Sobre el fin de esa larga época, que sin interrupción comenzó en 1966 con
Caballero y terminó en 1997 con
Playboy, González asegura que la revista desapareció pues los editores (Grupo Siete) comenzaron
a inclinarse por la radio, un medio mucho más rentable "en un entorno en que, además, la industria
editorial no se encontraba en sus mejores momentos". Sobre esto el escritor Andrés de Luna sostiene que
"Playboy tuvo una aceptación relativamente buena al principio, pero ya para mediados de los 90 entró en una debacle administrativa tremenda a tal punto que materialmente no nos pagaban a los
colaboradores". Poco después desapareció.
Una crisis similar a la que acontece en la edición actual de
Playboy México (editada por el grupo
Sayrols, su primer número llegó a los kioskos en noviembre de 2002), donde los problemas de liquidez
han sido la constante en estos escasos dos años de vida (ver
etcétera, septiembre, 2004). Sólo dos o tres números han resultado un éxito de ventas (la Mapacha, Margarita Gralia...), y no se trata
sólo de la falta de modelos que jalen, sino de la propuesta editorial en sí.
En este sentido, De Luna califica a la actual edición mexicana de
Playboy "de desfasada", pues
"sus reportajes gráficos a las divas mexicanas son bastante malos, con el uso de velitos, de espuma, de
toda una parafernalia que ya debería haber pasado de moda pero sigue persistiendo".
En tanto, Perla Carreto, quien asegura que ella nunca hubiera incluido a la Mapacha en una edición
de Playboy, dice que con tal de obtener dinero, la revista se desprestigia, ya no es lo que era antes, se
ha perdido el encanto".
El gato y el ratón
Yo, su revista, Su revista
yo, Su otro yo, Su otro yo presenta
Diva... Al igual que Caballero, esta publicación fundada por Vicente Ortega Colunga en 1973 sufrió los embates de la censura por lo que se vio obligada a cambiar de nombre en varias ocasiones. Roberto Diego Ortega, hijo del fundador y
quien se hizo cargo de la revista a partir de la aparición de
Diva en 1986 (donde tenía como jefe de
redacción a José Luis Martínez S.) recuerda que "había una presión constante de la Comisión Calificadora,
estabamos bajo la lupa de este órgano. Además, cada dos o tres años había purgas, venían los embates y
cerraban o prohibían la circulación de las revistas, lo que obligaba a éstas a cambiar de título. Era una especie
de juego del gato y el ratón donde las publicaciones siempre estaban chantajeadas. Recurríamos a
triquiñuelas que hoy parecen graciosas".
Al respecto, Andrés de Luna, durante una época jefe de redacción de
Su otro yo, rememora que "en los años 70 y 80 se vivía una etapa de una censura atroz, no se podían presentar desnudos integrales,
había que censurarlos, se trabajaba con mucho material extranjero, pero evidentemente retocado, con
unos retoques horrendos... eso hacía que la calidad fuera muy deficiente... a veces se equilibraba con
los trabajos periodísticos (textos de gente como Leduc y Monsiváis, cuentos de García Márquez y
Cortázar, crónicas de viaje), pero en términos visuales era muy precaria. Sin embargo, de ahí surgieron muchas
de las vedettes que luego hicieron el cine de ficheras. Se trató, sin embargo, de una etapa rupestre
del desnudo mexicano".
En entrevista con la revista
Cuartoscuro, Paulina Lavista recuerda que cuando Ortega Colunga la
invitó a participar "la petición me sorprendió, pues las portadas de sus publicaciones eran horrorosas, con
unas modelos parando la trompita. ¿Cómo iba a involucrarme en tal cosa? Para eso la llamo, aclaró él,
quiero algo distinto".6
De Luna reconoce que "con Paulina mejoró el aspecto visual porque ella tenía muchas ideas en
torno a lo que podía ser el desnudo, trabajó con cierta imaginación con todas estas mujeres, con Isela Vega,
con Angélica Chaín".
Por su parte, Roberto Diego acepta que al no existir el
Photoshop y sí una férrea censura eso
obligaba a los editores a hacer retoques "que se ven rudimentarios como las mismas técnicas de la época".
Sin embargo, habla también de lo que considera el aporte principal de
Su otro yo: "El motivo fundamental que sostuvo a la publicación durante casi 15 años es que, a diferencia de las otras revistas que existían
en el mercado, este mensuario brindó como oferta principal imágenes de mujeres mexicanas, de toda
esa generación de vedettes y actrices de los 70, 80. Tuvimos una visión más nacional del erotismo y
del periodismo. Eso fue lo que le dio su identidad".
La fórmula erotismo-cultura funcionó hasta 1987, cuando la grave crisis económica que se reflejó
en una galopante inflación de más de 100% dio al traste con el proyecto.
Si no es la censura...
Una publicación que también logró desnudar a numerosas mexicanas fue la edición nacional de
Interviú, el famoso magazine de origen español (el primer número está fechado en la semana del 29 de marzo al 4 de abril de 1978). Haciendo gala de recursos económicos, sus editores
publican, durante la corta existencia del semanario, imágenes exclusivas de cuanta estrella se encontraba en
el candelero por aquellos años: Arlette Pacheco, Blanca Guerra, Ana de Sade, Maritza Olivares, Alma
Muriel... y aun Silvia Pinal, quien se desnuda por primera vez para una revista de este tipo.
Respecto de los materiales periodísticos la revista no desentona, pues, en ocasiones, los reportajes y
las entrevistas son de muy buen nivel, e incluso el tono es mucho menos amarillista que en la edición
ibérica. La clave se encuentra en un equipo de redacción encabezado por Pedro Álvarez del Villar y con integrantes como Ignacio Ramírez, Miguel Reyes Razo, Patricia Berumen y Rafael Cardona. La
plumas son de primera: Juan José Arreola, Ricardo Garibay, Gastón García Cantú y Renato Leduc, entre otros.
A diferencia de otras publicaciones, en este caso no es la censura la que pone punto final a
Interviú, sino un conflicto laboral es el que sella el destino de esta revista. A poco más de un año de
haber aparecido, los trabajadores se declaran en huelga en demanda de aumento salarial. La empresa
editora (Zetamex Editores) no resuelve la petición y los empleados comienzan a publicar la revista con el
nada atractivo título de Los trabajadores de Interviú en lucha.
Aunque conservan a algunos colaboradores valiosos como Renato Leduc y mantienen leídas secciones como "Las mexicanas sin sostén", en
general la calidad de los textos, así como la impresión descienden de nivel. Luego de unos pocos números,
el autollamado "órgano del Comité de Huelga de los Trabajadores de Interviú, para proveer a su
subsistencia" desaparece de la escena a mediados de 1979.
También de finales de los 70 es
Bravo, la revista editada por René Eclaire, todo un peculiar
personaje que participaba como "actor" en la fotonovela erótica
Locos por el sexo, también de su propiedad.
Más en deuda con el Hustler, de Larry Flynt, que con
Playboy en Bravo predomina el material gráfico
nacional, mayoritariamente de vedettes que por aquellos años se rifaban el físico en los antros de moda:
Okinawa, Alma Almeida, Selenne y María de la Fuente... las cuales son fotografiadas en lúbricas poses. "Se
trataba, dice Andrés de Luna, de modelos muy lejos de la estética de
Playboy, como más mexicana, más tosca".
La Comisión Calificadora de Publicaciones tacha a Eclaire de "pornógrafo" y prohibe la circulación
de Bravo. Más tarde, ya en los 80 edita
Bronco, Mr 2001 y Adán, publicaciones que también tuvieron
problemas con Gobernación. Incluso hubo ocasiones en que las autoridades aduanales decomisaron todo
el tiraje de Bronco, que Eclaire hacia en Estados Unidos. Éste había emigrado a ese país pues "andaba a
salto de mata, temeroso de que lo aprehendieran los
judiciales".7
El apocalipsis
Lejos han quedado los días cuando hacer una revista de desnudos entrañaba el riesgo de ser
considerado un pornógrafo, "un elemento nocivo para la sociedad". Hoy, el mercado nacional toca los extremos:
por un lado, una avalancha de asépticas revistas que presentan a las estrellitas del momento en
"atrevidos" bikinis, y detrás de las cuales se nota, en ocasiones, la mano de las televisoras
(Maxims, H, M...); del otro, el alud abrumador en títulos, en tirajes de porno duro presentado en vulgares ediciones donde no
se cuida el material gráfico ni mucho menos el texto; enmedio, revistas como
Playboy y Penthouse languidecen ante la carencia de propuestas imaginativas, esto es, ya no ofrecen novedad y, sólo
subsisten mientras alguna otra celebridad nacional decide dejar atrás la santurronería y resuelve despojarse de
su ropa, lo que servirá para resarcir temporalmente las finanzas y no perecer antes de tiempo.
Al respecto, Roberto Diego Ortega hace una aseveración tajante: "Internet y la falta de
propuestas editoriales novedosas tiene al género de las revistas de desnudos en una crisis gravísima,
prácticamente en la ruina. En su momento estas revistas representaron una liberación de los medios y de la
expresión, pero, hay que reconocer, que el ciclo de estas publicaciones ha pasado ya".
Para Andrés de Luna, en tanto, el panorama actual es lamentable. Nos encontramos entre el porno duro más guarro y revistas como
Maxims "totalmente castradas, les falta la frescura de aquellos trabajos que se hacían con miles de dificultades. No están mal hechas, es un periodismo que pudiera funcionar, pero lo principal, la parte más llamativa, más erótica, está perdida en ese tipo de revistas . Son demasiado homogéneas, demasiado planas. Les falta la mácula, algo que las manche, algo que les dé vida".
Notas
1 Juan Manuel Aurrecochea y Armando Bartra, Puros cuentos. Historia de la historieta en México 1934-1950, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes-Grijalbo, México, 1993, pp. 33-37.
2 Miguel Ángel Morales, "Lujuria de papel I", en
Sábado 881, suplemento cultural de unomásuno, 22 de enero de 1994, p. 13.
3 Citado por Miguel Ángel Morales, "Addenda", en
Sábado 844, suplemento cultural de unomásuno, 4 de diciembre de 1993, p. 13.
4 Ibidem.
5 Citado por Miguel Ángel Morales, "Eros V y último", en
Sábado 835, suplemento cultural de unomásuno, 2 de octubre de 1993, p. 13.
6 Yanireth Israde, "La foto es como un ideograma chino", en Cuartoscuro, núm. 59, abril-mayo, 2003, p. 26.
7 Miguel Ángel Morales, "El Bravo de Eclaire I", en
Sábado 837, suplemento cultural de unomásuno, 16 de octubre de 1993, p. 13.
José Antonio Gurrea C. es secretario de la Redacción de etcétera.
jgurrea@etcetera.com.mx