Cómo se construye el pacto
oyentes-periodistas en la radio
Irving Berlín Villafaña
Sin la estela de confiabilidad que van dejando a su paso los programas noticiosos de la radio, es posible
que ninguna adhesión de audiencia los siga por donde fueren.
Las estrategias de legitimación, de posicionamiento, las "ilusiones de decir verdad", o como quiera usted
llamarle, están presentes en el discurso informativo como una obligación estructural, sin la cual el valor, la asiduidad,
la fidelidad de audiencia y, por consiguiente, el pacto comunicativo y el consenso no serían posibles. ¿Cómo se
logra este pacto entre oyentes y periodistas en la radio mexicana? ¿Qué le da valor a los mensajes de tal modo que
son privilegiados en lugar de otros? ¿Cómo se construye la objetividad y el derecho de decir del periodista? ¿Quién
tiene el patrimonio de la verdad y la valentía?
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Ricardo Rocha Foto: Jaime Boites |
Uno de los elementos de control de la "credibilidad de la verdad periodística" es la consabida separación
entre los géneros de opinión y los informativos que diferencian sus efectos de sentido mediante técnicas de
redacción específicas como la eliminación de adjetivos y predominancia de verbos y nombres, la descripción de
hechos mediante preguntas básicas de observación aparentemente incuestionables, la verificación de fuentes
informativas, etcétera.
Es decir, la construcción del "hecho" y de la "opinión" supone la existencia de gramáticas y estructuras
especiales, cuya competencia debe ser compartida por productores tanto como por reproductores. Aunque, en lo general,
se aceptan como válidos los deslindes entre exposición de hechos (géneros informativos) y de opiniones
(géneros interpretativos), como ideales éticos y políticos de los contenidos periodísticos, no en todos los mercados
comunicativos tienen igual repercusión en la generación de la credibilidad frente a sus audiencias ni en todos los medios
tienen la misma importancia.
El efecto de verosimilitud no se genera por definición. En nuestro análisis de dos noticieros mexicanos
hemos identificado hibridismos como los siguientes: entrevistas que son pretextos para el editorial y el comentario,
reportajes de formato mínimo, columnas que tienen variantes de entrevista, comentarios no deslindados de la
noticia, etcétera.
Lo que es creíble en una sociedad está entrañablemente unido con su cultura y sus esquemas de
interpretación que permiten que una idea, hecho u opinión sean aceptados como válidos o posibles; que entren en el lenguaje
de las afirmaciones. Esto quiere decir que en algunas sociedades la credibilidad pasa por el respeto irrestricto a
ciertos géneros y en otras no. El mestizaje de las culturas latinoamericanas, las supervivencias culturales tradicionales,
los niveles de desarrollo sociocultural y el goce por la oralidad hacen muy difícil, en el caso de la radio, el deslinde
del que dice con lo que dice.
La subjetividad y la objetividad han tendido un puente de doble tránsito que subraya tanto el hecho como
el implícito de la voz. La radio es habla pública, por lo que caben en ella todos los géneros literarios o
periodísticos y todos los actos del habla (preguntar, convencer, mentir, imprecar, etcétera). Todo lo que somos, lo que
admiramos, lo que tenemos, se encuentra en nuestra forma de hablar. En consecuencia, la credibilidad en los
mercados radiofónicos mexicanos no se relaciona únicamente con el respeto formal de los géneros periodísticos, sino con
los implícitos de la voz; los modos personales, emotivos, de exponer hechos y opiniones cargados de una
identidad familiar que genera entre el "yo" y el "otro" confianzas y delegaciones.
En su libro Periodismo
oral, Iván Tubau afirma que el periodista audiovisual debe ser un actor, quien se
encarga de hacer creer una verdad mediante los recursos de voz y de sonido de que dispone. De ahí, la omnipresencia
de los presentadores radiofónicos que igual leen cabezas, noticias, comentan, rehacen y critican las opiniones de
los columnistas, manteniendo la figura del líder de opinión y portaestandarte de la verdad.
La radio informativa en México sabe perfectamente la conexión entre actor y credibilidad en detrimento de
la corrección de los géneros periodísticos. Así, detrás de cada emisión hay una voz autorizada por la historia, por
la firma, por la trayectoria informativa y por el estilo, desprendiendo su magnetismo legitimador a lo largo de las
tres o cuatro horas que duran los noticieros, de los variados géneros o formatos que incluyen y los
colaboradores periféricos que giran alrededor. Las estrategias de legitimación van desde la explotación de la autoridad, del
dato estadístico, de la originalidad hasta las más cercanas a la publicidad, como aquella que se traduce en el eslogan
"el México que opina es el que piensa" o algo así.
En un monitoreo realizado por alumnos de la Universidad del Mayab y según información proporcionada
por Valerie Amador y Martín Echeverría Pedro Ferriz de Con y Ricardo Rocha son dos líderes informativos y
competidores por la credibilidad noticiosa explotando espacios referenciales y legitimadores diferentes y hasta
antagónicos. En el primer caso, hablamos de un periodista con acceso inmediato a las antesalas del poder, a sus voces y
puntos de vista, que parece funcionar como un mediador entre la esfera oficial y la sociedad civil, a quien hay que
explicarle las medidas gubernamentales con un lenguaje sencillo, ameno y lleno de certidumbres. Sus estrategias de
legitimación están apoyadas en técnicas retóricas de refuerzo, en eslogans publicitarios, como aquel que utilizaba en
su producto anterior Para empezar: "el noticiero número uno de la radio", el programa de "los hombres mejor informados de México", e incluso asume actitudes retadoras frente a un público que debe estar interesado en
llamar a su programa y convertirse en un dato para su pregunta telefónica.
No así Detrás de la
noticia. Si bien la agenda de ambos noticieros es ligeramente parecida, el tratamiento de
los temas no es igual, llamando la atención la apertura del noticiero de Ricardo Rocha a las voces alternativas. Por
su programa informativo transcurren las voces de intelectuales, universitarios, líderes de asociaciones no
gubernamentales y, frecuentemente, durante las entrevistas se ponen de relieve temas que no son necesariamente
cómodos para los representantes oficiales, creándose la función de mediación entre el pueblo y sus grupos organizados
y/o sus líderes de opinión y las decisiones gubernamentales. No hay una retórica publicitaria para apoyar la
legitimidad de la información ni las cuñas son seductoras y menos se repiten clichés, conjuros, ni se proclama la
autoridad vigente de algún tótem con el fin de generar el aura de resplandor en torno a los periodistas.
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Pedro Feriz de Con Foto: Edgar Medel |
A veces se peca en el sentido inverso:
spots muy trillados y entradas repetibles y comunes. Los oyentes tienen
línea directa aunque no al aire con los presentadores y cada determinado tiempo hay un espacio para la
transmisión de sus comentarios, sus opiniones, sus denuncias y críticas. Ferriz y Rocha representan, pues, las
estrategias legitimadoras del imaginario, el primero, y el segundo, de mayor naturaleza ideológico-política. La mediación
de lo oficial/sociedad civil no tiene las mismas necesidades de legitimación que la mediación sociedad civil/esfera
oficial. En el primer caso, el riesgo que supone la cercanía a la esfera gubernamental, en especial de la
administración federal, debe ser compensado con estrategias más agresivas que fijen por más tiempo y fortalezcan el
imaginario de la simpatía y la credibilidad. En cambio, quien representa la posibilidad de expresión ideológica de
grupos alternativos, contestarios como aquellos que se relacionan con los derechos humanos, las oposiciones políticas,
la defensa de la ecología y los grupos minoritarios, tiene mayor valor ideológico en ciertos sectores sociales, cada
vez más numerosos y bien distribuidos en todo el país. A mayor legitimidad ideológica, menor necesidad de
legitimación del imaginario y viceversa.
En cualquier caso, hemos llegado al noticiero con firma. La credibilidad que puede gozar un espacio
informativo no está directamente relacionado con la limpieza y el respeto por los géneros de opinión y de interpretación,
sino en la capacidad que tiene el conductor de decir, analizar, involucrarse en los diferentes espacios y hechos
informativos, quedando de manifiesto su
ethos personal; su forma particular de construir la verdad, defenderla,
enjuiciarla, contrastarla y oponerla a la mentira, utilizando cualquier recurso sonoro, literario o expositivo que tenga a
su alcance. El es el noticiero número uno de la radio, no el noticiero ni el equipo que está a su disposición.
¿Cómo explicar que el público mexicano otorgue credibilidad a un conductor que media entre los hechos y
el público diciendo frecuentemente lo que piensa en lugar de lo que es? ¿A qué se debe que formatos
periodísticos tan sólidos como la columna se influyan hasta juntarse apenas con la entrevista para aumentar la credibilidad
y presencia de un periodista? ¿Qué relación existe entre los mecanismos periodísticos de credibilidad y la
idiosincrasia profunda de un pueblo? ¿Las deformaciones y las violaciones a los límites internos de los géneros pueden
explicarse por la presencia de la letra hablada en lugar de la escrita, a la inmadurez del campo, a la cultura profunda del
país, o a todo esto junto?
A estas preguntas sobre la credibilidad de los sistemas informativos radiofónicos, quisiera añadir algunas
pocas certezas: a) la radio y el habla son dos elementos constitutivos de la nueva plaza pública que tiene formas
radiofónicas híbridas; b) la legitimidad del texto está también en el contexto y en el enunciador, por lo que el solo desprecio
o respeto por los géneros periodísticos no genera automáticamente mayor credibilidad; c) el hablante
omnipresente, el líder de opinión que tiene un juicio para todo y en todo momento tiene su simil en las figuras autoritarias de
las culturas tradicionales que, por fortuna, empieza a cambiar.