Esta revista arranca su esfuerzo publicando su propio código de ética. Buen comienzo para quienes han dedicado varios años a discutir con seriedad la política, la cultura, los temas de interés para la sociedad y, por supuesto, a los medios.
Hoy que se deciden por el foco en los medios y atender aquello que se transmite por las mil 904 emisoras de radio y televisión y las decenas de diarios y revistas y demás medios en toda la República Mexicana no es cosa menor que marquen desde el principio el lente con el cual examinarán pantallas, transmisores, públicos, conductores, concesionarios, legislaciones y todo el etcétera que les sea posible para abarcar a este universo sin el cual es inconcebible cualquier sociedad contemporánea.
En este código parten del reconocimiento de lo mucho que se ha avanzado en la elaboración de marcos éticos para el desarrollo de los medios en el mundo. No se trata de descubrir el hilo negro. Recogen experiencias de códigos en otros países y contemplan principios aplicables a medios escritos o electrónicos y se "mexicanizan" algunos puntos tendiendo a problemas específicos del manejo de la información en nuestro país.
etcétera se impone el ejercicio de la libertad en paralelo al de la responsabilidad. Define para sí misma y para quienes a partir de ahora será su materia de análisis y trabajo, los parámetros para informar, entretener y orientar a una sociedad que reclama medios que le ayuden a enfrentar sus no pocos desafíos.
Hoy que exigimos la rendición de cuentas, los contrapesos, la competencia real y, en general, lo que define una vida democrática plena, los medios más que ninguno están llamados a establecer explícitamente sus propios compromisos éticos y obligarse a partir del escrutinio público a su cumplimiento. Es un rasgo mínimo para tratar de restablecer credibilidades pérdidas y desconfianzas mutuas después de complicidades y maridazgos inconfesables entre medios y poder político durante muchas décadas.
etcétera y algunos otros medios están dando los pasos en el sentido correcto. ¿Qué sí y qué no está permitido en el marco de una actividad periodística ética?
Es poner los puntos sobre las íes y decir con descripciones puntuales y específicas lo que debe hacer y qué no debe hacer un periodista en situaciones concretas. Los regalos, la vida privada de las personas, las cuentas por pagar, las gacetillas, los rumores o los conflictos de interés con la información son algunos de los asuntos que quedan suficientemente claros para todos aquellos relacionados con el medio, público incluido.
Es un código que reúne, además de las especificaciones prácticas, la definición conceptual de todo aquello que es materia prima para comunicadores: los fines de la comunicación; la libertad de informar como algo inatacable e innegociable; la objetividad, la información y la opinión como ejes de la actividad. Especial atención dedica a los derechos de la sociedad y los particulares y, por supuesto, a las rectificaciones, fuentes y al secreto profesional.
No sorprende que un compendio como éste le dedique un apartado especial a los ingresos financieros y a los ingresos y salarios de los informadores, si reconocemos que ahí ha radicado buena parte de la vulnerabilidad de los medios para ejercer un periodismo honesto.
Cierra este código tocando un punto espinoso: tirajes, circulación y audiencias. Estos números mañosos que no nos dejan ver la realidad. etcétera lanza el reto: "Es parte del compromiso de un medio con sus audiencias dar a conocer su tiraje y su circulación... y sus audiencias. Medidas a partir de evaluaciones propias o de terceros". Transparencia es la divisa propuesta en este texto que pretende un compromiso con la sociedad a partir de estas pautas de conducta que buscan restablecer algo que tendríamos que reconocer está dañado, "... la confiabilidad y la identificación de la sociedad mexicana con sus medios de comunicación"
Carmen Aristegui es periodista y conductora de la emisión vespertina del noticiero Informativo Imagen.