Y otros de servil ralea
En las enramadas del árbol genealógico que llamamos linaje se explica la historia de los hombres que
sólo luchan las luchas ganadas y que para eso se congracian siempre con el rey en turno. Así ocurrió, por
ejemplo, en el año mil de nuestra era, con un memorable señor Mosén Férris quien, al servir al lord Jaime I, tuvo
inverosímil buena fortuna en todo aquel negocio que emprendió, más aún contó con esa diosa su predecesor, el
caballero Férriz, fiel siervo de los reyes Alonso "El batallador" y Ramiro II "El monje", por allá en los años 1114 y 1137.
Ya sea Férris o Férriz, el apellido no tiene sólo una escudería pues el blasón depende del monarca en
turno. Su heráldica, eso sí, tiene en la plata una constante fraguada a través de los siglos. La riqueza heredada a
Marco Férriz lo hizo un destacado servidor del rey Alonso II de Aragón en 1180 y como entonces seguir el
ejemplo garantizaba opulencia, hubo dos Pedros Férriz obedientes uno al rey Jaime I en la conquista de Valencia y
otro en 1255, al rey Jaime II de Aragón.
Años más tarde, cuando Castilla se abatía en la crisis, en 1457 Miguel Férriz capitaneó una compañía
de guerra exitosa en tiempos del rey Alonso V de Aragón. 24 años después otro Pedro Férriz fungía como
cardenal obispo de Tarazona y Miguel Férriz fue armado caballero por el rey Fernando "El católico". Caballero de
armas, entiéndase, es aquel que en la Edad Media tenía el cargo de transmitir mensajes de importancia, ordenar
las ceremonias y llevar los registros de la nobleza de la nación.
No hay que confundir a todos esos hombres con otros de idéntico nombre y apellido. En 1510 Miguel
Férriz fue procurador y rico hombre que asistió a las cortes, mientras que Pedro Férriz hizo lo mismo en 1528.
Tiempo después, cuando la Iglesia católica había asentado sus reales, la monarquía contó con la lealtad de otro
Férriz, éste de nombre Miguel, como inquisidor infanzón, esto es, como un hombre que por herencia tenía
potestad y señorío limitados a un territorio para dilucidar y castigar los delitos contra la fe.
Férriz es la impronta de sangre de aquel que siempre está con el que gana, como humilde paje para
fraguar negocios, como caballero de armas para difundir las verdades del reino o para castigar a quienes atenten
contra la fe de las maravillas a las que promete conducir el monarca de la nación, con el atavío del Cristo en el
pecho y la engañosa esperanza en el alma.
MLT