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Ignacio Ramonet  "Por sí misma, Internet
 no cambia el mundo"


 Desarrolla la cultura del consumo

 Ignacio Ramonet


En su inicio, hace unas dos décadas con la aparición de las computadoras personales, esta "era de la información" que hoy vivimos hizo promesas que no cumplió; entre éstas, la de ser inclusiva. ¿Qué pasó?

No sucedió nada que no hayamos conocido antes. Cuando se produce un cambio importante en el campo de la comunicación se suceden dos fenómenos concomitantes. El primero es que esa ruptura se ofrece a sí misma como la promesa de un mundo mejor. Ocurrió con el telégrafo, con la radio, con el morse, etcétera. Ni hablemos de la televisión o del teléfono. Surge la idea de que es un mundo nuevo y que, como se trata de comunicación, ese mundo nuevo va a permitir la creación de una sociedad más solidaria, mejor conectada y que se entenderá mejor. Es el eterno combate contra la confusión de Babel. La comunicación va a permitir la destrucción del mito de Babel y, por consiguiente, la creación de una nueva humanidad. Esta es la primera promesa que casi siempre aparece. La segunda observación es que, en general, cuando surge una nueva máquina de comunicar, su uso final se desconoce. Es decir, se cree que el uso va a ser aquel que le damos cuando aparece, por la estructura mental que tenemos en el momento. Pero la irrupción de esa nueva máquina o proceso modifica las cosas de tal manera que el uso final se desconoce. Sobre los discursos eufóricos en torno de la informatización, hoy podemos decir que en cierta medida no se han cumplido, aunque reconozcamos que sus promesas siguen siendo importantes.

Pero, ¿no se han desnaturalizado en alguna medida y por eso ahora hablamos de exclusión y de "inforricos e infopobres"?

Foto: Time
Muchas promesas son válidas todavía, pero hay que identificarlas. Una anécdota como ilustración: estaba en Perú recientemente, durante la campaña electoral, participando de un encuentro sobre nuevas tecnologías y modernidad y vinieron todos los candidatos a dar sus opiniones. Vino Alejandro Toledo, con mucha sinceridad, mucho calor humano y dijo: "Estoy regresando de Davos, donde pude encontrarme con mi viejo amigo Bill Gates y me ha prometido que, si mi programa gana las elecciones, él hará todo lo posible para ayudarme a que instalemos Internet en todas las escuelas del país". Y todo el mundo aplaudió, y creo que Toledo lo cree. Pero, ¿cuál es la realidad peruana? La realidad es que no hay escuelas en los confines del país; entonces, no hay dónde instalar las computadoras. Segundo, una gran cantidad de escuelas de la ruralidad peruana no tiene electricidad, menos aún tiene teléfonos y, muchas veces, los caminos que llevan a esas escuelas no están asfaltados. Internet, en ese contexto, no aporta gran cosa. La idea de que Internet nos va a permitir cerrar una brecha choca con una realidad material muy concreta: que Internet, efectivamente, forma parte de la nueva revolución; pero olvidamos que en estos casos hay aún una "vieja revolución" que es la revolución industrial.

A pesar de que data de fines del siglo XVIII, la industrial es una revolución aún inconclusa, que no ha llegado a todas partes del planeta...

Exacto. Los elementos básicos de la revolución industrial, que son la organización de una administración del Estado, una serie de infraestructuras elementales ­carreteras, dispensarios, escuelas, electricidad, teléfono, etcétera­ no existen. Cuando eso no existe, llega Internet como un marciano en un territorio vacío. Eso no quiere decir que Internet no tenga potencialidades. Pero la ilusión de que Internet por sí misma va a transformar el mundo y va a hacer que la gente pase de una era medieval al futuro se demostró que no funciona.

Algo se puede decir de aquellas otras tecnologías anteriores ­el teléfono, el telégrafo y hasta la organización industrial del correo­, que aún no se puede decir de Internet. Finalmente fueron inclusivas e Internet, en cambio, parece empecinada en dualizar. ¿Por qué?

Sí, tiene un signo de dualización. Porque en esta fase, y a pesar de la sencillez del uso de Internet, se necesita un mínimo de iniciación. Para escuchar radio o ver cine o televisión no se necesita de ninguna preparación; además, el cine se hizo para los analfabetos. En cambio, para utilizar Internet, mínimamente se necesita estar alfabetizado; se necesita saber teclear en una computadora. Movilizar el ratón. Entonces, todo esto que nosotros utilizamos con los ojos cerrados y que es relativamente fácil, para muchos supone una iniciación, mientras que la radio o la televisión o el cine no suponen ninguna.

Esta mínima iniciación, a veces, demanda un esfuerzo colosal. Hay que alfabetizar. Hay países, relativamente próximos a Europa, como Marruecos, donde 60% de la población es analfabeta y ahí tienen el mismo discurso con Internet. Esto supone una exclusión. El último informe de Unesco que se hizo sobre Internet dice que 2.3% de lapoblación mundial ha utilizado en algún momento Internet. Lo cual significa que 97.7% jamás la usó. Por eso estamos en una especie de autoexcitación. Es que todos los que piensan sobre este asunto pertenecen al universo de la comunicación, de la enseñanza, de los industriales, de los empresarios y se excitan porque son parte del fenómeno, no están excluidos.

Y hoy en día consagramos más tiempo ­yo, probablemente, y usted­ a nuestra computadora y a Internet que a la televisión. Para los excluidos no es la misma realidad.

Hay otra cosa que uno puede decir en favor de las tecnologías de generaciones anteriores. Se opusieron con algún grado de eficiencia a Babel, mejoraron la comprensión intercultural. ¿Internet ­y las tecnologías que se asocian a la red­ no está produciendo un hacinamiento de culturas que hace que algunas se sientan amenazadas?

Foto: 24 Hours
in Cyberspace
Lo que produce el vértigo de Internet es que muchas culturas la perciben, a veces de manera irracional, como manifestación de lo que podríamos llamar la modernidad, que para muchas culturas significa la occidentalización del mundo. Es como una invasión y una destrucción de los valores propios y de las culturas propias. No siempre es cierto, pero es una impresión que forma parte de la realidad. Es así como vemos algunos discursos oscurantistas o integristas que rechazan toda modernidad, toda occidentalización. Y rechazan, por consiguiente, el uso de Internet.

El otro aspecto es que Internet no facilita el intercambio, porque favorece el encierro de las culturas en sí mismas. Lo que Internet sí está favoreciendo es la cultura del mercado. Lo que llamamos Internet, en realidad, es dos cosas. Por una parte, el correo electrónico, que es lo que más se usa. Y luego, en la red propiamente dicha, es el sexo, la pornografía (que además es lo único rentable de Internet hoy), el juego y el mercado. Internet se está tornando en una especie de gran centro comercial virtual. Todas las grandes empresas que invierten en Internet lo hacen porque piensan que mañana la gente ya no va a ir al supermercado de la periferia de la gran ciudad, sino que comprará directamente por Internet. Esto es lo que ha permitido crear la burbuja Internet. ¿Cuál es la cultura que se está desarrollando en Internet? La del consumo. Que no tiene que ver necesariamente con una cultura nacional ni con los valores de una cultura universal.

Usted asoció esta reacción a la asfixia cultural a los integrismos o a los fundamentalismos. Pero, ¿son sólo los extremos culturales o es algo más general frente a la imposición ideológica y cultural que supone Internet?

He citado el integrismo como caso extremo, pero podemos pensar que en algunas áreas se puede percibir Internet como un caballo de Troya de la cultura anglosajona. Por otra parte, nos damos cuenta que muchas culturas minoritarias usan enormemente Internet. El grupo, en Internet, que se desarrolló entre los primeros, a principios de los años 90, fue el de la diáspora de Calabria. Estaban en Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Estados Unidos, etcétera. Y ese pequeño grupo creó Comunidad Nueva. Es decir, Internet tiene capacidad también para crear comunidad. Por ejemplo, la militancia antiglobalización; lo que se llama ahora "El Pueblo de Seattle" es una comunidad producida por Internet. Quizá no "producida" por Internet, sino por una serie de ideas. Pero Internet es el vector que ha permitido crear esa comunidad y organizarla. Sin Internet hubiese sido muy complicado.

La percepción del presente griego de la cultura anglosajona es más que un temor irracional. La globalización informática, se nos dice, es de signo universal pero, aunque habla muchos idiomas, tiene uno solo que es "materno": el inglés. ¿Hay anquilosamiento de otras culturas más antiguas y aun más prolíficas otrora que la anglosajona ­pienso en Francia, Italia, España­ en esta etapa de transformación?

Creo que no. El estado de cosas actual tiene que ver con la situación geopolítica que vivimos. Hay que darse cuenta de que el siglo que empieza va a ser el tercero consecutivo de dominación de una nación anglosajona. El imperio británico primero y luego la pax americana. Y ahora hay un siglo con gran hegemonía estadounidense. Tres siglos es demasiado; más que los romanos en el Mediterráneo. Por otra parte, el número también importa. Es decir, el número de personas anglohablantes no sólo es importante en sí, numéricamente, sino que están, en su mayoría, en el norte del planeta. Están en lugares dominantes. Todo eso le da un peso muy fuerte a la lengua. Además, Internet, las nuevas tecnologías de la comunicación y la información nacieron en Estados Unidos. Los demás sólo pueden ir integrándose; además, equiparse para Internet supone un capital de inicio relativamente importante, un material cultural, pero también un capital financiero: hay que comprarse una computadora. Entonces, esto se puede hacer en algunos países.

Pero aunque muchas veces otros desarrollos tecnológicos anteriores tampoco fueron producto de esas culturas, éstas no tuvieron problema en sentar reales. ¿Qué pasa hoy con Internet?

Una observación que no siempre se hace respecto de Europa es que, en todas las generaciones tecnológicas anteriores, el Estado piloteó el proceso. Internet es la primera nueva tecnología en la que el Estado no interviene. El Estado interviene diciendo: "Voy a equipar las escuelas", pero con tecnología estadounidense. No es una intervención. Cuando ve la historia de la televisión ­que inventaron los británicos­, hay una tecnología británica de la televisión; siguieron los alemanes, con una tecnología alemana de la televisión; hubo una tecnología soviética de la televisión, otra francesa y una tecnología estadounidense de la televisión. Internet es una tecnología universal, viene de Estados Unidos y el Estado no se mezcla en ésta. No lo hace porque ya no es un actor importante en la estrategia de desarrollo de un país.

¿No deja esto al mundo a merced del primer "imperialismo" que ­a diferencia del romano en el Mediterráneo o del francés en la era napoleónica­ parece no absorber nada de otros sino sólo imponer?

Efectivamente. El imperio actual, estadounidense, tiene una hegemonía como el mundo nunca ha conocido. Estados Unidos domina ahora solo. Y esto es inaugurar una nueva historia del planeta. Porque los romanos dominaron el Mediterráneo, ¡pero los estadounidenses dominan el mundo! Y lo pueden conquistar cuando quieran. No lo conquistan porque no les interesa. Pero, si les interesara, lo conquistarían; tienen todos los medios para hacerlo. Este imperio tan particular toma muy poco de los otros. Impone. Lo que es curioso de este imperio es que no impone por la fuerza. Estados Unidos tuvo una fase de imposición por la fuerza, durante la guerra fría. Hoy en día, Estados Unidos impone mediante la seducción. Que es la peor de las imposiciones.


* * *

El caballo de Troya de Ramonet


Construirse un adversario a modo, pontificar acerca de él, establecer mecanismos de blindaje y luego llamarles "principios" son algunas de las múltiples formas de la demagogia. Por ejemplo, una cosa es criticar a quienes vieron en Internet "la promesa de un mundo mejor", como dice Ignacio Ramonet, y otra cosa es desconocer sus realidades y sus potencialidades mediante el señalamiento que también hace el periodista francés, de que la red supone una imposición ideológica y cultural de Estados Unidos contra el mundo.

1. Ramonet asegura que la promesa de "la informatización" que hizo Internet no se ha cumplido y, más aún, afirma que ese medio no tiene un carácter inclusivo. Hoy día, Internet perfila una sociedad global de la información. Millones de personas acceden a las noticias de lo que ocurre prácticamente en cualquier país y eso no es poca cosa, más aún cuando la tendencia mundial es la multiplicación de la computadora (cada vez es más barato y accesible, por cierto) en casi cualquier parte del globo. Hablar de "inforricos" e "infopobres" y hacer de esto un concepto de la Internet es lo mismo que criticar a la educación porque ésta no tiene una cobertura de 100% en el mundo (si el entrevistador y el entrevistado convienen en que la revolución industrial no ha concluido, cómo pretenden que los cambios que proyecta Internet sean realidad en menos de tres décadas que tiene de existir). Para que Internet se expanda hacen falta recursos y un grado de alfabetización mayor y vale la pena que se emprendan esos esfuerzos, lo mismo en Perú o en México, precisamente por la utilidad que tiene la navegación electrónica.

2. ¿Que impera la tecnología estadounidense? Sí. ¿Y qué? Lo errático es decir que con esta nueva forma de imponer mediante la seducción, las culturas serán diluidas y caerán en las garras del imperialismo yanqui (esa es una vertiente globalifóbica). El desarrollo tecnológico que supone Internet es parte de los esfuerzos de los Estados nación, de los empresarios y de los ciudadanos e incluso una vía más para el afianzamiento de cada sociedad en un mundo globalizado.

Marco Levario Turcott



Ignacio Ramonet es doctor en historia de la cultura en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, director de Le Monde Diplomatique, y autor, entre otros libros, de La golosina visual y La tiranía de la comunicación.

Entrevista realizada por Oscar Raúl Cardoso. Tomada de Clarín, de Argentina.

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