En algún momento las telenovelas y los
reality shows se cruzaron con las noticias para engendrar una nueva realidad.
Noticias, pero con tramas de
telenovela o de serie policiaca; telenovelas, pero con personajes verdaderos.
Escándalos de los que había que estar al tanto si no se quería quedar callado durante las sobremesas.
La guerra del Golfo fue la primera cobertura noticiosa que contó con una imagen institucional que
incluía logotipo, música de fondo y además se transmitía en vivo. Esta cobertura abrió el camino a miniseries de la vida
real que han colaborado con la conformación de la cultura popular de la última década: el caso de O. J. Simpson;
la muerte de la princesa Diana; la desaparición del avión de JFK jr.; ¿regresarán a Elián a Cuba? y, por supuesto,
el escándalo en la Oficina Oval son algunas de estas miniseries que han logrado mantener la atención de los
estadounidenses al grado de que para estar a la moda hay que llevar el seguimiento intensivo de los cortes
informativos y las notas de contexto de las cadenas de noticias.
Los primeros "circos" en los medios de comunicación en Estados Unidos se remontan a los periódicos baratos
que promocionaron el juicio del asesino de la prostituta Hellen Jewett en Nueva York en 1836, a la histeria
colectiva desatada por el secuestro del hijo de Lindbergh en 1935. A partir del asesinato de Kennedy la televisión
comenzó con los cortes informativos y la cobertura continua, los horarios de los noticieros dejaron de ser un obstáculo a
partir de la crisis de los rehenes de Irán, y para la guerra del Golfo ya existía un nuevo género noticioso que logró su
máximo esplendor, no entre los juegos pirotécnicos y los mapas del teatro de operaciones en el desierto, sino en relación
con tres grandes temas: fama, sexo y dinero.
Frank Rich, director de The
Times, ha bautizado este nuevo género como el
mediatón. Este controvertido
género tiene como protagonistas a personas cuya vida ha sido de alguna manera secuestrada y convertida en
imágenes televisivas, en simulacros de sus propios dramas. Además de bautizar el género, Rich se ocupó de conocer el
punto de vista de los actores principales del
mediatón: Monica Lewinsky, O. J. Simpson, Darva Cogner la ganadora
del concurso "¿Quién quiere casarse con un millonario?" y Woody Allen, quienes dan su versión en un número
reciente de The New York Times Magazine ("The Real Reality TV",
The New York Times Magazine, 29 de octubre, 2000).
La invención de Monica Lewinsky
La hipótesis de que las imágenes tengan alma parece confirmada por los efectos de mi máquina sobre las
personas, los animales y los vegetales emisores.
Morel
"Los ciudadanos tienen derecho de saber la verdad, pero yo vivo en torno a la prensa, que de todos modos no
es la verdad". Así, los medios presentan a Monica Lewinsky como si estuviera en su estado natural; no lo está,
pues es acosada por la prensa y se comporta como lo hace frente a la prensa, que no es su estado natural. La queja
de Monica Lewinsky se relaciona sobre todo con el proceso en el cual se le creó una personalidad y una forma de
ser que dista de la realidad.
A partir de fotografías y de
algunos datos y elementos aislados la prensa configuró un personaje que molesta
a la Monica Lewinsky sobre todo por la presunción de que se trata de una niña boba: "No soy un genio, no
soy intelectual, pero soy inteligente", replica esta protagonista. Otros datos fueron tomados y resultaron
distorsionados en la generación de su simulacro. Así, vivió un tiempo en Beverly Hills y eso la convirtió en una niña rica.
"Hasta que obtuve inmunidad, veía todo y trataba de leer todo. Algunos días es muy doloroso y lloras, otros
días te hace enojar y le gritas a la televisión y le avientas cosas, otras veces nada más te ríes". Todo lo relacionado
con Monica se convertía en "información". Los
noticieros remitían sus fuentes a "personas cercanas a Monica
Lewinsky", que sólo habían pasado por el barrio
donde ella vive. Algunos de sus compañeros de escuela cobraron por
hablar de ella ante los medios y un vecino hasta vendió el video de una fiesta donde ella aparecía. Antes de que el
escándalo de su relación con Clinton convirtiera su rostro en uno de los más conocidos del mundo, Lewinsky sólo
había participado en las comedias musicales de la escuela.
El encarecimiento de la fama
A diferencia de Monica Lewinsky, O. J. Simpson había pasado la mayor parte de su vida en los medios antes
de convertirse en protagonista de su mediatón.
Estrella de futbol americano, comentarista deportivo y actor, llegó a ser el tercer hombre más popular en
Estados Unidos a mediados de los 70. Sin embargo, está convencido que hoy es más popular que entonces.
Simpson recuerda que cuando era comentarista deportivo jamás se metía con la vida de los jugadores fuera
de lo que éstos realizaran en la cancha, eso no era noticia. Ahora la vida privada de los famosos es noticia; y esto
lo atribuye a que llegó un momento en que las noticias fueron una fuente de ganancias. Pero sobre todo se queja
de la flojera que domina el trabajo periodístico: "Se sientan a esperar una historia de tabloide, y luego se van
sobre ella. ¿Dónde quedan las dos fuentes confirmadas?, ¿a dónde se fueron? Nuestros padres fundadores le
otorgaron cierta autonomía a la prensa, porque eran los guardianes del sistema. Vigilarían a la policía, al sistema judicial,
y ahora se han convertido en compañeros de cama de ellos".
El protagonista de la primera historia donde los principales diarios y telenoticieros no dudaron en seguir la
agenda de los tabloides dice que está más decepcionado de la prensa que del sistema judicial que lo juzgó o de la
policía que lo detuvo. Sin embargo, no se considera la principal víctima de los mediatones, pues le parece peor lo que
le sucedió a Clinton; y en su opinión, el caso de Elián González es un divorcio extremo entre la realidad real y
su simulacro televisivo (en el que todos los cubanos querían que Elián se quedara en Estados Unidos); y además
hay casos en los que los medios discuten la inocencia o la culpabilidad de alguien que al que ni siquiera han
acusado. "A mí siquiera me acusaron legalmente", concluye.
Pesadillas de un seductor
Comparando su caso con otros, Woody Allen se ha convertido en todo un teórico de los mediatones: "En
aquel momento no podía creerlo. No era gracioso, pero yo lo encontraba irónicamente gracioso. Y entendía por qué
los medios de comunicación estaban tan interesados. En mi caso, y en estos otros casos también, la historia era
jugosa. El mío tenía una cualidad particularmente entretenida, así como el asunto Lewinsky y el de O. J. Simpson. El
caso de Elián González no era tan entretenido. Le faltó el elemento de la sexualidad. Fue más bien un drama
familiar. Y por la misma razón que un drama familiar en las películas matizan el asunto, se está mejor sin asesinatos
y adulterios y esas cosas que maquillan la fabricación de un emocionante drama. El público no se cansa de O. J.
Nunca se cansa de la princesa Diana, nunca se cansa de Lewinsky".
Dedicado a evitar a los paparazzi
en aquel entonces, Allen se declara tranquilo, pues su infierno ha cedido,
"se ha desinflado como una burbuja", dice. "Todos fueron a atender lo que siguió".
La conspiración del entretenimiento
Frank Rich sostiene que la razón última de los mediatones es el entretenimiento y el público se lo toma como
tal. Eso explica por qué el asunto Lewinsky a pesar de su popularidad no provocó la caída de Clinton, como
pensaban sus enemigos. Recuerda que William Randolph Hearst comentó acerca del caso Lindbergh que la gente estaba
más ávida de entretenimiento que de información.
Si consideramos, además, que las series de mayor éxito en la televisión
Big Brother y Survivor son, por
su búsqueda de "realidad verdadera", parientes de los mediatones, todo parece indicar que mientras exista
mercado para este género, seguirá desarrollándose y apoderándose de todas las historias posibles.
El mediatón a la mexicana
En 1929 los habitantes de la ciudad de México podían escuchar por radio el juicio popular al homicida
cuádruple Luis Romero Carrasco condenado a la pena de muerte, alternando con la transmisión en vivo desde la
Cámara de Diputados donde se discutía, precisamente, la vigencia de la pena de muerte en el Código Penal.
Al caso del último condenado a muerte en México siguieron muchos otros crímenes de nota roja que
llenaron muchas páginas de periódicos. El caso del campeón olímpico Mariles, el de Pancho Valentino, mantuvieron vivo
el interés del público en los periódicos tras el fin de las transmisiones de los juicios populares. Sin embargo, quizá
el primer mediatón mexicano que en realidad fue importado de Estados Unidos con dimensiones continentales
fue el chupacabras. El monstruo que a veces se presentaba como un murciélago gigante, otras como un
extraterrestre humanoide de grandes garras, otras como un caso de licantropía, pasó de los noticieros de espectáculos y
variedades a las opiniones de zoólogos expertos en noticieros "serios" y en el seguimiento puntual de sus atrocidades,
que incluían desde relatos fantásticos de vacas intactas pero desangradas hasta la grabación en video de las viles
heridas en la pata de un becerro.
A este fenómeno le siguieron, poco después, las versiones del asesinato de Colosio acompañadas de la
familia Salinas, el caso de Gloria Trevi y, por supuesto, el famoso Mochaorejas.
El caso de Gloria Trevi concita quizá como ningún otro mediatón mexicano fama, sexo, dinero, drama
familiar, conspiración y hasta satanismo. También cumple con gran cualidad: su impertinencia jurídica que es perdonada por informadores de todos los rangos, pues la culpabilidad del clan Andrade ya está más demostrada por sus
presuntas invocaciones satánicas que por las pruebas presentadas frente a un juez.
Pero al ex fiscal Pablo Chapa Bezanilla le debemos, sobre todo y más que a nadie, el perfeccionamiento del
género en nuestro país. Con sus constantes y muy sonantes filtraciones a la prensa sobre el caso Colosio y la
persecución a Raúl Salinas, Chapa generó una de las más completas y espeluznantes realidades verdaderas para televisión.
Quizá el momento de mayor relevancia de su mediatón fue la presentación de la calavera de El Encanto. Pero
una de sus invenciones más perdurables es, sin duda, María Bernal.
Apenas el día 12 de noviembre pasado, el diario
Reforma destacó una nota con el encabezado "Mucho
ruido..." donde señalaba que María Bernal había debutado en teatro con la presencia de sólo 30 personas. Sin embargo,
el demasiado ruido siempre vino precisamente del diario
Reforma, que flexibilizó sus cánones morales para
publicar en una primera plana a Raúl Salinas con su amante, en bikini, en las piernas. Este periódico, incapaz de publicar
un desnudo artístico, no dudó en presentar así a la ex amante
de Raúl Salinas. Todo sea por continuar, hasta sus
últimas consecuencias, el mediatón.