Daniel Viglione / Carlos Franz
Según Carlos Fuentes, la voz del escritor chileno Carlos Franz es "poderosa, creativa, seductora y
comprometida con la palabra".Luego de leer su último libro,
El desierto -galardonado con el Premio de Novela
La Nación, Sudamericana 2005-, uno puede confirmar plenamente esto que dice Fuentes: la voz del transandino es
dura, fuerte, reflexiva; su prosa -intensamente poética- escapa de los lugares comunes y construye tensiones
dramáticas que, de una u otra manera, representan ese cruce en el que la biografía de un individuo es atravesada por el
destino histórico. Con él conversamos para confirmar esa lucidez que existe en esa densidad de palabras e ideas
que pueblan sus novelas o sus artículos de opinión.
Me gustaría que abordemos el tema medios desde una perspectiva vinculada estrechamente con la
producción literaria. Ya antes había dicho que lo que hace es lo que muchos otros escritores tratan de hacer: "financiar algo
de libertad para sus escrituras de ficción". ¿Podría ampliar esta idea?
Hay que empezar por estar en desacuerdo con uno mismo, ¿verdad? Creo que fue una declaración un poco
cínica. Revisémosla: es cierto que hacer algo de periodismo ayuda, como decimos en Chile, a "parar la olla". Esto, a su
vez, contribuye a evitar que la subsistencia sólo dependa de la ficción que uno produce, con lo cual siempre existe
el riesgo de comercializarse. Pero también es cierto que lo que yo hago, generalmente crónicas y ensayos culturales
o políticos, me gusta mucho porque me obliga a una atención a la realidad que, en gran medida, es un
saludable contrapeso a la fantasía.
¿Cuál es su vínculo con los medios?
Ocasional, diversificado. Pende de un hilo todo el tiempo. Con saludable desconfianza mutua e
indiferencias recíprocas si piensas que, para los medios grandes, las notas de cultura, que es lo que yo hago más, usualmente
son la última de las prioridades. Yo me doy cuenta perfectamente de ello, lo cual tiene el beneficio neto de que
este ejercicio sea precario y a la vez libre por ambas partes.
¿Son los medios impresos el mejor lugar en el que un escritor puede trabajar y desarrollarse?
No. El mejor medio para un escritor de ficción son los libros. Y aun antes, yo diría que son los manuscritos.
Los medios, en el sentido de media, son demasiado atractivos, inmediatos y voraces como para acercarse a ellos
sin tomar muchos cuidados. A cenar con el diablo hay que ir con una cuchara larga. Pero, a la postre, para el
escritor significan la posibilidad preciosa de ser, por ejemplo, un
free-lance; ocupación que yo estimo mejor para un
escritor... mejor que la hoy tan corriente de estar en la academia... o la tan trágica de ayer, y que yo conocí bien, de ganarse
el pan en cualquier otra cosa y ser un escritor de domingos.
En su novela El
desierto, uno de los personajes -Mario- es presentado como un periodista promisorio que
soñaba con ser escritor. En esta presentación de él también se dice que, para que fuera escritor, "le faltaba morir al
menos una vez, que es lo que casi todo escritor necesita antes de ponerse a escribir". ¿A qué clase de muerte hace
referencia? ¿Qué hay detrás de esa frase?
Eso, como siempre, viene de mi experiencia personal... supongo. Yo creo que necesité ese morir, que me
ocurrió una vez cuando tenía unos 30 años, para tomar distancia de la vida... sentir su peso y su paso. Sin esas cosas,
difíciles en la usual exhuberancia vital de la juventud, la escritura se hace y se siente un poco liviana. Al menos para mí.
Las herramientas periodísticas que usted más utiliza para abordar los temas de actualidad suelen ser la
columna de opinión o la crónica de tema libre. ¿Cuál es el estímulo que siente en estos trabajos? ¿El periodismo de
opinión le sirve para mantenerlo alerta de lo que está sucediendo a su
alrededor?
Sí. Pero agregaría un matiz esencial: el alerta que me interesa y me provoca no es hacia la
actualidad, sino hacia la
contemporaneidad... que son cosas, para mí, bien diferentes. Es decir, lo contemporáneo como aquello que
tiende a permanecer y a venir de una tradición, a diferencia de lo actual, que tiende a esfumarse en el presente.
¿Y este alerta no lo hace alejarse de la literatura?
No, al contrario, ese tipo de alerta me está dando estímulos narrativos todo el tiempo. Para el narrador, todo
es material, eso ya se sabe. Pero en mi caso, creo que esta interpretación intelectual de la realidad era algo
bastante natural en mí... que, estimulado por el ensayo, ha ido también encontrando su cauce en mi literatura, como
una apuesta por la ficción con ideas. Sueño ahora -y vacilo- con un híbrido de novela y ensayo. Por otra parte,
escribir crónicas se me transforma cada vez más en una especie de diario intelectual, complemento del de vida; una parte
del objetivo socrático -por decirlo de manera más ambiciosa- de llevar una "vida examinada".
¿Cree que a los diarios, cada vez más y a medida que avanzan otras tecnologías, les toca menos informar?
¿Cree que las columnas de análisis y opinión serán las mejores plataformas de información?
No lo sé. Debiera ser así, supongo. Pero por otra parte percibo una crisis de la información propiamente como tal.
¿En qué sentido?
Por ejemplo, la manipulación de los mensajes y las imágenes en la televisión es tan flagrante que no puede
ningún canal en ese medio argüir creíblemente una superioridad informativa. Por otro lado, la opinión se democratiza
y masifica. Los blogs son una muestra... lo que es positivo, pero también entraña el riesgo de lo que Umberto Eco
ha llamado la "censura por profusión". Se sabe tanto que ya no se sabe nada, a punto fijo. Y en materia de opinión
se produce lo que yo llamaría una "indiferencia de la abundancia", una obesidad del juicio crítico sobrealimentada por tanta opinión.
¿Cuál y cómo es su relación con la radio y la televisión?
Sólo como usuario. Radio casi no escucho, pero veo mucha televisión. Soy un adicto al cable precisamente por
su "profusión" de canales.
¿Nota una diferencia sustantiva en los contenidos de estos medios?
Se habla de especialización, pero a mí me parece que se combina con una convergencia creciente. Hoy día
la velocidad de la imagen digital es la ley de selección natural en los medios. Hasta mi diario inglés favorito,
The Guardian, acaba de cambiar su formato al tabloide de tipo "berliner". Subrayan que es sólo un cambio de formato
y no de forma, pero en el proceso se han cargado a Smallweed, el columnista irónico y culto que se daba el lujo
de demorarse en minucias de sentido lato y lento. Las revistas se abrevian cada vez más. La velocidad lo
miniaturiza todo, como advertía Paul Virilio.