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Javier Esteinou Madrid  Internet y el Estado ampliado


 La construcción del homo ciberespacial

 Javier Esteinou Madrid


I. La expansión del poder

La emergencia de los medios de comunicación y de las nuevas tecnologías de información en las sociedades modernas no sólo representa la maduración del modelo de sociedad de la información y la radical transformación de las superestructuras culturales de las comunidades, sino que básicamente el fenómeno más relevante que produce es la expansión intensiva de la dimensión ideológica de la sociedad.

Esto es, en términos generales, puede pensarse que con la presencia de los medios de comunicación la sociedad en su conjunto sufre una gran dilatación cultural, desde el momento en que las instituciones, los grupos o los individuos pueden extender la realización de sus tareas o funciones específicas a través de las tecnologías de información y comunicación.1

Con ello, el espacio público comprendido como el territorio libre, abierto y autónomo donde participan los individuos, los grupos y las instituciones, de acuerdo con sus intereses y necesidades, se transforma con la existencia de los medios de información dando origen a nuevos espacios públicos, según sean las características y el impacto social que produce cada nueva tecnología de comunicación que emerge.

Si no es abierto a la acción de todos los sectores, no se convierte en espacio público, sino que se mantiene como privado. Así, con la introducción de las innovaciones tecnológico-comunicativas aparecen nuevos espacios públicos dedicados a la economía, la política, la gobernabilidad, los servicios, la educación, la salud, el comercio, la cultura, el entretenimiento, los deportes, la religión, el amor, etcétera. La sociedad entra entonces en la fase de producir nuevos procesos culturales de consecuencias sociales amplificadas e insospechadas.

Es por esto, que con la presencia de los medios de comunicación lo que se transforma, a corto plazo, es el esqueleto ideológico de la sociedad en su conjunto y, a largo plazo, el del Estado. De esta manera, con la acción de las tecnologías de información el Estado experimenta una gran transformación en su estructura económica, política, social, cultural, pues las tareas de construcción, dirección y cohesión ideológica que realiza entran en una nueva fase de extensión geométrica que da origen a una nueva faceta del poder: el moderno Estado ampliado.2

De esta forma, el Estado entendido como el conjunto de recursos administrativos, jurídicos, ideológicos, educativos, etcétera, que se destinan para gobernar y dirigir a la sociedad y para conservar y reproducir el poder, se transforman con el surgimiento y la acción de cada nueva tecnología de información que impacta sobre la sociedad. Históricamente esta dilatación del Estado no se inicia con la presencia de las tecnologías de información, sino con la aparición de la expansión material de la infraestructura propia de las primeras instituciones ideológicas como son la familia, la Iglesia, las organizaciones culturales, la escuela, entre otras, que posibilitan las primeras ampliaciones culturales del gobierno.

Sin embargo, especialmente durante el siglo XX, con el desarrollo de estas nuevas herramientas intelectuales productoras de conciencia, los aparatos de hegemonía tradicionales sufren un desplazamiento sustancial del lugar central que ocupan, para dar paso al surgimiento de una nueva ampliación del bloque en el poder, vía las modernas tecnologías de comunicación.3

Por este motivo, el nacimiento de esta nueva zona del Estado ampliado se encuentra en íntima correspondencia con la evolución y organización que adopta cada nuevo sistema y proceso de comunicación que aparece: a mayor producción de máquinas culturales, mayor expansión del Estado ampliado; y a menor desarrollo de las tecnologías de comunicación, menor ampliación del Estado extenso.

Así, observamos que la emergencia y desarrollo de todo medio de difusión o tecnología de información, a mediano y largo plazo, provoca una nueva transformación o desdoblamiento del Estado ampliado y de la sociedad, y adquiere las características que le son propias de cada uno de estos apoyos técnicos.

En efecto, analizando grosso modo la expansión de los medios electrónicos, encontramos cuatro grandes rasgos de evolución histórica que ha presentado el espacio público y el Estado ampliado, según ha sido el grado de perfeccionamiento material e institucional que ha alcanzado cada una de estas infraestructuras tecnológicas y las repercusiones sociales que han ocasionado.

Así, con el germinar de la primera generación de aparatos de comunicación entre 1907 y 1930 (radio de amplitud modulada, reducida cobertura radiofónica, bajo consumo radio-eléctrico, etcétera) aparece una primera cara embrionaria del Estado ampliado que se caracteriza por el refuerzo aislado y burocrático de las principales instituciones privadas y gubernamentales a través de éstos. En este periodo, los medios son empleados como meros portavoces de las tareas que ejerce cada aparato estatal de regulación social, sin cristalizar la elaboración de proyectos de cohesión nacional sino simplemente de unión y extensión ministerial.

Con la presencia de la segunda generación de medios de comunicación electrónicos entre 1940 y 1957 (televisión a color, aparatos portátiles, radio en frecuencia modulada, mayor cobertura radiodifusora, aumento del tiempo de exposición a los medios, cambios en los contenidos de programación, etcétera) surge un segundo rostro del Estado ampliado que se distingue por producir programas de integración y conducción nacional a través de éstos. Con esto, se amplía la base social de los regímenes democráticos o de otro corte, al proveer de mayor difusión de información a todos los sectores sociales, lo que se traduce en mayor participación social. En esta etapa las tecnologías de información entran en estrecha coordinación con las industrias nacionales, con el fin de consolidar sus proyectos de concentración y acumulación económica. Así, se elabora una nueva identidad del Estado basada en los proyectos de homogeneización y masificación cultural de la población.

Con el nacimiento de la tercera generación de medios de comunicación de 1950 a 1990 (cablevisión, satélites, videodisco, computadoras, teletexto, sistemas de video con enorme cobertura y gran rating de audiencia, rápido flujo de programación, gran versatilidad de ubicación) aparece una nueva faceta del Estado ampliado nacional que entra en oposición con el Estado ampliado transnacional. Se da así una cara híbrida del Estado provocado por la lucha y yuxtaposición cultural que libra el proyecto multinacional y el proyecto nacional, a través de los medios de comunicación.

En este sentido, hasta la tercera generación de medios de información el modelo de comunicación que se construye con la sociedad se basa en el clásico proceso compuesto por el emisor-mensaje-receptor y produce una relación masiva, vertical, monopólica, fuertemente cerrado, muy concentrado y altamente costoso.

Finalmente, la cuarta generación de tecnologías de información de 1990 al siglo XXI ­particularmente con el surgimiento de la Internet y sus fenómenos interactivos derivados­ transforma gradualmente la estructura cultural y comunicativa anterior de la sociedad dando origen a un nuevo modelo de comunicación virtual que produce nuevas facetas del Estado ampliado: el ciberespacio.

II. La construcción del nuevo espacio público: el ciberespacio

Con la introducción de Internet en la historia moderna emerge un nuevo sistema nervioso tecnológico planetario que produce gradualmente, a nivel nacional y mundial, una novísima capa de neocorteza tecnológica en la estructura de los diversos cerebros colectivos que articulan a las múltiples naciones y comunidades que existen en el mundo. Así, en los últimos 40 mil millones de años de existencia de la infraestructura material de construcción de la conciencia humana, Internet surge, paulatina y silenciosamente, en el último tercio del siglo XX como la más reciente estructura cerebral artificial que cubre al planeta mediante un nuevo sistema tecnológico-cerebral que construyen los hombres y conecta con todos los puntos cardinales de nuestro hábitat.

Con ello, se gesta una nueva extensión material de los sentidos del hombre que prolongan geométricamente las facultades cerebrales (racional, visual, auditiva y cognitiva, entre otras) y emocionales (sentimientos, deseos, placeres, etcétera) de los individuos, creando una nueva megarred neurotecnológica, a través de la cual los individuos y las instituciones tele-interactúan colectivamente en el última década del siglo XX y el siglo XXI.4

De esta forma, la Internet se introduce en las sociedades contemporáneas como un nuevo intermediario técnico-cultural entre las relaciones sociales, que modifica las estructuras informativas, comunicativas e interactivas anteriores y da origen a nuevos fenómenos de comunicación, relación, información y participación colectiva.

En este sentido, podemos decir que hasta antes del surgimiento de Internet las sociedades del siglo XX funcionaron con un modelo de comunicación colectiva predominantemente vertical, unidireccional, rígido, concentrado y monopolizado. Sin embargo, con la presencia de Internet y su rápida expansión en la sociedad del nuevo milenio se interrumpe el modelo unilateral anterior y a partir de la formación de un gran complejo de redes interactivas que introduce, surge un modelo de información-comunicación autónomo, flexible, libre, multidireccional, desconcentrado, abierto y plural (ver cuadro).

Así, la Internet actúa como una tecnología de convergencia que integra y ordena todas las tecnologías tradicionales con nuevos medios de punta desatando avanzados procesos económicos, políticos y sociales no calculados en el pasado. De esta manera, los sistemas de comunicación se deben entender antes y después de Internet, pues esta última tecnología "rompe con el esquema clásico emisor-mensaje-receptor y se pasa a un mapa donde proliferan una multiplicidad de fuentes emisoras de mensajes".5 Con ello, se transforma radicalmente el proceso de interacción y respuesta entre emisor y auditorio: el emisor se convierte en receptor y el receptor en emisor, creándose a partir del acceso a la red condiciones de mayor apertura e igualdad comunicativa. Esto permite el surgimiento de un nuevo orden de comunicación que lentamente adquiere forma y dirección social, a través de la World Wide Web.

Con esto, la Internet construye un nuevo tejido social, elaborado por redes tecnológico-sociales de intercambio, que da origen a un nuevo espacio público de interacción social caracterizado por ser una zona libre donde, cada vez más, se realiza un porcentaje creciente de las relaciones humanas e institucionales de intercambio simbólico o informativo: el ciberespacio. Este nuevo espacio público es tan distinto a las estructuras y dinámicas de los espacios públicos anteriores que existe un espacio público antes y después del Internet. Con ello se modifican las reglas de la interacción social tradicional produciéndose nuevas formas virtuales de socialización y de participación grupal.

La naturaleza específica de este nuevo espacio social es que las realidades o procesos que suceden en este terreno son virtuales, es decir, no son experiencias directas que se viven, sino representaciones de la realidad que se construyen a partir de informaciones, códigos, símbolos e imágenes. Lo propio de la "experiencia virtual es que todo se desarrolla en un terreno esencialmente simbólico. Allí la vida son sólo intercambios, signos y códigos que los habitantes de cada comunidad poseen para interactuar en los espacios significantes del universo de sentidos donde suceden acontecimientos, ideas, valores que llegan a ser compartidos en el ámbito de la comunidad virtual".6

Así, en el ciberespacio surge un mundo simbolizado donde las relaciones sociales y la interacción sociocultural son simuladas a través de la construcción metafórica de un mundo simbólico en el cual empieza a ser predominante el mundo de la imagen sobre el objeto físico y donde todo ocurre como sí.7 Se trata de un "campo cultural en donde nos enfrentamos a nuevos productores simbólicos y nuevas maneras de construir el sentido y de encontrarnos con los otros, en un contexto de difracción del sentido en donde el juego de metáforas analógicas y metonímicas sehace predominante y crea la impresión de estar desenvolviéndose en un espacio sin fronteras entre lo real y lo imaginario".8

Dicha zona de acción colectiva surge con las mismas propiedades de autonomía, libertad, multidireccionalidad, apertura, desregulación, flexibilidad y pluralidad que posee el modelo de comunicación que introduce Internet; y también con las mismas limitaciones de elitismo inicial, fragilidad y vulnerabilidad que conlleva su arquitectura.

Esta interacción colectiva, que se ha dado mediante el nuevo espacio público que ha creado Internet, ha generado profundos cambios en las relaciones individuales, ciudadanas, grupales e institucionales, privadas y públicas, nacionales e internacionales, produciendo nuevos fenómenos de prolongación de dichos ámbitos a través de esta tecnología. Como nuevo mediador técnico, Internet modifica la forma de interacción humana, dando origen progresivamente a nuevas culturas, mentalidades, hábitos y comportamientos, personales y grupales, que cristalizan en la nueva naturaleza del homo ciberespacial.

Esta realidad genera nuevos espacios públicos y privados de vinculación y acción social y transforma los anteriores. Así, desde el punto de vista político, cada vez más, la esfera pública que introduce Internet en la sociedad sustituye a la antigua plaza pública o al ágora y en el nuevo espacio abierto que produce se discuten y razonan las ideas y los problemas colectivos de la ciudad, de lo común y de lo "público", y se organiza a la población a partir de grupos de opinión.9

Con la revolución tecnológica de Internet y la introducción de su nuevo modelo de información-comunicación en la base de interacción social se transforma una porción fundamental de la base material de operación del Estado tradicional. A partir de ello, el Estado ­entendido como el conjunto de recursos administrativos, jurídicos, ideológicos y educativos, entre otros, que se destinan para dirigir y gobernar a la sociedad y conservar y reproducir el poder­ se transforma dando origen a una nueva expansión del Estado ampliado que impacta sustancialmente sobre la forma de operar de la sociedad.

Contrariamente a las anteriores expansiones históricas del Estado caracterizadas por su verticalidad, su rigidez, su unidireccionalidad y su monopolización, esta nueva ampliación se distingue por ser abierta, multidireccional, autónoma, desterritorializado, plural, sin identidad rígida, interactiva, flexible, sin censura, desregulada, inteligente, supraterritorial, global e incluso vulnerable en su seguridad y control.

En este sentido, Internet se convierte en una zona de emergencia de un nuevo Estado ampliado que oscila desde la capacidad para reproducir ágilmente las estrategias para gobernar y conservar el poder hasta, al mismo tiempo, permitir el surgimiento de otro Estado ampliado más civil, más participativo, más interactivo, más flexible y más contestatario ante el poder tradicional. Así, paulatinamente, el Estado tradicional se reconfigura y redirecciona con la acción de Internet adquiriendo nuevas capacidades de acción orgánica sobre la sociedad.

De esta forma, a principios del siglo XXI el campo económico, político, administrativo y cultural del Estado tradicional queda rebasado gradualmente por la autonomía del ciberespacio, surgiendo una nueva gama de fenómenos colectivos que permanecen fuera del terreno de influencia y control del poder tradicional.

Con ello se modifican realidades y conceptos como nación, soberanía, identidad nacional, rectoría del Estado-nación, espacio público, hegemonía, geografía política, seguridad nacional, territorio cultural, políticas culturales, mapas de conocimientos, legislaciones locales, otorgamiento de concesiones o permisos, transmisión directa, censura, participación social, etcétera. Así, con Internet y "las Nuevas Tecnologías de Información" (NTIC) se impulsa un carácter global diferente al que conocíamos a través de los modos tradicionales de transporte y comunicación, donde la movilización de objetos y sujetos estaban circunscritos a los marcos definidos por los límites de un Estado-nación.

Las NTIC desbordan los límites jurídicos, políticos y territoriales del Estado- nación y relativizan la distinción entre lo próximo y lo lejano, acercando las distancias y desdibujando las fronteras de las culturas nacionales. La cultura nacional pierde en el ciberespacio el lazo orgánico con el territorio y con la lengua y, de hecho, se alteran las formas tradicionales de entender las identificaciones nacionales. El "ciberespacio da lugar a una representación cultural distinta a la representación geográfica del espacio territorial en el mundo real. Todo está dominado por la desterritorialización de los lugares, por la existencia de los no lugares".10

En ese sentido, frente a las narices de los Estados nacionales aparecen nuevos espacios públicos supraterritoriales, desconcentrados, autónomos e hiperdinámicos que funcionan con total independencia ante los poderes locales y que, con la convergencia tecnológica entre informática y telecomunicaciones, avanzan, a gran velocidad (velocidadpunto.com) hacia horizontes insospechados. La velocidad con que "ocurren los cambios en la red va provocando un mundo signado por la complejidad y la incertidumbre que constantemente nos ocasiona la pérdida de referentes. Las experiencias colectivas en épocas y espacios del territorio nacional van cediendo paso al territorio virtual en el cual predomina la desagregación de un nosotros, para la reconfiguración de otro nosotros que habita, siente, se comunica e interactúa en el ciberespacio. 11

En dicho territorio pueden accionar según sus intereses todos los sectores sociales que cuentan con las condiciones tecnológicas, financieras y culturales de acceso a la red, produciendo una nueva zona de multiacción social. Este último rasgo de flexibilidad ha dado origen a una nueva forma de organización, participación y expansión de la colectividad en general y de su vertiente de sociedad civil, nacional e internacional, que permite el fortalecimiento de la participación ciudadana frente al Estado. Así, en nuestro nuevo "espacio de referencia no hay centros ni periferias. No hay verticalidad (inferior ni superior). Cada uno exactamente como en la red es capaz de comunicarse con cualquier otro punto sin someterse a jerarquías ni a mediaciones. Aquí la innovación, la ruptura, la propuesta puede provenir de cualquier lugar geográfico que no reconoce áreas privilegiadas, puntos de excelencia, escalafones...".12

Con esto, se puede contribuir a quebrar la prepotente centralidad del viejo Estado monopolizador, que absorbía para sí cada aspecto de lo público, cada fragmento de la dimensión colectiva para generar la regla de la existencia de la no-ciudadanía.13 En suma, la existencia de la red está aportando embriones para la construcción de un nueva estructura de sociedad y de Estado.

La gama de expansión de la sociedad y del Estado ampliado vía Internet ha sido tan intensa que da origen a la Era Internet, con su correspondiente generación Nasdaq o punto.com. De esta forma, observamos que el conjunto de las instituciones y procesos sociales tradicionales de la antigua sociedad en transición hacia la tercera revolución industrial o la sociedad de la información se prolongan por el tejido que construye la red de Internet produciendo la sociedad de redes. Así, la educación, la política, la administración gubernamental, la atención a la salud, los servicios financieros, el comercio, la participación civil, etcétera, se prolongan vía Internet para ofrecer sus servicios y realizar sus funciones.

La concretización de esta expansión oscila desde el boom de la nueva economía digital,14 la construcción de la banca electrónica,15 el comercio virtual,16 el gobierno digital, el impulso notable a la sociedad de la información, las nuevas alianzas tecnológicas, la cibercomunicación, el incremento de la productividad, la reingeniería empresarial,17 el reforzamiento del teletrabajo, la promoción de las campañas políticas,18 la formación de cibercomunidades, la ciberdiversión, los cafés cibernéticos, el cambio industrial; hasta los ataques informáticos,19 la presencia social de las guerrillas vía Internet,20 el asalto a los portales del Estado, la contrapolítica virtual, la piratería informática, la ciberpornografía,21 el terrorismo cibernético, el boicot a los procesos electorales, el delito informativo, etcétera.

Con esta inserción cada vez más orgánica de Internet con todos los espacios de acción de las comunidades se logran atenuar parcialmente las crisis modernas de eficiencia, representación y organicidad que ha experimentado el Estado contemporáneo con la sociedad que intenta representar y dirigir.

Aunque en su etapa inicial Internet todavía opera como una herramienta elitista y privilegiada que produce exclusión de grandes grupos sociales,22 debido al fuerte costo de los equipos técnicos básicos, los conocimientos especializados para su manejo (alfabetización tecnológica), el uso predominante del idioma inglés y los altos precios de operación, rápidamente, a partir de su vertiginosa superación tecnológica y del avance de la revolución informática, éste ha incrementado su expansión en la sociedad, especialmente, en la medida en que han descendido sustancialmente los costos de adquisición de los equipos computacionales;23 que se han lanzado al mercado las conexiones gratuitas con algunos servidores;24 que se han desarrollado nuevos accesos tecnológicos a Internet vía la televisión interactiva;25 que se han aplicado los sistemas automáticos de traducción idiomática;26 que se ha introducido la simplificación de los software y que se ha hecho eficiente el acceso a Internet vía satélite (Internet móvil), eliminando la conexión telefónica.27

En este sentido, aunque inició selectivamente, como ha sido la historia del origen todos los medios de comunicación anteriores (teléfono, prensa, radio, televisión) y las nuevas tecnologías de información (fax, cable, parabólicas, computadoras, telecomunicaciones, convergencia tecnológica), en el menor tiempo de la evolución de los medios de información, la presencia embrionaria de Internet está logrando el rápido acceso de la población al mismo, produciendo su vertiginosa expansión masiva.

Hasta el año 2000 algunos rasgos de la evolución mundial de Internet reflejan que "existen 40 millones por día conectados a la red, se transmiten 5 millones de correos electrónicos por minuto, 35 millones de correos de voz cada hora y se duplica el número de personas conectadas a Internet cada 100 días. En los últimos 100 años se instalaron 700 millones de líneas telefónicas y en sólo en los próximos 15 años, para el año 2015, habrá instaladas 1,700 millones de líneas".28 Siguiendo esta tendencia, Internet tendrá un crecimiento exponencial en los próximos 15 años en el mundo, especialmente en América Latina.29

Con ello, aunque sea de manera anárquica e inicialmente elitista, Internet y sus derivados interactivos están contribuyendo, velozmente, a crear el ciberespacio como un nuevo espacio público, aumentar la conectividad social, reducir el tiempo y la velocidad de intercambio de datos y de comunicación, incrementar la capacidad de los teleprocesos, aumentar la interactividad social, generar nuevas relaciones sistémicas entre las personas, grupos e instituciones, transformar las estructuras de información establecidas, volver horizontal el acceso y distribución de la información, modificar los procesos de trabajo, democratizar la distribución del conocimiento, potenciar las conductas contestatarias, entre otros fenómenos sociales.

Así, las consecuencias que está produciendo y seguirá innovando la presencia de Internet serán equivalentes a las transformaciones históricas que introdujo el nacimiento de la imprenta en el siglo XIV.30

Sin embargo, no obstante que es necesario reconocer objetivamente el avance exponencial que ha experimentado el desarrollo material de la Internet en los últimos años, debemos evitar caer en las concepciones tecnocráticas o libertarias que plantean algunas ideologías frívolas de la modernidad o del fin de la historia, señalando que vía el acceso a las técnicas más avanzadas se resolverán por sí mismos todos los problemas sociales, especialmente, el de la democracia, la movilidad social, la participación, el progreso y la eficiencia. Son los modelos y las políticas de desarrollo globales las herramientas capaces de resolver dichas problemáticas complejas.

Por ello, podemos decir que en las sociedades modernas contemporáneas, Internet y sus derivados tecnológicos interactivos se han convertido en los principales instrumentos que crean y mantienen la más reciente faceta de construcción del nuevo espacio público y de expansión histórica del Estado ampliado. De aquí, la enorme importancia de descubrir cómo y hacia dónde evoluciona dicha realidad, pues determinarlo será comprender las características, la dinámica, la dirección y las posibilidades que existen, vía Internet, para construir un nuevo y superior modelo de comunicación e interacción en la reciente sociedad participativa de redes que está naciendo en el siglo XXI.



Notas

1 Una concepción intuitiva pero también idealista sobre la forma como la sociedad se modifica con la presencia de las tecnologías informativas, la encontramos de manera embrionaria en el pensamiento de Marshall McLuhan. Al respecto, véase La comprensión de los medios como las extensiones del hombre, Diana, México, 1979. Una crítica moderada al pensamiento de McLuhan puede consultarse en Gianpiero Gauraleri, La galaxia de McLuhan, España, ATE, 1981.

Para un panorama general sobre la línea de evolución que han seguido las tecnologías de información desde el telégrafo en 1840 hasta la comercialización de los cristales de silicio, consultar Jean McBride, et al, Un solo mundo. Voces múltiples. Comunicación e información en nuestro tiempo, México, FCE, 1980, pp. 31 a 36.

2 El concepto del Estado ampliado es una categoría analítica totalmente abandonada por la reflexión crítica de la comunicación europea y latinoamericana. La única disciplina que la ha retomado y desarrollado ha sido la ciencia política a través de la teoría de los aparatos de hegemonía, representada, especialmente, por los brillantes trabajos de Christine Buci-Glucksmann.

Nuestro esfuerzo consiste en recuperar dicho arsenal teórico olvidado para enriquecerlo y expandirlo con las aportaciones que ha ofrecido la evolución material de los medios de comunicación y de las tecnologías de información sobre la trama de los aparatos de hegemonía tradicionales. Estamos convencidos que esta matriz teórica es una de las principales vetas y directrices conceptuales que nos permiten comprender las funciones y transformaciones que ejercen las tecnologías de comunicación dentro del actual ámbito del poder.

3 Pensamos que es debido a este tipo de inserción altamente orgánica que han alcanzado los medios de comunicación dentro del Estado y el funcionamiento estructural de la sociedad, que es muy difícil su transformación profunda. Los intentos frustrados más recientes que pretendían modificar la estructura global de los medios de comunicación, los encontramos en el proyecto Retelve de Venezuela, en 1977, y en los proyectos de Derecho a la Información, en 1981, y de democratización de la comunicación, en 1983, en México. Para ampliar este último, véase Javier Solórzano Zinser, "Comunicación social y voluntad política", en El Día, 18 de junio, 1983.

4 "La Tierra se pondrá una piel electrónica", en Reforma, México, 16 de agosto, 1999, y "Una nueva teoría neurobiológica de la conciencia y sus trastornos", Rodolfo Linás, jefe de Fisiología y Biofísica de la Universidad de Nueva York, conferencia presentada en el Instituto Mexicano de Psiquiatría, México, 16 de junio, 2000.

5 Anthony Smith, La tecnología de la información y el mito de la abundancia, citado por Carmen Gómez Mont, "Los nuevos paradigmas de la sociedad", XI Encuentro de Investigadores de la Comunicación: "Nuevos Espacios y Problemáticas en Comunicación", Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación (AMIC), Estudios de Posgrado, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México, México, DF, 11 al 13 de mayo, 2000.

6 Los estudios culturales en la era del ciberespacio, sin autor, versión fotocopiada, México, enero de 2001, p. 8.

7 Ibídem, pp.3 y 16.

8 Ibídem, p.5.

9 Sandra Strikovsky Vestel, La conformación del Internet como un nuevo modelo de esfera pública global: El caso de Chiapas, tesis de licenciatura en Relaciones Internacionales, Departamento de Relaciones Internacionales, Universidad Iberoamericana, México, 27 de agosto de 1999, pp. 16 a 19.

10 Los estudios culturales en la era del ciberespacio, op cit, pp. 3.

11 Ibídem, p. 6.

12 Marcos Revelli, "El nuevo espacio público. Los talleres sociales, la comunicación y las periferias", en Memoria, núm. 148, Revista Mensual de Política y Cultura, México, Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista (CEMOS), junio, 2001, p. 3.

13 Ibídem, p. 1.

14 León Opalin, "Economía digital: Una etapa superior de la globalización", en unomásuno, 26 de junio, 2000; "La era Internet hace temblar a Acer", en El Financiero, 13 de enero, 2000.

15 "Banorte atenderá por Internet a 5 mil compañías", en El Financiero, 22 de mayo, 2000.

16 "Acelerado crecimiento del comercio en línea", en El Financiero, 17 de febrero, 2000; "En puerta boom del comercio electrónico", en El Financiero, 1 de junio, 2000.

17 "Xerox se reinventa ante el boom de Internet", en El Financiero, 14 de febrero, 2000.

18 "El papel de Internet en las elecciones", en unomásuno, 5 de julio, 2000.

19 "Clinton tomará medidas contra los ataques cibernéticos", en CNN Noticias en Español, 11 de febrero, 2000.

20 Para comprender cómo el movimiento zapatista utilizó la tecnología de Internet para apoyar su causa, revisar "Notas sobre la política informativa del gobierno de la República en Internet", Fernando Gutiérrez Cortés y Octavio Islas, Proyecto Internet, Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, campus Estado de México, México, 1999, y Sandra Strikovsky Vestel, op cit.

21 Ma. de los Angeles Sánchez G, "Sexo en la red", en unomásuno, 21 de mayo, 2000.

22 "Internet, nueva forma de exclusión", en Semanario de la UAM, boletín de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, México, 17 de enero, 2000.

23 "Golpea a fabricantes caída de precios de computadoras", en El Financiero, 8 de marzo, 2000.

24 "En estudio, acceso gratuito", en El Financiero, 6 de diciembre, 1999; "Inicia la batalla por el acceso gratuito a Internet", en El Financiero, 7 de marzo, 2000; "Se promueve Internet gratis", en Reforma, 7 de marzo, 2000.

25 "Prepara Samsung arribo de nueva tecnología", en El Financiero, 12 de junio, 2000; "Televisión interactiva, paso obligado de la era Internet", en El Financiero, 27 de junio, 2000.

26 "Promueven idioma español en la red", en El Financiero, 9 de marzo, 2000.

27 "Internet móvil: El futuro nos alcanza", en Mundo Ejecutivo, núm. 263, México, 8 de marzo, 2001, p. 212; "Internet móvil no ha tenido la aceptación que se esperaba", Mundo Ejecutivo, núm. 263, México, 8 de marzo, 2001, p. 210; "Internet móvil aún incipiente en Latinoamérica", en Intelicast, Intelicast de México, S.A., México, DF, 6 de abril, 2001.

28 "La tecnología de la información en números mundiales", suplemento "Asterisco", en unomásuno, 30 de mayo, 2000.

29 "Crecimiento exponencial de Internet en América Latina", en Infochannel, Nuevo Milenio, Intelicast de México, S.A., México, 8 de marzo, 2001.

30 "Internet, descubrimiento extraordinario del siglo", en El Financiero, 6 de diciembre, 1999.



Javier Esteinou Madrid es investigador titular del Departamento de Educación y Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco.

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