"Y ésta es otra de las lecciones de
Reforma [fundado en 1993]: la profesionalización de la planta periodística,
que no necesitaba ya de ingresos adicionales a su salario. Tenemos que recordar que incluso periódicos como
Excélsior en sus mejores tiempos al final traían una masa de intelectuales y reporteros que desempeñaban alguna otra
actividad para sobrevivir, como dar clases en la universidad, corregir pruebas o editar una revista institucional, y en
algunos casos cosas oscuras, porque los sueldos de los profesionales no eran tales. El fenómeno
El Norte-Reforma culmina un proceso que venía ocurriendo con mucha lentitud y da el espaldarazo final a esta tendencia de profesionalizar
la empresa periodística, incluyendo las plantas editoriales, algo que sigue siendo, para mi gusto, uno de los
grandes retos de la prensa de principios del siglo que corre."
El biorritmo de la prensa está sujeto a delimitaciones tiempo-espaciales. El de la mexicana puede medirse
de acuerdo con las coyunturas de avance o retroceso democráticos. Desde mediados de los 90 (siglo XX), Sallie
Hughes,15 académica del Programa de Periodismo de la Universidad de Miami, se ha especializado en la relación
política-medios de comunicación, tema, por cierto, de su tesis doctoral para la Universidad de Tulane. Tiene en puerta
la publicación de un libro al respecto y su punto de vista acerca de los diarios del país es que "han tenido
un comportamiento distinto sobre todo comparados con la televisión; la prensa empezó a cambiar mucho antes que
la televisión y en una forma distinta. Ahora bien, algunos diarios comenzaron a comportarse como podría esperarse
de medios democráticos y otros no, por lo que concluí que había varias transiciones dentro de los periódicos mexicanos".
Para ella, el primer síntoma de esas transformaciones ocurre como "una transición que yo llamo más cívica;
con sus vaivenes y sus puntos débiles, ciertos periódicos, mucho antes que otros, empezaron a ser más críticos y
buscaron otro tipo de información en lugar de ser estenográficos; digo esto entre comillas, porque todavía falta que los
medios impresos privilegien una agenda cívica, pero si comparas con lo que ocurría hace una década, puedes concluir
que hay otra prensa".
Si hubiera que honrar la historia, los diarios mexicanos que entre las décadas de 1970 y 1990 constituyeron
la vanguardia como empresas de comunicación embarcadas en dinámicas modernizadoras son, según registros de
Jorge Zepeda Patterson:16
El Norte (Monterrey)
El Imparcial (Hermosillo)
Diario de Yucatán (Mérida)
Siglo 21 (Guadalajara, 1991-1998)
Reforma (ciudad de México)
Norte de Ciudad Juárez
a.m. (León)
El Diario (Ciudad Juárez)
El Universal (ciudad de México)
El Debate (Culiacán y otras plazas sinaloenses).
Sallie Hughes coincide, pero agrega nombres de los que llama "pioneros", considerando independencia
editorial, agenda ciudadana y diversidad temática:
El Financiero (ciudad de México)
La Jornada (ciudad de México)
El Sur (Acapulco)
Frontera (Tijuana)
Público (Guadalajara)
Mural (Guadalajara)
El proceso catalizado por El
Norte, refiere Zepeda Patterson, hizo que "muy poco después
El Imparcial comenzara una dinámica similar. Sin la profundidad y grandiosidad regiomontana, ni con sus niveles de inversión, pero
se convirtió en una empresa organizada, que hoy camina sobre sus cuatro patas: las áreas editorial, administrativa,
de circulación y ventas, y de producción. Luego,
a.m. ha sido en este sentido una especie de hijo menor, no por
una relación orgánica sino por imitación, de
Reforma. Y tenemos Norte de Ciudad
Juárez; las ediciones de El
Debate; y, cosa aparte, Diario de
Yucatán, donde ayudó el hecho de que comparten el poder dos hermanos (uno a cargo del
área editorial y otro del área empresarial). Para mi gusto, éstos son algunos de los principales periódicos, derivados
de empresas sanas con organización moderna. Y pondría en segundo nivel a
El Siglo de Torreón y El
Informador (Guadalajara)".
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Alguien que protagonizó la atmósfera renovadora que se vivía durante los 80 dentro de ciertas empresas
mediáticas es José Santiago
Healy,
17 director general (1982- 2003) y, en tal virtud, estratega de la modernización y
expansión corporativa de
El
Imparcial (Hermosillo). Actual director de
Diario
Latino, un tabloide que fundó recientemente
al sur de California, Healy recuerda que había una "inquietud de transformar el periodismo en México y, en este
caso, en el noroeste del país", la cual "nos llevó a concebir este proyecto de impulsar una empresa periodística moderna
y rentable, pero a la vez independiente y de alta calidad. Desde mi carrera universitaria me preocupó ver el
periodismo corrupto y dependiente que se practicaba en México, con algunas valiosas excepciones que demostraban que
() era posible ese cambio".
Respecto de la versión de Jorge Zepeda Patterson acerca de que los cambios en
El Imparcial y otros diarios se inspiraron en
El Norte (Monterrey), que a su vez estaba influido por los del sur estadounidense, Healy explica
que "ambos modelos influyeron en El
Imparcial, ya que guardamos por muchos años una relación profesional
muy intensa tanto con diarios de Arizona como con
El Norte, sin olvidar periódicos como
Diario de Yucatán, El
Porvenir [Monterrey], El Siglo de
Torreón y El Informador [Guadalajara], con quienes participamos en la Asociación
de Editores de los Estados. () en materia periodística y tecnológica tuvo un impacto más directo la experiencia
que vivió El Norte () durante los 80".
IV
Hace 109 años, en 1896, Adolph S. Ochs adquirió el diario que pronto se convertiría en el prestigioso
The New York Times. Una de las primeras certezas de este patriarca del periodismo mundial era que una empresa moderna y
solvente libraría a su rotativo de presiones extraperiodísticas, dándole la independencia editorial que
necesitaba.18 Es patético que estos vientos soplaran con casi un siglo de retraso sobre unos cuantos de los escleróticos diarios mexicanos y
sus comprometidos y dubitativos propietarios, y que en la mayoría de los casos hayan dado preeminencia a la
vertiente de actualización administrativa, confinando la editorial a mejores tiempos.
José Santiago Healy rechaza esta última idea, niega que en
El Imparcial se haya relegado el aspecto
periodístico propiamente dicho: "El
Imparcial mantenía desde hacía muchos años una calidad periodística reconocida. Lo
que hicimos a partir de los 80 fue, en primer lugar, profesionalizar la redacción: crear un plan de desarrollo para reporteros y editores; contratar a jóvenes universitarios sin vicios ni prácticas indeseables; mejoramos sueldos al tiempo
que eliminamos la comisiones de la publicidad oficial y el 'chambismo'. A mediados de los 80 tomamos medidas
que fueron muy criticadas por el medio periodístico de la región, como rechazar regalos de fuentes y empresas, así
como no permitir el pago de comidas ni de los gastos de viaje en giras de funcionarios públicos y/o privados.
También optamos por no participar en premios estatales y nacionales de periodismo por su evidente oficialismo".
Y sobre la inversión en periodismo investigativo, sostiene que "fue siempre un reto muy importante en
Periódicos Healy. El plan de desarrollo para los reporteros incluía como parte fundamental el periodismo de investigación.
() Años más tarde, creo que fue en los 90, creamos la primera unidad de investigación con dos reporteros
exclusivos. Se hicieron trabajos muy sobresalientes, entre otros la investigación sobre los crímenes de los periodistas
Héctor Félix, de Tijuana, y Víctor Oropeza, de Ciudad Juárez, además de trabajos sobre el narcotráfico, corrupción
oficial, prostitución y demás. Lamentablemente en una de las crisis económicas que afectaron al país, si mal no recuerdo,
en la de 1995, desapareció esta unidad como tal, pero nunca eliminamos los reportajes especiales".
De cualquier modo, es claro que 16 diarios líderes por su modernización empresarial y/o su apertura editorial
(los mencionados por Jorge Zepeda Patterson, Sallie Hughes y José Santiago Healy), concediendo que así sea,
son demasiado pocos para un país donde cada día las rotativas tiran alrededor de
300.19
Zepeda Patterson está convencido, sin embargo, de que aquellos medios echaron a andar una rueda que no se
ha detenido, "si vas a Ciudad Victoria,Tepic, Reynosa o a cualquier otro lugar, encontrarás periódicos que están
tratando de imitar a aquellos otros". Sallie Hughes coincide: "Quizá no en todas las capitales, pero hay varios
periódicos regionales muy buenos y varios pequeños que no tienen mucho reconocimiento pero que a nivel local hacen un
buen trabajo".
Sobre las razones por las que diarios mexicanos no comenzaron a funcionar sino hasta la década de 1980 bajo
la lógica de profesionalización e independencia que Adolph S. Ochs había vislumbrado para
The New York Times desde finales del siglo XIX, Zepeda Patterson explica que "en México es una discusión muy tardía justo porque el
Estado nacional daba las posibilidades de una rentabilidad ficticia que constituía el orden natural de la prensa mexicana",
y que todavía hoy "conseguir esa modernización sigue siendo un reto; ¡Vamos!, el periodismo mexicano
continúa sembrado de proyectos románticos basados en que hacer un buen producto editorial (asumiendo, sin conceder,
que sea posible) es suficiente para tener un gran periódico. Y, bueno, a mí me tocaron las dos partes: en
Siglo 21, la editorial, y en
Público ser el empresario y el director, y me quedó claro que no puedes hacer buen periodismo si
no creas una empresa sana".
Y está el otro aspecto, el de convertir al periodismo en expresión e instrumento del entorno democrático. Sobre
el caso mexicano, Sallie Hughes es optimista, "siempre dentro de ciertos parámetros, algunos de los periódicos
pioneros que he mencionado han ido cambiando con la sociedad, y a veces antes () Como eres un periodista crítico me
vas a decir que los periódicos no son todavía suficientemente críticos, que tienen sus intereses, y eso es cierto, estoy
de acuerdo, pero si comparas con hace diez, 20 años, México tiene otra prensa. Lo más importante es que una
prensa crítica ayuda a la democracia porque permite a la ciudadanía tener información; le permite evaluar candidatos
y propuestas, le dice que no está sola, que sus vecinos están enojados también, y ayuda a monitorear al poder. ()
Por lo menos un sector de los diarios ha cambiado, no 100%, pero sí mucho, y si hacemos un balance, el resultado
es positivo".
Los parámetros de esta académica de la Universidad de Miami para ser optimista se basan en "a quiénes
cubren, cómo los cubren y para quién los cubren; es decir, a quién ponen en su agenda los periódicos y a quién no; qué
temas y cuáles no. Por ejemplo, cubrir la corrupción y la incapacidad
de los funcionarios, y también las ONG, los grupos
de derechos humanos, los asuntos de mujeres; ampliar la agenda pública, la agenda de discusión, es algo que ha
ocurrido en los periódicos mexicanos. Y, bueno, otra cosa sería si están tomando un papel de más monitoreo, de
watch dog, y reportando no sólo lo que dice la oposición, sino investigando; creo que en esto tienen que trabajar más".
El triunfo del foxismo (2000) significó un retroceso en cuanto a lo que los diarios habían progresado en
materia de periodismo de investigación a lo largo de los tres lustros precedentes. En general, dueños, editores, opinadores
y reporteros se contagiaron de la fascinación ante la derrota del PRI y la emergencia electoral de la derecha, y sin duda, en muchos casos, de la posibilidad de nuevos negocios con el poder. Esa atmósfera complaciente fue tan
fugaz como el encanto social por el foxismo, pero bastó para que los equipos de investigación acabaran de
desmantelarse y las empresas dejaran de invertir
de manera sistemática en historias. La banalidad de la nota informativa, tantas
veces sustentada en filtraciones que pretendían suplir el trabajo reporteril, volvió a reinar.
Al teléfono, Sallie
Hughes20 escucha esta afirmación y, después de unos segundos de duda, observa que "al
principio del gobierno de Fox aparecieron muchos casos de corrupción, pero todos como fugas de información, como
filtraciones. Sí, es cierto, no veo tanta investigación como en los 90, pero no
sé si haya sido por simpatía con Fox, que es la
respuesta fácil, o porque los equipos de investigación se dividieron; por ejemplo, el que tenía
Reforma en los 90 era estupendo y se fueron a todos lados, y a lo mejor no están haciendo lo que necesitan para formar nuevos cuadros".
Ella insiste en que hablar de simpatía de los diarios con el foxismo es simplista. "Había una luna de miel,
puede ser, pero también creo que estaban aprendiendo cómo comportarse en una nueva situación, porque a lo mejor no
es tan obvio muchos tomaron como una identidad de oposición ante un régimen autoritario tenemos el caso de
La Jornada cuando gana el PRD en el DF; ahí uno se pregunta, 'ahora qué'; es más fácil ser periódico de oposición,
el problema es cómo comportarse ahora que es una democracia al menos electoral".
José Ramón Santillán Buelna, profesor de la Universidad Iberoamericana, publicó a mediados del año pasado
un artículo21 donde da cuenta de una amplia investigación que demuestra, en términos cuantitativos, el papel
relevante de la prensa en la transición mexicana. Un análisis de contenido en el periodo 1988-2000 de los diarios
Excélsior, La Jornada y
Reforma, le permite sostener que "una parte de la prensa contribuyó al cambio democrático, pacífico
e institucional", pero, además, que esos diarios, "mediante la producción de sus unidades de opinión, editoriales
y artículos, y condicionados a una política editorial, participaron en la formación de una corriente de opinión
favorable al cambio político".22
Y en el camino ofrece aportes que dan un buen motivo para insistir en el asunto del periodismo de
investigación. Basado en la teoría de la
tematización formulada por Niklas Luhmann en la década
de 1970, Santillán Buelna recrea el camino a través del cual se construye la opinión pública, donde "los medios de comunicación de masas,
como institución pública, son piezas fundamentales para el equilibrio y el sistema
social",23 en tanto que establecen
los temas de la agenda de discusión pública mediante una serie específica de
political issue (en un trayecto que va de
la exposición pública de temas controvertidos a la búsqueda de soluciones).
Explicando a Luhmann, este autor añade que dicha "tematización está generada por la comunicación
pública desarrollada por el sistema político, donde los medios funcionan como instituciones destinadas a organizar la
opinión pública, actuarán como mecanismos reductores de esta complejidad y como generadores del sentido social
compartido públicamente".24
Se infiere el potencial de los medios para decidir, inducidos por el poder o por sus propios intereses, qué, cómo
y cuándo publicar qué temas (political
issue), y cómo encausar mediáticamente sus efectos en la vida política.
Santillán Buelna está convencido, sin embargo, de que esto guarda una enorme posibilidad, de que los
political issue "Para los miembros de un periódico: jefes de información, directores editoriales, reporteros, articulistas, editorialistas
se presentan como una oportunidad, informativamente hablando, que supone una dinámica en su trabajo. En este
caso, las funciones de trabajo y la producción informativa que se aplican en los
media al seguimiento de un political
issue sirven para su contextualización, entendida como una valoración periodística para reconocer los argumentos
con que se debate en los medios".25