Periodistas como armas, víctimas o espías del gobierno
Iván de la Torre
"Habrá un recorte de las libertades. La seguridad interna puso en marcha la maquinaria. La gente
que dirige el país, en mi opinión, simplemente no tiene ni el carácter ni la sabiduría como para defender
el concepto de libertad si las cosas se complican mucho. [...] La idea de que quienes defiendan nuestra
libertad sean aquellas personas que trabajan en la agencias de seguridad es cuanto menos curiosa. Porque
queremos paliativos, queremos que nos digan cómo vivir. Y hay mucha gente poderosa por ahí que
está dispuesta a decírnoslo. La derecha en EU todavía está pasando por un periodo de furia controlada,
pero quiere asumir el control."
Norman Mailer
Hombres de negro en un mundo gris
En junio de 1972, dos periodistas del
Washington Post Carl Bernstein y Bob Woodward escribieron lo
que sería el escándalo político más grave del país, que terminó con la renuncia de Richard Nixon y el
encarcelamiento de más de 40 personas, entre ellas, el ex fiscal general de Estados Unidos. Las consecuencias del
Watergate parecían perdurar en el inconsciente colectivo estadounidense: no creas en todo lo que te dicen.
Pero eso terminó el 11 de septiembre. Los grandes diarios intentaron explicar que un ataque sembraría
la desdicha en poblaciones cansadas y hambrientas:
The Philadelphia Inquirer, The Washington
Post, The New York Times introdujeron información en medio del patrioterismo barato y las banderas al viento. Todos y
cada uno fueron acusados de extremistas.
El atentado fue usado como cortina de humo para cambiar prioridades; una venda ensangrentada
destinada a mandar a un cajón los temas que agrandaron el atentado pobreza, injusticia, discriminación, y, de
paso, enterrar otros: el medio ambiente, los derechos de las minorías, la renovación urbana, la cooperación
económica, la educación.
Por eso, un pequeño repaso a algunas persecuciones, acusaciones, amenazas, marginaciones que
nadie recordó. Una muestra de los efectivos lazos familiares que unen a los Bush en su amor por la libertad y la
justicia. La señal de que callar/perseguir/matar al mensajero sigue siendo una buena manera de dormir tranquilo.
Lobo suelto, cordero atado
La primera enmienda de la Constitución estadounidense prohíbe limitar o abreviar las libertades de
prensa o expresión. La quinta agrega: "[nadie puede ser] obligado en cualquier caso a prestar testimonio contra
sí mismo".
Cuando el senador Joseph McCarthy agitó su imaginaria lista de comunistas infiltrados, la
imaginación popular fabuló con él buscando rastros, opiniones, motivos, gente a la que le quedara el saco. Bastaba
un contacto falso, un amigo dudoso, una simple llamada, el pedido de amparo en la quinta enmienda
para condenarse: la ciudad tenía mil espías buscando rastros, dudas, miedo, el material del que están hecho
las traiciones.
El fantasma agitado por el senador McCarthy es el mismo de Bush. Ante la amenaza de una guerra
bacteriológica, un atentado sorpresa, un enemigo invisible y poderoso, la solución final fue simple: eliminar los disidentes
para mantener la unidad del pueblo americano. La inmensa aceptación de las medidas para combatir el
terrorismo lo dice alto y claro, con todos escuchando, porque el que calla otorga.
2002: 1984, poder absoluto x seguridad interna
Smiley, el mítico espía de John le Carré dijo: "Hemos renunciado a demasiadas libertades para ser libres".
Un mes después de los atentados, el Congreso aprobó un acta que dejaba a los organismos de
represión con las manos libres para meterse en las vidas privadas y amenazar garantías individuales.
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Foto: Newsweek |
Tarde se cumplieron las alucinantes advertencias de
1984: según
Los Angeles Times, casi 85% de un
total de mil 80 bibliotecas ha sido visitado por agentes de seguridad pidiendo información sobre los gustos de
sus lectores. La aprobación de la USA Patriot Act permite a los servicios vigilar y controlar a cualquier
persona mientras la Asociación de Bibliotecas espera, pacientemente, que le contesten cuántas veces se han
vigilado sus registros y cuántas personas fueron detenidas e interrogadas por el tipo de libros que leían. El método
de la USA Patriot Act conocido como
sneak and
peek permite revisar de manera furtiva cualquier casa donde
se lean libros sobre el islam, Cuba, las Torres Gemelas o Bin Laden. Con eso basta para ser detenido por
tiempo indeterminado sin aviso ni abogado defensor.
Entre las modificaciones se destaca la autorización para que, sin una orden judicial, los agentes
federales intercepten comunicaciones telefónicas y electrónicas de cualquier persona que "pudiera" estar
relacionada con actividades terroristas.
El FBI puede ingresar a las bases de datos que contengan información de orden comercial, económico
yo científico; los agentes pueden "infiltrarse" en reuniones políticas y religiosas preventivamente, aunque
no exista ninguna prueba contra las personas u organizaciones vigiladas.
"Al aprobar la Ley de Patriotismo, en noviembre pasado, Bush y su aquiescente Congreso suprimieron
o abrogaron secciones enteras de las enmiendas constitucionales primera, cuarta, quinta y octava",
escribió Edward W. Said en La
Jornada (2 de marzo, 2002.)
The New York Times (junio, 2002) publicó un editorial refiriéndose al proyecto de Ashcroft: "El
procurador general tiene el don de hacer que los cambios más draconianos suenen seductivamente inocuos. Al menos
eso volvió a demostrar la semana pasada, cuando describió los nuevos poderes de espionaje otorgados al FBI
como tan sencillos e inofensivos como el derecho a surfear en Internet o asistir a reuniones públicas. Eso
es profundamente engañoso. En realidad, en nombre del combate contra el terrorismo, Ashcroft está
cediendo a los agentes del FBI poder absoluto para espiar a cualquiera".
Y especuló: "Antes de que se lo controlara, el FBI infiltraba grupos pacíficos, monitoreaba a líderes
civiles como Martin Luther King Jr. y espiaba a la oposición. Derribar los lineamientos sobre seguridad interna
destinados a controlar los abusos alterará el delicado equilibrio entre la seguridad nacional y la libertad, algo que
esta nación ha estado tratando de mantener desde las catástrofes del 11 de septiembre".
Profetas del odio
Decenas de chicos se reúnen todavía en iglesias baptistas, episcopales o presbiterianas, con una vela
encendida y una escarapela para oír la radio. Pertenecen a ese 69% de los estadounidenses que reconoce que desde
el 11 de septiembre reza más. Entre canción y canción, parientes de las víctimas cuentan su experiencia,
aunque las voces dolientes son inferiores a los llamamientos al orgullo nacional y las promesas de justicia y destrucción.
Detrás de Mariah Carey llega siempre George W. Bush:
"Aun a los pacifistas de alma, a los temerosos y a los que no confían en Bush, les dan ganas de salir
corriendo y enrolarse en la santa cruzada de la democracia contra el mal. La prensa norteamericana ha hecho uno de
los más eficaces y armoniosos trabajos de propaganda que jamás se hayan visto en favor de la demonización
de los talibanes y en la presentación de Osama bin Laden como enemigo público número uno de los valores
que Occidente viene abrazando desde los griegos", reconoce Tomás Eloy Martínez, autor de la crónica.
"En lo general, es un trabajo en el que no se reconocen matices ni se analizan pruebas. Si el gobierno lo
dice, por algo será, deduce la enorme mayoría de los medios."
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Foto: Newsweek |
Desde entonces el odio contra el islam ha circulado libre, generosa y fluidamente llevado en andas
por exaltados pastores que explican, paciente y gozosamente, motivos y razones del odio. Se ha recuperado
el fundamentalismo perdido reconoce Eloy Martínez: "Ahora los predicadores pueden gritar tranquilamente
que no hay más fe que la americana ni más camino que 'our way of life': nadie se anima a callarlos porque, se
sabe, Dios ama a los cruzados blancos y puros".
"Islam es, simple y sencillamente, una religión de guerra", escribieron Paul Weyrich y William Lind,
destacados conservadores estadounidenses, en Por qué el islam es una amenaza para Estados Unidos y
Occidente, mientras la columnista Ann Coulter sugirió su nueva y democrática forma de evangelización: "Debemos invadir
sus países, matar a sus líderes y convertirlos al cristianismo".
El hijo del mítico Billy Graham, el también reverendo Franklin Graham, aseguró: "Creo que [el islam] es
una religión muy malvada y torcida", mientras otro reverendo, Jerry Vines, declaró que "[el profeta] Mahoma
fue un pedófilo obsesionado con el demonio".
Fernando Savater escribió: "... cada religión es verdaderamente lo que en ella quieren ver sus
distintos intérpretes clericales. También Torquemada y Francisco de Asís son 'verdaderos' cristianos, aunque se
parecen poco; y tan papa era el que en el siglo XVIII condenó la proclamación de los derechos humanos como el
actual que los defiende. Lo malo de las religiones no está en su contenido peculiar, ocasionalmente sabio o
poético, sino en quienes se las creen a pie juntillas. La única ventaja del cristianismo es que su influencia secular
está hoy muy mitigada y es principalmente alegórica, mientras que el islamismo todavía es fuente fundamental
de legislación en muchos países y para muchos creyentes".
Sin escuchar razones ni contestar argumentos, la santa cruzada (2001/2002) sigue buscando su
demonio. Brillante como una espada, lista a barrer con los infieles: hacerse matar por un ideal aunque sea falso es
un importante artículo de fe para miles, millones de entusiastas destinados a demostrar que aman a América
más que nada, mientras fervientes pastores gritan por los medios que ellos son los elegidos, que el demonio
es moreno, tiene barba y usa turbante.
Teddy Roosevelt aseguró en 1886: "No voy tan lejos como para afirmar que los únicos indios buenos son
los indios muertos, pero sí creo que nueve de cada diez lo son, y yo no investigaría demasiado
profundamente acerca del décimo. El vaquero más cruel tiene más principios morales que el indio promedio".
Un siglo después, sus bien incentivados descendientes siguen haciendo escuela de la igualdad en forma
de gatillo mientras escuchan radio.
No sabe, no contesta: la lección del maestro
Apenas Irak pisó Kuwait, Bush padre convocó un consejo de guerra; su orden: minimizar las bajas
de Tormenta del Desierto. Para el hombre elegido, el entonces secretario de Defensa Dick Cheney, la
orden significaba controlar a la prensa que se obstinaba en describir al Pentágono como una agencia inútil
que gastaba mucho dinero.
"No creía que la prensa fuera útil", aclaró Cheney después. Su gestión buscaba controlar el flujo de
información a través de comunicados de alto nivel y estorbar, al mismo tiempo, a los periodistas demasiados curiosos
e independientes a las órdenes del ejército. Según Cheney, él y el jefe del Estado Mayor Conjunto, general
Colin Powell, orquestaron los comunicados porque "la función de informar era sumamente importante. No
confiaba mucho en que pudiera dejar eso en manos de la prensa".
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Foto: Time |
Bajo sus reglas los periodistas no podían desplazarse sin escoltas militares, las entrevistas debían ser
supervisadas y cada texto, fotografía y película debía ser aprobado. Más de 70 reporteros fueron arrestados,
detenidos, amenazados a punta de pistola y expulsados por desobedecer las reglas del Pentágono. No hubo fotos
ni películas que mostraran muertos. Los relatos de las tropas iraquíes que escapaban de Kuwait pertenecían a
los periodistas que operaban fuera del sistema del
pool.
Para Cheney, quien ayudó a que la popularidad de Bush aumentara durante la Tormenta del Desierto,
la cobertura de prensa había sido perfecta. "Es la mejor cobertura que se haya hecho en una guerra. El
pueblo estadounidense vio de cerca, con sus propios ojos, a través de la magia de la televisión, lo que el
ejército estadounidense fue capaz de hacer".
Una década después, el 28 de diciembre de 2001, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, respondió
las acusaciones de bajas civiles en una rueda de prensa:
"¿Es posible que en algún momento un civil fuera muerto? se le preguntó.
Sí respondió. Anunciamos aquí que un civil fue muerto por un accidente desafortunado, y que
lamentamos cualquier pérdida de vida inocente. Pero esa persona no fue muerta por nosotros; esa persona murió
cuando Al Qaeda y Bin Laden atacaron a Estados Unidos y mataron a miles de personas, y nos obligaron a entrar en
aquel país y sacar a esos terroristas antes de que mataran a miles más."
En la misma reunión, el presidente de la junta de jefes militares de Estados Unidos, general Richard
Myers, despejó las dudas sobre una ataque aéreo donde habrían muerto más de 40 civiles diciendo: "Creemos que
la mayoría de la gente que estaba ahí adentro serían líderes talibanes. Decir que no había civiles ahí...
podría haberlos. Recordaré lo dicho por el secretario: esta es una guerra contra el terrorismo y, por
desgracia, probablemente habrá algunos de esos incidentes".
La prensa británica había calculado aproximadamente mil 500 bajas civiles afganas después de tres
meses de guerra a mediados de diciembre, y un académico estadounidense, basándose en cifras de la prensa,
calculó a principios de diciembre más de tres mil 500 civiles afganos muertos por los bombardeos estadounidenses.
TV y novelas
"La comunicación hoy no es sólo una técnica que permite acompañar la realidad militar, sino que al
mismo tiempo la produce. Es un espacio de la lucha. Esto trae un sinnúmero de dilemas enormes explica el
experto en comunicación Patrick Lamarque [...] Imaginemos que se produce un hecho militar donde hay miles
de muertos y que eso se ve en la TV. ¿Qué hacer? ¿Esconderlo? Surge un problema enorme de orden ético.
Estamos en plena confrontación. Por un lado está la responsabilidad de un pueblo frente al destino de su país y de
su propia vida; por otro, la ambición de transparencia, de libertad de prensa, que se necesita para la
libertad democrática. No se puede lograr un resultado absoluto y fácil. [...] En la Guerra del Golfo ya ocurrió algo
así. [...] No se puede decir todo, pero tampoco se puede esconder todo. Ni lo deseamos, porque hay
muchos intereses detrás de la guerra, como el comercio militar."
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Ilustración: Time |
En 1989, después de la invasión estadounidense a Panamá, Bush padre dio una conferencia de prensa.
Dos cadenas de televisión cambiaron la cobertura: los espectadores vieron a Bush bromeando en una pantalla y
en la otra, banderas envolviendo ataudes. Desde entonces, por orden de Bush, el Pentágono prohibió la
cobertura de las ceremonias en honor de los muertos. Clinton no revocó la prohibición.
Fue Oscar Wilde quien afirmó que "el público siente una insaciable curiosidad por saberlo todo,
excepto aquello que vale la pena saberse".
Bill Mahler, presentador del programa
Políticamente incorrecto, se quedó sin patrocinadores por
haber dicho que los terroristas eran criminales, pero no cobardes; Tom Gutting perdió su puesto en el
Texas City Sun luego de cuestionar los movimientos de Bush el día del atentado, Dan Guthrie fue despedido del
Daily Courier de Oregon; Dan Rather declaró ante las cámaras: "Haré lo que Bush mande", mientras el crítico y
pensador palestino Edward Said sigue atrincherado en su despacho en la Universidad de Columbia.
La araña en la red
Según el diario
estadounidense The New York Times y la organización Reporteros sin Fronteras (RSF),
la modificación a la ley del Departamento de Justicia de Estados Unidos y el FBI atenta contra la libertad de prensa.
"La policía federal (FBI) invadió las sedes de los principales proveedores de acceso a Internet del país
(Hotmail, AOL, Earthlink, etcétera) para interceptar informaciones sobre eventuales intercambios por e-mail entre
los terroristas", señala el documento de RSF. "Esto quiere decir que los mensajes de un periodista o de
cualquier otro ciudadano pueden ser descifrados sin que se le informe sobre ello a la persona involucrada. Es como si
se violara la correspondencia postal, además de que se pone en tela de juicio el derecho a no revelar las fuentes".
Según la organización, los ataques pusieron a la red en la mira de los servicios de inteligencia y
facilitaron la creación y funcionamiento de pequeños y grandes Hermanos por todo el mundo.
La organización que tiene como objetivo defender la libertad de expresión señala que "la red podría
figurar en la lista de daños colaterales derivados de las medidas de seguridad que se establecieron luego de
los ataques".
El documento recalca la creciente inseguridad en la Web y la falta de confidencialidad en los
intercambios de mensajes. Y detalla: el gobierno italiano aprobó en diciembre de 2001 una ley que autoriza
interceptar correos electrónicos y conservar los datos de las conexiones y comunicaciones.
Leyes similares fueron aprobadas en Canadá, Dinamarca, España, Gran Bretaña e India.
Régis Bourgeat, vocero de la sede central de RSF de París, explicó que Francia creó mediante decreto un
centro técnico de asistencia encargado de descifrar los archivos encriptados por los internautas.
EPIC (www.epic.org), una ONG estadounidense dedicada a la defensa de la privacidad online,
exhibió documentos que prueban que una falla del "Carnivore" llevó a la revisión de mensajes de cientos de
ciudadanos ajenos a las actividades terroristas, incluidos entre ellos varios agentes del propio FBI.
EPIC demostró que el FBI se vio obligado a destruir información clasificada obtenida por el "Carnivore".
El programa puede monitorear las charlas mantenidas y archivar los hábitos de navegación del investigado.
"El sistema no sólo monitorea las comunicaciones electrónicas de los objetivos autorizados, sino que,
también, selecciona ciertos mensajes de correo electrónico enviados o recibidos por personas no cubiertas en la
orden, lo cual implica una violación de la ley federal de intercepción."
De acuerdo con la organización, "el personal técnico del FBI estaba tan molesto (con la aparición de
mensajes personales de empleados de la agencia dentro del paquete que contenía los e-mails referidos a Bin Laden y
Al Qaeda) que destruyó todos los datos, incluidos los de los objetivos autorizados judicialmente".
El EPIC, severo crítico del "Carnivore", señaló que el caso demuestra que el software no funciona
como corresponde. "Esos documentos confirman lo que muchos de nosotros hemos sostenido durante años:
el sistema es una herramienta poderosa pero errática que pone en peligro la privacidad de los
ciudadanos inocentes. Ahora sabemos que su imprecisión también puede amenazar importantes investigaciones",
afirmó el consejero general de EPIC, David Sobel.