Talk shows: ¿construcción o
representación de la realidad?
Claudia Benassini Félix
Desde hace ya varios meses los medios de comunicación, particularmente la prensa, han dedicado
amplios espacios a discutir sobre la permanencia de los
talk shows como parte de la oferta programática de las dos cadenas de televisión aérea más importantes del país: Televisa y Televisión Azteca.
Legisladores, asociaciones civiles y organismos internacionales como la
Unicef1coinciden en que los contenidos de estos programas no son aptos para niños violando con ello la legislación correspondiente, además de
ser dañinos, de mal gusto, de promover el morbo y la violencia entre el público televidente. Asimismo, se les critica
por ser una parodia, pues se ha comprobado que los panelistas participan en el programa mediante una
gratificación económica, a cambio de la cual siguen un guión al pie de la letra, sobre todo cuando se les indica que se
agredan física y/o verbalmente. En consecuencia, se solicita su cambio de horario, o bien su definitiva salida del aire.
Por su parte, las televisoras se
defienden.2 Nadie obliga al público a ver esos programas y hay un amplio
margen de audiencia que se interesa en los talk
shows, que ofrecen entretenimiento además de haber alcanzado hasta
30 puntos de rating. No les interesa provocar pleitos frente a la pantalla, sino entretener y el hecho de que los
panelistas cuenten historias que no han vivido no significa que se engañe al público, quien se da cuenta que estos programas son una mezcla de realidad y fantasía. Incluso, sea o no verdadera la narración, los participante
asisten voluntariamente y dan parte de su tiempo; de aquí la retribución económica. Causan controversia porque
la audiencia se confronta a sí misma y siempre hay quien rechaza la confrontación, además de satisfacer un gusto
y una necesidad del público. Es más, las críticas parten del éxito de los
talk shows y no importa que los cambien de horario, pues el sueño de todo productor es estar en un horario estelar.
Televisoras y sus detractores aluden específicamente a dos programas que compiten entre sí en el horario de
las cuatro de la tarde: Cosas de la vida y
Hasta en las mejores familias; de Televisa el primero y de TV Azteca el
segundo (Hasta en la mejores familias se transmitió hasta el 17 de febrero. N. de R.). Ambos constituyen el foco de
atención de ambos bandos, así como el centro de atención de críticas y defensas, las cuales son incompletas puesto que
no consideran si los talk shows construyen la realidad y cuáles son las implicaciones de esta construcción en
los televidentes, si es que las hay. Las siguientes páginas pretenden abordar la primera parte de esta omisión y
reflexionar sobre la segunda. El supuesto que orienta estos objetivos es que el
talk show se define simplemente como todo aquel programa cuyo ingrediente principal es la palabra y, por lo tanto, la construcción de la realidad a partir de
sí misma, con ausencia total de la espectacularización que caracteriza al género llevado a sus últimas
consecuencias.3
Caracterización del género
Los talk shows forman parte de lo que genéricamente se conoce como
televerdad, cuyo objetivo es el rescate de la gente común para la televisión, primero a través de situaciones chuscas captadas por una cámara escondida. A finales de la década de los 60, las televisoras estadounidenses y
europeas4 comenzaron a abordar temáticas hasta entonces sólo tratadas por los periódicos: abusos sexuales, marginación, maltrato a
menores, aborto, drogas, etcétera. En forma dramatizada o por narración directa de los actores involucrados gente
común, y muchas veces sin guión de por medio, los televidentes comenzaron a atestiguar situaciones que hasta
entonces se ventilaban en privado. En consecuencia, "la televisión comienza a ser consciente de su poder y del papel
que puede jugar como mediador entre la realidad y un ciudadano cada vez más distanciado de las grandes
instituciones. Y la televisión se hace noticiario de la realidad" (Alvarez Berciano, 1995: 18).
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Foto: Daniela de la Mora |
Por otra parte, a finales de la década de los 70 Baggaley y Duck (1978: 22 y ss) clasificaron los géneros
televisivos a partir de las funciones más desarrolladas del medio: la información y el entretenimiento. Por ello, puede
hablarse de entretenimiento como entretenimiento la ficción, la información como información los noticiarios en
su fórmula clásica, el entretenimiento como información los concursos y la información como
entretenimiento, donde puede ubicarse a la
televerdad
en sus diversas modalidades. Lorenzo Vilchez (1995: 3) añade que es
una mezcla de géneros, caracterizada por una fuerte presencia de la
información (búsqueda de mayor credibilidad);
la
narración oral como base de las historias que la gente lleva a la pantalla (más que realidad, contar una
historia creíble); el acto de
manipulación que comparten la televisión y el público; el acceso al medio por sectores
socialmente excluidos a través de la tematización de la crisis y la carencia y, finalmente, la cuestión de la verdad, subyacente
en los programas como garantía de credibilidad.
Asimismo, Vilchez profundiza en los efectos de la presencia de la verdad en los programas del género. "En
este caso, la verdad se produce durante la historia que cuenta una persona en el programa. La verdad se produce
por el ejercicio de la palabra y de la imagen a través de procedimientos por los cuales se afirma o se niega lo dicho.
La verdad es una cuestión subjetiva, no hay mediador de la verdad porque no se delega. Esta es también una de
las bases de los programas en directo, más brilla la verdad cuanto más simultánea se hace con la realidad. La
verdad del reality show expone al sujeto a los efectos de lo real (declarar, buscar, delatar, exhibirse). Los protagonistas
no profesionales del reality show juegan a la ofensiva y por ello mismo están sujetos, ellos y los directamente
afectados por los acontecimientos, a los contragolpes del programa" (Vilchez, 1995: 5). En consecuencia, es importante desentrañar dos elementos medulares: la mediación del conductor y la manera como los protagonistas, en
tanto actores, asumen una realidad, propia o ajena.
Hasta aquí la caracterización del género
televerdad, que en la actualidad encuentra en los
talk shows uno de sus productos más sobresalientes, pues han contribuido a espectacularizar la realidad. Al respecto, Lorenzo
Vilchez (1995: 2) señala que "en el momento de la expansión y de la mercantilización de la televisión, las exigencias
de recuperación inmediata de la inversión y la consiguiente competencia salvaje, ven en el
reality show una estructura mediática favorable y una fórmula ya ensayada por las televisoras públicas. La historia cotidiana puede ser
más espectacular que las costosas inversiones en (telenovelas) y todo ciudadano puede ser rey por una noche con tal
de que sepa contar bien su historia. Por si fuera poco, las televisoras comerciales encuentran en estos
programas-fórmulas una buena justificación del negocio como servicio a la sociedad".
Los talk shows espectaculares en la televisión mexicana
La espectacularización de la realidad es una idea donde confluyen la competencia por el público, la
explotación de una fórmula exitosa y las consecuentes ganancias por comercialización. Uno de los primeros antecedentes
en México fue Reina por un
día, programa de concurso de los años 50 donde ganaba el caso más desgarrador. De
ahí se pasó a Cosa juzgada, donde se dramatizaban casos de la vida real sin que el televidente tuviera
intervención alguna. A partir de 1986, en
Mujer: casos de la vida real idea retomada del programa argentino
Mujer su productora y conductora Silvia Pinal representa casos
aparentemente5 enviados por el público televidente. Con
ello, el trabajo del guionista se reduce al de mero adaptador de los hechos seleccionados por su
realismo, acompañados de consejos por parte de expertos, o por la conductora, los cuales supuestamente servirán para todos los que
se encuentren en una situación similar. Estos programas, con sus variantes, constituyen ejemplos de
televerdad.
Pero el talk show cuenta con una variante: pretende mostrar la realidad en voz de sus protagonistas.
Los programas del género con el sello de la cultura
latina irrumpieron en México a principios de la década de los
90, vía televisión por cable o antena parabólica, que permitieron a sus respectivos usuarios acceder a la señal
de Univisión. Cristina Saralegui, su iniciadora, incursionó en el género recurriendo a la exitosa fórmula probada
por Jeraldo y Oprah Winfrey en Estados Unidos. Posteriormente llegó al Canal 9 de Televisa, donde ha permanecido
por varias temporadas, con algunos periodos vacacionales para sus televidentes. A su vez, el entonces recién
privatizado Canal 13 transmitió con poco éxito los programas del género producidos por Telemundo para competir con
El show de Cristina: Sevcec, El y
ella y María Laria. Al menos en México, ninguno logró lo que Saralegui en materia de
rating y aceptación por el televidente. Los tres salieron del aire y hace aproximadamente dos años Canal 9 incorporó
Laura en América, producido por Telemundo, quien como sello distintivo mantiene un tono más agresivo frente a
los temas que aborda. Es decir, más al estilo de Jerry Springer, quien incita a los ivitados a la agresión verbal y física.
México tardó en incursionar en los
talk shows a la manera como Univisión y Telemundo lo habían hecho en
EU. Tras intentos fallidos, en enero del año pasado Canal 13 inició las transmisiones de
Cosas de la vida, conducido por Rocío Sánchez Azuara, y
Momento de decisión con Verónica Velasco, producido por Argos. Entre uno y otro
había diferencias de horario y formato. Mientras el primero se apegaba más a las características del género, el
segundo optó por la dramatización de casos, con la variante de que el televidente y el público en el estudio podían
votar "sí" o "no" a la pregunta que originaba el tema. La respuesta ganadora se transmitía como el final de la
situación presentada. Momento de
decisión tuvo corta vida por problemas de salud de la conductora, mientras que
Cosas de la vida alcanzó rápidamente niveles de audiencia inesperados. Por ello, Televisa decidió incursionar en el género
con Hasta en las mejores familias, que compitió en horario con Sánchez Azuara, por el que han transitado
conductoras como Fernanda Familiar, Talina Fernández y Carmen Salinas.
Talk shows: la construcción de la realidad
Hablar de que la televisión construye la realidad no es nuevo. La literatura sobre los noticiarios es abundante
y da cuenta de las diversas maneras como el medio jerarquiza la información en función tanto de políticas
internas como de rutinas e intereses de diversa índole. Pero también los otros géneros televisivos construyen la
realidad, apegándose para ello a sus propias leyes. Quizá con cierto optimismo, podría afirmarse que los noticieros lo
hacen a partir de la realidad misma;
6 en el otro extremo, la construcción de la realidad se efectúa a partir de la ficción
como sería, por ejemplo, el caso de los relatos fantásticos. En medio de este
continum se ubican los géneros que
construyen la realidad mediante una combinación de la propia realidad y de la ficción; es decir, una y otra
dosificadas en diversas proporciones. Aquí se sitúan entre otros el melodrama, la comedia y los
talk shows.
Siguiendo las leyes tradicionales del género, los
talk shows debieran construir la realidad a partir de la
realidad misma, utilizando los criterios de selección en función del interés, verificación de su autenticidad y, en su
caso, seguimiento de la problemática para que el televidente conozca su desenlace. Pero este procedimiento se
adoptaría como de hecho lo hace Canal 11 si sus contenidos fueran formativos y/o de orientación, no de
entretenimiento. En suma, haciendo a un lado la espectacularidad. En lugar de esta práctica primero se seleccionan títulos como
"Me dijiste que eras virgen"; "El tamaño sí me importa"; "Me avergüenzo de mis padres"; "Yo mantengo a mi
marido"; "Ahora me cumples"; "Hombre de día, mujer de noche"; "Soy menor de edad y mi mamá me obliga a
trabajar", "¿Aceptarías a la nueva pareja de tu padre?", "Dejé a mi marido y a mis hijos por otro hombre", "Fui violada por mi padrastro". Acto seguido, el equipo de producción buscará panelistas que atraviesen por esta situación y
estén dispuestos a exponerla frente a los televidentes. De no encontrarlos, recurrirá a
polleros ubicados en diversas zonas sobre todo de la ciudad de México y reclutará voluntarios que estén dispuestos a ser tratados como estrellas
por un día y que actuarán la temática de acuerdo con un guión. En ambos casos media una remuneración
económica, normalmente menor a la
ofrecida.7
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Foto: Life |
En consecuencia, a pesar de que en la primera modalidad los panelistas que asisten voluntariamente al
estudio de televisión y numéricamente menor la realidad del programa debiera construirse a partir de sí misma, la
ficción se impone de manera similar al segundo caso, cuando todo el
talk show es actuado. En la medida en que
dicha realidad debe someterse a las demandas de la televisión, pues
debe tener una hora de duración incluidos los
cortes es dramatizada e incluso ensayada previamente. En consecuencia, la problemática no se expondrá de
manera exhaustiva; algo previsto por el equipo de producción, pero no por los panelistas. Asimismo, cuando la
televisión se autolegitima a través del veredicto proporcionado por el jurado sean especialistas o gente
común
8 siempre habrá parcialidad, puesto que el caso no se ha agotado. Y pretender que en cinco minutos se dará solución a
un problema que no se ha enfrentado directamente, por lo que es necesario acudir al "gran jurado de la
televisión", se antoja igualmente mañoso. No deja de ser sospechoso el hecho que cuando aparece el especialista "a
cuadro" aparezcan también sus teléfonos, dirección electrónica e incluso página de Internet. En caso que el
acontecimiento presentado sea verídico, los implicados siempre tendrán la posibilidad de recurrir a un especialista, siempre y
cuando puedan costearlo.
Asimismo, en ambas modalidades de
talk shows la ficción aparece en la realidad expuesta, basada en el
establecimiento de una polaridad maniquea, que da lugar al juicio
a priori. Desde el comienzo del programa, equipo
de producción previsiblemente, público asistente y televidentes toman partido por uno de los actores e inician
el juego de la manipulación descrito por Vilchez. Pero también hay algo de ficticio en la realidad expuesta, la cual
se caracteriza por la discrepancia y el recurso a la violencia verbal y/o física. En suma, los diálogos si los hay
son asimétricos y previsibles, igual que los conatos de pleito deliberadamente propiciados por la parte antagónica
del problema. Y la ficción también está presente en las llamadas casuales cuando el programa se transmite en
vivo para verificar o anular los testimonios de los participantes, o bien cuando una cámara se oculta furtivamente en
un pasillo y muestra el rostro
incrédulo9 de un personaje que suplirá o complementará la llamada telefónica.
En televisión todo está previsto y no hay lugar para la casualidad; en caso que el acontecimiento narrado sea real,
el equipo de producción se anotará otro triunfo: la investigación fue todo un éxito. Y si es falso el crédito será
para el guionista, que ha logrado mostrar todas las aristas de un hecho que bien podría ser tomado de la realidad.
En este sentido, sea real o ficticio el acontecimiento presentado, llama la atención la representación que
llevan a cabo los sujetos implicados en el problema. En repetidas ocasiones los productores de ambos programas,
particularmente Federico Wilkins, han argumentado que no se trata de actores, sino de gente común y corriente,
como corresponde a la televerdad. Los parlamentos improvisados o ensayados suelen ser convincentes para el
televidente, quien atribuirá el nerviosismo al pánico escénico que provoca estar frente a las cámaras de televisión,
independientemente de que esté o no consciente de estar frente a la realidad o frente a la espectacularización de
la misma. No en balde reciben una remuneración económica, además de ser actores por un día debidamente
vestidos, maquillados y peinados para representar su papel; un punto adicional para la ficción. Nuevamente el
talk show se atiene a las leyes de la televerdad
y el participante queda invitado a regresar, siempre y cuando se le reclute de nuevo.
Finalmente, las conductoras también desempeñan su papel en este proceso de construcción de la realidad a
través de la ficción. Las cámaras instaladas en el estudio las captan desde diversos ángulos, aunque el predilecto es el
rostro muchas veces incrédulo y atónito, molesto sólo cuando la situación lo amerita y amable cuando se dirige
al televidente. Sepan o no que los casos presentados son
actuados,10 las conductoras median entre el público asistente que agrede al prejuzgado como antagónico, las partes en conflicto, el jurado y el televidente. En suma, más
que conducir su papel es legitimar la realidad espectacularizada vía el
talk show no sólo mediante las actitudes
captadas por las cámaras y el ejercicio de mediación cotidiana, también mediante la personalización. Aunque no han
vivido "en carne propia" el acontecimiento presentado y representado han conocido casos similares; por eso
comprenden las pasiones humanas, abrazan al protagónico y hasta permiten que llore en su hombro, mientras cuestionan
la actitud del antagónico. Con ello contribuyen a la autolegitimación de la emisora, ¿quién puede dudar de la
veracidad de la realidad presentada y representada?
¿Y el televidente?
Los talk shows construyen la realidad mediante la ficción y por vía de la espectacularización
debidamente montada para su presentación y representación. Por lo tanto,
no hay una construcción sino una
representación. Esas son las reglas del género actualmente debatido en diversos foros y por diversos actores, aunque con otros
argumentos. Tal como se indicó, la
televerdad no es el único género que recurre a esta estrategia, pero sí el primero
en solazarse con el ámbito más privado del ser humano: la presentación de su intimidad, la cual, verdadera o
dramatizada, queda al descubierto del público asistente al estudio y de todo televidente que sintonice estos
programas. A su vez, esta intimidad se reduce a un título lo suficientemente atractivo como para captar la atención del
público, y a una hora de duración, incluidos comerciales, veredicto y consejos. Y esto es así independientemente de que los acontecimientos presentados sean verdaderos o falsos, puesto que el
talk show apela a la realidad que
cotidianamente representan a partir de la misma.
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Federico Wilkins |
Por otra parte, los argumentos en contra y en favor de los
talk shows tienen un problema de origen. ¿Han
tenido contacto con el público y conocen sus opiniones al respecto, o hablan
por el público dando por sentadas
sus conclusiones? Respecto de los primeros, ciertamente sus contenidos no son aptos para niños y violan la
legislación correspondiente, pero no se han tomado medidas
correctivas.
11 Se les acusa de ser dañinos y de promover el
morbo y la violencia entre el público televidente; una hipótesis a verificar, puesto que la literatura sobre recepción del
medio no ha comprobado una relación unívoca entre violencia social y exposición a la televisión. Un análisis de
sus contenidos muestra que son efectivamente violentos. ¿Así los ve el público? La teoría de los géneros, apoyada
en el carácter pragmático de los mismos, muestra que no pueden separarse de coordenadas
espacio-temporales, muestra la importancia de tomar en cuenta cómo se interpretan, en este caso, los
talk shows (Castañares, 1995: 81). En consecuencia, es conveniente acercarse a las formas de apropiación de estos programas por parte
del televidente; si coinciden en que son violentos e incitan al morbo, el argumento de los detractores se
sustentará sólidamente. Pero si son apropiados desde otras lógicas, como el entretenimiento e incluso la orientación,
además de ser vistos como una parodia, el mismo argumento se revierte en favor de las
televisoras.
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Por su parte, los defensores de los
talk shows, particularmente sus productores, hablan
por el público a través del
rating. Es decir, por el hecho de que el televisor esté sintonizado en su programa en el horario
correspondiente. Se ha comprobado que ese dato es insuficiente, puesto que la atención del televidente no necesariamente
está centrada en el contenido, sino que puede realizar diversas actividades y detenerse en momentos que
considera "clave" por sus intereses. Un dato que también va para los detractores; de ahí que desde hace varios años
las televisoras han realizado estudios cualitativos con las audiencias, que complementen las cifras del
rating. También argumentan que les interesa ofrecer un entretenimiento que deja mucho qué decir, por los recursos utilizados
para representar la realidad descritos en el apartado anterior y por dejar fuera de su discurso el hecho de que
la banalización del género es producto de una competencia feroz por ganar audiencias que reditúa
cuantiosos ingresos. Por último, argumentan que causan controversia porque la audiencia se confronta a sí misma y
siempre hay quien rechaza la confrontación. Es decir, pretenden hablar por el público recurriendo a una justificación
que suena contradictoria: ¿entretenimiento o confrontación?
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Foto: Jorge Claro |
No obstante, es indudable que los
talk shows tienen un público y, en consecuencia, un éxito. Para lograrlo,
la televisión ha modificado su forma de entender la comunicación. A las acusaciones por dirigirse a un
destinatario pasivo y sin capacidad de reaccionar, ha respondido modificando el papel del televidente. "Mientras se
siguen realizando intentos de ofrecer la comunicación interactiva a través de medios técnicos sofisticados, la
televisión actual ha encontrado un procedimiento muy eficaz haciendo entender (...) que el telespectador pase del otro
lado de la pantalla para convertirse en protagonista. A este reto el telespectador, en la mayoría de los casos nacido
en la era de la televisión y muy competente en el lenguaje de la imagen, ha respondido como un auténtico
profesional. De esta forma alcanza un reconocimiento que hasta ahora no había tenido en este medio: cualquiera puede
acceder a un (estudio) sin necesidad de que para ello tenga que desempeñar el papel de comparsa" (Castañares, 1995: 85).
Finalmente, Federico Wilkins se equivoca cuando afirma que la realidad ha muerto víctima del realismo y de
las guerras de interpretación, pues los críticos de los
talk shows no han entendido que Hasta en las mejores
familias "es una exaltación de la realidad". La realidad no ha muerto, porque no existe. La realidad se construye
cotidianamente a partir de las condiciones particulares y sociales de los sujetos que la construyen. Es indudable que en este proceso participan los medios de comunicación y, en consecuencia, los programas del género, que también parten de
sus condiciones particulares y sociales: una televisión que confunde libertad de expresión con libertinaje de
expresión, que recurre a la trillada fórmula de "dar al público lo que quiere" y que, en suma, no respeta a su público.
Referencias bibliográficas
Rosa Alvarez Berciano, "La era americana del
reality show: un territorio intermedio entre información y
entretenimiento", en Telos, núm. 43, septiembre-noviembre de 1995, pp. 14-19.
Baggaley y Duck, Análisis del mensaje
televisivo, Barcelona, Edit. Gustavo Gili, 1978.
Wenceslao Castañares, "Géneros realistas en televisión: los
reality shows", en Cuadernos de Información
y Comunicación, núm. 1, Madrid, Universidad Complutense, 1995, pp. 75-91.
Lorenzo Vilchez, "La televerdad: nuevas estrategias de mediación", en
Telos, núm. 43,
septiembre-noviembre de 1995, pp. 1-7.
Federico Wilkins, "La realidad ha muerto", en
Reforma, 3 de junio, 2000.
Notas
1 Los argumentos al respecto son declaraciones hechas a los medios por integrantes de la Cámara de
Diputados, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, la Unión Nacional de Padres de Familia y Unicef.
2 Los argumentos en este sentido son pronunciamientos de Roberto Romagnoli a la prensa
Cosas de la vida, Federico Wilkins
Hasta en las mejores familias y Alberto Ciurana, vicepresidente de Producción de Televisa.
3 Por lo tanto, queda fuera del análisis la barra programática de Canal 11, un
talk show con otras características.
4 En Europa el fenómeno coincide con el proceso de transformación de los sistemas televisivos de régimen
público a mixto, con lo que gradualmente se da entrada al entretenimiento y a la publicidad. Previo a este momento, la televisión recurrió a esta fórmula más como un servicio de orientación a las audiencias. En consecuencia, se trataba de una fórmula probada que tuvo éxito para los fines para los que fue concebida.
5 En más de una ocasión, Silvia Pinal ha presentado a los protagonistas de los acontecimientos que da a
conocer, independientemente de que se hayan resuelto de manera favorable. Sin embargo, puede suceder que
dichos sucesos se entrelacen con otros ficticios, producto de la mente del guionista.
6 Aunque sería tema de otra reflexión, cabe mencionar que algunos noticiarios de la televisión mexicana han
sido acusados de presentar noticias actuadas tanto para aumentar el
rating como para desprestigiar a
funcionarios públicos. En ese sentido, la construcción de la realidad sería igualmente a partir de la realidad misma, puesto
que se recrean acontecimientos cotidianos. El problema, con sus implicaciones éticas y profesionales, radica en que
se presentan como realidad y no como una representación de la misma.
7 Panelistas entrevistados por diversos medios escritos como
Reforma afirman haber negociado cantidades
que oscilan entre los 500 y 600 pesos y recibir la mitad del pago. Sin embargo, aseguran que volverían a participar
en estos programas si el monto fuera mayor al recibido.
8 Mientras en Cosas de la
vida la opinión es emitida por uno o varios especialistas, en
Hasta en las mejores familias el "jurado" se caracterizó por su extravagancia trasvestis o por sus limitaciones físicas. Según el
productor Federico Wilkins, esta composición permite que el público esté consciente que no está frente a la realidad,
sino frente a una representación de la misma.
9 Por cierto, un recurso utilizado previa y exitosamente por
Laura en América, quien también es acusada de
recurrir al reclutamiento de panelistas para su programa.
10 En repetidas ocasiones, Rocío Sánchez Azuara ha manifestado que los casos que presenta son reales, igual
que sus panelistas. Esto no parece importar mucho a conductoras de la competencia como Carmen Salinas, quien
incluso se ha negado a polemizar al respecto.
11 El 19 de julio del año pasado Dionisio Pérez Jácome, entonces subsecretario de Gobernación, anunció que
los talk shows se transmitirían a partir de las diez de la noche, por no ser aptos para el horario vespertino, así como
por la polémica que han suscitado, tanto por el alto contenido de violencia como por los temas abordados. El
funcionario enfatizó que la preocupación de la Secretaría de Gobernación eran los niños. Dos semanas más tarde
Diódoro Carrasco Altamirano, entonces titular de la dependencia, retomó los mismos argumentos. Sin embargo,
ninguno precisó la fecha del cambio. Más recientemente, el domingo 11 de febrero, el Senado de la República publicó
una inserción en los principales diarios del país, donde solicita "la aplicación puntual de las normas jurídicas (...) que
estos programas los talk shows sean inmediatamente reubicados en horario nocturno como lo dispone la ley (y
que) se generen las políticas necesarias encaminadas a dar cumplimiento a la legislación".
12 Aunque no se ha hecho una investigación al respecto, hay un antecedente. Un sondeo realizado en 1996
entre televidentes de los programas Fuera de la ley
y Ciudad desnuda, considerados también como violentos y
morbosos, mostró que no los veían de esa manera, además de que les permitían estar "bien informados".