Y la búsqueda de la felicidad en la tele
Sergio Octavio Contreras
La telenovela es el éxito comercial más importante de la TV en las últimas décadas en América Latina.
La puesta en escena aparece por primera vez en los teleteatros a través de historias rosas enmarcadas dentro de la cultura judeocristiana, donde para ser feliz es necesario cruzar un valle de lágrimas.
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Yo soy Betty la fea |
Hay para todos los gustos, desde novelas para niños, ancianos e históricas, hasta para fetichistas, fresas y madres solteras. En países como Brasil, Colombia, Venezuela, Chile, Perú, Ecuador, Argentina y México no sólo se ha convertido en una fuente de entretenimiento en los últimos años, también ha modificado referentes sociales. Al respecto, un ejemplo es el fenómeno de
Yo soy Betty la fea (1999) que llegó a México a través de Televisa. Ante el éxito, esta producción colombiana alargó los capítulos, aparecieron nuevas temporadas y programas para buscar a la doble de Betty y hasta se comercializó una muñeca de la heroína, cuya característica fue pertenecer a la clase media, populachera, sin atributos físicos, pero en el fondo inteligente, sensible y una empresaria innata.
Lo cuestionable de las telenovelas no radica sólo en los estereotipos comerciales, en la apología al
feísmo, en la moralina y el sentimentalismo que prevalece en las historias, sino también en las realidades ficticias
que construyen los referentes inmediatos al seducir al espectador mediante contenidos triviales.
Industria lacrimal
Actualmente en México se transmiten culebrones que reflejan la poca exigencia del público televisivo y un claro atraso de creatividad en una industria que en las últimas tres décadas ha ocupado parte de la vida
de los espectadores con narraciones sentimentales. Tan sólo en cuatro canales comerciales se emiten en
promedio 20 telenovelas de las cuales la mitad son hechas en el país. Los costos de producción alcanzan en promedio
los siete millones de dólares.1
Como parte de la industria de la telenovela se han abierto canales especiales que transmiten las 24
horas del día. A través de SKY que llega a Estados Unidos y a la mayor parte de los países sudamericanos, el canal
120 ofrece un verdadero maratón de culebrones del pasado:
La dueña, Paloma,
Carrusel, Mi pequeña traviesa,
Yo no creo en los hombres, María
José, Las tres Elenas y María
Mercedes, entre otras producciones con
horarios diversos para que quienes trabajan no se pierdan los capítulos, incluyendo secciones de espectáculos en
los intermedios.
Estrellas, como sea
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La hija del jardinero |
Ligado a este fenómeno han aparecido programas parasitarios que en parte viven de lo que ocurre
dentro y fuera de las telenovelas. Son incluidos dentro de las secciones de espectáculos donde su ingrediente
principal es el chisme, convirtiendo la pantalla en un péndulo entre el hedonismo y el sadomasoquismo.
Podemos sintonizar en televisión abierta
La oreja,
Ventaneando,
Hoy,
Vida TV,
El Gordo y la Flaca,
Tras la
verdad y
Cada mañana, entre otras series, sin contar las producciones locales que realizan las televisoras del interior del país.
El desarrollo del melodrama de set ya alcanzó la
telerrealidad, como es el programa Estrellas de
novela de TV Azteca, donde 33 jóvenes buscan alcanzar el sueño de su vida al convertirse en actores, ser famosos
y reconocidos a costa de la propia degradación. Así, aspirar a ser "estrella de tele" es parte de los ritos
del televidente, la imagen en el espejo del espectador en relación con el referente ideal que ofrece el
melodrama. "Lo central es que los personajes de ficción le hablan a unos personajes de la realidad que
experimentan semejantes desasosiegos y preguntas
similares".2
Lo banal, extraordinario
Algunos canales de televisión cuya señal abierta o por contrato sólo alcanza algunas regiones,
aprovechan la falta de producción local para retransmitir telenovelas extranjeras y rellenar un hueco. Este año Canal 40
sacó al aire Mambo y canela, donde la trama fueron los problemas que enfrentó una joven venezolana:
rivalidades, envidias e intentos por hacerle pagar un crimen que no cometió. Actualmente mantiene en su parrilla
varios culebrones foráneos, como Lágrimas de
diamantes.
Por Canal 52 de MVS también se sintonizan teledramas latinoamericanos. De origen chileno,
Romané cuenta la historia de una caravana de gitanos que llega al poblado de Mejillones a festejar el matrimonio de un
rey. Con las actuaciones de Héctor Noguera y Blanca Lewin, la trama se mezcla con los deseos prohibidos que
tiene un sacerdote por el amor de una gitana mientras de fondo musical se escucha una canción de Chayanne. El
"mal de amores" y la lectura del futuro cierran el círculo del melodrama.
Con las actuaciones de Miguel Varoni, Sandra Reyes y Alina Lozano,
Pedro el escamoso nos recuerda al célebre Huicho Domínguez de
El premio mayor (1995). Es una telenovela donde la vulgaridad y la ley
del mínimo esfuerzo son la clave para tener éxito. Realizada en Colombia, Pedro Coral pasó de ser pobre
diablo a conquistador de mujeres ricas y cultas. Huyendo de su pueblo por amoríos, llega a la ciudad a tratar de
rehacer su futuro con la bandera de la decadencia.
Otros culebrones estrenados por MVS son
El puerto de los milagros, María
Madrugada, Juana la virgen y Burbujas de
amor, producciones latinoamericanas cuyas historias son la cotidianidad exaltada en el plano
más profundo: el deseo como vehículo de la banalidad. En las historias comunes "la belleza y la fealdad
son elementos contextuales, respecto a lo que realmente se evalúa, pero son transferidos al valor conjunto de
la persona en cuestión".3
De alegrijes y otros rebujos
Las telenovelas si bien son productos culturales que reafirman o modifican lo establecido, por lo
general cumplen con los cánones morales más arraigados. Para que exista conflicto en toda historia debe haber
dos polos opuestos. En los culebrones la identificación sociológica de las acciones está valorada más por las
tripas que por el cerebro. El bien y el mal determinan la justicia como si se tratara de un valor establecido por
el cinescopio.
En la actualidad varias telenovelas cumplen esta función, donde el mal debe ser erradicado para convertir
la existencia en un paraíso terrenal. Tal es el caso de
Alegrijes y rebujos, culebrón destinado a los niños, que
se transmite todas las tardes por el Canal 2 de Televisa. En la novela los actores están obligados a defender los
diez mandamientos de la ley del rating, a premiar a quien los cumpla y a castigar a quien los
viole.4
La historia tiene como escenario principal un castillo que perteneció a Darvelio Granados, un viejo
millonario, quien crea la palabra "alegrijes" para designar un eros perecedero: la vida girando en torno a la alegría
fugaz. El castillo se convierte en un centro de diversión, donde conviven los pequeños protagonistas Sofía y
Alfonso. La trama define a las personas ególatras, envidiosas, estúpidas y materialistas como "rebujos", quienes
deben renunciar al mal que los invade para alcanzar la redención.
Por el mismo canal se emite Gata
salvaje, serie donde Rosaura representa a una mujer sencilla con
un exuberante cuerpo que no necesita de gimnasios ni dietas, pero anclado en medio de un calvario donde en
el infierno están las otras. Sus enemigas dicen que está loca por envidia y quieren destruirla. Entre sus
pesadillas tiene que enfrentar a Maribella que encarna la insana perversión, al hacerle la vida de cuadritos para
quedarse con el amor de Luis Mario, un apuesto y rico hacendado. La ambientación está marcada por bikinis,
albercas, glúteos, grandes escotes y cuerpos esculturales.
Bajo la misma piel, una de las más recientes producciones de Televisa, es protagonizada por Kate del
Castillo, Juan Soler, Alejandro Camacho y Diana Bracho, entre otros actores. La historia gira en torno a la vida de
cuatro mujeres de distintas generaciones: Miranda, Regina, Sara y Esther. Aparecen como víctimas en medio de un mundo machista donde la mayoría de los hombres son la antítesis de la felicidad, la cual sólo se
puede alcanzar superando las ataduras emocionales, el desamor, el odio y la rivalidad.
En este tipo de historias se desarrollan estructuras de transgresión de valores como la lealtad, la fidelidad
y el respeto a la armonía familiar. Bajo la libido se desenvuelve la trama para dar lecciones de vida a
comportamientos ficticios, alejados del verdadero mosaico social. Es por esto que las historias no sólo se enjuician
por construir sus propios valores sino también por la calidad que
ofrecen.5
Felicidad en pantalla
Parte del campo valorativo que difunden las telenovelas mexicanas en la actualidad, se refiere a la
búsqueda de una felicidad efímera, el sacrificio de la vida por alcanzar un instante de gloria electrónica. Las
series televisivas llegan a cumplir una función fabuladora, donde la ficción familiariza con el mundo social y
mantiene la comunidad.6
Anahí, Juan Peláez, Sara Maldonado, Luis Fernando Pecha y Francesca Guillén protagonizan
Clase 406 que se transmite por el Canal de las Estrellas. En el paso de la adolescencia a la juventud los chicos enfrentan
el sufrimiento, lamentan el pasado y comparten el "amor". Los sueños se evaporan como en la telerrealidad
por culpa de los amigos "negativos", representados por el dinero, la codicia y la prepotencia. La pobreza
cultural y el ocio no importan, la felicidad llegará cuando sean adultos.
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Amor real |
Susana González y Eduardo Santamarina llevan los roles principales de
Velo de novia, producción de
Televisa que retoma el mito del matrimonio como máxima aspiración existencial de la mujer. El nombre del
teledrama define los valores que mueven a sus personajes. El protagonista de la secuela es José Manuel, un
ciclista profesional que pierde en un terrible accidente a su prometida Ángeles, quien dona el corazón a una
joven humilde de nombre Andrea. Con su nuevo corazón Andrea termina enamorada del galán atleta, su
leit motiv es llegar al altar.
Canal 13 de TV Azteca mantiene al aire
La hija del jardinero, donde don Fernando (José Alonso), hombre
duro y frío, es padre de Luisa Fernanda (Mariana Ochoa), quien se enamora de Carlos Eduardo (Carlos Torres),
un estudiante de medicina emprendedor, que tiene que luchar contra todas las intrigas para alcanzar la
felicidad. El "amor" fincado en una persona es ofrecido al televidente como un bien sin el cual las mujeres no
pueden ser felices, refuerza la idea del mito de la media naranja, donde el infierno es la soledad. Lo más trágico es
nunca casarse.
Dos chicos de cuidado en la
ciudad es protagonizada por los ex "académicos" Víctor González y Raúl
Chávez. La telenovela cuenta la historia de dos hermanos que sueñan con pisar un escenario y firmar autógrafos,
por lo que deciden dejar el pueblo que los vio nacer para estudiar en la Universidad de Música, una especie
de instituto de "alto rendimiento". Ahí entran en conflictos, se enamoran y amargan la vida, pero sus anhelos
no se pierden, algún día llegarán a grabar un disco, a estar en televisión, un sueño convertido en realidad a
través de la televisión.
La invasión de los reality
shows llega al teledrama y demuestra que vale la pena correr cualquier riesgo
para tener 15 segundos de fama. Las telenovelas dan esa aspiración y hasta definen los deseos de las audiencias.
Por esto en "la televisión los aspectos comerciales, tecnológicos e industriales no son tan importantes como
la utilidad cultural y política que le dan sus
usuarios".7
Telenocracia
Las telenovelas definen mediante la ficción el bien y el mal, las aspiraciones, deseos y esperanzas de
una sociedad que cuando apague el televisor regresará a la realidad, el poder de la imagen termina
imponiéndose a la comprensión del drama fabricado.
Mi bella gorda es ejemplo de la compasión como vehículo de salvación. Inspirada en historias donde
las mujeres "feas" se convierten en heroínas, en este teledrama Valentina (Natalia Streignard) es una chica
dulce e inteligente, pero obesa compulsiva que para evitar sus complejos toma dulces como antidepresivos.
Rompiendo los patrones comerciales la protagonista busca el amor del guapo publicista Orestes Mercouri
(Juan Pablo Rabla). La telenovela demuestra que todos pueden ser aceptados siempre y cuando sean
sinceros, respetuosos y amables. El sentimentalismo se transforma en un mecanismo de comprensión de la realidad,
las lágrimas enjuagan las almas de los protagonistas y los hacen bellos.
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Mirada de mujer el regreso |
En
Mirada de mujer el
regreso, transmitida por Canal 13, el argumento comercial desde su primera
parte realizada en 1997, fue ofrecer una historia con mayor grado de "realidad" que al mismo tiempo rompiera
con la moral cristiana al demostrar que no hay edad para el amor. Los personajes principales, María Inés
(Angélica Aragón) y Alejandro Salas (Ari Telch), se reencuentran después de siete años de ausencia. Los engaños,
el aborto, la infidelidad, las traiciones y la ambición política son ingredientes que en los últimos años han
utilizado los directores de series. Lo que está verdaderamente en juego no son tanto los contenidos que representan
los personajes, ni la decadencia de los argumentos, sino la forma en cómo la televisión está cambiando la vida
del telespectador.
8
La telenovela Amor real de Televisa, ambientada en el siglo XIX, retomó los caminos perdidos al
reafirmar los estereotipos de las mujeres sumisas y los hombres malos. Matilde (Adela Noriega) es una joven católica
que se enamora de Adolfo Solís (Mauricio Islas), un militar empobrecido. Con la bandera de la abnegación
rebajaron su dignidad en un ambiente lleno de orgullo, hipocresía, rencor y odio, donde la vida social transcurre en
sitios simbólicos: haciendas, la iglesia y una cantina.
No hay televisión alternativa en Latinoamérica, los dramas de pantalla contienen los mismos escenarios explotados desde hace 40 años por los teleteatros. Si bien hay diferencias en historias, actores, finales, tramas y temas, lo sustancial sigue siendo lo mismo: el uso desenfrenado del plano afectivo para ganar audiencia. Más allá del bien y el mal, la telenovela parece no evolucionar y estancarse en un propuesta esnobista, de contenido nihilista, construyendo los sueños del telespectador en medio de la nada.
Notas
1 Álvaro Cueva, Sangre de mi sangre, México, Plaza y Janés, 2001, p. 102.
2 Jesús Martín-Barbero y Germán Rey, Los ejercicios del ver, Gedisa, 1999, p. 122.
3 Joan Ferrés, Televisión subliminal, España, 1996, p. 164.
4 Álvaro Cueva, op cit, p. 144.
5 Eliseo Verón y Lucrecia Escudero Chauvel, Telenovela: ficción popular y mutaciones culturales, Gedisa, 1997, p. 56.
6 Milly Buonanno, El drama televisivo, Gedisa, 1999, pp. 63-64.
7 John Heartley, Los usos de la televisión, España, Paidós, 2000, p. 248.
8 Lorenzo Vilches, La televisión: los efectos del bien y del
mal, Paidós, 1993, p. 23.
Sergio Octavio Contreras es licenciado en Comunicación por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y master en Televisión Educativa. Actualmente es director de Desarrollo de Medios de Comunicación de la Universidad Autónoma de Zacatecas.
Correo: analisismedios@yahoo.com