Salvador Quiauhtlazollin
No, no le convertirán en galletas verdes para alimentar a las masas hambrientas. Aunque quizá ése hubiera
sido el mejor homenaje para el director que le dio a la cultura popular uno de sus paradigmas más conocidos,
parodiados y temidos: el soylent green, la comida del futuro que desataba toda la trama de la indispensable cinta Cuando
el destino nos alcance.
Por fallas respiratorias, a los 89 años falleció Richard Fleischer, director de clásicos de la pantalla como Sígueme en silencio, la gran cinta noir Estrecho margen, Los vikingos, Barrabás, Compulsión con Orson Wells, El estrangulador de Boston, Tora tora tora o El increíble doctor Dolittle (calificada por Truman Capote como "la más grande mierda jamás escrita para la pantalla"). En lo personal, él consideraba lo mejor de su carrera sus thrillers. Sin embargo, fueron sus incursiones en la fantasía y en la ciencia ficción las que lo inscriben definitivamente en el panteón de los creadores de mitos.
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El 8 de diciembre de 1916 nació Richard O. Fleischer, quien de joven tenía intención de convertirse en psiquiatra. Pero el entorno familiar lo arrastró a la escuela de drama de Yale, donde descubrió a su esposa y su vocación por la dirección. Luego de hacerse cargo de trabajos menores, la Disney lo llamó para dirigir una cinta de gran presupuesto, la traslación al
cine de 20 mil leguas de viaje submarino. No fue fácil aceptar el proyecto, su padre, Max Fleischer, era la cabeza de los afamados estudios de animación responsables de Betty Boop y Popeye el marino. La sola mención de Mickey Mouse era motivo de ira en el hogar paterno. Pero Max Fleischer comprendió de inmediato que era la gran oportunidad de su hijo, y sin dudarlo le alentó a aceptar el proyecto.
El trabajo nunca fue escaso para Richard Fleischer. Aunque nunca brilló como otros genios de su época, se le consideraba un director responsable y eficiente. Por ello los estudios nunca dudaron en poner en sus manos grandes, medianos y pequeños presupuestos, ni a sus más afamadas estrellas. Y por su disciplina, llegaban a sus manos proyectos que exigían un ceñimiento extremo al guión, como la difícil Viaje fantástico, cinta indispensable de
ciencia ficción en la que unos científicos son empequeñecidos a tamaño microscópico, e introducidos en el torrente sanguíneo de un sabio para curarle un tumor cerebral. La secuencia en la cual el maravilloso cuerpo de Raquel Welch es aprisionado por los anticuerpos sigue despertando aún la lascivia de los nerds erotómanos.
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Pero la obra cumbre de Richard Fleischer sería un proyecto auspiciado por Charlton Heston que se inscribía en la paranoia pseudo ecológica de los tempranos 70. Basada en la novela ¡Hagan sitio, hagan sitio!, de Harry Harrison, Soylent Green fue asesorada por el vociferante alarmista ecologista Paul Ehrlich. Situada en el año 2022, esta ficción mostraba a Nueva York convertida en la ciudad de México del 2006: una capa de contam nación
cubría perennemente una urbe que había absorbido a sus ciudades satélites, y en la que los comercios enrejados competían con vendedores ambulantes de porquerías, mientras los plutócratas vivían aislados en guetos ultra vigilados.
Para controlar a las crecientes masas de Cuando el destino nos alcance, las autoridades corrompidas en todos los niveles reprimen con bulldozers (la imagen emblemática del filme), y reparten vales para ser canjeados por soylent, supuesto producto de origen vegetal que se puede conseguir en tres variedades: amarillo, rojo, y el nuevo y mejorado verde, que es el más codiciado por su penetrante sazón. Tan delicioso sabor, como todos ustedes saben,
es debido a que se hace de gente, especialmente de los viejos que, cansados de cobrar sus vales, optan por el suicidio en medio de delirantes imágenes de un mundo que alguna vez fue hermoso, la Tierra la cual ahora usufructuamos. Descubierta la conjura, Charlton Heston grita la verdad al mundo, aunque eso en nada resolverá una situación ya irremediable.
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Sin proponérselo, Richard Fleischer logró con Cuando el destino nos alcance una cinta referencial. Afortunadamente la realidad ha rebasado el presupuesto más alarmista del filme, pues la producción alimentaria sobrepasa por mucho la posibilidad de consumo. Mas los vaticinios respecto de la pauperización del Primer Mundo, la derrota de la democracia y la cultura, y el predominio los monopolios de la nutrición, siguen tan vigentes como en 1973, año de esta producción desdeñada en su época por la crítica, aunque mediáticamente citadísima. Con una obra menor, el desaparecido Richard Fleischer nos pide que hagamos sitio a una reflexión escéptica sobre un
porvenir que aún puede pintarse de verde.