De adolescente eras un buen atleta y particularmente un buen jugador de beisbol. ¿Qué papel desempeñó eso en tu vida?
Tengo una divertida anécdota relativa al beisbol. En la prepa, yo jugaba primera base, y un tipo alto llamado Don Drysdale jugaba en
la segunda. Éramos los dos mejores jugadores de nuestro equipo, y ambos pensábamos ingresar en las
Ligas Mayores. Sin embargo, me interesaba más desarrollarme como pintor y por eso partí hacia Europa. Pero
lo primero que vi cuando regresé a Estados Unidos fue un ejemplar de
Life con una foto de Don Drysdale peleando con Eddie Matthews. Drysdale había conseguido entrar en las Grandes Ligas. Eso es parte del sueño
americano. Ambos tuvimos éxito en lo que nos propusimos, y desde entonces no hemos vuelto a platicar.
Tú has declarado en el pasado que tu fracaso como pintor fue una experiencia amarga y decepcionante.
¿Fue entonces cuando decidiste dirigir tus energías al teatro y comenzaste a actuar? ¿Eras el tipo de hombre que
se enamora de la idea de la nobleza del artista?, ¿ese amor te habría hecho sensible a la perversión del
trabajo artístico como la que tú mismo sufriste en tu carrera?
Fui educado para no creer en falsos valores y para ser honesto conmigo mismo y con mis principios. Por
eso siempre he tenido una baja tolerancia para quienes no comparten este tipo de idealismo. Cuando
comenzaba, yo ponía mucha más atención en aprender el oficio. Hoy, los actores jóvenes son prematuramente
convertidos en estrellas, de manera que se les priva de la posibilidad de refinar sus habilidades y desarrollar una
técnica propia. Me dan lástima tipos como Brad Pitt y Johnny Depp: son víctimas del ansia de los medios. En
la atmósfera de la actualidad, tan pronto como filmas una cinta, la maquinaria publicitaria desciende sobre
ti como los buitres. No te dan tiempo de crecer como ser humano. Por lo menos yo tuve la oportunidad de
trabajar en la oscuridad hasta que estuve listo para lidiar con toda esa basura que acompaña a los actores exitosos.
Hablemos de algunos de tus filmes. En
Downhill Racer retrataste a un austero joven, un excelente
esquiador con un problema de actitud
que tenía dificultades para asumirse como "uno de los chicos". ¿Te consideras un solitario en ese sentido?
Me gustó el personaje de Downhill
Racer porque aprendió a desconfiar de las trampas de la fama.
Consideremos el final de la cinta: él gana una medalla de oro cuando un tipo con mejor tiempo cae poco
antes de llegar a la meta. Él obtiene toda la atención de los medios, pero sabe que no es algo auténtico, que él
no estará ahí la próxima vez que pierda una carrera. Ése es el momento en que madura y se responsabiliza
por lo que es y por lo que cree. Todos debiéramos ser tan afortunados.
El candidato fue uno de los filmes políticos clásicos de los 70. Expusiste varias cuestiones acerca de
la hipocresía de los políticos y de la fabricación de imágenes que son tan vigentes ahora como en la época
de Nixon.
Pienso que es importante observar el proceso político y cómo la democracia se ha pervertido por culpa
de los medios, y especialmente de la TV, que convierte a los candidatos en actores, mismos que al terminar
sus campañas ya quedaron sin principios y sin ideales. Consideremos lo que sucede actualmente. Todo se basa
en cuánto dinero puede gastar un candidato comprando publicidad en TV; Michael Huffington en California
es un ejemplo excelente. Creo que el Congreso debe aprobar leyes estrictas para los financiamientos de
las campañas, porque es patológico ver que casi cualquier millonario puede venir y casi comprar su acceso a
la política.
A river runs through it es uno de tus filmes más personales. ¿Cómo te afectó?, ¿tuviste la oportunidad
de exorcizar algunos de tus demonios personales involucrados en la relación con tu padre?
Justamente después de terminar la filmación de
Propuesta indecorosa al lado de Demi Moore, me sumí en uno de los periodos más vacíos de mi vida.
A river... fue una forma de salvación para mí porque me
hizo darme cuenta de que filmar aún me da mucha energía. Escogí la actuación por razones muy íntimas; la
dirección es un reto intelectual para mí. Fue una película que trata de la belleza de la naturaleza. Tenía siete
años queriendo dirigirla pero los estudios pensaban que no era comercializable. Esta cinta es un himno a la
época en que la noción de la familia sugería entidades espirituales profundas. Hay mucho de mí en ese filme: mi
sentido de la tristeza por lo que se ha perdido en nuestra tierra y cultura al mismo tiempo que mi afecto hacia lo
que aún nos queda. Por otro lado, dirigí una cinta donde no podía actuar porque cuando lo hago, mi presencia se
infla fuera de toda proporción. Es la maldición del estrellato.
¿Estás satisfecho con lo que has logrado en tu vida?
Nunca estoy satisfecho porque
es parte de mi naturaleza pensar que pude haber hecho más. Sin embargo, estoy contento de haber dejado el mundillo del cine en los 80 para escapar de la manipulación de mi imagen y luchar por proteger
al ambiente. Fundé el Sundance, que ha apoyado a cineastas estadounidenses que nunca tendrían una
oportunidad sin mi ayuda. Quise retribuir un poco al cine y dar a la gente una alternativa frente a lo que
Hollywood ofrece. Si tuviera que hacer todo de nuevo habría dejado antes la actuación y habría dirigido y producido
muchas películas más.
¿Es tu orientación política tan crítica y activista como cuándo hiciste
El candidato y Los tres días del
Cóndor, clásico de los 70?
Sí, pero a nadie le importaba el tipo de películas que deseaba hacer. Los medios continuaban hablando
de mí como un símbolo sexual, y Hollywood esperaba que yo aceptara historias románticas superficiales.
Deseaba expandirme y hacer cintas como Jeremiah
Johnson, mientras que los estudios me presionaban para hacer
El gran Gatsby. Fue infernalmente frustrante para mí. Me estaba asfixiando. Es por eso que nunca entendí la
necesidad que algunas estrellas tienen de permitirse los lujos. Yo aprendí lo que es dormir en los drenajes de París
mientras trataba de abrirme camino como pintor; he visto actores pobreteando en Nueva York mientras tratan
de conseguir una oportunidad, por eso me disgusta un poco ver cómo algunos explotan su opulencia. Por
supuesto, yo vivo bien. Tengo una casa magnífica en uno de los mejores lugares que existen para vivir. Pero soy
muy feliz cuando puedo ir a una cafetería a comer un sandwich sin que la gente me esté observando.
¿Fue Quiz show tu forma de exponer como la TV se ha convertido en una metáfora de la perversión de la verdad?
La TV comenzó por aprender cómo mentir y manipular al público y actualmente ha mejorado su forma de operar. La televisión convierte a la gente en celebridades y falsos dioses con el propósito de vender más publicidad. Creo que se puede establecer una línea directa que va desde esa época a la del asesinato de Kennedy, el caso Watergate, el escándalo Irán-contras y Oliver North. Los medios convirtieron a North en un héroe a pesar de haber participado en una misión encubierta que violaba la política internaciomal estadounidense y la voluntad del Congreso. La triste verdad es que la mayoría de la gente prefiere estar entretenida que pensar, y la TV es el instrumento apropiado para asegurar nuestra pasividad.Yo me alegro de no haber crecido sentado frente a la TV viendo comedias estúpidas. Eso es la muerte cerebral.
¿Es la rehabilitación de Nixon la prueba última de que los medios tratarán de fabricar héroes,
incluso buscándolos en los niveles más bajos?
Consideremos la manera en que lo trataron de glorificar después de muerto, tratando de encontrar la forma de convertirlo en un gran estadista en vez de retratarlo como lo que realmente era: un perdedor miserable y maligno. Nixon nunca fue capaz de reconocer que cometió crímenes en contra
de la Constitución y en contra de la confianza pública. Nixon era un mitómano; utilizó el aparato gubernamental para llevar a cabo venganzas personales y políticas, y siempre estaba tramando vendettas. Fue un ser humano réprobo y resentido que nunca fue capaz de reconocer sus errores. Ésa fue su herencia, no su historia en la política exterior.
¿Cuál es tu percepción actual de tu estrellato?
Ser un líder en algo es como una maldición. Por eso me salí de Hollywood porque no me dejaba satisfecho ser un actor cuyo trabajo se oscurecía con el maquillaje excesivo. Como cultura, estamos atrapados en nuestra obsesión por lucir bien más que por sentirnos bien o pensar. En mi propia carrera, traté firmemente de evitar que la atención se enfocara sobre mi supuesta buena apariencia. Fui educado para valerme por mí mismo, para no pedir ayuda a nadie, para nunca ser autocompasivo, o quejarme o dar la espalda a un reto. Es el tipo de enseñanza moral que te permitirá hacerte cargo de ti mismo. Sin tener que recurrir a los demás. Me alegra haber tenido esa actitud en mi vida porque eso te hace más firme y determinado. Mi abuelo paterno se la pasó diciéndome que uno sólo tiene una oportunidad en la vida y me aconsejaba nunca cometer el mismo error que él cometió al igual que mi padre. No vivieron la vida que querían, y en parte fue culpa de mi
abuelo, por enseñar a mi padre a no soñar o por alentar sueños demasiado altos porque la vida invariablemente nos derrotaría. Yo tomé la decisión de hacer realidad mis sueños. Yo haría cualquier escena peligrosa o me arriesgaría en cualquier caso necesario. Solía escalar torres y catedrales sólo para probar que eso podría hacerse y contradecir a mi padre. Si me decían que no hiciera algo, ése era mi reto personal, salía y lo lograba. Downhill Racer probablemente retrata el lado oscuro de mis sentimientos respecto a la celebridad y la adoración de los héroes. Interpreté a un solitario que crece casi sin hablar a su padre y sabiendo sólo una cosa: esquiar. Cuando tiene la oportunidad de competir en Europa, se da cuenta de que los atletas se convierten en objetos tan pronto como comienzan a ganar y a atraer la atención. Al final, él se da cuenta de que la fama es efímera, que él es bueno hasta el día que gane su última carrera y que el público pronto lo olividará. Ser una estrella de cine no es tan diferente; es por eso que nunca he tomado la fama en serio. No es posible hacer depender tu vida de tu apariencia, porque una vez que la luz comienza a desvanecerse, uno muere.