Lucero Solórzano Zinser
La maquinaria de la ya veterana industria cinematográfica estadounidense sigue haciendo esfuerzos para
renovarse. Han puesto a sus especialistas a trabajar para recuperar el mercado de los consumidores de boletos en taquilla
ante la aplastante proliferación del formato DVD en el que aparecen los títulos muy próximos a los estrenos.
Trabajan para modernizarse en cuanto a contenidos, temáticas y responsabilidad social. Quieren conciliar
los sectores de producción independiente con los poderosos
grandes estudios. Por fin se percataron de que es
perentorio incorporar a la comunidad hispana tanto de realizadores como espectadores que, pésele a quien le pese,
van demandando cada vez con más poder una participación mayor en la industria. Les urge neutralizar en alguna
forma la creciente producción de series y películas de televisión que van reinventando el lenguaje cinematográfico en
la pantalla chica con producciones vanguardistas y refrescantes como
Sex and the city, 24, Lost,
Esposas desesperadas, Prision Break,
CSI, Alias, Nip Tuck y hasta
Los expedientes secretos X y muchas más que desde hace ya varios
años se han posicionado en el gusto de millones en Estados Unidos y otros países (como el nuestro desde luego).
Digitalización, IMAX, 3D
A todo esto habría que añadir una inversión millonaria en equipos de filmación y exhibición para dar al
público nuevas propuestas como la pantalla IMAX, el 3D, los proyectores digitales... esto y mucho más para destrabar a
una industria que está urgida de una transformación.
... pero el público no va a las salas
En una encuesta realizada en Estados Unidos por la revista
Entertainment Weekly, hace unos meses se le
preguntaba a un elevado número de espectadores cómo preferían ver una película: en la sala de cine o esperar para verla en
su casa en formato DVD. La segunda opción fue la elegida por 66% de los encuestados; después se preguntaba por
qué optaban por el popular home
theater y las respuestas quedaban repartidas entre estas opciones: porque prefiero
no salir, porque me molesta la cercanía de extraños que hacen ruido y contestan el celular, porque pasan
demasiados comerciales, porque sale muy caro llevar a la familia incluyendo boletos, dulces, palomitas y refrescos. Por
cierto hay que hacer notar que el mercado en nuestro país se está comportando de la misma manera y eso que ocupamos
el quinto lugar en el mundo como consumidores de boletos de cine.
El hecho es que una de las industrias más poderosas del planeta, generadora de ingresos multimillonarios para
la economía estadounidense, atraviesa por un
turning point, una severa crisis de la cual puede salir muy mal librada
al largo plazo si no aplica las medidas arriba mencionadas y otras más.
La "noche del Oscar" envejece
Otro de los síntomas de esa suerte de parálisis quedó de manifiesto en la pasada entrega número 78 del premio
Oscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos. Recuerdo que de niña esperaba el día de
la entrega pues resultaba un show pintoresco, entretenido, glamoroso, gringo, en suma un evento apropiado para
una preadolescente que admiraba a Robert Redford, Clint Eastwood, Jane Fonda, Paul Newman, Warren Beatty,
Francis Ford Coppola, Burt Bacharach, Susan Sarandon, Al Pacino, Robert De Niro, Gene Hackman, Harrison Ford,
Sydney Portier, Julie Andrews, Audrey Hepburn, Sean Connery, Michael Caine y muchos más que menciono sin
orden cronológico. Era una fiestita cursi, demagógica, frívola, chocante pero resultaba entretenida y tenía altos índices
de rating en el mundo entero.
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A los que piensan que el evento les resulta insoportable, indiferente, ridículo, arrogante e intrascendente hoy
les doy la razón pues desde hace ya varios años la transmisión de la entrega de la llamada "estatuilla dorada"
está dejando mucho que desear, el
show se volvió lento, predecible, lleno de lugares comunes y discursos
tramposos, mensajes políticos y como corolario ha sido conducido por una serie de personajes insufribles como David
Letterman, Whoopie Goldberg, Steve Martin, Jon Stewart y ¡horror! Chris Rock.
Para colmo están las versiones soporíferas y pueblerinas que nos receta nuestra tele nacional, este año a cargo
de TV Azteca que se salvó por el buen trabajo de los traductores.
2006, el año en que Oscar se rajó
Lo que contribuyó a hacer de la pasada entrega otra perfecta farsa fue que en las semanas previas y basados en
las nominaciones "alternativas" de esta ocasión, se pusieron filósofos, presumieron de una nueva etapa con apertura
y libertad de expresión, credo, preferencia sexual y tendencia política.
Brokeback Mountain o El secreto en la montaña
causó sensación con ocho nominaciones. A los que el tema
"les da cosa" también les resultó sorpresivo que una historia de amor entre dos vaqueros homosexuales pudiera
considerarse una buena película pero sus méritos son indiscutibles;
Crash o Alto impacto, película independiente narrada a
través de las voces de varios personajes en la violenta ciudad de Los Angeles recibió seis nominaciones; luego vino
Capote en la que Phillip Seymour Hoffman da cátedra de actuación al interpretar al singular escritor Truman Capote;
otro título espinosito es
Transamerica que cuenta la historia de un hombre en pleno proceso quirúrgico y
psiquiátrico para convertirse en mujer; Buenas noches y buena
suerte en la que George Clooney cuenta cómo la televisión
le puso piedritas en el zapato al senador MacCarthy y su persecución a posibles simpatizantes del comunismo.
Si acaso, la políticamente correcta Walk the
line o Johnny y June era la que no podría herir la sensibilidad de
nadie, quedó como el comodín. Casi ni figuró
Syriana sobre la corrupción en la explotación del petróleo en Oriente
Medio. Match point o La
provocación de Woody Allen, una extraordinaria película, y
El jardinero fiel de Fernando Meirelles, buenísima también, se quedaron en el camino.
Homenajes y homenajes
Dándose baños de modernización pasaron un buen homenaje al
cine negro que en alguna época era muy
incómodo para el gobierno y los grupos conservadores. Los
gangsters, asesinos, delincuentes y "mujeres fatales" causaban
en muchos la misma reacción que hoy han provocado los vaqueros gay. Hasta ahí parecía que nos podíamos creer
las promesas de transformación. Después vino una edición en la que se jugó con escenas de
westerns haciendo parecer que John Wayne, Alan Ladd, Charlton Heston, Eastwood, etcétera, se ponían delicaditos cuando tenía que ser
machos, recios y brutos cowboys. Me reí algo. Desfilaron algunos premios y se empezó a sentir para dónde se
inclinaba la balanza. La clave la tuvo George Clooney que antes de ponerse a lamerle los zapatos a la Academia, tomó
su Oscar como mejor actor de reparto por
Syriana y dijo: "Adiós el premio a mejor director". ¡Claro, los
señores de la Academia le dieron a todos por su lado, con todos quedaron bien, a Clooney le tocó mejor actor de reparto
porque, buena o mala, Buenas noches y buena
suerte no podría ganar en las categorías de mejor guión ni mejor director
en donde él estaba nominado!
Película extranjera complaciente
Cuando se reafirmó el tono fue en el Oscar a la mejor película extranjera.
El paraíso ahora es una coproducción
de Palestina, Holanda, Francia y Alemania que recorre las últimas horas anteriores al atentado suicida que
emprenden dos jóvenes terroristas palestinos en Tel Aviv. Con los cuerpos forrados de explosivos enfrentan errores,
tristezas, fantasmas, culpas y temores en una producción que presenta a seres comunes insertados en situaciones
extraordinarias. Ganó el Globo de Oro como mejor película extranjera y ha recibido reconocimientos en varios festivales en todo
el mundo. Era la ganadora hasta que... se lo dieron a
Tsotsi, producción sudafricana menos polémica en la que
el personaje central es un adolescente africano y su violenta pandilla en Johannesburgo; buena película pero sobre
todo inofensiva y que no compromete a nadie.
No dar el Oscar a El paraíso
ahora ya dejó muy claro dentro de la ceremonia de entrega que con todo y
sus grandes declaraciones en favor del "respeto y la tolerancia", la Academia prefiere no meterse en broncas y
seguir llevando la fiesta en paz con sectores conservadores, gobierno republicano, intereses pro judíos de la propia
industria y las "buenas conciencias".
A reinventarse
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Phillip Seymour Hoffman |
Finalmente el balance no es bueno. Para el público en general la ceremonia resultó aburrida, densa y simplona.
Para los que, como yo, pensábamos que se vislumbraba un nuevo capítulo en un evento que sin duda tiene un
enorme atractivo para un amplio sector de cineastas y espectadores queda una cierta decepción que nos lleva a admitir
que ésta fue la
crónica de una entrega
anunciada.
Sí, me hubiera gustado que Rodrigo Prieto o Emmanuel Lubezki, fotógrafos mexicanos, hubieran ganado el
Oscar en su especialidad. Pero mientras la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas no proyecte más autoridad
que la que le confiere su influencia a nivel comercial dentro de una industria que se aleja de las inquietudes de
los verdaderos creadores del siglo XXI, los auténticos artistas como Prieto y Lubezki seguirán creciendo sin
su reconocimiento.