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Claudia Benassini Félix  El Gran Jurado


 Talk shows: ¿construcción o
 representación de la realidad?

 Claudia Benassini Félix


Desde hace ya varios meses los medios de comunicación, particularmente la prensa, han dedicado amplios espacios a discutir sobre la permanencia de los talk shows como parte de la oferta programática de las dos cadenas de televisión aérea más importantes del país: Televisa y Televisión Azteca.

Legisladores, asociaciones civiles y organismos internacionales como la Unicef1coinciden en que los contenidos de estos programas no son aptos para niños ­violando con ello la legislación correspondiente­, además de ser dañinos, de mal gusto, de promover el morbo y la violencia entre el público televidente. Asimismo, se les critica por ser una parodia, pues se ha comprobado que los panelistas participan en el programa mediante una gratificación económica, a cambio de la cual siguen un guión al pie de la letra, sobre todo cuando se les indica que se agredan física y/o verbalmente. En consecuencia, se solicita su cambio de horario, o bien su definitiva salida del aire.

Por su parte, las televisoras se defienden.2 Nadie obliga al público a ver esos programas y hay un amplio margen de audiencia que se interesa en los talk shows, que ofrecen entretenimiento además de haber alcanzado hasta 30 puntos de rating. No les interesa provocar pleitos frente a la pantalla, sino entretener y el hecho de que los panelistas cuenten historias que no han vivido no significa que se engañe al público, quien se da cuenta que estos programas son una mezcla de realidad y fantasía. Incluso, sea o no verdadera la narración, los participante asisten voluntariamente y dan parte de su tiempo; de aquí la retribución económica. Causan controversia porque la audiencia se confronta a sí misma y siempre hay quien rechaza la confrontación, además de satisfacer un gusto y una necesidad del público. Es más, las críticas parten del éxito de los talk shows y no importa que los cambien de horario, pues el sueño de todo productor es estar en un horario estelar.

Televisoras y sus detractores aluden específicamente a dos programas que compiten entre sí en el horario de las cuatro de la tarde: Cosas de la vida y Hasta en las mejores familias; de Televisa el primero y de TV Azteca el segundo (Hasta en la mejores familias se transmitió hasta el 17 de febrero. N. de R.). Ambos constituyen el foco de atención de ambos bandos, así como el centro de atención de críticas y defensas, las cuales son incompletas puesto que no consideran si los talk shows construyen la realidad y cuáles son las implicaciones de esta construcción en los televidentes, si es que las hay. Las siguientes páginas pretenden abordar la primera parte de esta omisión y reflexionar sobre la segunda. El supuesto que orienta estos objetivos es que el talk show se define simplemente como todo aquel programa cuyo ingrediente principal es la palabra y, por lo tanto, la construcción de la realidad a partir de sí misma, con ausencia total de la espectacularización que caracteriza al género llevado a sus últimas consecuencias.3

Caracterización del género

Los talk shows forman parte de lo que genéricamente se conoce como televerdad, cuyo objetivo es el rescate de la gente común para la televisión, primero a través de situaciones chuscas captadas por una cámara escondida. A finales de la década de los 60, las televisoras estadounidenses y europeas4 comenzaron a abordar temáticas hasta entonces sólo tratadas por los periódicos: abusos sexuales, marginación, maltrato a menores, aborto, drogas, etcétera. En forma dramatizada o por narración directa de los actores involucrados ­gente común­, y muchas veces sin guión de por medio, los televidentes comenzaron a atestiguar situaciones que hasta entonces se ventilaban en privado. En consecuencia, "la televisión comienza a ser consciente de su poder y del papel que puede jugar como mediador entre la realidad y un ciudadano cada vez más distanciado de las grandes instituciones. Y la televisión se hace noticiario de la realidad" (Alvarez Berciano, 1995: 18).

Foto: Daniela de la Mora
Por otra parte, a finales de la década de los 70 Baggaley y Duck (1978: 22 y ss) clasificaron los géneros televisivos a partir de las funciones más desarrolladas del medio: la información y el entretenimiento. Por ello, puede hablarse de entretenimiento como entretenimiento ­la ficción­, la información como información ­los noticiarios en su fórmula clásica­, el entretenimiento como información ­los concursos­ y la información como entretenimiento, donde puede ubicarse a la televerdad en sus diversas modalidades. Lorenzo Vilchez (1995: 3) añade que es una mezcla de géneros, caracterizada por una fuerte presencia de la información (búsqueda de mayor credibilidad); la narración oral como base de las historias que la gente lleva a la pantalla (más que realidad, contar una historia creíble); el acto de manipulación que comparten la televisión y el público; el acceso al medio por sectores socialmente excluidos a través de la tematización de la crisis y la carencia y, finalmente, la cuestión de la verdad, subyacente en los programas como garantía de credibilidad.

Asimismo, Vilchez profundiza en los efectos de la presencia de la verdad en los programas del género. "En este caso, la verdad se produce durante la historia que cuenta una persona en el programa. La verdad se produce por el ejercicio de la palabra y de la imagen a través de procedimientos por los cuales se afirma o se niega lo dicho. La verdad es una cuestión subjetiva, no hay mediador de la verdad porque no se delega. Esta es también una de las bases de los programas en directo, más brilla la verdad cuanto más simultánea se hace con la realidad. La verdad del reality show expone al sujeto a los efectos de lo real (declarar, buscar, delatar, exhibirse). Los protagonistas no profesionales del reality show juegan a la ofensiva y por ello mismo están sujetos, ellos y los directamente afectados por los acontecimientos, a los contragolpes del programa" (Vilchez, 1995: 5). En consecuencia, es importante desentrañar dos elementos medulares: la mediación del conductor y la manera como los protagonistas, en tanto actores, asumen una realidad, propia o ajena.

Hasta aquí la caracterización del género televerdad, que en la actualidad encuentra en los talk shows uno de sus productos más sobresalientes, pues han contribuido a espectacularizar la realidad. Al respecto, Lorenzo Vilchez (1995: 2) señala que "en el momento de la expansión y de la mercantilización de la televisión, las exigencias de recuperación inmediata de la inversión y la consiguiente competencia salvaje, ven en el reality show una estructura mediática favorable y una fórmula ya ensayada por las televisoras públicas. La historia cotidiana puede ser más espectacular que las costosas inversiones en (telenovelas) y todo ciudadano puede ser rey por una noche con tal de que sepa contar bien su historia. Por si fuera poco, las televisoras comerciales encuentran en estos programas-fórmulas una buena justificación del negocio como servicio a la sociedad".

Los talk shows espectaculares en la televisión mexicana

La espectacularización de la realidad es una idea donde confluyen la competencia por el público, la explotación de una fórmula exitosa y las consecuentes ganancias por comercialización. Uno de los primeros antecedentes en México fue Reina por un día, programa de concurso de los años 50 donde ganaba el caso más desgarrador. De ahí se pasó a Cosa juzgada, donde se dramatizaban casos de la vida real sin que el televidente tuviera intervención alguna. A partir de 1986, en Mujer: casos de la vida real ­idea retomada del programa argentino Mujer­ su productora y conductora Silvia Pinal representa casos aparentemente5 enviados por el público televidente. Con ello, el trabajo del guionista se reduce al de mero adaptador de los hechos seleccionados por su realismo, acompañados de consejos por parte de expertos, o por la conductora, los cuales supuestamente servirán para todos los que se encuentren en una situación similar. Estos programas, con sus variantes, constituyen ejemplos de televerdad.

Pero el talk show cuenta con una variante: pretende mostrar la realidad en voz de sus protagonistas. Los programas del género con el sello de la cultura latina irrumpieron en México a principios de la década de los 90, vía televisión por cable o antena parabólica, que permitieron a sus respectivos usuarios acceder a la señal de Univisión. Cristina Saralegui, su iniciadora, incursionó en el género recurriendo a la exitosa fórmula probada por Jeraldo y Oprah Winfrey en Estados Unidos. Posteriormente llegó al Canal 9 de Televisa, donde ha permanecido por varias temporadas, con algunos periodos vacacionales para sus televidentes. A su vez, el entonces recién privatizado Canal 13 transmitió con poco éxito los programas del género producidos por Telemundo para competir con El show de Cristina: Sevcec, El y ella y María Laria. Al menos en México, ninguno logró lo que Saralegui en materia de rating y aceptación por el televidente. Los tres salieron del aire y hace aproximadamente dos años Canal 9 incorporó Laura en América, producido por Telemundo, quien como sello distintivo mantiene un tono más agresivo frente a los temas que aborda. Es decir, más al estilo de Jerry Springer, quien incita a los ivitados a la agresión verbal y física.

México tardó en incursionar en los talk shows a la manera como Univisión y Telemundo lo habían hecho en EU. Tras intentos fallidos, en enero del año pasado Canal 13 inició las transmisiones de Cosas de la vida, conducido por Rocío Sánchez Azuara, y Momento de decisión con Verónica Velasco, producido por Argos. Entre uno y otro había diferencias de horario y formato. Mientras el primero se apegaba más a las características del género, el segundo optó por la dramatización de casos, con la variante de que el televidente y el público en el estudio podían votar "sí" o "no" a la pregunta que originaba el tema. La respuesta ganadora se transmitía como el final de la situación presentada. Momento de decisión tuvo corta vida por problemas de salud de la conductora, mientras que Cosas de la vida alcanzó rápidamente niveles de audiencia inesperados. Por ello, Televisa decidió incursionar en el género con Hasta en las mejores familias, que compitió en horario con Sánchez Azuara, por el que han transitado conductoras como Fernanda Familiar, Talina Fernández y Carmen Salinas.

Talk shows: la construcción de la realidad

Hablar de que la televisión construye la realidad no es nuevo. La literatura sobre los noticiarios es abundante y da cuenta de las diversas maneras como el medio jerarquiza la información en función tanto de políticas internas como de rutinas e intereses de diversa índole. Pero también los otros géneros televisivos construyen la realidad, apegándose para ello a sus propias leyes. Quizá con cierto optimismo, podría afirmarse que los noticieros lo hacen a partir de la realidad misma;6 en el otro extremo, la construcción de la realidad se efectúa a partir de la ficción como sería, por ejemplo, el caso de los relatos fantásticos. En medio de este continum se ubican los géneros que construyen la realidad mediante una combinación de la propia realidad y de la ficción; es decir, una y otra dosificadas en diversas proporciones. Aquí se sitúan ­entre otros­ el melodrama, la comedia y los talk shows.

Siguiendo las leyes tradicionales del género, los talk shows debieran construir la realidad a partir de la realidad misma, utilizando los criterios de selección ­en función del interés­, verificación de su autenticidad y, en su caso, seguimiento de la problemática para que el televidente conozca su desenlace. Pero este procedimiento se adoptaría ­como de hecho lo hace Canal 11­ si sus contenidos fueran formativos y/o de orientación, no de entretenimiento. En suma, haciendo a un lado la espectacularidad. En lugar de esta práctica primero se seleccionan títulos como "Me dijiste que eras virgen"; "El tamaño sí me importa"; "Me avergüenzo de mis padres"; "Yo mantengo a mi marido"; "Ahora me cumples"; "Hombre de día, mujer de noche"; "Soy menor de edad y mi mamá me obliga a trabajar", "¿Aceptarías a la nueva pareja de tu padre?", "Dejé a mi marido y a mis hijos por otro hombre", "Fui violada por mi padrastro". Acto seguido, el equipo de producción buscará panelistas que atraviesen por esta situación y estén dispuestos a exponerla frente a los televidentes. De no encontrarlos, recurrirá a polleros ubicados en diversas zonas ­sobre todo de la ciudad de México­ y reclutará voluntarios que estén dispuestos a ser tratados como estrellas por un día y que actuarán la temática de acuerdo con un guión. En ambos casos media una remuneración económica, normalmente menor a la ofrecida.7

Foto: Life
En consecuencia, a pesar de que en la primera modalidad ­los panelistas que asisten voluntariamente al estudio de televisión y numéricamente menor­ la realidad del programa debiera construirse a partir de sí misma, la ficción se impone de manera similar al segundo caso, cuando todo el talk show es actuado. En la medida en que dicha realidad debe someterse a las demandas de la televisión, pues debe tener una hora de duración ­incluidos los cortes­ es dramatizada e incluso ensayada previamente. En consecuencia, la problemática no se expondrá de manera exhaustiva; algo previsto por el equipo de producción, pero no por los panelistas. Asimismo, cuando la televisión se autolegitima a través del veredicto proporcionado por el jurado ­sean especialistas o gente común8­ siempre habrá parcialidad, puesto que el caso no se ha agotado. Y pretender que en cinco minutos se dará solución a un problema que no se ha enfrentado directamente, por lo que es necesario acudir al "gran jurado de la televisión", se antoja igualmente mañoso. No deja de ser sospechoso el hecho que cuando aparece el especialista "a cuadro" aparezcan también sus teléfonos, dirección electrónica e incluso página de Internet. En caso que el acontecimiento presentado sea verídico, los implicados siempre tendrán la posibilidad de recurrir a un especialista, siempre y cuando puedan costearlo.

Asimismo, en ambas modalidades de talk shows la ficción aparece en la realidad expuesta, basada en el establecimiento de una polaridad maniquea, que da lugar al juicio a priori. Desde el comienzo del programa, equipo de producción ­previsiblemente­, público asistente y televidentes toman partido por uno de los actores e inician el juego de la manipulación descrito por Vilchez. Pero también hay algo de ficticio en la realidad expuesta, la cual se caracteriza por la discrepancia y el recurso a la violencia verbal y/o física. En suma, los diálogos ­si los hay­ son asimétricos y previsibles, igual que los conatos de pleito deliberadamente propiciados por la parte antagónica del problema. Y la ficción también está presente en las llamadas casuales ­cuando el programa se transmite en vivo­ para verificar o anular los testimonios de los participantes, o bien cuando una cámara se oculta furtivamente en un pasillo y muestra el rostro incrédulo9 de un personaje que suplirá o complementará la llamada telefónica. En televisión todo está previsto y no hay lugar para la casualidad; en caso que el acontecimiento narrado sea real, el equipo de producción se anotará otro triunfo: la investigación fue todo un éxito. Y si es falso el crédito será para el guionista, que ha logrado mostrar todas las aristas de un hecho que bien podría ser tomado de la realidad.

En este sentido, sea real o ficticio el acontecimiento presentado, llama la atención la representación que llevan a cabo los sujetos implicados en el problema. En repetidas ocasiones los productores de ambos programas, particularmente Federico Wilkins, han argumentado que no se trata de actores, sino de gente común y corriente, como corresponde a la televerdad. Los parlamentos ­improvisados o ensayados­ suelen ser convincentes para el televidente, quien atribuirá el nerviosismo al pánico escénico que provoca estar frente a las cámaras de televisión, independientemente de que esté o no consciente de estar frente a la realidad o frente a la espectacularización de la misma. No en balde reciben una remuneración económica, además de ser actores por un día debidamente vestidos, maquillados y peinados para representar su papel; un punto adicional para la ficción. Nuevamente el talk show se atiene a las leyes de la televerdad y el participante queda invitado a regresar, siempre y cuando se le reclute de nuevo.

Finalmente, las conductoras también desempeñan su papel en este proceso de construcción de la realidad a través de la ficción. Las cámaras instaladas en el estudio las captan desde diversos ángulos, aunque el predilecto es el rostro muchas veces incrédulo y atónito, molesto sólo cuando la situación lo amerita y amable cuando se dirige al televidente. Sepan o no que los casos presentados son actuados,10 las conductoras median entre el público asistente ­que agrede al prejuzgado como antagónico­, las partes en conflicto, el jurado y el televidente. En suma, más que conducir su papel es legitimar la realidad espectacularizada vía el talk show no sólo mediante las actitudes captadas por las cámaras y el ejercicio de mediación cotidiana, también mediante la personalización. Aunque no han vivido "en carne propia" el acontecimiento presentado y representado han conocido casos similares; por eso comprenden las pasiones humanas, abrazan al protagónico y hasta permiten que llore en su hombro, mientras cuestionan la actitud del antagónico. Con ello contribuyen a la autolegitimación de la emisora, ¿quién puede dudar de la veracidad de la realidad presentada y representada?

¿Y el televidente?

Los talk shows construyen la realidad mediante la ficción y por vía de la espectacularización debidamente montada para su presentación y representación. Por lo tanto, no hay una construcción sino una representación. Esas son las reglas del género actualmente debatido en diversos foros y por diversos actores, aunque con otros argumentos. Tal como se indicó, la televerdad no es el único género que recurre a esta estrategia, pero sí el primero en solazarse con el ámbito más privado del ser humano: la presentación de su intimidad, la cual, verdadera o dramatizada, queda al descubierto del público asistente al estudio y de todo televidente que sintonice estos programas. A su vez, esta intimidad se reduce a un título lo suficientemente atractivo como para captar la atención del público, y a una hora de duración, incluidos comerciales, veredicto y consejos. Y esto es así independientemente de que los acontecimientos presentados sean verdaderos o falsos, puesto que el talk show apela a la realidad que cotidianamente representan a partir de la misma.

Federico Wilkins
Por otra parte, los argumentos en contra y en favor de los talk shows tienen un problema de origen. ¿Han tenido contacto con el público y conocen sus opiniones al respecto, o hablan por el público dando por sentadas sus conclusiones? Respecto de los primeros, ciertamente sus contenidos no son aptos para niños y violan la legislación correspondiente, pero no se han tomado medidas correctivas.11 Se les acusa de ser dañinos y de promover el morbo y la violencia entre el público televidente; una hipótesis a verificar, puesto que la literatura sobre recepción del medio no ha comprobado una relación unívoca entre violencia social y exposición a la televisión. Un análisis de sus contenidos muestra que son efectivamente violentos. ¿Así los ve el público? La teoría de los géneros, apoyada en el carácter pragmático de los mismos, muestra que no pueden separarse de coordenadas espacio-temporales, muestra la importancia de tomar en cuenta cómo se interpretan, en este caso, los talk shows (Castañares, 1995: 81). En consecuencia, es conveniente acercarse a las formas de apropiación de estos programas por parte del televidente; si coinciden en que son violentos e incitan al morbo, el argumento de los detractores se sustentará sólidamente. Pero si son apropiados desde otras lógicas, como el entretenimiento e incluso la orientación, además de ser vistos como una parodia, el mismo argumento se revierte en favor de las televisoras.12

Por su parte, los defensores de los talk shows, particularmente sus productores, hablan por el público a través del rating. Es decir, por el hecho de que el televisor esté sintonizado en su programa en el horario correspondiente. Se ha comprobado que ese dato es insuficiente, puesto que la atención del televidente no necesariamente está centrada en el contenido, sino que puede realizar diversas actividades y detenerse en momentos que considera "clave" por sus intereses. Un dato que también va para los detractores; de ahí que desde hace varios años las televisoras han realizado estudios cualitativos con las audiencias, que complementen las cifras del rating. También argumentan que les interesa ofrecer un entretenimiento que deja mucho qué decir, por los recursos utilizados para representar la realidad ­descritos en el apartado anterior­ y por dejar fuera de su discurso el hecho de que la banalización del género es producto de una competencia feroz por ganar audiencias que reditúa cuantiosos ingresos. Por último, argumentan que causan controversia porque la audiencia se confronta a sí misma y siempre hay quien rechaza la confrontación. Es decir, pretenden hablar por el público recurriendo a una justificación que suena contradictoria: ¿entretenimiento o confrontación?

Foto: Jorge Claro
No obstante, es indudable que los talk shows tienen un público y, en consecuencia, un éxito. Para lograrlo, la televisión ha modificado su forma de entender la comunicación. A las acusaciones por dirigirse a un destinatario pasivo y sin capacidad de reaccionar, ha respondido modificando el papel del televidente. "Mientras se siguen realizando intentos de ofrecer la comunicación interactiva a través de medios técnicos sofisticados, la televisión actual ha encontrado un procedimiento muy eficaz haciendo entender (...) que el telespectador pase del otro lado de la pantalla para convertirse en protagonista. A este reto el telespectador, en la mayoría de los casos nacido en la era de la televisión y muy competente en el lenguaje de la imagen, ha respondido como un auténtico profesional. De esta forma alcanza un reconocimiento que hasta ahora no había tenido en este medio: cualquiera puede acceder a un (estudio) sin necesidad de que para ello tenga que desempeñar el papel de comparsa" (Castañares, 1995: 85).

Finalmente, Federico Wilkins se equivoca cuando afirma que la realidad ha muerto víctima del realismo y de las guerras de interpretación, pues los críticos de los talk shows no han entendido que Hasta en las mejores familias "es una exaltación de la realidad". La realidad no ha muerto, porque no existe. La realidad se construye cotidianamente a partir de las condiciones particulares y sociales de los sujetos que la construyen. Es indudable que en este proceso participan los medios de comunicación y, en consecuencia, los programas del género, que también parten de sus condiciones particulares y sociales: una televisión que confunde libertad de expresión con libertinaje de expresión, que recurre a la trillada fórmula de "dar al público lo que quiere" y que, en suma, no respeta a su público.




Referencias bibliográficas

Rosa Alvarez Berciano, "La era americana del reality show: un territorio intermedio entre información y entretenimiento", en Telos, núm. 43, septiembre-noviembre de 1995, pp. 14-19.

Baggaley y Duck, Análisis del mensaje televisivo, Barcelona, Edit. Gustavo Gili, 1978.

Wenceslao Castañares, "Géneros realistas en televisión: los reality shows", en Cuadernos de Información y Comunicación, núm. 1, Madrid, Universidad Complutense, 1995, pp. 75-91.

Lorenzo Vilchez, "La televerdad: nuevas estrategias de mediación", en Telos, núm. 43, septiembre-noviembre de 1995, pp. 1-7.

Federico Wilkins, "La realidad ha muerto", en Reforma, 3 de junio, 2000.




Notas

1 Los argumentos al respecto son declaraciones hechas a los medios por integrantes de la Cámara de Diputados, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, la Unión Nacional de Padres de Familia y Unicef.

2 Los argumentos en este sentido son pronunciamientos de Roberto Romagnoli a la prensa ­Cosas de la vida­, Federico Wilkins ­Hasta en las mejores familias­ y Alberto Ciurana, vicepresidente de Producción de Televisa.

3 Por lo tanto, queda fuera del análisis la barra programática de Canal 11, un talk show con otras características.

4 En Europa el fenómeno coincide con el proceso de transformación de los sistemas televisivos de régimen público a mixto, con lo que gradualmente se da entrada al entretenimiento y a la publicidad. Previo a este momento, la televisión recurrió a esta fórmula más como un servicio de orientación a las audiencias. En consecuencia, se trataba de una fórmula probada que tuvo éxito para los fines para los que fue concebida.

5 En más de una ocasión, Silvia Pinal ha presentado a los protagonistas de los acontecimientos que da a conocer, independientemente de que se hayan resuelto de manera favorable. Sin embargo, puede suceder que dichos sucesos se entrelacen con otros ficticios, producto de la mente del guionista.

6 Aunque sería tema de otra reflexión, cabe mencionar que algunos noticiarios de la televisión mexicana han sido acusados de presentar noticias actuadas tanto para aumentar el rating como para desprestigiar a funcionarios públicos. En ese sentido, la construcción de la realidad sería igualmente a partir de la realidad misma, puesto que se recrean acontecimientos cotidianos. El problema, con sus implicaciones éticas y profesionales, radica en que se presentan como realidad y no como una representación de la misma.

7 Panelistas entrevistados por diversos medios escritos ­como Reforma­ afirman haber negociado cantidades que oscilan entre los 500 y 600 pesos y recibir la mitad del pago. Sin embargo, aseguran que volverían a participar en estos programas si el monto fuera mayor al recibido.

8 Mientras en Cosas de la vida la opinión es emitida por uno o varios especialistas, en Hasta en las mejores familias el "jurado" se caracterizó por su extravagancia ­trasvestis­ o por sus limitaciones físicas. Según el productor Federico Wilkins, esta composición permite que el público esté consciente que no está frente a la realidad, sino frente a una representación de la misma.

9 Por cierto, un recurso utilizado previa y exitosamente por Laura en América, quien también es acusada de recurrir al reclutamiento de panelistas para su programa.

10 En repetidas ocasiones, Rocío Sánchez Azuara ha manifestado que los casos que presenta son reales, igual que sus panelistas. Esto no parece importar mucho a conductoras de la competencia como Carmen Salinas, quien incluso se ha negado a polemizar al respecto.

11 El 19 de julio del año pasado Dionisio Pérez Jácome, entonces subsecretario de Gobernación, anunció que los talk shows se transmitirían a partir de las diez de la noche, por no ser aptos para el horario vespertino, así como por la polémica que han suscitado, tanto por el alto contenido de violencia como por los temas abordados. El funcionario enfatizó que la preocupación de la Secretaría de Gobernación eran los niños. Dos semanas más tarde Diódoro Carrasco Altamirano, entonces titular de la dependencia, retomó los mismos argumentos. Sin embargo, ninguno precisó la fecha del cambio. Más recientemente, el domingo 11 de febrero, el Senado de la República publicó una inserción en los principales diarios del país, donde solicita "la aplicación puntual de las normas jurídicas (...) que estos programas ­los talk shows­ sean inmediatamente reubicados en horario nocturno como lo dispone la ley (y que) se generen las políticas necesarias encaminadas a dar cumplimiento a la legislación".

12 Aunque no se ha hecho una investigación al respecto, hay un antecedente. Un sondeo realizado en 1996 entre televidentes de los programas Fuera de la ley y Ciudad desnuda, considerados también como violentos y morbosos, mostró que no los veían de esa manera, además de que les permitían estar "bien informados".



Claudia Benassini Félix es profesora e investigadora del Departamento de Comunicación en la Universidad Iberoamericana Santa Fe.
Correo: claudia.benassini@uia.mx

Este trabajo forma parte de uno más extenso que la autora ha realizado sobre el tema y que ha aparecido en diversas publicaciones.

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