El cine de horror es arte, industria, reflejo de culturas y contextos históricos, pasiones. También es vínculo
y espejo de emociones individuales que se anidan en espectadores a partir de cintas que proyectan sus
angustias íntimas.
Es difícil analizar este tipo de cine sólo a partir de una revisión de su filmografía, o desde una
metodología académica específica. Una forma de aproximarse a sus misterios y entender su aporte es a través de las miradas
de quienes lo conocen bien, de apasionados que lo discuten, que lo respetan, que se encontraron con él a temprana
edad y no olvidan su relación con los horrores que cada cinta admirada dejó en su mente.
Los apasionados de este género cinematográfico excluido de la seriedad e ignorado por los guiones
contemporáneos en México, esperan que se levante de la tumba.
Cinco de esos personajes que igual que espectadores discretos y seguidores añejos de este universo tétrico que
los tomó por sorpresa desde niños, son también profesionales ligados de alguna manera al cine de horror en México,
se reunieron para una charla de amigos que ahora se publica.
"No había mejor oportunidad para hablar de esto que en la noche. Sé que cada uno de ustedes tiene una
historia personal que los vincula, que los acerca al cine de horror", les digo, y entonces iniciamos.
Encuentros
Saúl Rosas Rodríguez es autor del libro
El cine de horror en México, donde analiza lo mejor del género según la
base teórica de Gerald Lenne, luego de un recorrido por sus expresiones mundiales.
En su análisis ubica a Carlos Enrique Taboada como creador de una de las mejores películas de horror en
nuestro país (Hasta el viento tiene
miedo) a partir de la propuesta de Lenne, pero no incluye
Más negro que la noche o Veneno para las hadas
del mismo director, ésa es una de las razones por las que lo invito a intercambiar
opiniones junto con otros cuatro apasionados del género. El propósito, conocer el horror del cine mexicano en las listas
de Alberto Alvarado, especialista en análisis fílmico y literatura fantástica; Alfredo García, caracterizador y artista
de los efectos especiales, y José Carriedo, actor que comparte la fascinación por cada personaje de ese mundo
de sombras y miedos que siempre enfrentó con su hermano periodista sin éxito.
Los cinco llegamos puntuales a la cita que inicia cerca de las 11 de la noche. No podría ser en otro horario,
había que celebrarla poco antes de las brujas que llegan a las 12, según cuentan.
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Frankenstein, 1931 |
Se prepara el nivel de los micrófonos que registrarán sus opiniones en una cabina del Centro de Capacitación
en Radio y Televisión para cronistas deportivos y comunicadores donde Alberto es director académico. Alfredo
tira accidentalmente un café y Saúl estalla en risa pretendiendo olvidar que el inmueble que nos alberga tiene un
largo pasillo oscuro que roba en ecos alguna de esas carcajadas mientras invita a buscar una taza de repuesto. Pero
nadie acude a esa otra cita, mejor comenzar la charla en la solitaria escuela que arriesgarse a las profundidades del
negro pasillo. Para qué forzar algún escalofrío.
Todos coinciden en otro encuentro. Conocieron el amor por el cine de horror muchos años atrás, cuando
provocó o acompañó sus primeros y más grandes temores de la infancia.
Rosas es crítico de cine desde 1988, labor que comenzó cuando salió de la UNAM, donde estudió
comunicación. Su tesis fue sobre el tema que nos ocupa esta noche y su actualidad como docente en guionismo y medios
audiovisuales en el Tecnológico de Monterrey ha compartido el tiempo con su vocación por analizar el horror en el cine mexicano.
"A mí siempre me ha gustado la cuestión de los lados oscuros del ser humano a niveles psicológicos y
paranormales. Mi primer cuento literario fue de horror, se llama
El retrato, ahí narraba cómo éste cobra la vida de una familia donde uno de sus integrantes de 14 años (yo tenía 12) enfrenta al demonio del cuadro pero no puede vencerlo y
sale muerto.
"Me gusta espantarme, pero también saber qué hay atrás de todo eso, por qué la gente se espanta, por qué
grita, por qué el miedo a la oscuridad, me gusta sufrir el cine. El horror cinematográfico es la parte de mi vida que
no persigue retribución económica."
Alberto Alvarado, también comunicólogo, hizo su tesis sobre
Monstruosidad femenina en el cine mexicano y
se interesó por el análisis fílmico hace ya algunos años, lo que lo llevó a estudiar con el académico italiano
Francesco Casetti. El horror y el cine siempre han sido parte de su vida, de sus producciones televisivas, de sus guiones,
pero sobre todo de sus recuerdos.
Él también se sube a la noche de charla. "Me encanta el cine. Yo me acerqué al horror cuando era niño, tal vez
a partir de una crisis económica muy fuerte en mi familia, por la que mi padre, que era de Guanajuato, nos tuvo
que traer a vivir a la capital, y pasó lo que pasa con la gente de provincia que viene creyendo que va a comerse la
ciudad y la ciudad es la que se la come en lo que se agarra el paso.
"Fue una infancia con ciertas carencias. No teníamos televisor, pero mi papá usaba unos libros que eran
sus favoritos, se llamaban Crónicas y leyendas de la ciudad de
México, eran dos tomos que luego editaron en cómic.
"Él nos leía esos cuentos donde se narraba un hecho con frases como
en la calle fulana, antes tal. Mi papá
decía recuerden que el fin de semana iremos al lugar de los
hechos, y hacíamos una especie de expedición donde todos
los hermanos, incluso amiguitos y primos nos juntábamos para ir a ver el lugar exacto de aquellas historias. Yo era
el más chico de esa palomilla y me daba mucho miedo. Me aterraba muchísimo ir a esos lugares, además íbamos
de noche porque mi papá tenía que trabajar por el día, entonces nos guiaba por las calles de la ciudad para decirnos
aquí es donde aparece el ahorcado en la
leyenda. Historias muy ricas sobre todo de la época colonial.
"Luego vino el cine, que nos da la posibilidad de introducirnos en otros mundos, nos permite también sufrir en
él. El miedo te hace sentir vivo."
Alfredo García viste de negro, como todos los días desde hace ya mucho tiempo, su historia como profesional
del horror nació en su trabajo de caracterización en Televisa, donde participó en series como
Hora marcada y
La telaraña. Él diseñó efectos especiales que se perdieron en malas actuaciones de películas como
Vacaciones de terror 2 (René Cardona III, 1991), pero su trabajo sí fue reconocido por Dick Smith (autor de los efectos en la película
El exorcista), quien le enseñó a perfeccionar el oficio de los efectos especiales.