Ariel González Jiménez
Toda la atmósfera vespertina de un domingo cualquiera ante el televisor, ha encontrado en México, desde hace mucho, un resumen
sentimental, farandulesco y cursi. No hay más: viernes social, sábado familiar y Siempre en domingo.
Espacio transgeneracional de los deseos visuales de la sociedad mexicana, Siempre en domingo tiene un representante único, dueño de todos los cultos de masas habidos y por haber, señor de las consagraciones artísticas: Raúl Velasco.
Alma y cuerpo del canal de las estrellas, este personaje ha envejecido y rejuvenecido sucesivamente en el curso de algo así como un cuarto de siglo. Velasco nació con Televisa y alcanzó en breve un éxito que sus antecesores (Neftalí López Páez y el mismísimo Víctor Iturbe "El Pirulí", con Domingos espectaculares en el Canal 8) solamente soñaron. Sus sacos de rayas, la ingenuidad de su rostro y la natural propensión al sermón, fueron características que debidamente combinadas con la interesada docilidad de sus invitados encontró rápidamente abrigo en el imaginario colectivo: era, es, como el compadre ideal de una muchedumbre de mexicanos [...].
Siempre en domingo es un templo. Raúl Velasco su sacerdote. El binomio perfecto. La gran familia mexicana no tiene con que
pagar, Televisa seguirá fiándole todos los domingos
(Publicado en etcétera, primera época, núm. 88, 6 de octubre de 1994).