Por otra parte, las variables de calidad consideran el eje información-sociedad como el punto
de encuentro de las condiciones para una buena calidad periodística.
Los indicadores son explícitos: es de buena calidad la noticia obtenida de fuentes
independientes y de modo independiente; califica mal la manipulación de la fuente o del periodista; califica bien
la información que responde a las intenciones del receptor y que, por tanto, es relevante porque reúne
los elementos de interés y utilidad para el lector, oyente o televidente; califica mal lo irrelevante,
que obedece a intereses ajenos a los del receptor o de la sociedad; califica bien la información que tiene
en cuenta la implicación del lector en los temas, que responde a sus preguntas y maneja su lenguaje a
la vez que sus expectativas, es de mala calidad la noticia que ignora o desdeña esas implicaciones.
La mirada que se descubre detrás de estos focos de atención es una mirada ética, dirigida por
el valor de responsabilidad para con la sociedad. Este valor tiene la fuerza de proyectarlo todo hacia
el futuro, urge el examen de las consecuencias de los actos y le impone al ejercicio periodístico un
carácter de respuesta a la sociedad.
La categoría aristotélica del equilibrio, que demanda un difícil tránsito por el estrecho camino
que corre entre los extremos, se pone al servicio de la responsabilidad hacia la sociedad cuando
como medida de la calidad examina las prioridades informativas: ¿son las de la sociedad, o las del periodista,
o las del medio?; inquiere sobre la orientación de las noticias: ¿qué las guía: el norte de la sociedad,
el de un partido, el de un gobernante, una iglesia, una corporación o institución particulares? ¿Se
privilegia a alguien: el protagonista o el antagonista? ¿Se atienden los puntos de vista de unos u otros, o de
todos, como base de unas conclusiones? ¿De qué lado se inclina la balanza: tienen un peso mayor los
poderosos, los ricos y los famosos, o también pesan las personas del común, los pobres y los derrotados?
En la Propuesta de Indicadores de Calidad el criterio es claro. Se trata de recuperar y ampliar
la responsabilidad de los medios con la sociedad, como criterio de calidad, según se concluye en el
Principio 6, y el Principio 7 lo explicita al exigir autonomía respecto de intereses ajenos a los de la ciudadanía.
El Principio 8, a su vez, no deja dudas: hay calidad cuando el ciudadano es destinatario y sujeto de
la información y el lector y la audiencia señalan el criterio para la conformación de la agenda.
Llama la atención, la omnipresencia del Otro, como motivación de cada una de las variables,
hasta el punto de que se puede afirmar que el comienzo de un buen periodismo se encuentra en la
relación con el Otro. O dicho de otra manera, es imposible la calidad de lo periodístico si se prescinde del
Otro. Esto da una explicación para la crisis de los medios, que se debe a la subordinación del Otro al
interés del periodista o del medio de comunicación. Es allí donde se debe buscar la clave para sortear con
éxito las crisis.
Y es la clave, no tan oculta, de los problemas y de las posibles soluciones de la empresa
periodística en el mundo. Anota con desaliento el Proyecto de Excelencia en
Periodismo1 "en varias compañías
de medios tradicionales terminó la vieja batalla entre idealistas y capitalistas. Los idealistas
perdieron". Un ejecutivo de una de las tres cadenas de TV más importantes de Estados Unidos dijo que "el
yunque ético había sido levantado". Y en las compañías emergentes "no hay muchos indicios de que
siquiera exista la presión de los que abogan por los intereses del
público".2
Es significativo el dato destacado en el citado Proyecto de Excelencia tras la enumeración de
los porcentajes de caída de la circulación de los medios comerciales: "los semanarios alternativos y
la prensa étnica han crecido. Tratándose de los números básicos, 2005 fue un año difícil para la
mayoría de los medios informativos, encontramos que la prensa alternativa continuó creciendo su
circulación; llegó a 7.64 millones en 2005; la cifra más alta desde 2001".
Esa prensa alternativa parece ser una opción por su capacidad de escucha de las comunidades,
que encuentran allí un espacio abierto para su agenda y para su voz. Esta sintonía de las voces que
vienen de abajo es su gran diferencia respecto de los medios comerciales y es, a su vez, la concreción de
la mayoría de las variables de calidad compendiadas en el VAP y en el CIP (Calidad para la
Información Periodística) y por la Propuesta de Indicadores, que denota una particular sensibilidad al respecto.
En cuatro de sus ocho principios, valora y urge de distinto modo la sintonía con el ciudadano de a pie.
En el 1 lamenta "las carencias del saber decir"; propone la transparencia como "respeto a la audiencia"
y en los indicadores sugiere la pregunta: "¿qué necesitan saber y entender los ciudadanos?".
Hablar, pues, de calidad, es referirse a lo ético. No puede haber periodismo de calidad sin ética;
ni puede darse un periodismo ético que no sea de la más alta calidad.
Periodismo y democracia
Es ese periodismo, en el que brillan la calidad técnica y la ética, el que preserva la democracia y los derechos humanos; pero ante la realidad de nuestros países donde pululan periódicos y noticieros que no aspiran a la calidad sino a la prosperidad del negocio, cabe la duda: ¿deben permanecer esos medios de comunicación cuya sola existencia implica una amenaza para la democracia?