Ignacio Herrera Cruz
1976, un pasado que entonces era futuro por inventarse. En México José López Portillo candidato único
apoyado por el PRI, el PPS y el PARM recorría el país para suceder en el poder a su amigo Luis Echeverría.
Gerald Ford, el único Presidente no electo en la historia de Estados Unidos encararía el reto del ex actor y
ex gobernador de California, Ronald Reagan, en las primarias de su Partido Republicano, mientras que un
oscuro político sureño, Jimmy Carter, pretendía ser el nominado demócrata, para tratar de descongelar la guerra fría
y sortear la crisis energética
producto del embargo petrolero árabe de 1973.
Paulo VI, fuera de visitar sus villas campestres en el verano, difícilmente salía del Vaticano. Leonid
Brejnev presidía con cada vez mayor deslegitimación interna y enfermedades constantes, a la nomenclatura desde el
Kremlin en Moscú.
La Internet era un proyecto de las universidades, centros de investigación y el departamento de Defensa de
EU; Bill Gates quien no tenía correo electrónico que se había perfeccionado un lustro atrás, escribía
personalmente software para otras compañías desde su pequeña "Micro-soft"; el teléfono celular tenía apenas tres años de
haberse inventado y su penetración masiva estaba a décadas de consagrarse.
En ese año dos de los diarios europeos más importantes nacieron con diferencia de meses: La Repubblica en Roma el miércoles 14 de enero y El País en Madrid el martes 4 de mayo. Ambos periódicos han sido
testigos, cronistas y participantes de los cambios en sus sociedades.
Acta diurna
Marginado en el listado de los grandes periódicos mundiales tanto por lo restringido de la difusión de la
lengua italiana, como por la preponderancia a lo largo del siglo XX del milanés Il Corriere della Sera, en La Repubblica se ha documentado la evolución política italiana, desde los llamados "Años de plomo", pasando por la revolución cultural que supuso "las manos limpias", cuando se desenmascaró y enjuició la corrupción de la clase política
ítala tradicional, hasta desembocar en el populismo mediático de Berlusconi.
En octubre de 1975 dos importantes editoriales italianas, Mondadori y el grupo que publicaba el semanario L´Esspreso, anunciaron que a comienzos del año siguiente financiarían conjuntamente un periódico en la capital italiana, la meta era alcanzar los 150 mil ejemplares diarios de circulación, lo cual se consideraba muy ambicioso. En enero de 2002, cuando con el ejemplar del día se entregó por un precio suplementario El nombre de la rosa de Umberto Eco, el tiraje rebasó un millón 200 mil números, habitualmente su promedio de circulación rebasa los 400 mil al día y es de alcance nacional.
Eugenio Scalfari, un periodista y político socialista respetable y respetado entre la intelectualidad y la gente del gremio, fue el director durante los primeros 20 años.
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Fotos: El País Semanal |
El diario se planteó de élite y orientado hacia la izquierda, su modelo en diseño y perspectiva
ideológica-periodística, era el vespertino francés Le Monde, que bajo la conducción de Jacques Fauvet, el sucesor del respetado fundador Hubert Beauve-Mery, vivía sus años dorados en influencia y circulación.
Antes de cumplir un lustro de vida, La Repubblica e Italia se encontraron con tres desafíos: el secuestro y ajusticiamiento de Aldo Moro (marzo-mayo del 78), que supuso la culminación de la radicalización de la izquierda del 68, cuyo rostro más visible eran las Brigadas Rojas; muestra a la vez de la incapacidad de la Democracia Cristiana, el partido que había conducido a Italia desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, para abrirse
realmente a la sociedad y a una verdadera rendición de cuentas.
El segundo reto supuso cubrir desde 1978 la carrera como obispo de Roma de Juan Pablo II, el primer papa no italiano en siglos, con el cual el catolicismo tomaría una nueva militancia en un país crecientemente laico. El tercer espacio de oportunidad lo supuso la invasión soviética a Afganistán en diciembre de 1979, con la cual se derrumbó por completo el mito del socialismo real, lo cual ayudaría a validar el giro ideológico hacia el capitalismo
renovado de los 80.
Los nuevos conquistadores
El año pasado, apareció esta nota: "El Grupo PRISA, editor de El País, ha suscrito, directamente y a través de su sociedad filial Investissements Presse Régionale (IPR), una ampliación de capital en Le Monde S.A. que representa una participación del 17.69% del accionariado de la sociedad gala. El acuerdo, comunicado hoy a la Comisión Nacional del Mercado de Valores, hace efectivos los compromisos alcanzados con la compañía editora del rotativo francés en marzo pasado. La operación le costará 24 millones de euros".
El alumno así, entraba en auxilio del maestro, la fortuna se había invertido dramáticamente, un periódico
novato se había convertido en un órgano poderoso y en constante expansión y el gurú a seguir había perdido lectores
y solidez económica pese a sostener la calidad informativa.
El Comercio peruano, La Nación argentina, El Mercurio
chileno son periódicos influyentes y muy bien escritos, pero su ámbito de acción rara vez traspasa sus fronteras nacionales, en cambio, El País, en un tiempo relativamente breve se ha colocado como el órgano escrito más importante del idioma español, y a través de sus adquisiciones
en medios electrónicos en uno muy destacado en dos continentes.
Tres hombres fueron fundamentales para alcan-zar esta historia de éxito periodístico y empresarial de la Promotora de Informaciones, S.A. (Prisa) fundada en 1972, con la idea de publicar un periódico aunque el gobierno franquista no lo autoriza sino hasta 1975.
El primero en orden de aparición o de preeminencia, es el financiero. Su nombre es Jesús de Polanco, quien comenzó a labrar su fortuna con
editorial Santillana enfocada en libros de temas jurídicos y quien demostrará con los años ser un tiburón de los negocios.
El segundo, el legitimador intelectual, fue José Ortega Spottorno (1916-2002), hijo del filósofo José Ortega y Gasset, quien le devolvió la vida a la Revista de Occidente que había fundado su padre; además Ortega Spottorno creó Alianza Editorial, un proyecto que llevó el libro de bolsillo a sus mejores alturas. Ortega le otorgó a la naciente sociedad la gravedad necesaria para que se considerara una empresa enfocada a la consolidación de la España postfranquista.
El tercero, el reportero, es Juan Luis Cebrián, el primer director, quien vio en El País el vehículo para revelar, explicar y colocar en contexto la movida hispana y el ascenso al primer mundo y terminar la leyenda negra de que áfrica comenzaba en los Pirineos.
Bajo el conjunto de esos tres hombres su periódico innovó la prensa española: El País es el primer diario en aparecer los lunes; su suplemento dominical, a ejemplo del de The New York Times, se vuelve un referente familiar; usa con buen tino la tecnología y al aparecer Internet sabe recular cuando la gente decide no pagar por su
contenido, como sí lo hace en el caso de The Wall Street Journal.
Con El País como porta-estandarte el grupo Prisa se vuelve un monstruo multimedios que adquirió la cadena radial Ser, amplía el número de editoriales (Alfaguara y Taurus-Aguilar), incursiona por la televisión y se asocia en Colombia o México con otros gigantes de los medios.
El intento mexicano
Muchos han narrado la transición en el periodismo mexicano a partir de los acontecimientos sucedidos en Excélsior el 8 de julio de 1976. A raíz de la diáspora de Reforma 18 surgió Proceso y, el 14 de noviembre de 1977 aparece unomásuno, dirigido por Manuel Becerra Acosta, hijo de un ex director de "El periódico de la vida nacional".
Se ha mitificado al diario dirigido por Scherer. ¿Cómo era en su último año? Un periódico con un diseño
horrible, con gráficas nulas, donde se privilegiaba la información oficial, y el diálogo se realizaba con el poder
antes que con los lectores. Con buenos reporteros pero limitada investigación.
Así, en estas condiciones y circunstancias el grupo encabezado por Becerra Acosta desea implantar en el periodismo mexicano las lecciones propagadas a través de El País por Le Monde: rompe con la idea vigente de concentrar los artículos en una sola sección y los distribuye a lo largo del diario, le da un peso mayor a las páginas
culturales, adopta una postura de centro-izquierda, dentro de la constitución como diría Adolfo López Mateos.
unomásuno se vuelve el periódico de las élites capitalinas, que encuentran en él una nueva voz y un conjunto aglutinador, principalmente en el suplemento cultural Sábado, donde Fernando Benítez revive las viejas glorias de México en la Cultura (Novedades) y La cultura en México (Siempre!).
Durante un breve tiempo unomásuno impulsa a reporteros, colaboradores y escritores que alcanzan su punto óptimo como José Joaquín Blanco, quien con sus crónicas en el diario alcanza a un público más allá del restringido de los suplementos, o relanza la crítica cinematográfica con Gustavo García y Andrés de Luna, entre otros casos.
La gran falla de unomásuno es que nunca alcanza un desarrollo empresarial, que le permita trascender la etiqueta de un periódico de capilla, además los problemas internos que culminan con el abandono de una buena cantidad de articulistas, editores y periodistas liderados por Carlos Payán, Miguel ángel Granados Chapa, Humberto Musacchio y Héctor Aguilar Camín en 1983, para fundar La Jornada, en septiembre de 1984, le supuso un golpe al diario,
del cual nunca se recuperaría, hasta que terminó desvaneciéndose en una intrascendencia dolorosa. Parece que aún se publica.
La hora de las cuentas
¿De lo anterior podemos encontrar claves para una ruta exitosa? Sí. La primera, que la excelencia periodística: independencia, investigación, rigor, excelentes plumas, debe ir acompañada por una gestión
capitalista visionaria, arriesgada y que apueste por ofrecer la información de calidad con una constante mejora tecnológica.
Segunda. Una empresa no es la labor de un caudillo, un medio debe institucionalizarse y trascender a sus creadores y encontrar en cada nuevo ajuste el líder que sepa adaptarse al momento que le toca vivir.
Tercera. Un medio de excelencia atraerá a gente de primera, con lo que la
cadena va reforzándose.
30 años. En las próximas tres décadas veremos qué sucede con los periódicos, El País proseguirá su expansión por el mundo de habla hispana, seguirá asociándose o peleando con La Repubblica según les convenga, y el diario romano seguirá pugnando por que la ciudad eterna sea tomada en cuenta como una verdadera capital europea y no se vuelva un museo habitado.