Hay que reinventar la comunicación
a través de lo internacional
Eda Chávez
Hablar de la situación actual de los medios alrededor del mundo no es más que hacer un mapa
geográfico de los mismos, analizar las características de su evolución.
Si, mutatis mutandis, las técnicas de los medios son casi las mismas en los diferentes países, y si sus
formas y sus funciones son comparables, existen sin embargo profundas diferencias tanto cuantitativas como
cualitativas en sus estructuras y sus contenidos, según cada país.
Estas diferencias se traducen a la vez en un desarrollo económico desigual de las naciones, la diversidad
de sus regímenes políticos y las características específicas de cada sociedad. Ello se explica tanto por el
pasado (historia) como por el presente, pues si los medios de información reflejan en su estructura la
organización política y social del país, en su contenido son el reflejo, el eco de toda cultura nacional. Su evolución se rige
por el progreso de las tecnologías y por las transformaciones políticas y económicas de las sociedades
contemporáneas.1
La competencia entre los medios impresos y los audiovisuales se acentúa en cada país, debido a la
inter nacionalización de los intercambios de todo tipo que convierten, sobre todo en materia de comunicación, a
las fronteras en zonas cada vez más permeables.
Paradójicamente y al mismo tiempo, el desarrollo de los medios se dificulta por una serie de frenos
culturales y sociológicos de las sociedades contemporáneas. Persiste una especie de resistencia pasiva de las
autoridades y empresas periodísticas por defender las costumbres adquiridas y las mentalidades conservadoras.
Las realidades industriales son un poderoso factor para explicar las mutaciones que realizan actualmente
los grandes grupos de comunicación. Los
dos cracks bursátiles de 1987 y 1989 influenciaron el conjunto del
paisaje mundial de los grupos de comunicación. Los inversionistas, simpatizantes o no, se multiplicaron para volver
a dar oxígeno al sector de la
comunicación.2
La integración a través de la fusión de dos grupos del sector de actividades complementarias dio
como nacimiento al gigante mundial de la
comunicación Time-Warner. Con excepción de la explotación
comercial de la red de cables, las dos entidades ejercían sus actividades en diferentes áreas. (Time se concentraba en
el mercado de la edición de papel y de cadenas de cable mientras que la Warner se dedicaba a la producción
y distribución audiovisual, así como al mercado del disco.) Fusiones de este tipo han llevado a aumentar
la competencia, tanto entre los medios audiovisuales como en los medios impresos, pues actualmente existe
una interacción. Si bien un periódico no puede ganar en inmediatez, sí puede hacerlo en contenido de la
información, en el análisis reposado de la noticia.
Las alianzas o fusiones se han convertido en un medio para compartir los riesgos ante inversiones cada
vez más colosales. También permite anticipar el regreso de las ganancias. Pero sobre todo es el medio de
un poderoso grupo para tomar el control de una empresa en dificultades financieras.
En este sentido, la publicidad juega un papel vital en las finanzas de los medios, tanto audiovisuales
como impresos. La evolución de este sector económico depende de los responsables de cada medio. Algunos
se limitarán a vender espacios publicitarios acordes con su perfil y otros estarán dispuestos a vender el
espacio editorial e incluso a firmar gacetillas y presentárselas a sus lectores como si se tratase de información.
Están lejos los tiempos en que Henri Poincare aseguraba que "¡el pensamiento no debe de someterse
nunca ni a un dogma, ni a un partido, ni a una pasión, ni a un interés, ni a una idea preconcebida, ni a nada que
no sean los hechos mismos, porque, para el pensamiento someterse significa dejar de ser!".
Globalización
Las noticias se han convertido en una mercancía con un inmenso mercado. Una de las vías de acceso a
esta globalización se dio con los tratados de libre comercio. Estos fueron los casos de Europa occidental y
por supuesto de América del Norte (Estados Unidos, México y Canadá). Los productos (noticias) denominados
como universales están siempre a la merced de un cambio de horario o de una decisión editorial subjetiva
dependiente de los mercados nacionales.
Esto nos recuerda que los mercados únicos y los espacios de comunicación comercial que los
acompañan también son construcciones sociales.
Hasta la década de los 70 en plena guerra fría todo parecía perfectamente definido, por un lado
Estados Unidos propulsó el free flow of
information, mientras que la tesis soviética defendió en el seno de
Naciones Unidas apoyada por un centenar de naciones, la doctrina de la autodeterminación de su preservación
cultural. La reglamentación soviética triunfó en 1972 junto con diversos países del
sur.3
Los gobiernos de muchos países en desarrollo prefirieron someterse a una regulacion de su sistema
audiovisual y de sus telecomunicaciones por los mecanismos del mercado, dejando a la sociedad civil encontrar sus
propias formas de apropiarse del dispositivo de comunicacion en un contexto de capitalismo salvaje.
Este es el caso de América Latina que concentra a más de 60% de los recursos mediáticos del mundo
en desarrollo comparables a los de sus competencias estadounidenses o europeas (Globo de Brasil o Televisa
de México).
El debate sobre la necesidad de una reglamentacion internacional en materia de satélites
transfronterizos alcanzó a su vez a Europa occidental en la segunda mitad de los años 80. Las instancias de la Comunidad y
del Consejo Europeo, encargados de elaborar respectivamente una directiva y una convencion. ¿Hay que
imponer o no cuotas de programas? La primera opción, defendida ferozmente por países como Francia en nombre
de la preservacion de la cultura volvió a ser tema de debate en las mesas de negociaciones del libre tratado
Mexico-Unión Europea en 1999, más de una década después.
Según Jorge Vidales, connotado catedrático y asesor financiero, "existen tres causas para la
globalización" y explica que la aceleración de los ritmos de apertura económica y de los intercambios de mercancías y
servicio; la liberalización de los mercados de capitales que conforman las plazas financieras y bolsas de valores de
todo el mundo. La tercera, subraya, es la revolución de las comunicaciones y de la informática que ha
conectado el tiempo real con el espacio.
"La base tecnológica de la globalización se basa en una base cada vez más inmaterial de la producción,
en el desarrollo informático de los medios de comunicación, en la transferencia de conocimientos y de gestión
en tiempo real de los flujos financieros, en la estandarización de los mercados como consecuencia de lo
anterior", asegura Vidales. En el ciberespacio navega una creciente masa de capitales que parecen dar rendimientos
sin que intervengan factores como tierra, insumos y capital. Es decir, los mercados financieros y los medios
de comunicacion desarrollaron y propulsaron a la globalización.
Ésta ha sido una especie de golpe de Estado en contra de los Estados, que han tenido que dejar de
ejercer su funcion ejecutiva en los mercados financieros. Por otra parte, los medios de telecomunicaciones y
del tratamiento de datos, que determinaban la tecnología de las telecomunicaciones han dejado de ser
independientes entre sí. Así, esta autopista de la comunicación, representa lo que "las infraestructuras del
transporte de carretera representaron a mediados del siglo XX". Esta desregulación en los medios da paso a que
"todo mundo puede entrar en el negocio de todo
mundo". La nueva naturaleza del capitalismo dio paso a la
utopía de un mercado de la información y de la comunicación integrado gracias a las redes electrónicas y de
satélites sin fronteras, que funciona en tiempo real las 24 horas del día: radio, televisión abierta, por cable o
digital, diarios, semanarios, cine, agencias de publicidad, aeronáutica o
electrónica.4
A fines del siglo XIX surgieron las agencias noticiosas, órganos especializados en el área, de manera
paralela a las redes de información gubernamentales (redes diplomáticas para las informaciones internacionales,
administrativas para las noticias nacionales y las informaciones económicas) las redes de información
conocidas como autónomas, dependían en gran medida de sus gobiernos y sus clientes se reclutaban esencialmente
entre los medios y las empresas.
El mundo de agencias de noticias es muy complejo. Debido a la cerrada competencia, su principal
característica es la rapidez y sólo después la precisión: un despacho debe ser lo más breve posible. Hoy, los
distintos medios se nutren entre sí: las agencias alimentan a la radio, televisión o prensa y viceversa.
Existen distintos tipos de agencias: las internacionales que tienen redes para colectar y difundir su
informacion en todo el mundo y las nacionales, cuyas redes se limitan a las fronteras del país, pero que al mismo
tiempo están vinculadas a las internacionales porque sirven como fuentes de monitoreo
permanente.5
Las agencias noticiosas de los diarios sindicados y que fungen dentro de las redacciones de algunos
medios provinciales, las agencias especializadas (agencias fotográficas, científicas, universitarias, deportivas, de
finanzas...) son básicas. El papel que juegan estas agencias en el mundo de la información es vital.
El papel de las grandes agencias internacionales no para de crecer y aumentan su supremacía.
"Esta supremacia, cuya eficiencia es, en el plano técnico, grande, asegura una calidad de servicios
remarcables pero no exentos de problema: esta monopolización de la información es uno de los aspectos del
imperialismo de las grandes potencias", asevera Pierre
Albert.6
Explica: "Associated Press (AP) presenta al mundo en estadounidense, Reuters en británico, AFP en
francés, y deforman inevitablemente la información sin importar cuál sea la disposición de objetividad e imparcialidad".
Para los diarios ricos, la confrontación de servicios de diferentes agencias permite relativizar la
información. Sólo que muchas regiones del tercer mundo están excluidas de este mercado de la información, pues las
noticias que les involucran son tratadas desde una óptica ajena, y la debilidad de sus agencias nacionales no
permite compensar ese fallo. Las agencias anglosajonas, que son por mucho las más poderosas, le deben su
prosperidad a sus inmensos presupuestos
económicos. France Press no tiene una clientela tan rica ni tan abundante como Reuters. Paradójicamente la prensa francesa es menos próspera que la anglosajona a pesar de que las
europeas dedican mucho más tiempo a la lectura que los anglosajones.
Toma de conciencia
La nueva filosofía de la globalización, inspirada por los geoestrategas de la economía mundial, creció
viento en popa durante la década de los 80 pero paralelamente surgieron visiones del mundo que revelan
realidades completamente contrarias a estas tesis. Así, a través de la toma de conciencia de la diferenciación, comenzó por fin a plantearse una comunicacion internacional bajo el símbolo de cultura: el regreso a la raíces, a
las culturas, a los territorios, a los espacios singulares, a los sujetos concretos. En suma, la visión hegemónica
de concepciones cosmopolitas de mercado, "uno de los puntos más importantes de ruptura teórica fue la
concepción del universo".7
"La misma geografía que utilizaron los actores sociales involucrados desplomó la teoría. Nuevos
sujetos históricos comenzaron a evidenciar las diferencias tanto teóricas como las mismas realidades", indica
Armand Mattelart. Las nuevas formas de ver el vínculo, no solamente desde una óptica internacional, sino más
enfocada hacia el otro, se dio en un contexto donde las rupturas teóricas perdieron un sentido unívoco, dando paso
a la libre circulación de conocimientos y
savoir faire en un marco donde las nuevas modalidades de la
regulación social instaló la ambivalencia como la principal figura de la evolución teórica contemporánea.
Colonización mental
Quiérase o no, la era de la industrialización y de la sociedad de la información ha llevado a la producción
de estados mentales: a la colonización mental. Ello nos conduce a reflexionar sobre la libertad y la
democracia. A largo plazo, los efectos de una intensificación de flujos culturales transnacionales podrían penetrar
irremediablemente a los pueblos periféricos, convirtiendo al planeta en un mundo "mestizo", amorfo a nivel
cultural. "La globalización de la cultura no es lo mismo que su homogeneización. Pero la globalización conlleva al
uso de una variedad de elementos de homogeneización (técnicas de publicidad, hegemonías de lenguage y de
todo tipo de modas) que son absorbidas en las economías políticas y culturales locales, como una especie de
diálogos heterogéneos de soberanía nacional, de libre comercio y de fundamentalismo en los que el Estado juega
un papel cada vez más delicado: demasiada apertura a los flujos globales, y el Estado-nación estaría
amenazado por posibles revueltas (el síndrome chino); muy poco, y el Estado saldría de la escena internacional, como
fue el caso de Birmania, Albania o Corea del
Norte".8
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Para poder reflexionar sobre los antecedentes y el futuro de la comunicación internacional es
indispensable ubicarla de la mano de la cultura, entendiendo a ésta como "la memoria colectiva que hace posible la
comunicación entre los miembros de una comunidad ubicada históricamente, creando entre la población un
sentido de unión que les permite adaptarse a un ambiente natural (economía) y que les da la capacidad de
argumentar racionalmente los valores implícitos en la forma de relaciones sociales". Estas son las tres dimensiones que
el filósofo Jürgen Habermas reúne bajo la trilogía: lenguaje, trabajo y poder.
Por otra parte, existe el riesgo de encerrarse en lo internacional, en lo local, en lo regional y en lo
nacional, subestimando así cualquier dimensión del otro y de lo otro. Ello explica por qué y cómo algunas
concepciones de lo internacional han facilitado a algunos gobiernos locales y nacionales una cómoda excusa para
despreocuparse de sus propias responsabilidades, es decir, para expatriarlas en nombre de una determinación
supranacional. La expulsión de la dimensión internacional para refugiarse en esquemas identitarios también corre
el riesgo de caer en fórmulas nacionalistas extremas de rechazo a lo extranjero. Son muchos los ejemplos
que se dieron tanto en el Este como en el Occidente durante la guerra fría.
En resumen, esta toma de conciencia sobre la necesidad de raíces históricas converge con la urgencia
de buscar un periodismo internacional que no sea un periodismo geopolítico especulativo de las potencias
económicas, desconectado de las realidades históricas nacionales; un periodismo equilibrado que no sólo hable
de los denominados efectos samba o tequila, de los desastres naturales o de las carencias de los países
latinoamericanos, africanos o asiáticos.
Si bien los medios viven de los
medios9 y las agencias noticiosas de las grandes potencias económicas,
y representan una especie de monopolio o cártel informativo, algunos países en desarrollo como México,
Brasil, Turquía, entre otros, se han dado cuenta de la necesidad de contar con información internacional pero
difundida a través de la visión de corresponsales de sus propios países.Por modesta que sea la red de estos
corresponsales alrededor del mundo comparada con las de las principales agencias noticiosas, esta presencia
representa un contrapoder que lleva a otro punto de vista de la realidad internacional bajo la óptica
histórica-política-cultural de sus connacionales.
En la práctica, la realidad, la objetividad, es extremadamente compleja. Un punto de vista es limitado,
sólo aborda un aspecto, un nivel de información. Contar con dos versiones de la misma realidad en la que ambas pueden tener una parte de razón debilita el monopolio de las ideas, de la colonización mental, otorgando
una parte del poder político económico y cultural a los Estados-naciones periféricos.