Javier Darío Restrepo
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Ilustración: Andrés Gusó |
Aún recuerdo el desconcierto y la frustración de un colega reportero de televisión que
había descubierto el refugio campesino donde un legendario compositor vallenato mantenía su vida
discreta y alejada del ruido del espectáculo. El reportero había llegado hasta su casa, había seguido paso a
paso las rutinas de su vida sencilla, lo había escuchado y obtenido de él una cálida y reveladora visón de
un hombre y un artista de altísimas calidades. Pero la nota, cuidadosa y llena de afecto, no fue
emitida porque no era noticia. Y allí quedó, en el archivo del noticiero.
Su autor no se dio por vencido, la emitió en un noticiero regional y, convencido de sus méritos,
la puso a consideración de un jurado internacional.
Cuando meses después, este reportero fue proclamado ganador del premio Rey de España,
sus colegas celebramos su triunfo y lo interpretamos como un mentís a la dirección del noticiero.
Hoy, cuando recuerdo este episodio, tengo que reconocer que no teníamos razón en nuestra perversa
alegría contra la plana directiva.
En las tres instancias, la del noticiero nacional, la del noticiero regional y la del premio
internacional se había juzgado ese trabajo periodístico con distintos criterios de calidad.
Para la dirección del noticiero nacional, el criterio de calidad estuvo guiado por el factor
actualidad que, a su vez, estuvo inspirado por una noción de noticia, común en esa clase de informativos.
Según ellos las noticias son hechos que interesan a todos, acabados de suceder y con un potencial de
reacción que le da presencia en la atención del público.
El noticiero regional valoró, en cambio, la cercanía geográfica y afectiva del hecho: se trataba
de un personaje de la región, conocido y admirado por la población que debió apreciar la nota
periodística como un verdadero descubrimiento.
El jurado internacional valoró el trabajo técnico: iluminación, enfoques, estética de la
imagen, sonido, edición; admiró la comunicabilidad de un contenido cultural; destacó la exaltación de los
valores humanos y artísticos del compositor a la vez que el hecho de que una historia de esta naturaleza
hubiera sido elevada a la categoría de noticia. Tres juicios distintos y una calidad verdadera.
La historia ha sido un camino largo para llegar a una escueta afirmación: el periodismo de
calidad no tiene todavía unos patrones fijos. En una pieza periodística de calidad pueden contar factores
tan diversos como el público al que va dirigida la noticia en cuestión, el momento en que se publica,
los hechos concomitantes, el tono, los acentos y los contextos. No sucede aquí como en los otros
productos industriales, cuya calidad se mide de acuerdo con estándares acordados internacionalmente y con
ayuda de las reacciones de los focus group o de las encuestas entre consumidores. Aquí intervienen
otros factores de difícil medición que hoy tratan de concretar y reunir las investigaciones sobre
calidad periodística.
Las investigaciones
Los investigadores de la Universidad Católica de Chile vieron la calidad:
1. En la capacidad del medio y del periodista para entregar el hecho concreto y escueto.
2. En los valores que hacen que el hecho se vea a la vez comprensible y contextualizado.
Para detectar esos valores siguieron el proceso de la noticia desde la selección del tema y de
las fuentes, hasta su procesamiento en la edición final. De allí surgieron 55 criterios que llamaron
valores agregados periodísticos (VAP).
En la Universidad Católica Argentina los investigadores tomaron los 55 criterios del VAP, les agregaron diez variables descriptivas y de identificación, para diseñar estándares de calidad para la información periodística (CIP). Allí tuvieron en cuenta elementos de calidad como la confiabilidad, el interés, la proporción, la transparencia, la precisión, la claridad, la integración o la incidencia, elementos que dieron lugar a unos indicadores que aplicaron en una investigación sobre la calidad de los diarios Clarín y La Nación de Buenos Aires.
En este marco de esfuerzos investigativos se sitúa la propuesta de la Red de Periodismo de
Calidad y de la Fundación Prensa y Democracia, que hoy se conoce como Propuesta de Indicadores para
un Periodismo de Calidad en México.
Aquí la metodología y los resultados son diferentes, como si el propósito inicial hubiera
sido llegar a una valoración concreta, porque fueron los propios periodistas, convocados en Guadalajara
y en el Distrito Federal, quienes aportaron su visión y su experiencia en las encuestas por un
periodismo de calidad.