que en inglés y seguramente mejor, con mayor precisión, porque tenemos una riqueza de matices que suelen arruinar esas palabras que entran.

¿Qué papel tienen los medios de comunicación en el cuidado y buen uso del lenguaje?

Desde luego, tienen una responsabilidad crucial. Pero sólo reflejan el trabajo de sus periodistas y éstos han sido educados en unas escuelas, facultades y pertenecen a un tipo de sociedad. Por eso estamos ante la responsabilidad de los maestros y de las escuelas, que deben inculcar en los alumnos el gusto por el idioma, la literatura en castellano y universal. Si no se lee, no hacemos gimnasia para luego razonar. En los libros están las palabras, los conceptos, las ideas, la capacidad de imaginar, el ejercicio que nos faculta para esfuerzos intelectuales superiores.

Los expertos insisten en que en pocos años la imagen tendrá supremacía sobre el texto, ¿ése es el futuro del periodismo escrito?

No sé quién ganará. Lo que sí sé es que la única posibilidad que tiene la prensa de sobrevivir a todo lo que viene es desarrollar contextos cuidados, bien escritos y sobre todo hacer un periodismo de interpretación.

La mayoría de las noticias que leemos en un diario ya han estado a nuestro alcance el día anterior, por distintos medios. Por Internet se puede averiguar todo al instante, e incluso ahora esa información te llega al teléfono móvil (celular). Así, el papel que le queda a la prensa escrita ya no es el de dar noticias, sino cómo interpretarlas. Se trata de explicar la realidad, de dónde vienen los hechos y a dónde nos pueden conducir, más que juzgarlos, independientemente de que los periódicos tengan sus secciones de opinión. Si los periódicos entienden que ese es su camino, sobrevivirán.

¿Qué opinión tienes de lo que has visto recientemente en la prensa mexicana?

Mantiene una importante influencia de estilo de la prensa anglosajona: los titulares breves son una tradición, a diferencia de los nuestros, que son amplios y con todos los artículos y preposiciones.

Los diarios mexicanos comienzan a ser más visuales, hay más imágenes, diseño y menos texto...

La incorporación de imágenes enriquece a los periódicos. El problema es que crean que trasladan la calidad de los textos a las imágenes. No, los textos tienen que mantener su calidad y eso se está perdiendo en toda la prensa latinoamericana. Hay un descuido de los periodistas por la palabra.

Por ejemplo...

Cuando se lee o se escucha que el gobierno o algún personaje están ante un "difícil reto", hay una falta de dominio del lenguaje, que indica que el periodista no cree en la palabra reto. No la ha leído las suficientes veces como para entender lo que significa y la carga de profundidad que tiene esa misma palabra, y necesita poner otra al lado. Eso puede parecer anecdótico, el problema es que revela un deficiente pensamiento, porque si las palabras son los embriones de las ideas, la materia prima con la que piensas y no dominas las palabras, pensarás peor.

En los últimos meses ha llamado la atención el caso de El País, un diario "modelo" por su buen uso del español, en el que de pronto aparecen descuidos en la redacción, edición, incluso faltas de ortografía, señaladas por los lectores... ¿Qué ha pasado?

El País forma parte de ese deterioro general. Porque este es un problema sobre todo de los periodistas, que no se dan cuenta de cómo los lectores les exigen calidad al escribir. Lo que hemos visto son cartas al Defensor del Lector, protestando por los descuidos de los periodistas. No se dan cuenta de la mala imagen que dan. Un periodista cuida su aspecto, porque considera que su apariencia dice algo de lo que tiene dentro, y sin embargo descuida el lenguaje, que es el mayor reflejo de lo que uno tiene dentro. A mí me parece incomprensible, pero este deterioro se está produciendo de una manera general y, por supuesto, El País forma parte de esto.

Algunos son errores de fondo. De pronto un torturador de la dictadura argentina se convirtió en "ex torturador"...

Redacción de El País

Afortunadamente El País, a diferencia de otros medios tiene mecanismos de corrección: la figura del Defensor del Lector, las Cartas al Director y la Fe de Errores, mediante las cuales puede decir "nos hemos equivocado" y reconocer los errores. No es malo equivocarse, es mejor no equivocarse, lo que sí es grave es no reconocer los errores y no pedir disculpas. Sobre todo es grave equivocarse siempre en lo mismo. Te puedes equivocar en una cosa, pero una vez que lo has reconocido no puede volver a ocurrir. Eso ya sería sospechoso.

Nuestros medios padecen también un uso excesivo de eufemismos, del lenguaje de la corrección política y de las frases hechas... Frecuentemente pasa con ETA: al grupo se le ve distinto, según sea el medio....

Hay que llamar a las cosas por su nombre. Si se está ante un grupo terrorista como ETA, llamémosle grupo terrorista, sin más. Lo preocupante es que a veces los diarios asumen el propio lenguaje de la jerga terrorista, o de los grupos guerrilleros, que está lleno de trampas: se habla de "ejecuciones", en vez de asesinatos; de "retenciones", en vez de secuestros, y otras.

Cuando ETA proclamó una "tregua", todos aceptamos la palabra y era una expresión que interesaba al grupo y al mundo de los terroristas, porque la tregua es el acuerdo que interrumpe una guerra, pero aquí no había una guerra. Y si no la hay, la palabra "tregua" carece de sentido. Sin embargo todo el mundo la utilizaba y se propagaba la idea de que se había producido un acuerdo de paz, cuando no hubo ninguno. Lo que ocurrió es que durante esa "tregua" hubo detenciones de etarras, y políticos y periodistas llegaron a considerarlas "inoportunas". La palabra era una trampa en la que muchos cayeron y eso me parece gravísimo .

Y está el lenguaje de los políticos, que a veces los medios adoptamos tal cual...

Eso también es muy frecuente. Cuando leo en un periódico que aumentó la tasa de delincuencia, digo: "¡pero qué frialdad!... si lo que han aumentado son los delitos y los delincuentes!". Ese tipo de expresiones, que usan mucho los políticos, distraen y ponen el foco sobre algo técnico, marcan distancia, pero los medios caemos y las repetimos.

Como los periodistas no somos cuidadosos con las palabras, como no hemos hecho esa reflexión del lenguaje, como no tenemos la gimnasia hecha, estamos indefensos ante ese tipo de manipulaciones.

Volviendo al caso de El País, ¿la importación y uso recurrente de anglicismos y tecnicismos les llevará a rescribir el Libro de estilo?

La última revisión del libro incluye centenares de términos informáticos y técnicos que tienen un equivalente perfecto en castellano y lo que observo es que los redactores no los utilizan. El Libro de estilo dice que en lugar de e-mail puede decirse "mensaje o cibermensaje". Jamás he leído cibermensaje en El País y sí muchas veces e-mail.

El problema de los periodistas ahora es que no quieren ser vanguardia. Cuando arrancó El País, el redactor quería ser innovador, rompedor y por eso se adoptaron determinadas palabras con grafías que ahora nos parecen normales, pero que entonces eran rompedoras, como escribir "clubes", en lugar de clubs. La expresión se castellanizó y quien escribía así se sentía en la vanguardia de algo.

Ahora los redactores se sienten incómodos en la vanguardia y por eso escriben e-mail, porque es lo que está poniendo todo el mundo. Si yo pongo cibermensaje, parece como que me destaco o quiero salir del carril y se entiende que eso es peligroso. Esa es una diferencia psicológica que se está produciendo entre los periodistas de hace 20 años y los de ahora.

En ese afán de ser "espontáneos", nos encontramos que en la radio y la televisión se incorpora el lenguaje de la calle, y se comienza a hablar en caló... guay en España, chido en México, por decir algunas...

Son palabras que están un tiempo, se ponen de moda y luego desaparecen. Y claro, son pobres, porque tienen un significado muy amplio, se pueden utilizar en muchas ocasiones, eso les quita rigor y precisión. Dices "qué guay" o "qué chido", y al final no dices, qué interesante, qué apasionante, qué sobrecogedor, qué divertido, qué entretenido... El problema no es decir esas palabras, sino las que dejas de decir.

Pero generalizar su uso desde los medios provoca que quien no conozca no entienda nada...

Sí, tenemos una parte de lenguaje común y cuanto más se deteriora, más cae el nivel y más se vulgariza, menos común deja de ser. Hay que decirlo: el verdadero lenguaje común que tenemos los hispanohablantes es el lenguaje culto. En el momento en el que bajas el nivel de tu lenguaje es más fácil que haya diferencias. Y tenemos algo muy valioso: que 400 millones de personas hablemos la misma lengua es maravilloso y tendríamos que mantener esa unidad; en el momento en el que la vulgarizamos y añadimos jergas, esa unidad empieza a resquebrajarse.

¿Qué opinión tienes del uso del lenguaje vulgar y de las palabras soeces en prensa escrita, radio y TV?

Cuando son innecesarias, no hay por qué utilizarlas; cuando se trata de reproducir algo que ha dicho alguien textualmente, en público, tampoco hay que ser cicateros.

Por cierto, ¿qué piensas de la telebasura?

Existe, tiene su público y a mí no me gusta, pero lo que no haría sería prohibirla. Tiene que haber un autocontrol y una autorregulación de los medios. Creo que es un fenómeno que durará unos años y se agotará.

¿Qué hay detrás de estos programas? ¿Qué mueve a las personas a exhibirse y qué mueve a la mayoría a contemplar la exhibición?

Detrás hay un buen negocio, y sólo dejarán de emitirse cuando dejen de ser negocio. Eso ocurrirá tarde o temprano, porque vamos camino de una saturación de telebasura. En cuanto se dé ese hartazgo general y aparezca el primer espacio de calidad que compita con estos programas tan vulgares, la balanza se inclinará del otro lado.

De todas formas, contra ese tipo de fenómenos ­que serán cíclicos­ sólo se puede luchar realmente con una buena educación en los colegios y fomentando la lectura. Eso desarrollará la inteligencia de las personas y nos permitirá vivir en una sociedad mejor. Es una batalla a largo plazo, pero los gobiernos están para dar batallas a largo plazo también.

¿Será que experimentamos un proceso de "infantilización" de la sociedad, como dice Vicente Verdú?

Vicente es un excepcional observador de la sociedad, y hace siempre unos análisis brillantes. Es cierto: por todas partes vemos síntomas de que la educación en los colegios es deficiente. En España, con toda claridad. Eso se refleja muy bien en el lenguaje, en la incapacidad de expresarse y definir sentimientos complejos. Y quien no tiene el lenguaje entrenado para expresarse, tampoco lo tiene para comunicarse consigo mismo, para reflexionar. Eso nos hace menos maduros, desde luego, y más manipulables.

¿Cómo les decimos a las televisoras que si vemos esos programas es porque no hay opciones, pero que ésa no es la TV que queremos?

Debiera haber otras opciones. Es un papel que tendría que corresponder a las televisiones públicas. Yo defiendo la existencia de medios audiovisuales públicos gobernados democráticamente y con independencia del gobierno de turno, destinados sobre todo a la transmisión de valores de convivencia, tanto en una telenovela como en un documental sobre la naturaleza. Parecerá un aburrimiento lo que digo, pero hay profesionales con talento que pueden conseguir eso y que además el programa sea un éxito. Tenemos que buscar esa influencia positiva para que mueva en esa dirección a los medios privados.

¿Eres de los que piensan que limitar estos programas sería contrario a la libertad de expresión?

Estoy en contra de cualquier ley que regule los contenidos de los medios de comunicación. La prensa, la radio y la televisión deben regirse por las leyes generales que conciernen a todos los ciudadanos. Si hay telebasura, debemos analizar por qué y combatirla con armas democráticas, no instalar un mecanismo censor. La telebasura es sólo un reflejo de la educación que tiene una sociedad, y si censuramos el reflejo seguiremos teniendo la realidad.

En México, debido a la presión de los concesionarios, no se ha podido concretar una reforma a la Ley de Radio y TV, que deposita sólo en el gobierno la facultad de otorgar concesiones, lo cual se presta a un intercambio de favores políticos. ¿Crees que el otorgamiento, la renovación y la revocación de concesiones pueden mantenerse en esos términos?

La radio y la televisión utilizan bienes públicos como el espacio radioeléctrico... Por tanto, son usuarios que deben obtener una concesión, bien del gobierno o del Parlamento. En ese momento, el gobierno tiene una potestad que generalmente usa en su beneficio, dando y denegando licencias. Eso es un hecho incontrovertible. Estoy de acuerdo, pues, en que hace falta otro marco legal que deje de hacer sospechosas esas decisiones.

¿Los medios electrónicos aún son el cuarto poder, o un poder alterno?

No veo nada en los medios electrónicos que sea sustancialmente distinto de los medios anteriores: siguen necesitando talento y jerarquización informativa y, por tanto, siguen necesitando periodistas.

¿Cómo imaginas que vamos a hablar los hispanoamericanos en 2025 o 2050?

Eso va a depender del dinero que destinen los gobiernos a las escuelas ahora. Al paso que vamos, hablaremos peor, pensaremos peor y seremos más manejables. Y seguramente más de derechas. Si se invierte más en educación, escribiremos bien, construiremos ideas razonables, viviremos en una sociedad más tolerante y tendremos opiniones propias. Y seremos más de izquierdas.


Jorge E. Navarijo (México, 1971), es corresponsal en Madrid del diario La Crónica de Hoy.

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